Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Fate/Zero II 1: El hombre que no quería morir (Gilgamesh)

“El único héroe en el cielo y en la tierra que es un rey soy yo”
Urobuchi Gen, Fate/Zero, Vol. I, Acto IV, Segunda parte

“Una vez, hubo un hombre. Él era un tonto y ridículo hombre que, a pesar de tener un cuerpo hecho de barro y tierra, ponía su corazón hombro a hombro con los dioses. Por supuesto, su orgullo e irrespetuosa arrogancia ofendía a los dioses en el cielo. El hombre sufrió la retribución divina y perdió su vida. Incluso hasta este día, el Rey de los Héroes aún no puede olvidar la forma en que falleció con lágrimas cayendo por su rostro.” Y le pregunto: “¿Por qué estás llorando? ¿Podría ser que, solo ahora, te estás arrepintiendo de haber tomado mi lado?” “No es eso”, le dijo, “¿Quién te entenderá después de que yo haya muerto? ¿Quién más marchará a tu lado? Mi amigo… cuando yo pienso que tú vivirás solo de aquí en adelante, no puedo hacer otra cosa que derramar lágrimas…” Ese rey observó el cadaver de su amigo, y se dio cuenta de “que la manera en que este hombre había vivido, aunque era humano, pero que quería superar la humanidad, era todavía más preciosa y más brillante que todos los tesoros que él había recolectado.” Este rey cruel y egoísta, se había quedado sólo de nuevo. “Hay solo una persona en el cielo o la tierra que es digna de apreciar tu destrucción, y esa no es otra más que yo, Gilgamesh. Húndete en mi abrazo, oh glorioso hombre de espejismo. Esa es mi decisión.” Y “el dorado brillo majestuoso desapareció en la niebla de la noche, dejando solo una malvada risa resonando hasta mucho después.” (Fate/Zero, Vol. III, Acto X, Quinta parte).

Historia de un héroe:

“¿A dónde vas, Gilgamesh?/ La vida que tú buscas/ nunca la encontrarás.”
Anónimo, La epopeya de Gilgamesh, Tablilla X, columna 1

Esta es la historia de un hombre solitario, del primer héroe, del primer canto grabado en piedra. Entre los antiguos ríos del Tigris y el Éufrates, creció una ciudad. Ella fue el refugio de los primeros humanos, y ese refugio era gobernado por un déspota arrogante. “Gilgamesh. El tirano que gobernó la antigua Mesopotamia… Como un héroe, alojado en las raíces más remotas de la humanidad, él es entre todos el más antiguo de los reyes” (Fate/Zero, Vol. I, Acto II, Cuarta parte).

“Aquel que vio todo [hasta los confine]s de la tierra, [Que todas las cosa]s experimentó, [conside]ró todo… Lo [o]culto vio, [desveló] lo velado. Informó antes del Diluvio, Llevó a cabo un largo viaje, cansado y [derren]gado. Todo su afán grabó en una estela de piedra. De la terraplenada Uruk el muro construyó… ¡Que ni un rey futuro, ni un hombre, puede igualar … Dos tercios de él son dios, [un tercio de él es humano]. La forma de su cuerpo[…] como un buey salvaje altivo […]. El empuje de sus armas no tiene par” (Anónimo, La epopeya de Gilgamesh, Tablilla I, columna 1-2).

