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Nazo no Kanojo X 1: Néctar misterioso

Durante la última década, la historia grande del anime televisivo se escribió con nombres de muchachas extrañas. Las series actuales abundan en extravagancia femenina. Las chicas raras de conducta caprichosa constituyen un subgrupo preponderante en la fauna de arquetipos, acaparando numerosos roles protagónicos. Su vasta gama incluye especímenes muy variopintos, desde antisociales, melancólicas y soñadoras, hasta déspotas, lideresas alucinadas o locas de remate. Estos personajes se caracterizan por desafiar los convencionalismos mediante hábitos o actitudes insólitas o porque sus acciones o pensamientos burlan las estrecheces racionales del sentido común. Son hermosas, pero generan inquietud y desazón. El contraste destemplado entre belleza y excentricidad causa una mezcla de asombro, fascinación y perturbación que trasmuta la curiosidad (e incluso la incomodidad) en deseo. Esta naturaleza subversiva les confiere un aura enigmática y trascendente que justifican esa popularidad fundamentada en sensaciones contradictorias, que provocan placeres conflictivos, incertidumbre o descontrol. El factor clave radica en la doble mirada masculina -de emisor y receptor-, pues, la mayoría de ocasiones, accedemos al cúmulo de “extrañezas” que propaga una chica rara a través del testimonio asombrado (o mortificado) de un coprotagonista varón. Este muchacho cumple el papel de cronista privilegiado y subraya con énfasis los detalles más estrafalarios que adornan el dossier de una heroína bizarra, buscando compartir su desconcierto, su admiración, su aturdimiento. Porque conocer a una chica rara significa, en realidad, identificar los efectos turbulentos que causa sobre el hombre que la contempla. Su identidad funcional no queda restringida a características individuales de tono pintoresco, sino también a secuelas fenoménicas, la huella emocional que deja en otras personas. Desde una perspectiva de género, el discurso masculino se encontraría superado o desbordado ante el descubrimiento de una subjetividad alternativa (la femenina) que resulta difícil de sujetar y, por ende, imposible de dominar hasta el extremo de considerársele irracional, divina o impenetrable. No obstante, esa incapacidad para comprender el misterio de la femineidad solo incentiva el anhelo por descifrarla y dejarse envolver por sus acertijos y absurdos. Se establece una dinámica de diálogo lúdico entre sexos, un juego romántico. El amor juvenil, ese escenario cotidiano donde debería suscitarse la máxima familiaridad, se convierte, en Nazo no Kanojo X, en instancia predilecta para liberar una avalancha de extravagancias, gracias al influjo hechicero del ícono supremo de la rareza, la mysterious girlfriend por antonomasia, la invencible Mikoto Urabe.

El carácter deslumbrante de la protagonista impregna y enriquece el relato. Si disfrutaron sus súbitas risotadas o encontraron fabulosos sus aires de indiferencia, prepárense porque estos gestos desconcertantes son apenas una fracción de su alucinante magnificencia. Pronto, descubriremos sus múltiples destrezas y talentos, pero este episodio basta para delinear sus mejores virtudes, en especial, esa peculiar visión del mundo y esa creatividad ilimitada para enfrentar sus retos inventando soluciones tan sutiles como espectaculares. Le sobra atrevimiento y desparpajo porque se sabe inteligente y habilidosa. Le importan un bledo los formalismos y aunque le cueste el mote de «huraña», no se preocupa por agradarle ni caerle simpática a nadie. Urabe contagia de anomalía la atmósfera donde se desenvuelve transmitiéndole su brillo lúgubre, pero adorable. La adaptación al anime logra captar esa cualidad simbiótica convirtiendo su ingreso al aula en un evento pasmoso. El ámbito de influencia de Mikoto se extiende hasta abarcar incluso el nivel argumental: su presencia enrarece las fórmulas de exposición, los tópicos, el imaginario simbólico. Está rodeada de signos que connotan lo oculto, lo paranormal, como sus lapiceros o adornos de ovnis. Ella transforma la metáfora en materia y viceversa. Convierte un líquido considerado asqueroso o residual como la saliva en dulce néctar. Hasta su aparición en pantalla, Nazo no Kanojo X parecía relatar la apacible y estandarizada vida común de un everyman quinceañero que, como muchos adolescentes, está repleto de dudas y ansiedades referidas al sexo. La secuencia inicial describe esta inmersión en las inmensas preguntas del eros como un vistazo furtivo, un collage de imágenes sugestivas que remiten al aspecto fecundativo, biológico. El chico «espía» el tema asomándose por una suerte de microscopio, tendiendo una analogía entre indagación científica e inquietudes juveniles. Estas expectativas son habituales entre los muchachos inexpertos como Tsubaki: este interés natural se enuncia desprovisto de morbo o picardía, sino bajo una capa de símbolos que luego serán redefinidos y reinterpretados. Porque cuando Urabe irrumpa, esa descripción alegre y despreocupada de la vida del estudiante promedio se cancela. El ansiado boy meets girl se transforma en un inventario de rarezas. El enamoramiento es producto de una situación tan circunstancial como predestinada, la revelación del sentimiento es explicada empleando terminología médica y apelando a procesos fisiológicos. El catalizador del deseo es un fluido corporal. Mediante la saliva se crea un código privado, un ritual exclusivo de los amantes, aunque muchos los consideren grotesco y repugnante, porque el amor deja de concebirse de manera metafísica, como algo impalpable, etéreo, meramente espiritual. Sin embargo, esta deconstrucción del romanticismo no niega su magia, por el contrario, la reafirma, la llena de vitalidad, la adapta al nuevo milenio. Lo maravilloso de Urabe reside en su pericia para revitalizar las cursilerías de antaño en un lenguaje descarnado y posmoderno. Mikoto es capaz de conjugar los opuestos sin incurrir en contradicción: es adusta pero tierna, proyecta un halo de insensibilidad pero cuando se emociona vomita litros de baba, es extraña en sus ademanes pero no transgrede la cotidianeidad. Esa facultad para reconciliar elementos inversos es característica de la serie: glorificar lo asqueroso tiene como propósito reivindicar la materialidad del cuerpo a servicio del sentimentalismo, porque en Nazo no Kanojo X, los afectos no aparecen descorporalizados, sino formulados como procesos orgánicos que operan sobre soportes somáticos.

