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Uchuu Kyoudai 1: The Return of the Space Cowboy

At the speed of Chiba, you and I go deeper

La rivalidad entre hermanos está plenamente probada y documentada desde los albores de la humanidad. Empezando con Caín y Abel, las desavenencias familiares y el fratricidio se han extendido hasta el desafuero que observamos en nuestros días. Son pocos los que llegan a conservan una amistad profunda con sus hermanos hasta la adultez, ya que la vida y la distancia suelen acabar con los vínculos que de niños nos unían y compenetraban.  Las diferencias que de infantes no importaban se van haciendo cada vez mayores junto con la edad, y los recuerdos rara vez ayudan a salvar estas brechas creadas con el tiempo. Para Mutta Nanba, sin embargo, los obvios contrastes que existen entre él y su hermano menor Hibito no llegan a romper el invisible lazo que los ata más allá de la filiación sanguínea. Esta es una historia de hermanos, de vínculos fraternales intensos, de ilusiones rotas y sueños sin cumplirse, de recuerdos y promesas, de metas más allá del horizonte, del infinito y más allá: del espacio, la frontera final.

Uchuu Kyoudai está ambientada en el año 2025, relatando sucesos de fácil identificación, tanto histórica como cotidianamente, abordando el tema de las relaciones familiares desde una óptica comparativa y fantástica, y llevando asuntos propios de la Tierra hasta el espacio exterior. La historia de los hermanos Nanba y de cómo sus distintos rumbos en la vida llegan a juntarse nuevamente está llena de guiños a nuestra realidad en la que, si bien no suceden eventos tan sorprendentes como el avistamiento de un ovni y la posibilidad de viajar a la Luna, cada experiencia se encarga de transformar nuestra vida mágicamente. Reveses los tenemos todos, pero es posible conservar la estabilidad mientras se mantenga viva la esperanza, mientras se cuente con el apoyo necesario. La familia Nanba es disfuncional, y el primer episodio tiene por cometido presentarnos a sus miembros, específicamente, mostrarnos sus diferencias y dejar que la empatía logre acercarnos al mayor de ellos, Mutta, al que el adjetivo de “infortunado” no llega a describir completamente.

En realidad, pese a lo presenciado, a Mutta no se le representa como infortunado, si bien Hibito pareciera estar bendecido desde el nacimiento. La narración arranca haciendo la odiosa comparación entre ellos explicando que, mientras uno nace el 28 de octubre de 1993 -fecha desafortunada para el fútbol japonés al quedarse a punto de clasificar a la Copa del Mundo, día que se llegó a conocer como “el día de la agonía de Doha”-, el otro nace el 17 de septiembre de 1996 durante un partido de beisbol histórico, día de júbilo para el pueblo nipón. Luego puede notarse el contraste estético entre los hermanos: uno es crespo y de cabellera negra, y el otro es lacio y rubio, como aludiendo a los prejuicios raciales existentes en todo el orbe. A pesar de las diferencias, de las que posiblemente sea consciente Mutta, existe un espíritu de unidad en su relación fraternal. El mayor siempre lleva la delantera, y vive imbuido de esa consigna, pero nunca menosprecia a su menor, por el contrario, siempre se toman en cuenta el uno al otro en sus aventuras. Así, basándose en fechas deportivas resaltantes, se usa el día de la final de la Copa del Mundo Alemania 2006 y el preciso instante en el que Zinedine Zidane pasa a la historia siendo expulsado en su último juego oficial por mandarle soberano cabezazo a Materassi, como la contraparte del memorable instante para los hermanos Nanba en el que, sin importarles la victoria de Italia o la derrota de Francia, viven la experiencia más alucinante de sus vidas al protagonizar un encuentro cercano del tercer tipo, o lo más parecido a éste.