Ese rey estaba lleno de vanidad, con cabello dorado y ojos rojos, pupilas de serpiente rostro angosto: ese hombre era una víbora, un animal ponzoñoso. Había coleccionado los tesoros del mundo, había reunido increíbles riquezas, hasta el punto de que desconocía cada una de sus posesiones. Las armas que guardaba como botín permanecían selladas. Ninguna poseía un nombre propio, sus colecciones infinitas eran innumerables e incontables. Ningún ser en la tierra llegaría a conocer la vastedad de sus riquezas. Gilgamesh era el “origen” incontaminado, puro y limpio. Aquel momento en que todo era principalmente una nada indiferenciada, antes de que las cosas comenzarán a desgastarse por el paso del tiempo. Por eso, un mago obsesionado con la raíz del mundo (Tokiomi), buscaría hacerse con el sirviente que considera la encarnación de la Idea platónica, aquel en cuya posesión se encuentran los modelos para las demás armas que usaran los héroes venideros. Su espada más poderosa, un artefacto extraño, era la prueba de su supremacía: Ea, la espada de la ruptura, usada para la creación del mundo, aquella que partió el caos y le dio una estructura a la existencia, “algo nacido antes de la aparición del concepto que este mundo llama una ‘espada’… Era algo construido por un Dios antes de los humanos. Era la realización de las obras de un Dios grabadas en el principio del mundo. Los tres-molinos, como cilindros, actuando en concierto con el movimiento de los Cielos, giraban mientras cada una crujía con peso y poder equivalente al movimiento tectónico…” (Fate/Zero, Vol. IV, Acto XVI, Tercera parte). En la época de los dioses, en la búsqueda de los magos que respetan las tradiciones, no hay nadie más digno para buscar que ese semidiós arcaico. Sus arcas reales estaban llenas de cualquier objeto valioso: mientras fuera digno de pertenecer al rey, era almacenado en esa interminable espacio dimensional que componía su tesoro, la Puerta de Babilonia, la realización espiritual de una bóveda que contiene las fortunas del universo: espadas, lanzas, mazos, oro, copas, vino, especias, ropas, armaduras, libros, naves voladoras, etc… Nada faltaba en esa colección inagotable que se extendían por el ilimitado espacio y tiempo. Una vez un caballero (Arturia) destruyó una de sus copas. Mirándola con desinterés, pronuncio las siguientes palabras: “¿Tú sabías, que incontables naciones han sido destruidas a causa de esta copa?” (Fate/Zero, Vol. II, Acto VIII, Sexta parte). Pero a él no le importaba. Esto no era lo que deseaba. Pasó toda su vida buscando ese algo, y a pesar de amasar la más grande riqueza que el mundo ha conocido, seguía sin encontrar ese algo especial. El rey moría de aburrimiento en su palacio, sus jardines y torres eran excepcionales; no obstante, contemplarlas no daba ninguna gracia. La humanidad, que nunca antes se había organizado en un estado sedentario, encontró respaldo en la ciudad de Uruk. Ur-Städt (la primera ciudad), nació en las manos de este ser excepcional. En su reinado apareció la escritura, la moneda, el derecho, el sello imperial y la arquitectura. Era como si en un gesto de grandeza, por un poder inigualable, este soberano hubiera logrado lo imposible. Antes de él no existía la sociedad, el Estado y el comercio. Después de él, ya existían esas instituciones desconocidas hasta entonces. ¿Por qué este rey es la fuente de la cultura? Sí, Gilgamesh vivió en una ciudad, y en esa ciudad apaciguó a la naturaleza y a los dioses. Cuando Iskander le preguntó por qué se empicinaba en guardar algo que no sabía si le pertenecía o que podía hacer, él simplemente contestó con una autoridad indiscutible. “Es la ley,” respondió inmediatamente Archer, “la ley que declaré como el rey. Si tú invades, yo castigaré; no hay lugar para negociaciones” (Fate/Zero, Vol. II, Acto VIII, Quinta parte). Esa era su verdad, la verdad del hombre con poder, aquel que instaura el derecho, aquel que instaura la cultura y el Estado. Con su reinado, en la época mítica primigenia, comenzó la civilización humana. Gilgamesh, el héroe de la civilización. Ese héroe sobresalió en lo malo y en lo bueno, en lo perverso y en lo digno. Un día reunió a un grupo de esclavos, quería sacrificar unos cuantos, pero había tan poca gente, eran tan pocas las personas, que matar una o dos por diversión resultaba poco enriquecedor. Dilapidar la vida humana le estaba prohibido. Esto lo odiaba demasiado, el rey no encontraba modo de desahogar su enojo. Sin embargo, su pueblo pasaba penurias. Los ciudadanos oprimidos clamaron al cielo que les trajera descanso de ese rey maldito.

