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Noir: Un lazo más negro que la misma oscuridad (Parte I)

Leteo:

Noir… una peregrinación hacia tú pasado… y hacia el mío”
Yuumura Kirika

“Abriré esta puerta al pasado. La abriré, lo juro”
Mireille  Bouquet

Noir está al servicio de Dios”
Anciano anónimo

“Pecar está en la naturaleza del hombre, y ningún hombre puede escapar de ese destino, sin importar cuánto se esfuerce. Por eso es nuestro deber manchar nuestras manos por el bien del hombre. Igual que los pecados de Les Soldats de la antigüedad fueron cometidos para expiar los pecados del hombre, Noir cometerá un pecado tras otro. Se repetirá la historia del pecado, sin final, por toda la eternidad”
Altena

Noir es una serie retorcida y deforme. En la sucesión de los momentos culminantes de la serie, se profundiza en los asesinatos más abominables, cada misterio se revela como el camino de la conciencia infeliz en un mundo de crímenes, operándose una sucesiva revelación que toma la forma de poesía en verso. “El hombre dentro del hombre, el amor dentro del amor, el pecado dentro del pecado, el eremita le dijo al pecador: Les Soldats tienen la verdad”. En este peregrinaje a Tierra Santa, la gente lucha con su culpa,  Quizás por eso nuestro viaje conjunto con la heroínas de la historia se convierte en un nomadismo perpetuo, en la medida en que el peregrino se “hace un extraño en su propia tierra”: triunfa la sangre del eremita, del santo, que se interna en el desierto para ser juzgado por Dios en el cielo. Ese viaje por el mundo de los bajos fondos, que atraviesa África, Asia, Europa y América es prueba de una ambientación, que además de ser exótica y atractiva, está plagada de significación. El aspecto místico de Noir está dado principalmente en la alienación de la conciencia. Originalmente la alienación era un concepto teológico para referirse a la “caída del hombre” del estado de gracia, el alejamiento de Dios, la profundidad del mal y del pecado. Mucha de la simbología de la serie remarca un vínculo con el cristianismo medieval (católico): nombres de santos de la mafia siciliana (Francesco, Dominico y Paolo), monjas, caballeros, cultivo de la uva a la vieja usanza, derramamiento de sangre, copas, las posiciones de la oración, las capillas, los claustros, los cementerios y catacumbas, los vitrales, las iglesias, la terminología, la bendición del pan y el vino. Y también las referencias a la inocencia: vírgenes, doncellas, azucenas belladona, la Intocabille (Silvana, la inmaculada), el príncipe Mishkin (del Idiota de Dostoyevski, la personificación de la pureza), la madre misericordiosa (Altena). Por supuesto, el trabajo también es concebido como penitencia constante. “Ese es nuestro pan de cada día, una bendición del cielo, ¿por qué no lo disfrutas mientras comes?” (Bouquet). “Me gano la vida asesinando gente, pero… ¿Por qué eso no me entristece?” (Yuumura). La culpa y la clarificación de los pecados juegan un rol importante en la cosmovisión religiosa. La memoria es asociada a la introspección de los delitos del culpable, lo que hace devenir la persecución de las culpas en la conciencia propia. No sorprende, que en muchas ocasiones, ambas heroínas enfrenten su pasado y terminen por superarlo. En el caso de Kirika es la repuesta a su verdadera identidad, al hecho de haber matado a sus primeras víctimas (los padres de Mireille), recuerdo que permanece sepultado hasta muy adentrada la serie. Para Mireille significa confrontar y dejar atrás su escabroso