La relación que existe entre los Nanba es (al menos en este primer episodio) el detalle resaltante o el fundamento de todo lo que veremos a continuación. El título de la serie resume bien esta idea, mostrando que no se trata solo de Hibito llegando al espacio, sino de su vinculación e identificación con Mutta. Las diferencias se van pronunciando cada vez más entre ellos, viéndose las cosas desde la perspectiva de Mutta, que, por lo visto, será el protagonista principal. Justo en el momento de gloria de Hibito, cuando es elegido para ser el “embajador de Japón en la Luna”, Mutta es despedido de su buen empleo de diseñador de automóviles. Mientras uno goza de la aprobación y admiración de sus padres, el otro es tratado con cierta indiferencia y parquedad. Pero a pesar de esas circunstancias, no se ve ni un ápice de resentimiento o envidia de parte de Mutta hacia Hibito en ningún momento. Es más, las desgracias para el mayor empiezan precisamente por defender a su hermano de un insulto, desquitándose con su jefe a lo Zidane, como sugiriendo que lo ocurrido el 9 de julio del 2006 hubiera sido una premonición para Mutta, el que, como el capitán francés, debió llegar a la cima pero termina perdiéndolo todo en un arrebato de furia.

La historia mezcla de forma excelente la comedia con el drama. Este tipo de combinaciones las he visto en otras ocasiones y me sorprende el equilibrio manifestado en esta oportunidad para presentar ambas temáticas de forma coherente. Otros exponentes similares a los que tengo la intención de reseñar en alguna ocasión son Kuchuu Buranko y Kamisama No Memochou episodios 9 y 10. En el caso de la primera, la trama está basada en un psiquiatra anormal que trata a pacientes con enfermedades críticas y sumamente angustiosas, todo presentado de forma lúdica y psicodélica. La combinación de fetiches y escenarios multicolores crea un ambiente irreal, con personajes en 3D claramente diferenciados de su entorno 2D, como insinuando que las dolencias expuestas son tristemente reales, trastocándose por momentos las bromas pesadas con la perplejidad de contemplar el dolor humano llevado hasta los límites de la cordura. Por otra parte, KamiMemo tiene una temática principal más oscura, de hackers y misterios; pero logra romper ese molde en el episodio 9, en el que Alice y compañía juegan un partido de beisbol contra unos rivales de peso. La carga misteriosa de la serie es transformada por completo al punto de jugar con los personajes haciéndolos objeto del ridículo; para inmediatamente después centrar la historia en uno solo de sus protagonistas y acabar el episodio 10 con su trágica “muerte”. El espectador pudo haber estado preparado para todo, pero ese giro argumental de la comedia hacia el drama definitivamente es descoyuntante, al grado que ni el más acérrimo puede quedar impávido ante una escena de suicidio tan imprevista, después de haberse jaraneado con la entrega anterior. Retomando la serie que nos atañe, Uchuu Kyoudai se regodea en los infortunios de Mutta al perder su empleo, exponiendo una realidad que ya se vive desde trece años antes. El dolor de ser despedido del trabajo es aplastante, y Mutta lo despliega al decir que ya habrá tiempo para llorar, admitiendo que ser un hombre maduro no le quita la angustia de verse en la calle. Los que hemos pasado por una experiencia similar podemos dar fe del trauma que esto genera, y la inseguridad posterior que se afronta. Ser un convidado en casa ajena es también una carga emocional, y no sentir el respaldo familiar es aún peor. Aunque Mutta se lo toma todo a la ligera (como podría percibirse en su forma de narrar la historia) se atisban unos chispazos de frustración y dramatismo en sus expresiones. Las lágrimas que derrama al compararse con su exitoso hermano, que ya está por cumplir su sueño, son prueba clara que no estamos frente a una simple comedia, sino a un retrato de la cruel realidad que intenta acabar con los sueños. Hasta el escenario que se plantea está lleno de alusiones a la desgracia vivida por nuestro crespo protagonista. La serie que ven en familia -“Mi hijo”- narra la historia de ¿un panda? que es echado de su casa y negado por su padre, prometiendo volver cuando sea mayor y fuerte, pero resbalándose apenas sale de casa. Intentando diferenciarse de sus congéneres que también buscan empleo, sube a un tobogán pero es apremiado por un niño a que desocupe el lugar, que deje de ser un estorbo, actitud que presuponemos que lo embarga en esas circunstancias. Hasta nacer en la Clínica Tortuga en lugar de la Clínica Liebre como su hermano da la idea de desventaja, de haber nacido sin estrella, destinado a fracasar.