«Tú, Aruru, creaste [el hombre]; Crea ahora su doble; Con su corazón tempestuoso haz que compita. ¡Luchen entre sí, para que Uruk conozca la paz!» Cuando Aruru oyó esto, Un doble de Anu en su interior concibió. Aruru se lavó las manos. Cogió arcilla y la arrojó a la estepa. [En la este]pa creó al valiente Enkidu… [Hirsu]to de pelo es todo su cuerpo, Posee cabello de cabeza como una mujer. Los rizos de su pelo brotan como Nisabal. No conoce gentes ni tierra: Vestido va como Sumuqan. Con las gacelas pasta en las hierbas, Con las bestias salvajes se apretuja en las aguadas. Con las criaturas pululantes su corazón se deleita en el agua. (Anónimo, La epopeya de Gilgamesh, Tablilla I, columna 2).

Ese salvaje, Enkidu, vagaba por los dominios del gran rey. Los cazadores que lo vieron lo describieron como invencible, le tenían miedo al terrible enemigo.”[Yo soy aquel] que puede alterar los destinos, [(Aquel) que] nació en el llano es poderoso”». (Anónimo, La epopeya de Gilgamesh, Tablilla I, columna 5). No obstante, Enkidu sucumbió también ante el encanto del rey. Ambos compitieron el uno contra el otro, y Gilgamesh sorprendió al nómada con su agilidad y vigor. El enviado de los dioses quedó maravillado ante el poder del sedentario. Gilgamesh es la máquina que convertía la naturaleza en historia y hasta la más salvaje bestia se rendía a sus pies: ya se trate de un león o un hombre de las praderas, no importaba. Él conquistaba el caos amenazador.

Ambos lucharon y vivieron muchas aventuras, una vez capturaron al “toro del cielo”. Enkidu tomó una enorme cadena, Las Cadenas del Cielo, y ató a la bestia cuyo amigo sacrificaría para detener la maldición de los dioses de siete años de sequía. Después de su hazaña, los dos guardarían la cadena en señal de victoria, los anillos de acero que se entrelazaban pesadamente se convertirían en la señal de su amistad y, después de la muerte de su amigo Enkidu, esas cadenas recibirían su nombre en reconocimiento a ese pacto amical. Durante esas épocas, Gilgamesh, que no había conocido nada más que la apatía, fue feliz, aún cuando fuera por poco tiempo. Una vez, alguien, mucho tiempo después, le ofreció su mano, le prometió que juntos conquistarían el cielo y la tierra. “Es una lástima, pero no requiero de un segundo amigo. En el pasado y en el futuro, mi compañero sólo será uno -y no hay necesidad de que sean dos.” “Ese es un alto y solitario reinado,” le respondió un conquistador (Fate/Zero, Vol. IV, Acto XVI, Primera parte). Los dioses furiosos enviaron la muerte contra el traidor Enkidu. Después de su muerte el rey de los héroes cayó en una profunda depresión. No pudo volver a dormir, no pudo volver a comer. Los logros de su civilización palidecían ante la muerte que se aproximaba cada día a su regazo, y este hombre se dio cuenta de que él era mortal, de que él podía morir. No importaban sus hazañas, sus tesoros, su poder, nada de eso podía salvarlo de la naturaleza y de los dioses contra los que había combatido, su lucha estaba condenada desde un principio, porque nada puede superar el vacío que la naturaleza tiene. La sola idea lo hacia temblar, mientras salía apresurado a buscar la inmortalidad. Vagó y vagó por el mundo y se volvió un salvaje. Escuchó la historia de una pareja que sobrevivió al diluvio universal mucho tiempo atrás y buscó al hombre al que los dioses permitieron vivir.

«Para poder llegar a contemplar a Utnapishtim, a quien llaman el Lejano, recorrí y anduve por todos los paises, atravesé montes abruptos, crucé todos los mares. Mi faz no se sació de dulce sueño, me exasperé con el insomnio; llené mis coyunturas de infortunio. Cuando mi ropa estaba gastada. Maté oso, hiena, león, pantera, tigre, ciervo y cabra montés – Las bestias salvajes y lo que repta del llano. Sus carnes comí y sus pieles ceñí alrededor de mí» (Anónimo, La epopeya de Gilgamesh, Tablilla X, columna V).

