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Sengoku Collection 1: Cátedra de Moehistoria Japonesa Antigua

Para comprender las desopilantes implicancias del genderbending historiográfico que plantea, en onda fetichística, Sengoku Collection, introduciremos el concepto de edad heroica. Todas las naciones sitúan en determinada época de su Historia un período caracterizado por el predominio de castas militares, cuando las virtudes guerreras alcanzaron su máxima expresión. Mediante un código de valores que sublimaba el oficio bélico, se fundaron los ideales patrióticos. Esta ideología sería encarnada por figuras fundacionales: los grandes héroes o prohombres, quienes, gracias a su liderazgo, valentía o intrepidez, son recordados con admiración y reverencia. Suele describírseles como personajes viriles y solemnes e incluso, casi llega a confundírseles con mitos o figuras sagradas. Se considera irrespetuoso burlarse del héroe nacional porque su efigie representa el orgullo de un país. En Sengoku Collection, los célebres adalides y gobernantes del período Sengoku jindai son retratados como cándidas lolis o exuberantes bishoujo. Se propone un jugueteo, tomarse en broma las clases de Historia que enseñaban en el colegio, aplicando una moeficación “histórica”. Aquellas figuras adustas y bigotudas que abundan en libros y monumentos adquieren un rostro más amable y divertido. Como ocurría en Koihime Musou, se realiza una reescritura humorística del pasado a través del fanservice, la sexualización, la torpeza carismática y demás recursos de la comedia sexy. Oda Nobunaga, que unificó bajo su puño el estado japonés, es una pelirroja engreída, mandona y algo impulsiva, pero inocente en el fondo. Este cambio de sexo tiene dos consecuencias. En principio, la ridiculización. Desde la óptica patriarcal, se asocia el “poderío” a la masculinidad: las muchachitas son vulnerables y tontas. En segundo lugar, al emplearse los arquetipos del moe-ness, el personaje se construye un objeto de deseo erótico que satisfaga los apetitos de ternura o sensualidad, según las demandas del consumidor. Semejante trastocamiento implica alejarse por completo de los valores sacrosantos que el héroe debería personificar, utilizando el erotismo como método parodiar (y caricaturizar) la Historia.

Este primer episodio mezcla varios tópicos fructíferos de la comedia romántica (y derivados del boy meets girl): el encuentro accidental de dos perfectos desconocidos, forzados, por motivos fortuitos, a convivir y aprender a soportarse. El dueto protagónico forma una pareja dispareja de opuestos radicales. Se cumple el esquema de “chica linda cayendo (literalmente) del cielo”, la irrupción violenta e inesperada de una muchacha que trastoca la rutina del típico loser sin talentos ni ambiciones porque se contrasta el carácter vívido e inquieto de una lideresa presumida y fanfarrona como Nobunaga con el espíritu solitario y resignado de Oota, un humilde empleado de minimarket. Sin embargo, la virtud del ciudadano corriente suele resaltarse en sus actitudes generosas: como muchos leads, tiene el mérito de portarse con gentileza y comprensión cuando le toca lidiar con féminas de temperamento efervescente. Aunque las heroínas suelan abusar de su paciencia, maltratarlo como trapo o hacerlo pasar penurias, ese sufrimiento es recompensado al final con cariño y admiración. Sin embargo, Oota cuenta con cierta ventaja. Nobunaga fue transportada del siglo XVI al XXI por arte de algún caprichoso conjuro. Sus habilidades marciales, su don de mando y su arte de gobernar no sirven de nada en plena era tecnológica: perdida en el Tokyo de infinitos rascacielos, es apenas una simple adolescente que recién deberá aprender cómo comer correctamente una hamburguesa. Al inicio, Oota reacciona con evidente escepticismo, pero los argumentos de Nobunaga son contundentes (¿por qué creer que Oda Nobunaga, el señor arisco que mencionan los historiadores, es verdadero si nunca lo conocimos?): este razonamiento resulta irónico porque se deslizada una invitación velada a reescribir de manera burlesca la Historia. Incluso se corrige el apodo de Rey Demonio por Sweet Little Demon, en claro propósito de dulcificar o frivolizar las “verdades” históricas. Aunque la trama de Sengoku Collection es sencilla y superficial, lo entretenido radica en contemplar estos desfases y desencuentros que destruyen nuestra visión sagrada y grandilocuente de la Historia. Resulta gracioso observar cómo Nobunaga se desenvuelve como una adolescente traviesa y bulliciosa que recién empieza a descubrir el lado excitante y maravilloso de un mundo nuevo. Se revela una inocencia propia del personaje moe, suficiente para elevar la dosis de enternecimiento, en especial, cuando se muestra curiosa o inepta, cuando mira con embeleso un microondas, intenta morder un onigiri sin quitarle la envoltura de plástico, se desafía a ladridos con un perro, es acribillada por una ducha teléfono o declara tesoro invaluable una botella vacía de cocacola. La muchacha más poderosa y temida del Japón ancestral arriba al imperio cibernético y sus hábitos o conductas señoriales terminan reduciéndose a meras petulancias de niña cargosa, aunque se salva de parecernos arrogante porque mientras más intenta demostrar su fuerza, más frágil, ingenua y vulnerable luce. Por ejemplo, cuando se despierta temprano creyendo que deberá planificar estrategias y escuchar emisarios de todo el Imperio. Además, pese a alborotarle la vida a Oota, logra mostrarse prepotente y dominante sin necesidad de arranques histéricos, sino con simpática naturalidad. Una mezcla conveniente para quienes no toleran los ardores tsunderescos, pero requieren una pizca de despotismo sensual.