Los protagonistas se desplazan por un espacio cerrado de carácter adolescente. En otras reseñas he empleado este término para definir entornos donde determinadas funciones, vínculos o interacciones son monopolizados por personajes de determinado perfil, quienes, además, los impregnan con su esencia: en Nazo no Kanojo X, entramos en un mundo juvenil donde los adultos casi no intervienen. Tsubaki es huérfano de madre, las labores maternas son suplidas por su joven hermana mayor. El correlato moral está empapado de adolescencia, en concreto, la actitud ante la vida, pero también en detalles mínimos como entusiasmarse porque un muchacho destrozó la foto de una chica guapa o hablar sobre virginidad en plena vía pública. Aunque los albores de la rebeldía surgen durante esta etapa, los muchachos de preparatoria también muestran una increíble docilidad ante el mandato colectivo, un temor al ostracismo, a verse estigmatizados, a desacatar el juicio social, ese discurso tácito que fija determinadas pautas tolerables de conducta y establece criterios taxativos y que definen la normalidad. Urabe renuncia a subordinarse y, aunque sus compañeras intentan acoplarla con amabilidad, ella las rechaza con un gesto magistral, desentendiéndose con elegancia de la presión de grupo, pues las reglas le importan un bledo. Como “castigo”, Mikoto es etiquetada de inmediato como elemento disociativo, una outsider. Este contraste entre normalidad y anomalía se convierte en motivo frecuente o, diríase mejor, un hilo conductor del relato, aunque abarque distintas aristas: desde lo conductual, pasando por asuntos estéticos, hasta afectar el nivel semántico. Urabe encabeza una percepción surrealista de la belleza que, según André Bréton, “será convulsiva o no será”: lo hermoso es perturbador y sedicioso, no produce calma, sino agitación. Pronto descubrimos que esta supuesta anormalidad es un fenómeno perceptivo que cabría cuestionarse. La extrañeza de Mikoto es notificada a través del testimonio de Tsubaki, que observa y califica desde fuera. La chica del costado alimenta su curiosidad, pero le resulta humanamente imposible acceder a sus pensamientos: la noción de rareza que aplica el muchacho proviene del cotejo con las normas sociales de comportamiento. Para aumentar la paradoja, también Tsubaki acabará sumergiéndose en la anomalía: desde que comete la “imprudencia” de saborear la baba que reposaba encima del pupitre, lo asalta una sucesión de hechos estrambóticos: transformarse en salivo-dependiente, involucrarse en un romance fisiológico, tener una novia sui generis. Se aparta por kilómetros del perfil del everyman tradicional, sin dejar de serlo: quizá se convierte en un atípico chico común. En paralelo, se manifiesta lo inverso: la normalidad de lo aparentemente extraño. Tras las inverosímiles explicaciones de Urabe subyace una lógica implacable y tras una novedosa forma de entablar un noviazgo, perviven los ideales del romanticismo juvenil más edulcorado y cursi, pero redimido de su sensiblería. Además, el intercambio o ingesta salival, subrayado por muchos comentaristas como un detalle escabroso o repulsivo, nunca es impugnado cuando ocurre en la eventualidad cotidiana de un beso. Mikoto solamente vuelve expreso lo oculto, pero esa operación implica un giro semiótico. La flexibilidad sígnica (ser normal y anormal en simultáneo) es efecto evidente de la relativización: el significado se torna mutable, inconstante, por tanto, se dificulta el discernimiento. No obstante, la indeterminación no genera un estado de caos o crisis personal: Tsubaki se sorprende al inicio, pero luego se acostumbra, asimila la extrañeza, y acoge esas vivencias como eventos placenteros y divertidos. Cuando Mikoto le propone que realice un “acercamiento especial”, invitándolo a realizar una performance “diferente”, el chiquillo se arriesga a realizar un acto de ruptura (literalmente, porque rompe el símbolo de su pasado).