Al encontarlo, le pidió la inmortalidad. Ese hombre lo miró compasivamente y le dijo:

«¿Construimos una casa para siempre? ¿Sellamos contratos para siempre? ¿Los hermanos dividen porciones para siempre? ¿Persiste para siempre el odio en la tierra? …Desde los días de antaño no hubo permanencia. ¡Los que descansan y los muertos iguales son! ¿No componen la misma imagen de la muerte el plebeyo y el noble, cuando se hallan próximos a su destino?»(Anónimo, La epopeya de Gilgamesh, Tablilla X, columna VI).

Decepcionado Gilgamesh reemprendió su camino, la esposa de Utnapishtim se apresuró a alcanzarlo, le habló de unas hierbas que lo rejuvenecerían si iba por ellas al fondo del mar. Gilgamesh se apresuró a buscar tan magnifica planta. Ató rocas a sus pies y se sumergió en la profundidad del inframundo subacuático. En esa obscuridad descubrió algo que brillaba y lo agarró sin vacilar. Nadó hasta la playa del océano interminable y en ella se quedó para bañarse, confiado y arrogante como siempre, sin darse cuenta de que una serpiente llegó por atrás y tomó su posesión. La serpiente ganó la inmortalidad y mudó su piel como prueba de tan grande logro. Al darse cuenta, ya era demasiado tarde: el rey quedo anonadado. Regresó a su ciudad con las manos vacías, mientras lentamente se perdía en las arenas del desierto…

“Yo, como persona, gusto de oponentes arrogantes… A pesar de haber nacido humano, ser el visionario de ideales tan grandes que son imposibles de lograr con la fuerza humana, y así deber abandonar su estado de humano para realizar este único ideal – no importa cuántas veces lo veo no me canso de eso; del dolor y la desesperación de este tipo de personas.” (Fate/Zero,Vol. III, Acto IX, Cuarta parte). Ese se convirtió en el ideal de este rey que jamás consiguió la vida eterna. Hay dos formas de asumir la muerte: a la manera de los estoicos que constantemente la recuerdan y la tienen presente, preparándose para morir a cada instante, hasta que sus vidas se convierten en un apéndice de sufrimiento y represión (Saber); o a la manera de los epicúreos, quienes rechazan todo pensamiento en la muerte, se desentienden de ella, la evitan y se concentran en vivir la vida, con sus delicias, con sus tristezas, con sus placeres (Archer). Ese rey que falló en alcanzar la inmortalidad, se hundió en el placer, se deleitó con el sufrimiento ajeno, porque de ese modo podía olvidar su propio sufrimiento:“Igual que esas bestias que persiguen el aroma de la sangre–el alma persigue el placer–”(Fate/Zero,Vol. III, Acto XI, Segunda parte).“No temerás a la aniquilación una vez comprendas exactamente lo que es el goce”(Fate/Zero, Vol. III, Acto IX, Cuarta parte). Y se dijo estas palabras así mismo para reemprender su camino. Mucho tiempo después, cuando el regreso al mundo, ese rey buscaba develar la naturaleza de la gente a su alrededor. Observar la muerte, observar a los otros luchando por su deseo, arrastrándose entre la miseria y dando todo lo que tienen. Ese era su único sueño. Cuando conocía a un hombre solitario y vacío (Kirei), cuya mirada parecía perdida en un abismo, pensó que tal vez sería alguien ideal para experimentar su filosofía. Igual a la serpiente del paraíso, tentó durante días a ese santo que no entendía su corazón. “La felicidad es una parte esencial en el alma humana. No hay una distinción de un ‘si’ o un ‘no’. Solo cuenta si ‘estás’ o ‘no estás’ al tanto… [hay que] en encontrarlo en las profundidades de tu corazón. Para experimentar la felicidad, eso es lo primero que se debe hacer.” (Fate/Zero, Vol. II, Acto V, Tercera parte). Y por eso su filosofía se dirigía al sensualismo, a los lujos, a los placeres mundanos. Él ,que había experimentado todos los placeres y lujos, tenía interés en los pasatiempos de la plebe que tanto le entretenían. Quería encontrar la forma que tomaba ese placer en ese hombre, y en todos, qué oscuridad se albergaba en su interior, ya fuera el dolor o el goce.