pasado, lleno de miedos (Silvana), de alegrías (el tío Claude), de tristezas (su visita a Córcega). Por esa razón hay una confesión que se lleva a cabo en varios niveles. Por confesión, debemos entender exponer los pecados propios a Dios y al resto de los seres humanos, así como un ensalzamiento de la misma bondad divina que demuestra la inutilidad de toda forma de pecado; finalmente, la aceptación de la culpa y la aceptación del mal que habita el corazón humano que debe ser expiado. Una revisión de las culpas del pasado y después un cuestionamiento de la identidad del “yo” pecador. Cada Noir quería desligarse de la penitencia que representaba el nombre que cargaba, pero eso es imposible a un nivel general, de ahí que abunden los flash-back donde se pasan una y otra vez las mismas escenas, causando una neurosis constante que repite la imposibilidad de salir de ese estado de penitencia. Cuando Yuumura ha perdido el cálido abrigo de su compañera, se lanza en una caminata interminable hacia la Casa Solariega, ese lugar donde el tiempo se ha detenido y busca una vez más volver a funcionar. En ese largo viaje por el desierto inhóspito y maldito, la asesina de Noir termina vistiendo las ropas de un santo al cual los campesinos reverencian a su paso. Para superar esas pruebas, Kirika recuerda sus crímenes y se confiesa a Mireille en varias ocasiones: en un cementerio, confundiéndola con una niña pequeña en su peregrinaje, y por último en su batalla encarnizada al intentar matarla. Mireille muchas veces siente el amargo peso de cargar con la muerte de sus seres amados, usar sus propias manos para cegar la vida de su amado tío, luchar contra el temor que despertaba en ella una princesa maldita y ser testigo de la venganza dirigida contra su familia. Este pecado clavado en el corazón desde tiempos inmemoriales, y que pertenece a la enajenación, observa un predominio del mal y la nada que terminan negando al individuo. Tal vez por eso, la serie enlaza el descubrimiento personal con la historia de los horribles crímenes de la humanidad: la mafia y las triadas chinas, los genocidios de las minorías étnicas en Rusia, las violaciones de los niños en la guerra, los dictadores que administran la guerra, los empresarios corruptos que venden armas en el Tercer Mundo, son otras tantas manifestaciones de la conciencias culpables que descubre en los recovecos del recuerdo la prueba de sus pecados. Quizá por eso existe un predominio de la horticultura, pues la gran sacerdotisa es una habilidosa jardinera. “Alimentemos a los arboles jóvenes con agua y luz: ese siempre ha sido nuestro principio”, habla un Soldat. Los árboles decaen si no se les cuida bien, y también sufren de la corrosión producida por la culpa. Claude, quien es aficionado a la jardinería, a veces simplemente no logra salvarlas. “Somos más frágiles que estas flores, Mireille. Las flores responden si se les cultiva con mucho amor, aunque debo admitir que, a veces, fallo”. Por eso, las confesiones que hablan acerca de la naturaleza del pecado, refieren con insistencia esa podredumbre del alma aprisionada en ese ciclo interminable. El peregrino, que  reconoce la maldad que habita su corazón, termina preguntando quién es. Esa pregunta solo puede ser respondida por intermediación de una entidad sobrenatural. Pero no nos debemos dejar engañar: el catolicismo de Noir no es ortodoxo, pertenece a esas corrientes un tanto herejes del cristianismo kenótico (kenosis, futilidad), que no encuentra descanso en la existencia terrenal.

