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Bakuman II 25 (FINAL): Lo conseguimos

A veces, es necesario un momento simbólico para dar paso a otra etapa

Este será el tercer manga que publiquen en la Jump, sin embargo, ¿podrán triunfar con esta nueva obra? Los dos intentos iniciales fracasaron porque el primero no pudo volver a posicionarse luego de una larga espera, perdiendo la atención de los lectores y terminando con una prematura finalización, mientras el segundo fue cancelado por decisión propia, aunque tenía ciertas posibilidades de quedarse en la revista hasta el final, sobreviviendo en el fondo de la tabla, aunque este no era ese su objetivo. Teniendo en cuenta estos antecedentes, los muchachos emprenden un tercer proyecto que promete mucho y estará bajo el cuidado de Hattori, quien ha cifrado sus esperanzas en el dúo Ashirogi-muto. Será una despedida momentánea para nosotros, sus seguidores, porque esta temporada ha llegado a su punto culminante, sin embargo, esta serie continuará en una tercera entrega.

El manga es una obra comercial, y puesto que se maneja en ese ámbito, depende de las ventas que efectúe. Por lo tanto, tiene un carácter de producto de consumo masivo, aunque esta naturaleza no lo descarta como una forma de arte. Pese a esta salvedad, muchas veces, esta condición suele cuestionarse, ya que existe la concepción de que el Arte solo está conformado por las grandes obras de un grupo muy limitado de iluminados -la élite, por decirlo de alguna forma-, mientras el resto únicamente serían “intentos” de arte. Sin embargo, estaríamos perdiendo la perspectiva, pues el arte es la representación o la expresión de las ideas, ya sean definidas o indefinidas, entonces, cualquier persona que cree algo que intente comunicar una idea está haciendo arte y, para eso, existen muchos canales que pueden ir dirigidos a uno o varios de nuestros sentidos. Lo importante es que sirvan para definir nuestro marco cultural. Si lo vemos de otra forma, un producto popular tiende a representar mejor a la cultura de un pueblo, porque quizá refleja mejor su carácter, mientras las obras de arte de élite son muchas veces excluyentes, pues en su objetivo de espantar al vulgo que no sea “merecedor” de consumirlo, pierde trascendencia, al ser incapaz de comunicarse con la masa crítica de la cultura. Por ello, la recriminación de Moriya acerca de la importancia de la popularidad. Puede tenderse al elitismo: siempre y cuando esa clase de arte sea lo que deseemos hacer, no hay problema. Buscar satisfacerse a uno mismo con una obra es una opción viable, pero no será decisiva en el aspecto cultural, porque no trascenderá más allá de unas cuantas personas. Si se quiere llegar a un público masivo, es necesario tratar de acercarse a la mayor cantidad de consumidores posible: de esta forma, las obras trascienden, porque se transforman en parte del ideario popular, se van transformando en leyendas del pueblo. Esta necesidad de alcanzar una difusión más amplia tampoco niega el hecho de que el fin supremo de muchas obras sea agradar a determinado público objetivo. Pero ateniéndonos solamente a estas condiciones, tendríamos una obra comercial vacía: el artista tiene que impactar al lector otorgándole a su obra un valor agregado.