El exuberante universo onírico de Tsubaki, explosión barroca del imaginario de juguetería, es otra manifestación plástica de la rareza instigada por Urabe. Esta atmósfera enrarecida de retruécanos visuales merecería una lectura psicoanalítica, porque acontece después de la “infección” amorosa y aludiría al sueño como liberador de pulsiones eróticas cobijadas en el subconsciente. La serie se encarga de atemperar o atenuar las insinuaciones sexuales más chocantes bajo formas metafóricas convencionales: el néctar disfraza una alusión al flujo vaginal, pero luego esta cadena connotativa agrega otros signos cuando entran en interferencia las babas (que también serían una especie de droga). De igual modo, este sueño que combina referentes infantiles con aires macabros sustituiría o funcionaría como versión sublimada y disimulada del wet dream, aunque Tsubaki no sea consciente aún del flechazo. El baile (una actividad en pareja vinculada al cortejo) sería una velada alegoría del encuentro carnal, pues sucede sobre el techo de un hotel. La acumulación de juguetes, rayana con lo alucinante y terrorífico, sugeriría un clima tenso, entre excitante y amenazador, donde el espíritu lúdico se confunde con la pérdida de la inocencia, acontecimiento que cancela la infancia. Esta visión casi alucinatoria se emparenta con la concepción del amor como enfermedad, un tópico literario que consiste en asimilar la condición angustiosa y doliente del enamorado no correspondido con el desahucio del enfermo terminal. Algunos poemas o narraciones incluso enumeran una sintomatología del amor mórbido en estado crónico. En concreto, este padecimiento físico supone la somatización de un estado de aflicción emocional, que puede aliviarse por medios psicológicos; mejor dicho, para curarse del amor, habrá que levantar el ánimo. En Nazo no Kanojo X, la patología amorosa se enuncia empleando un lenguaje médico sazonado de sentimentalidad. En principio, proceso biológico denominado “amor” no genera el malestar, aunque se describe como una adicción, provocado por la ingesta de determinada sustancia que fomenta la dependencia. Cuando el consumo se interrumpe de manera abrupta, el individuo manifiesta un síndrome de abstinencia, que origina el verdadero sufrimiento. Por ende, la “enfermedad” precisa no sería enamorarse, sino alejarse de la persona amada, que cumple el papel de suministradora. El amor no queda restringido al ámbito psíquico, opera directamente sobre el organismo. No existe somatización porque, desde el inicio, se trataba de un fenómeno corporal. Esta capa de terminología medical nos impide vislumbrar el hondo sentido romántico que trasunta: el viejo tópico se traduce adaptándose a la lógica mecanicista y cientificista del mundo contemporáneo que desconfía de las interpretaciones puramente metafísicas o místicas. Sin embargo, corrobora la ciencia en nombre del amor, la verdad cartesiana a servicio de la espiritualidad idealista para pretender un balance. La magia retórica de Urabe le permite conectar una árida explicación de causas y secuelas con otra exposición, más emocionante y avasalladora, sobre el enamoramiento, sin timidez ni rodeos. Frases como “no poder vivir sin alguien” o “morirnos si nos falta alguien” adquieren realidad, materialidad, son factibles. Antes eran simples figuras poéticas, hipérboles, exageraciones.