A eso se suman el predominio de los lugares antiguos, oscuros, viejos. No es coincidencia que la historia haga predominar lo antiguo sobre lo nuevo, lo ancestral sobre lo moderno. Al ser una historia que retoma conceptos religiosos y místicos, para releerlos a la luz de una conspiración internacional, deja de lado la arquitectura de la Revolución Industrial para ilustrar un mundo medieval. Puede que la historia se lleve a cabo en el Siglo XXI, no obstante el ambiente y la mentalidad de los protagonistas se aleja de los logros de la modernidad. Aún cuando hayan computadores, celulares y automóviles, en la mayor parte parecen decoraciones. La ciudad parisina por la que caminan Mireille y Kirika pertenece al Siglo XIX, pero está tan marcada por su antecesora del Medioevo que hace pensar en grutas y cuevas, callejones sucios y negros. El lugar donde practican tiro ambas es una clase de entrada secreta donde las iniciadas se pierden en los túneles interminables que recorren el subsuelo de una ciudad llena de luces y fuegos fatuos. Quizás esa es la razón por la que la arquitectura es tenebrosa, perteneciente a un decadentismo burgués que desea vestirse del traje del aristócrata. Hay un desencanto del mundo externo por medio de la razón (el progreso de la ciencia que destruye a los monstruos y domina la naturaleza), pero, al mismo tiempo, la razón se da cuenta de su imposibilidad para explicar su propio “yo”: existen los fantasmas, los dioses y los demonios; sin embargo, no se refieren a entidades externas al propio ser humano, sino que están dentro de nuestras cabezas. “En algún lugar de la oscuridad se encuentra mi verdadero ser o es que la oscuridad esta dentro de mí” (Yuumura). La razón descubre que la oscuridad se encuentra debajo de su cama y esta se traslapa con la oscuridad del mundo externo, formando un continuo que precipita a la conciencia en el vacío. En Noir, ambas oscuridades se funden, creando un universo gótico y románico que no deja atrás el oscurantismo. Esto no es gratuito: Altena, la fanática religiosa que pretende la resurrección de la espada de Les soldat, niega el legado del Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Industrial, lanzando al mundo a los tiempos de la devoción religiosa y ancestral. Al trasladar el problema se hace explicito otro enunciado: las ruinas. A diferencia de muchas otras religiones, el cristianismo es una religión de historiadores. Noir es una investigación por los zócalos ocultos de la historia, por los archivos abandonados por el tiempo, por los recuerdos olvidados de los individuos y las civilizaciones. Esa “peregrinación al pasado” del que habla Kirika se encuentra en consonancia con las ambientaciones de Córcega y la casa solariega de Altena, de una Sicilia rural y de los Alpes suizos bañados por el sol, de los antiguas y decrépitas ciudades de Turquía y de los burgos rusos. No se trata únicamente de recuperar lo perdido por la subjetividad, también se trata de lo perdido por la sociedad en general. Que las asesinas que componen Noir se batan a duelo en coliseos romanos y antiguos templos no es sino un ejemplo más de esa caminata que desentierra las reliquias del pasado. Hay un deseo de arqueología –no solo a nivel psicológico, individual, como Kirika y Mireille, que sufren una reminiscencia del dolor de su infancia–, no: la arqueología se extiende por los escenarios que recubren el paisaje, por los lugares que atraviesan las doncellas que cruzan los peligros del inframundo, por el conjunto mismo de los bajos fondos criminales, que deben recordar una vez más el papel que le ha sido asignado. “Le gran retour” que Altena trama es una enorme parafernalia que regresa a la vida los monumentos del pasado, a nivel general el viaje mismo es una arqueología subjetiva y colectiva que transforma el avance lineal del tiempo histórico en un círculo de resurrección y renacimiento. Si la muerte de los dioses simboliza el momento de la muerte del mundo y la humanidad, entonces su renacimiento es un momento de humanismo. Tal vez eso es lo que se encuentra detrás de la muerte en vida de la amnesia de Kirika, quien ha bebido de las aguas del Leteo, el río del olvido, que se encuentra en las profundidades del reino de los muertos. El peligro con la memoria es que nada es como lo recordamos, y nuestros intentos de mantener juntos los recuerdos se diluyen en el devenir del tiempo. Ante los estragos del olvido ya había advertido Platón, que ve en esa condición una de las causas de la caída, y posterior abandono, de la humanidad en el mundo terrenal. Somos olvido. Eso es una realidad, olvidamos y no siempre sabemos que hemos olvidado, el tiempo transcurre y creemos que ha regresado a la normalidad, pero las ruinas son una advertencia y una señal de que existimos en el tiempo. La palabra monumento encierra en su raíz la significación y la razón por la que