Con todo y las desgracias, la personalidad de Mutta contribuye mucho al disfrute de la serie. El hombre es presentado como orgulloso y algo irreverente, pero termina siendo temeroso y frágil en sentido emocional. Su apariencia y habla recuerdan a muchos prototipos antes vistos en la animación, pero con el que más lo relaciono es con el rapero Chiba de BECK. El parecido entre ambos es muy notable, ya que además de lo estético los dos tienen una personalidad fuerte y arrebatada, pero necesitada de apoyo. Las relaciones interpersonales que crean son valiosas, aunque a veces renieguen de ellas, y saben valorar la ayuda ajena. Son pusilánimes y bastante elementales en sus reacciones. En el caso de Mutta, su comportamiento es cómico sin importar lo mal que lo pase. A cada rechazo laboral su caminar se va haciendo más inclinado hacia la derecha; aun cuando quiere conservar la entereza luciendo un rostro adusto y valiente, termina quebrándose frente a sus anteriores subordinados o al recordar la promesa no cumplida con su hermano, logra recobrar la ilusión en la mirada con cosas sencillas como encontrar un parque para descansar o un restaurante familiar para aplacar el hambre, hasta lo pueril de comerse incluso la última papa frita que cayó a la bandeja como estando necesitado de alimento. Pueda que mucha de esa actitud lo haya heredado de su madre, que también se nos expone como excéntrica y “juvenil” comportándose como una chiquilla.

Cerrando el círculo de comparaciones entre Hibito y Mutta, concluimos que el primero ha conservado sus sueños hasta alcanzarlos, mientras que el segundo no ha proseguido con sus ilusiones y se ha dejado llevar por la vida… y se sigue dejando llevar por ella, de un empleo a otro, de una situación a otra. Con todo y eso, encerrado dentro de él todavía está esa pequeña luz que lo guía en su sendero diario hacia adelante, sin pensarlo quizás, rumbo hacia la consecución de sus propios sueños. Esa luz tiene mucha relación, no con fantasías, sino con la consigna que repite vez tras vez: un hermano mayor siempre debe ir por delante de su hermano menor, darle el ejemplo, cumplir con su deber de señalarle el rumbo a su hermanito, el deseo no solo de ser mejor que él, sino de cierta forma guiarlo y cuidarle, aceptado de forma humilde por Hibito.

El contrapeso del argumento lo hallamos en el fraternal apoyo que encuentra Mutta en Hibito. La relación estrecha que tuvieron de niños no se ha disuelto con el paso de los años ni el alejamiento de ambos; es más, es como si se hubiera fortalecido, ya que ambos siguen pensando constantemente en sus mutuos recuerdos de infancia, manteniendo como niños esa misma ilusión por el espacio y lo desconocido. Son esas memorias compartidas las que mantienen viva esa amistad y complicidad que compartieron de chicos, y es por ello que no se puede calificar a Mutta de “desafortunado”, ya que pueda que fracase en sentido económico o laboral, pero cuenta con el respaldo y apoyo de las personas más importantes de su vida: su familia.

Con la premisa de un nuevo inicio para Mutta gracias a la colaboración de su apreciado hermano menor y la complicidad de su madre, se da comienzo a una aventura que promete, que en su primera entrega fusiona maravillosamente lo fantástico con lo cotidiano, no en afán sermoneador, sino en clave de jocosidad, riéndose de los problemas y reavivando las esperanzas. Es como si cada anime estuviera tratando de enseñarnos a sonreír en un mundo agobiado, señalando el rumbo siempre hacia adelante, poniendo nuestros sueños cada vez más cerca nuestro, hablándonos de las cosas básicas que necesitamos para alcanzarlos. Los retos a los que se enfrentará Mutta serán más llevaderos con la compañía y consejos de su hermano, y la meta que tiene de sobrepasar a Hibito se nota lejana pero realizable. Veremos hasta qué planeta nos lleva esta apasionante historia.