Este quiebre y reconstitución de la metáfora es quizá el rasgo teórico más resaltante de Nazo no Kanojo X en cuanto estrategias comunicativas y recursos estilísticos. El lenguaje metafórico plantea una relación de igualdad entre dos ideas para conseguir un efecto desestabilizador y sorpresivo, característico de la expresividad poética, que asigna un énfasis particular al mensaje o pone a prueba los límites del código. La ruptura no consiste en anular la equivalencia entre los términos vinculados, sino en subvertir el sentido figurado, volviéndolo literal. El artificio literario -que solamente adquiría legitimidad y verosimilitud en nuestro ingenio- se traslada con hechos concretos al mundo material, donde son percibidos como sucesos fabulosos o fantásticos. Cuando alcanza la realidad, la metáfora quebrantada se transfigura en fantasía. Observemos dos ejemplos notorios: cuando afirmamos que alguien está “enfermo de amor”, indicamos que, debido al ensimismamiento, la pena, la insatisfacción, esa persona está “como enferma”. En cambio, Tsubaki manifiesta verdaderos indicios de gripe, incluyendo fiebre, malestar, fatiga e incluso sufre un desmayo. No “parece” indispuesto, está alicaído y grave de verdad. Analicemos ahora el sustancioso caso de la saliva: tras asemejarlo al néctar y sugerir que fungiese de estupefaciente, las alusiones al sabor dulce del líquido, además del contexto emocional que rodea la ingestión, conduce a sospechar una identidad entre las babas de Urabe y alguna suculenta variedad de ambrosía. La distinción lingüística entre “ser” y “ser como” (que implica desmontar el símil detrás de cualquier metáfora) resulta fundamental para comprender la dinámica del “ritual” o “rutina diaria” -muy aparte del asunto farmacéutico-, porque implica diferenciar entre apariencia y realidad. Esta antítesis es significativa para el discurso romántico que trasunta la serie: se defiende lo auténtico, lo genuino, aquella súbita belleza que encontramos detrás de tantos mantos de incertidumbre, como el rostro de Mikoto se revela tras su lúgubre cabellera. Se celebra la sinceridad, los gestos honestos, el alejarse de clichés, de normas absurdas, de tontos estereotipos, porque, a diferencia del resto de compañeros de clase, Tsubaki conoce a la verdadera Urabe detrás del nubarrón de prejuicios e ideas preconcebidas que impiden contemplar a plenitud su maravillosa personalidad. El clímax melodramático deriva de sucesivos choques entre apariencia-figuración y realidad-concreción. (1) El muchacho pretende aclarar, esclarecer, su relación mediante una confesión o declaratoria que valga como sinceramiento pero también como oficialización. (2) Sin embargo, Mikoto se niega a aceptar “métodos” relamidos o trillados, porque están infectados de simulación: fueron tan usados y abusados, que suenan falsos. (3) La novia misteriosa logra persuadir al joven de consumar un acto innovador y alocado. (4) Tsubaki destruye la foto de Aika Hayakawa, su primer amor de secundaria, empleando un acto metafórico: no elimina la existencia de una persona, sino su simbolismo. En resumen, la metáfora se reintegra como productora de significados: Urabe invita al chiquillo del costado a embarcarse en una experiencia poética, llena de detalles extraordinarios, expresados mediante performances fenomenales.

Para finalizar, destacaremos los aspectos que atañen a relaciones de intertextualidad y metaliterariedad, es decir, cómo una serie dialoga con otros productos afines y cómo discute o cuestiona asuntos referidos a la composición. Nazo no Kanojo X propone un retoque sutil del género, redefinirlo sin traicionarlo: ofrecer las bondades del melodrama humorístico pero alejándose de recetas desgastadas. Aunque es una comedia romántica, no hilvana su argumento alrededor de ejes temáticos habituales como la conquista o la toma de decisión. En cambio, la pareja está formada, oleada y sacramentada desde el primer capítulo. En adelante, la serie retratará la evolución, el crecimiento, el aprendizaje, los pasos adelante de la dupla protagónica mientras profundizan su romance. El antecedente más próximo es Kareshi Kanojo no Jijou (o Kare Kano, 1999), aunque provenga de las canteras del shoujo y aplique un enfoque más femenino, novelesco y realista: sin embargo, en ambos casos, la trama emplea como núcleo básico la experiencia en pareja. Incluso la elección de un estilo retro, noventero, busca manifestar un alejamiento del patrón de love comedy que venía pululando últimamente. Vimos algún pantyshot y pronto aparecerán en movimiento las célebres panty scissors, pero su naturaleza picaresca o fanservicera es atenuada porque sirven como señas divertidas de rareza. Otra particularidad destacable es la interferencia sintomática, entiéndase, el cruce de rasgos o contenidos entre diversos géneros, generando una forma híbrida. Quienes conozcan el manga, quizá prevengan una asociación entre situaciones de humor romántico y atributos narrativos provenientes del slice-of-life, con episodios autoconclusivos, a manera de viñetas que relatan un momento específico del noviazgo. La cotidianeidad es sublimada, no celebrando los eventos comunes, sino barnizándolos de espectacularidad y rareza. Además, el efecto contundente de muchos desenlaces depende bastante de las cualidades elocutivas de Urabe, tendiendo otra similitud con el slice-of-life, cuya marcha exitosa se sostiene sobre el carisma de sus personajes. En contraste, algunos elementos (en especial, la música) sugieren una interacción con el arsenal simbólico del relato de misterio, creando una inusual confluencia. No obstante, aunque el hermetismo de Mikoto incite a develar sus secretos, su gracia, su embrujo, se basa en mantenerse incomprensible, esotérica, rara avis. Alrededor, se desencadenan eventos tan inusitados que podrían calificarse de neofantásticos. Esta interpretación me parece errónea. Además de aplicar paradigmas de verosimilitud para definir un universo narrativo, también deberían considerarse los parámetros de atmósfera, es decir, los criterios o reglas particulares que conceden a determinados mundos ficticios un sabor especial y distintivo. Nazo no Kanojo X ocurre sobre el telón de fondo del paradigma realista, pero lo raro, lo tremendo, lo inconcebible, lo imprevisto, plasman condiciones atmosféricas distintas. La grandiosidad de Urabe se desparrama sobre este escenario mixto y heterogéneo, donde, sin fisuras, lo extraño se pasea entre lo común mientras la vida corriente se ilumina de poesía.