Otra forma de parodiar la Historia consiste en retomar las características originales del personaje heroico y transformarlas en motivos kawaii o alusiones humorísticas. Durante la escena del asalto, Nobunaga utiliza su extravagante elocuencia para cuestionar la moral del ratero y avasallarlo psicológicamente, haciendo referencia al talento del líder histórico para enfrentarse con crudeza a cualquier peligro imponiendo sus fieros ímpetus. Pero el discurso es estúpido: humilla a Oota pintándolo como sujeto miserable y penoso. Nobunaga razona en términos de conquistas y señoríos. Interpreta el atraco como conato de invasión y conmina al ladrón a elevar sus aspiraciones hasta, digamos, conquistar los territorios vecinos y apoderarse del Japón. El pobre delincuente no aguanta el acoso de tanta presión retórica y prefiere rendirse. Nobunaga actúa siempre con jactancia digna de una soberana, pero sus gestos aristocráticos siempre se muestran fuera de foco y aunque le guste mangonear, su ingenuidad torna inofensivos todos sus ademanes de jefa. Sus días con Oota podrían concebirse como vacaciones para ambos: ella se olvida, por momentos, del tormentoso escenario de muertes, desolación y venganzas que protagonizaba quinientos años atrás; mientras él consigue aplacar su prolongada soledad y endulzar un poco su vida gris y rutinaria. Despedirse y separarse significa emprender el regreso a la normalidad, romper ese cuento de hadas, suspender el viaje al país de las maravillas. Sin embargo, cuando comienza a dudar si quedarse o regresar, su súplica o amenaza a ciertas diosas locales con orejas de animales le facilita una solución que estructurará los próximos episodios. Según indican las sacerdotisas nekomimi, muchas señoras feudales o combatientes del período Sengoku se encontrarían atrapadas en plena época de idols y fastfood. Nobunaga deberá buscarlas, a aliadas y rivales, agujas en el pajar, y arrebatarles sus respectivos tesoros, fuentes de energía que, reunidas, le permitirán realizar un conjuro de retorno. Después de una introducción con tintes love comedy, el desenlace reconduce el argumento hacia el relato de aventuras de tipo de recolección, donde cada episodio abarcará la obtención del objeto buscado tras la superación de algún desafío. Sin embargo, la inadecuación de las guerreras míticas al mundo contemporáneo, su desconocimiento o falta de malicia para interpretar los hábitos y tecnologías del presente, seguro las inmiscuirá en situaciones nada majestuosas o épicas: en cambio, abundarán las confusiones y torpezas, los combates serán grotescos y estrafalarios y mucha dulzura moeblob convertirá las posibles batallas o alianzas en eventos hilarantes o conmovedores. Quizá las lecciones de Historia Universal serían más digeribles y menos deprimentes si nuestros héroes nacionales fueran chiquillas autoritarias con sonrisas entusiastas y pocos empachos para desnudarse.

Una respuesta

  1. davidvfx

    Lo mas gracioso:
    + Como Nobunaga asota contra el cartelos y da un cabezao al pobre chico de motoneta.

    Lo que me gusto:
    + los diseños muy atrativos
    + Que no va ser una love comedy a final de cuentas
    + Lo melancolico del final de este episodio.

    Fuera de eso esta seria le falta algo para despertame interes, pero vamos esta empesando asi que seguire apostando por ella.

    16 abril 2012 en 14:13

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