este peregrinaje a través de los escombros del pasado adquiere importancia: el latín monumentum está compuesto de monere (advertencia) y mens (memoria), que hace esclarecedor el conjunto de la historia, pues se trata de advertir a la memoria su propio olvido. La trama entonces se construye en homenaje a los caídos, como un intento de llamar la atención y avisar cuál es el camino que debe ser seguido y cuáles son las culpas que la comunidad arrastra. Siempre existe el riesgo de que los más perversos crímenes sean olvidados y de que las promesas más importantes se pierdan en el río que arrastra la grava y la juventud de los participantes. Ese peligro hace que la relación con el pasado no sea la de un anticuario -ni Mireille ni Kirika se dedican a coleccionar objetos por su valor– sino activa: se hurgan en los manuscritos, en las partituras, en los contratos, en los relojes, en las botellas de vino, en los lechos de descanso de los muertos, en los testimonios de los caídos, con una ferocidad que cuesta la vida de muchos. Es un ataque intempestivo incluso contra los planes de control de ese pasado que ha sido guardado y sepultado por los propios miembros de la organización criminal más poderosa de todas. Ese enfrentamiento y conflictividad con el recuerdo se convierte en un verdadero problema: al investigar de modo activo nuestra historia podemos toparnos con algo que no es muy agradable: sería mejor olvidar, dejar que los fantasmas del pasado descansaran en paz: “Olvídalo, todo lo que ha ocurrido” (Yuumura). Sin embargo esa no es la forma en que opera la historia. Ese desenterrar las culpas, tanto propias como sociales, es una gran expiación que hace a Kirika reencontrarse con las palabras pronunciadas por su primera víctima, y al mismo tiempo es el recuento de las perversiones llevadas a cabo por los integrantes corruptos de Les Soldats, ahora castigados por las amazonas desencadenadas en su gran ritual. En el momento en que los recuerdos de Kirika regresan, sepulta a su otro yo (Chloe), mientras que las cadenas de su culpa se alejan ante la intervención de su querido ángel (Mireille). En ese viaje por el inframundo criminal, se adentran en el inconsciente represivo que ha bloqueado los recuerdos, las memorias dolorosas, que cuando se recuperan, hacen que las lágrimas fluyan de los ojos de nuestras queridas asesinas. Llorar es el acto de reconciliación con el pasado del que se huía y que ahora hace correr el llanto que expresa la angustia. Ese descenso al infierno está protagonizado por Kirika, quien termina por perderse en la represión de su culpas hasta el punto que olvida incluso a su amiga. Kirika huye de su soledad y de la oscuridad plantada en su interior. Los momentos felices se invierten en odio, la sensibilidad se ve trastocada por la amargura y la mala conciencia infeliz, que toma la forma de una mirada despiadada que apunta su desdicha a su antigua compañera, hasta el punto de que nadie se salva de la ferocidad de los ojos de la muchacha que masacra a un escuadrón de soldados. Es el punto en que las piezas han sido puestas en escena. Mireille, quién desciende al averno para salvar a su amiga, es guiada por la música del reloj que la chica le entregó. En su pequeño cuento de amor y amistad, ella es Orfeo que busca a Eurídice en el Hades y, a modo de redención, toca la canción que despierta de su shock a la danaida extraviada. La chica japonesa, que había perdido su camino, a diferencia de la Eurídice del cuento, es capaz de retornar del infierno para recordar con tristeza sus faltas. Con esa reconciliación afectiva le viene sumado un abrazo que se prolongará en el tiempo. En ese cuádruple apretón de manos bañado en lágrimas del final, que representa el ascenso de las conciencias culpables que desean resarcir sus males, la oscuridad cubre las siluetas de las dos elegidas que, de repente, se pierden en la noche. Es aún prematuro creer que todo ha sido salvado y que la vida puede regresar a ser como antes.“Al final el mundo en el que vivimos yace bajo la oscuridad”, amenaza un cabecilla de Les Soldat. “Por esa razón seguimos buscando la luz” responde obstinadamente Mireille…

2 comentarios

  1. Nota del editor: Este artículo está paginado.
    Debido a su extensión (aprox. 4800 palabras), he decidido paginar (dividir en dos páginas) el artículo de fortuna87 para facilitar su descarga y lectura. Los links para cambiar de página se encuentran al final del post, debajo de los botones de redes sociales.
    La mayoría de internautas deben estar acostumbrados a esta práctica en otros sites, pero, siendo la primera vez que empleamos este recurso en Serious Moe Business, vale la pena la advertencia de todos modos.

    17 abril 2012 en 13:57

  2. ale

    quisiera que alguien me dijera q quedaron vivas =(

    2 enero 2013 en 08:28

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