“¿Exactamente qué contradicción hay entre sufrimiento y lamentos y ‘placer’? El tan llamado placer no toma ninguna forma en particular; es precisamente porque tú no entiendes esto el que estés confundido…Perseguir tus propios deseos. Ese es el verdadero camino del entretenimiento. Entonces el entretenimiento traerá placer, y el placer te guiará en la dirección de la felicidad” (Fate/Zero, Vol. III, Acto IX, Cuarta parte).

El arrogante rey seguía disfrutando de la pelea, su única fuente de satisfacción. Al observar cómo el mundo había cambiado en los muchos milenios que separaban su reinado del presente en que se encontraba, Gilgamesh comprendió que la sociedad había degenerado. Decepcionado por tan miserable espectáculo, debería reconducir a este montón de mendigos por el camino correcto. El mundo se había vuelto demasiado complaciente con la humanidad, perdiendo el poder, el caos que siempre lo fascinó: “ese elevar(se) hacia lo alto” (Enuma Elish) propio de los grandes sueños. La tierra se encontraba llena de seres inútiles, mestizos asquerosos, personas sin respeto que no reconocían su autoridad. Plagado de insectos, plagado de vicios. Crear un mundo donde los que son dignos luchen entre sí por completar sus deseos, eliminar a lo parias que existen sin propósito, limpiar la sociedad de la gente sin ideales, esa fue su misión en la tierra, y para eso usaría el santo Grial, para crear un mundo distinto. Si, para eso, el rey debía sumergirse en el lodo de la locura y la inmisericordia, aceptaría con gusto ese bautizo negro.

“La voz de la maldición preguntó. ¿Qué estaba correcto? ¿Quién estaba ahí para reconocerlo? ¿Quién estaba ahí para permitirlo? ¿Y quién iba a soportar el peso del pecado? Enfrentando a la bomba lanzada desde la oscuridad—en respuesta, una resonante y concreta burla. Una pregunta tonta. No hace falta preguntar. El Rey lo reconocerá; el Rey lo permite. El Rey soportará la carga de todo el mundo” (Fate/Zero, Vol. IV, Acto XVI, Décima parte).

I'm a Magus Master

Excurso. Un mago, un padre, una misión (Tohsaka Tokiomi)

“Desde el momento que un mago nace, él es alguien que tiene ‘poder’. Y, algún día, él obtendrá un ‘poder mayor’. Esta responsabilidad ya fluye por su sangre antes de que supiera su destino. Eso es lo que significa nacer en este mundo como el hijo de un mago.”
Urobuchi Gen, Fate/Zero, Vol. III, Acto X, Segunda parte.

El alcanzar el ‘Akásha’. No hay un propósito más grande que este para nosotros los Tōsaka. Pero, tristemente, los Einsbern y Matō, quienes alguna vez compartieron las mimas metas, lo han perdido de vista en favor de asuntos más terrenales, y han olvidado totalmente sus intenciones originales. Ni siquiera debo de mencionar que ellos han invitado a cuatro Maestros más, provenientes del exterior. Ellos desean el Grial a causa de su despreciable codicia y nada más.

Así habló Tokiomi (Fate/Zero, Vol. I, Prólogo, Tres años atrás). Esta es la historia de un hombre ingenuo, que se internó en el mundo de la magia sin entender por completo su significado y, al final, terminó por perderlo todo. “Tōsaka Tokiomi definitivamente no era un genio. En comparación con los miembros de los Tōsaka a través de las generaciones, sus talentos son mediocres en el mejor de los casos.” Para una familia de magos, cuyo fundador fue alabado por el gran Zelthrech, esto era igual que un desastre natural. “La razón por la que el Tokiomi de ahora es un habilidoso y respetado mago, era en gran parte debido al hecho de que siempre había obedecido fielmente el credo de la familia… Si quería lograr un resultado multiplicado por diez, entonces debe prácticar multiplicado por veinte.” Ese fue el destino que este hombre eligió para sí mismo, “esta es la forma de vida que he escogido para mí” (Fate/Zero, Vol. III, Acto XII, Tercera parte), siempre se repetía esas mismas palabras. “Con elegancia y compostura, soportó todo tipo de entrenamiento cruel… Si uno tuviese que encontrar algo acerca de él que es mejor que en los demás, entonces tal vez sólo se reducen a dos cosas: completo auto-control y una voluntad de auto-restricción.” (Fate/Zero, Vol. III, Acto XII, Tercera parte). Si quería ganar la guerra, entonces debía hacer más planes que cualquier otro oponente, tenía que reunir más información que cualquiera, tenía que ser más prudente que cualquiera. Únicamente cuando todas las piezas estuvieran en su lugar, actuaria con cautela desplegando su poder para ganar. Tokiomi poseía una voluntad de hierro, y esa voluntad está sobresaturada de un orgulloso exceso de confianza.