7 comentarios

  1. No conozco el manga, pero para quienes lo conocen espero que me puedan responder si capta sus sutilezas. Mis primeras impresiones de Nazo no Kanojo fueron positivas. Pienso que su temática, desde las mariposas hasta las muchachas en flor, intenta hacer de toda metáfora una realidad. En vez de un iconismo irreal que habita el lenguaje (que es la temática fundamental de las obras de Nisio Isin), la historia hace de esos iconismos el pan de cada día de los personajes. Se me ocurrió que la destrucción material de la foto era también una destrucción espiritual de la misma, aludiendo al carácter materialista de la serie. Después de leer tu artículo puedo decir eso con más seguridad. El tratamiento de lo normal y lo patológico también es interesante, es fascinante ver como ambos aspectos parecen contaminarse mutuamente, produciendo un universo variopinto de significación…

    14 abril 2012 en 07:56

  2. hace algunos años lei los primeros cap del manga por parte del mitico blogger hazardus [h], que desaparecio sin dejar rastros, y me parcio una historia un poco extraña pero sorprendente, cuando me entere del su adaptacion me sorprendio, y ahora que he visto el primer cap, devo decir que realizaron un exelente trabajo, ahora solo espro el sig para ver la maestria de Urabe con las tijeras,😄

    PSD. no tienen algun glosario por ahi? hay alguans palabras que no comprendo todaviaXD

    14 abril 2012 en 12:36

  3. rolo2k

    Yo igualmente no conozco los precedentes del manga, pero la serie me parece excelente; debo admitir que es la primera vez que veo una serie romántica donde los protagonistas se confiesan desde el el primer episodio. A mi también me gusta el toque retro de la animación.
    Muy buena serie, espero seguirla gracias a tus acertadas reseñas.

    25 abril 2012 en 00:11

  4. ROXAS

    como se llama la cancion donde tsubaki sueña????

    14 mayo 2012 en 14:56

  5. Yamirokuai

    @Rozas: http://www.youtube.com/watch?v=ezAjHNZlmg4

    21 mayo 2012 en 21:18

  6. ramenramen

    Reconforta que alguien plasme con palabras precisas lo que uno percibe al ver esta obra (esa perspectiva somática del amor en una obra no echii), o que, incluso, sugiera nuevos temas. Por ejemplo: a mí el anime me pareció de bajo presupuesto, aunque no reparé en que, en verdad, le da un estilo “retro” xD

    6 junio 2012 en 05:04

  7. Diego

    Desde hace un tiempo dejé de visitar la página. Hoy le dí un vistazo y el nuevo diseño me pareció genial. Los felicito por sus excelentes artículos. me llamó sobremanera la atención este animé. Acabo de ver solo el primer capítulo y me parece muy original. Al principio pensé que se trataba de de una chica con poderes extrasensoriales o algo por el estilo, pero me sorprendió que aparentemente no sea ese el caso y que involucre forzosamente al espectador a participar en ese juego de percepción entre la realidad material y lo fantástico a través de la misteriosa fascinación de esta chica que me parece un personaje poderoso y original. Voy a seguir viéndola.

    14 junio 2012 en 11:48

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