PD: Mil disculpas por el odioso reloj en las capturas. No encontré un ripeo limpio de esta serie.

7 comentarios

  1. Debo decir Benjammmin que esta es la mejor reseña que has hecho. Me gustos mucho, y también la serie, aunque no he visto el segundo episodio. Me ha gustado la relación de ambos hermanos. Buena suerte…

    14 abril 2012 en 07:17

  2. Dejo suelto un detalle que ahora podría parecer anecdótico pero dentro de tres meses podría resultar significativo: ¿será Ayumu Watanabe el director revelación de primavera 2012? Recién ha debutado en TV como director principal esta temporada con Uchuu Kyoudai y Nazo no Kanojo X y ambas series han recibido una unánime crítica positiva. En ambos casos, destaca la habilidad para administrar la materia narrativa, curioso porque hasta la fecha Watanabe solo había trabajado dirigiendo películas de Doraemon. Si su producción mantiene la calidad de abril a junio, habría que prestarle atención. Estaré atento a los hermanos espaciales, la analogía con Zinedine Zidane me pareció muy ingeniosa (soy muy aficionado al fútbol y todavía recuerdo ese momento).

    14 abril 2012 en 08:16

    • A mí también, fue genial que incluyeran todos esos momentos deportivos como una forma narrativa. Si Watanabe mantiene la calidad de ambas series seria perfecto. Ambas son muy interesantes…

      14 abril 2012 en 08:22

  3. Excelente serie y excelente reseña, me encanta la narrativa que tiene esta serie, es facil de seguir y altamente emotiva, todo ayuda a sentir empatia con el protagonista, aun recuerdo ese cabezaso, ese momento era tan surrealista, que quedo impregando en mi cabeza, incluso puedo imaginar que en esa misma fecha habian dos niños viviendo la aventura de sus vidas, fue una excelente eleccion, asi que espero leer mas de ti.

    14 abril 2012 en 12:00

  4. Ehmm.. algo breve porque estoy desconcertado:
    1.- gracias por sus palabras, me subieron el ánimo
    2.- acabo de enterarme de la llegada de Crunchyroll a Latinoamérica… y ahora qué sigue? nos quedamos sin fansubs??? Estoy preocupado

    15 abril 2012 en 18:41

    • No te preocupes, los fansub han adoptado en McAnime que seguirán subtitulando, sólo que lo harán en sus páginas particulares. Por ejemplo Hazu de Blog is War sigue subtitulando Uchuu Kyoudai. Por otro lado mucha gente seguirá subtitulando las versiones de lujo de las series, además, mucho del subtitulado de CR es muy malo, yo he leído sus trabajos en inglés, los que provee Horrible Fansub, y sé que se equivocan mucho, además de que les falta mayor cobertura, porque hay algunas series que no cubren o hay muchas las cuales no son accesibles en la mayor parte de los lugares a donde llegan los fansubs. Muchos fansubs siguen realizando sus entregas sin ningún problema, sobretodo los españoles, pues allá no está CR. También debería decir que estas prácticas muchas veces lo único que logran es aumentar la piratería. Entonces toda la polémica es eso, un simple debate que no ha llegado a mayores, por ahora…

      15 abril 2012 en 18:52

  5. davidvfx

    benjammmmin excelente analisis… no se pero es enivitable que esta obra me recuerda muchooo pero mucho a la sensacion que me dio “PLANETES” en su momento, obra que si no has visto te la recomiendo pero mucho ya que es del mismo corte y tema…

    Seguire en sintonia con estas obra.. sola una duda este anime forma parte del bloque noitaminA? si es asi solo sera una serie corta como normalmente son.

    16 abril 2012 en 21:13

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