Esta confianza tan arrogante parece sentar bien en el hombre llamado Tōsaka Tokiomi. Este hombre lleva dentro de sí una dignidad que está al borde del sarcasmo. Ciertamente, como mago, él era un hombre de excelencia. Y debería de tener la auto-confianza que viene acompañada de esa excelencia. Es por eso que él probablemente jamás ha dudado de su propio juicio. (Fate/Zero,Vol. I, Prólogo Tres años atrás).

Pero esa auto-confianza era una mentira. En el fondo, ese hombre era sofocado por sus responsabilidades: responsabilidades como mago, como padre, como esposo.  Por esa razón, había buscado a una mujer que pudiera apoyarlo, que estuviera a su lado:

Tōsaka Aoi era la esposa perfecta. Solemne y discreta, meticulosa, comprensiva con su esposo y nunca interfería, valorando la lealtad tan alto como el amor y el respeto a su tarea – en resumen, ella era el modelo de la madre y esposa perfecta de los tiempos antiguos. En una era donde el movimiento feminista había comenzado a empapar la sociedad, ella era como una persona gravada en piedra. Tokiomi realmente había escogido a una persona muy compatible con él mismo como su esposa (Fate/Zero, Vol. I, Acto I, Tercera parte).

Siempre había algo que le preocupaba, siempre había algo que lo hacía dudar. Pero encontraba la confianza para superarlo. Nunca dejó que nadie lo pisoteara y avanzó recto siguiendo el consejo que su padre le diera antes de morir y que él mismo le dio a su hija Rin después: mantén tu elegancia. No importaba cuál fuera la situación, no importaba si el cosmos devenía en caos, él mantendría la calma y la paciencia, para que de ese modo su aura no se enfriara, para que sus hijas lo admiraran. Se sentía maldecido por no poder heredar esa voluntad de acero a sus hijas. A diferencia de ellas, quienes poseían un don natural, Tokiomi había sido menospreciado por su padre. Este siempre le preguntó incluso en su lecho de muerte: “¿Heredarás los asuntos familiares?”.

Él eligió su camino, y eso aumentaba su orgullo. No obstante, sus hijas no podrían hacer lo mismo. Fue un milagro que una de sus hijas naciera con los cinco elementos y la otra con los números imaginarios. Se sentía devastado por conocer tal noticia. Sólo una de sus hijas puede poseer su legado, para no dispersar el poder su cresta mágica. “Cualquier mago con un segundo hijo se vería en esa situación – el arte secreto solo puede pasarse a uno de ellos. Este es un dilema donde uno de los niños debe caer en la mediocridad… Robar el potencial de uno por el futuro de otro – ningún padre esperaría que ocurriera una tragedia así.” (Fate/Zero, Vol. III, Acto X, Segunda parte).  Él era un mago después de todo, vivió su vida como mago, su matrimonio como mago, sus conflictos como mago. Nunca dejó de lado ese camino y nunca se arrepintió. Por eso su familia sufrió por la aplastante responsabilidad que este hombre les transmitió. “Incluso si yo no puedo completarlo (el Santo Grial), aún está Rin, y si Rin falla, aún está Sakura; alguien siempre heredará el deseo de la familia Tōsaka…Incluso si fuera a resultar esa situación, aún sería felicidad para los que queden de mi casa. Si tenemos éxito, la gloria estará en nuestras manos; incluso si fallamos, la gloria pertenecerá a nuestro nombre ancestral” (Fate/Zero, Vol. III, Acto X, Segunda parte). Ese discurso despertó el odio de los otros (Kariya): este hombre era un tonto. Su familia pagaría por sus decisiones. Mucho tiempo después de su muerte, en la base del templo de Fuyuki, Sakura, llena de rencor, y Rin, defendiendo la causa de los Tousaka, se enfrentarían por la copa, un chico perdería su cuerpo y miles de personas serían devoradas por una sombra. Esta desgracia causaría muchas víctimas, víctimas que Tokiomi nunca conocería. Y aun así, ¿por qué él se sentía feliz? “‘El Santo Grial aparecerá eventualmente. Es nuestro deber como la familia Tōsaka ganarlo. Más importantemente -si quieres ser un mago, no puedes evitarlo.’ La chica (Rin) asintió firmemente. Sus ojos hicieron que el orgullo llenase el pecho de Tokiomi.” (Fate/Zero, Vol. III, Acto XII, Tercera parte). Rin nunca olvidaría la sonrisa de su padre ese día, atesoraría el amuleto que esté le entregó y lo usaría para salvar a la persona que más ama. Al partir a la guerra por el Santo Grial, ese hombre encontró su perdición…