Fukuda no quería quedarse atrás y planea un one shot, un manga cuya duración se limita al lanzamiento de un único capítulo. Este puede tener características diferentes: desde un relato sin mucha trascendencia con una historia irrelevante, que podría ser tratado hasta de relleno en algún manga regular, hasta un potencial primer capítulo de una serie más amplia, que podría dejarse inconcluso, induciendo a la curiosidad a los lectores, que reclamarán más ediciones de ese proyecto. Por otro lado, también puede tratarse de un capitulo autoconclusivo, que, a pesar de no tener una continuación, podría expandirse en el futuro. Así ocurrió con Fukuda, pensando que este nuevo manga agradaría al público de la Jump. El resultado de su experimento fue Road Racer Buchigiri, que obtuvo un segundo lugar en las votaciones, nada despreciable para un one shot, que no tiene una fama que le preceda. Debido a ese éxito, le solicitan que continúe con esta historia, que también le servirá para entrar en la férrea batalla, ya que Nizuma y Ashirogi-muto, se estaban distanciando demasiado en el duelo de los manga y quedarse fuera de combate no hubiera correspondido con su estilo. Cabe recordar que Fukuda dijo que, entre todos, iban a revolucionar la industria del manga. Mientras tanto, Ashirogi-muto estaba definiendo aún el desarrollo de su historia. Con este propósito en mente, Hattori les dio un consejo para que reflexionaran, pues les hacía falta pulir sus personajes. Una de los elementos fundamentales en una narración son los personajes, quienes le otorgan un sello particular, por eso, su creación tiene que trascender más allá de su perfil psicológico: también debe tomarse en cuenta su diseño físico y su nombre, bosquejo del cual se encargó Mashiro, logrando que el personaje resalte aún más, pues es necesario darle al protagonista atributos representativos y posea una particularidad que les permita destacar sobre el resto y, en cierto modo, luzca genial. Mientras tanto, Takagi se encargaría de los nombres, que tampoco es un tema trivial. En japonés se puede derivar significados de los kanji que conforman los nombres propios de personas: por ende, conseguir que tengan relación con el manga y que puedan ser utilizados para darle complejidad a la trama es un trabajo difícil, pero Takagi encuentra la solución. El primer chico se llamará Doumoto Makoto (道本 真) y el otro se llamará Tokunaga Minoru (徳長実). Takagi une los primeros kanji de cada nombre dando doutoku (道徳), que significa moral. Luego, utilizó los últimos kanji formando shinjitsu (真実), que significa verdad, palabras muy acordes al desarrollo del manga, donde la verdad y la moral son puestos a prueba por unos chicos que creen haber conseguido un método perfecto para burlarlas. Takagi tenía que pensar, además, en un nombre más acorde para la historia: utilizó las siglas PCP para referirse a Perfect Crime Party, como una forma de referirse al grupo que habían formado, sin tener que llamarlo por el largo nombre que antes utilizaban. Incluso es un nombre con mayor valor comercial, más fácil de recordar y algo atractivo.

Estaba todo listo para lanzar el primer capítulo del manga, las imprentan impregnaban de tinta las revistas que difundirían su obra. Solo tendrían que esperar por algunos días para conocer la opinión del público: el día de los resultados, esperaron en vano la llamada porque antes aparecería Hattori en su puerta para darles la grandiosa noticia: eran los primeros y habían ganado por un gran margen. Su historia había sido un éxito: los embargaba un júbilo inmenso. Habían dado su primer gran paso hacia el cumplimiento de su promesa, pero Mashiro tenía que visitar a alguien antes de iniciar la fiesta, alguien muy importante en la vida de este joven mangaka, una persona que le mostró el camino que debería seguir, aconsejándolo por si algún día el muchacho decidiese seguir su mismo camino y buscase ese triunfo que aquella persona no pudo conseguir a plenitud, porque no tenía el talento para hacerlo, incluso tuvo que sacrificar su vida en su esfuerzo desmedido por lograrlo. Mashiro le muestra que aún hay esperanza, allí donde se encuentra descansando: desde sus recuerdos, el joven artista revive a su maestro para recordar sus consejos, cuando recién comenzaba su larga ruto y muchos grandes autores se erigían como gigantes a quienes derrotar. Ahora que logró su primera victoria, Mashiro le debía a su tío ese reconocimiento.

Balance final
Si pudiera escoger una palabra para definir a esta temporada de Bakuman, sería “problemas”, pues estuvieron bombardeando constantemente a todo el elenco. Ashirogi-muto tuvo que enfrentar dos mangas fallidos y varios problemas con su editor. Mashiro sufrió una enfermedad que lo puso en aprietos. Takagi también atravesó por complicaciones, entre ellas, implicarse en un supuesto cuadrado amoroso, que concluyó en final feliz. Aoki estuvo en aprietos por no conocer lo suficiente al sexo opuesto, pero transformó ese contratiempo en oportunidad para conocer mejor a otras personas. Miho también atravesó varios conflictos, en especial, ciertos desencuentros con Mashiro, pero prevaleció el amor y ambos supieron solucionar sus crisis. Hasta Hiramaru estuvo en líos, ya que los abusos de su editor le produjeron un intenso estrés por mucho tiempo. Al final, los personajes supieron transformar la mayor parte de estos enredos en desafíos y supieron confrontarlos para enfrentar con mayor claridad al futuro. Durante este tiempo, aprendieron a madurar: contemplamos su paso de la adolescencia a la adultez e incluso surgió una familia. Aunque nuestros protagonistas no son los niños que conocimos en el primer capítulo de la saga, aún queda mucha historia por contar.

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