6 comentarios

  1. Mikel

    La primer parte de Zero la sentí como un prologo largo ya que tenia un ritmo muy uniforme que hacia que todas las escenas tuvieran un impacto y sensación parecida no digo que fuera monótono si no que al tener un ritmo muy uniforme que no cambiaba según fuese una escena de catarsis o de acción la sensación era parecida entre una u otra; en Fate /Stay Night si manipulaban muy bien el ritmo que cambiaba según la situación que acontecía, lo que hizo que me pareciera mas dinámico y variado y algo que me gusto de eso fue que a veces se ponía lento disminuía mucho el ritmo, pero eso no era mas que un preludio a que algo chido iba pasar; ya sea que eso lo hicieran de forma intencional o por casualidad; eso era algo chido que hacia que me mantuviera a la expectativa de lo iba pasar.

    Espero que en esta segunda parte tenga un ritmo mas dinámico.

    18 abril 2012 en 12:52

    • Es normal que tuviera un ritmo uniforme, porque lo sucedido en la primera parte era más o menos la preparación para la guerra. En Fate/Stay Night el ritmo variaba porque muchos de los protagonistas no hacían planes, luchaban en su propia casa y el desarrollo de la guerra se intercalaba con los momentos de ocio y relajación. La diferencia con Fate/Zero es que la mayor parte de los actores son foráneos y están luchando una guerra de información primero, para después pasar a una guerra de exterminio en la segunda parte, lo que le da un ritmo tenso y apático durante toda la exposición. De hecho Fate/Zero es más parecido a una guerra, aquí no hay niños, no hay mujeres (indefensas), no hay piedad, ni compasión (la muerte de Ryuunosuke es el preludio de todo lo que vendrá). Fate/Zero no abandona ese marco de acción, lo que la hace repetitiva y los momentos de catarsis son de hecho bastante duros, cuando lleguan. Los próximos episodios te dejarán sorprendido…

      18 abril 2012 en 13:57

  2. En lo personal me gusta mucho más Zero que Stay/Night, por dos razones sobre las demas:

    1. La produccion es mucho mejor, llegando a ser exquisita en varias escenas (en especial en el encuentro de los Reyes). Me gustan mucho más los animes modernos que los clasicos, no todo pasado fue mejor, además que luego de ver cosas como Hanasaku Iroha los Tundercats te parecen mal hechos, en lo concerniente a lo que se ve.

    2. La trama es mucho más oscura. Tal vez sea impresion mia, pero Stay/Night se mete más en la tipica historia del muchacho que debe ser el heroe de la noche a la mañana, aunque ya pra la mitad de la serie lo muestra de forma profunda. Mientras que Zero se entra de lleno en interes y problematicas de los que son ajenos los adolescente. Es como comparar Batman Beigin con The Dark Knight: parten de lo mismo pero son totalmente diferentes.

    21 abril 2012 en 21:02

  3. A mí también me gusta más Fate/Zero que Fate/Stay Night (al menos en lo que concierne al anime), especialmente en lo visual. Considero a Ufotable el mejor estudio de animación y sus producciones son un verdadero orgasmo visual, por lo coloquial que lo hago sonar. Han hecho un trabajo estupendo en muchas escenas, como la pelea de Arturia y los demás contra la invocación de Caster, el Caótico festín de reyes, etc… son escenas inolvidables.

    Por otro lado, debo decir que en Fate/Stay Night se nota mucho la inmaduros que son los protagonistas, pero eso se debe a que son el producto de los desastrosos resultados de esta guerra, porque como sabemos termina en un exterminio completo de una parte de la ciudad. Lamentablemente el anime de Fate/Stay Night no logra captar la oscuridad detrás de todo el desarrollo de la visual novel, especialmente los antecedentes de Sakura, el dolor de Rin,el camino de anti-héroe de Shirou y la tragedia de Saber. Yo considero a Shirou una de las deconstrucciones más duras que sean hecho del arquetipo de los superhéroes, su versión final como Archer realmente es trágica, y si animaran la ruta de Heaven’s Feel de la novela visual o hubieran hecho un buen trabajo con Unlimited Blade Works, creo que pasaría a la historia como lo que sucede cuando tienes un sueño demente que nunca podrá ser cumplido. Emiya Shirou y Kiritsugu son la peor clase de anti-héroes, y si viste el episodio de hoy sin duda te habrás dado cuenta del enorme odio de ambos por los héroes nobles y caballerescos, son los idealistas que terminan cometiendo los peores pecados, haré una reseña solo para ellos…

    21 abril 2012 en 21:22

  4. fortune87, creo que son maneras de verlo. En ningun momento Shirou demuestra un odio por los heroes nobles y caballerescos, y mucho menos enorme. Creo que esa es la principal diferencia de Shirou con Kiritsugu, sus metodos son completamente opuestos. Shirou cree en la nobleza y el idealismo propios de epocas mas romanticas, mientras que Kiritsugu se convirtio en un anti-heroe. Es tu vision de los personajes y la respeto, pero personalmente creo que, en lo que respecta a la de Shirou, es bastante equivocada.

    22 junio 2012 en 01:32

    • También depende de que Shirou estamos hablando. Shirou cambia mucho en cada una de las rutas de Fate/Stay Night, por lo que es un personaje completamente diferente en cada una, pues muestra un desarrollo distinto. Mientras que en la ruta de Fate es bastante idealista y mantiene, como tu dices, un respeto y admiración por los héroes, en cambio Unlimited Blade Works y Heaven’s Feel su forma de verlos es totalmente diferente. En Unlimited Blade Works por ejemplo Shirou se ve confrontado al hecho de que los héroes no salvan a la gente, pues la mayoría de los Espíritus Heroicos de Fuyuki se dedican a lastimar a las personas sin pensarlo. Eso se convierte en fuente de discordia incluso con su ideal hecho carne: Archer. Por otra parte en Heaven’s Feel a Shirou ya no le importan los ideales, es completamente cínico y se dedica a eliminar a sus contendientes sin importar lo cruel u oscuro que sea realizar tal acto. Yo si creo que el despliega un cierto odio hacia los espíritus heroicos, pues cuando se ve confrontado con ellos descubre que no son lo que esperaba, por eso todas las rutas de Fate/Stay Night ponen a prueba su sueño. Tanto es así que incluso Saber considera a Shirou demasiado idealista, y en muchas ocasiones la vuelve loca. Lo que hace a Shirou romántico e idealista no es su creencia en los héroes (a quienes termina matando), sino su estrecho punto de vista, que se convierte en la causa de todos sus problemas. Tampoco creo que la visión de Shirou de los héroes sea nostálgica, pues en definitiva el busca ser el superhéroe que Kiritsugu no pudo ser, el superhéroe que busca salvarlos a todos, no un modelo del pasado que realmente nunca pudo llegar a concretarse (pues ninguno de los héroes con los que Shirou pelea es eso, y los termina considerando sus enemigos). Y finalmente pienso en Archer como la deconstrucción del sueño de Shirou y el anti-héroe que él mismo es, pero la diferencia entre la clase de anti-héroe que es Archer/Emiya Shirou y Kiritsugu yace en otro lado, pues Archer no es un anti-héroe puro…

      22 junio 2012 en 07:18

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s