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Tantei Opera Milky Holmes Dai-Ni-Maku 7-8: Todo me recuerda a ella

La ultima cena

Arsene se aburrió de esperar el renacimiento de las Milky Holmes. Su plan para rearmar este grupo de élite era infructuoso: las chicas se esmeraban por aparentar lo contrario, pero cada vez que realizaban alguna proeza de utilidad, terminaban echando a perder sus propios logros. Incluso eran felices siendo recluidas en la cárcel de Kokoro-chan. La búsqueda de emociones nuevas por parte de la exuberante villana parecía haber llegado a su fin en ese colegio, pero había acumulado mucha rabia por la inoperancia del cuarteto, así que decide despedirse con un gran acto final, transformando toda su cólera en destrucción. Las chicas quedaron desamparadas en medio de la nada. La escuela, su pequeño refugio, ya no existe, por ende, deberán escoger entre dos opciones: sucumbir ante los delirios para escapar de la realidad o enfrentarlos para enmendar el rumbo.

Arsène no disfruta meramente conquistando objetos materiales. Un diamante de grandes dimensiones no la vuelve más feliz: el proceso de conseguirlo es la verdadera fuente del éxtasis; por tanto, todos los robos fáciles que protagonizaron hasta ahora han acumulado en ella mucha frustración porque no le permiten liberar su libido. Su máximo placer consistía en saquear grandes tesoros y ganarle a las Milky Holmes en este juego: las chicas eran la gran pieza que completaba la faena. Engañarlas siempre fue su mayor diversión, pero ahora son inútiles y sosas, la ausencia de toys, junto a su falta de intelecto, las volvieron un chiste dentro del mundo policial. En lugar de proteger al mundo de los malvados delincuentes caballerosos, se dedicaron a agravar o aumentar los problemas. No significaron ningún obstáculo para el oficio criminal de Arsène. Henriette intentó revertir este escenario. Primero utilizó la humillación pública al degradar al grupo como parias del sistema, siendo totalmente aisladas de los demás estudiantes, pero las chicas no mostraron mayor preocupación que sus propios estómagos. Luego las encaró directamente para reprocharles su actitud y les dio incluso una fecha límite, pero las chicas lo olvidaron de nuevo y siguieron viviendo de manera despreocupada. Henriette no aguantaba más la frustración, se le había acabado la paciencia: por ello, decide destruir el único sitio que Milky Holmes reconocía como su hogar. Podemos identificar dos razones que conducirían a esta drástica determinación. En primer lugar, podría tratarse de una medida para despertarlas de su letargo. La segunda opción sería admitir que definitivamente estaba harta del lugar y lo destruyó por completo a modo de venganza. Sin embargo, durante el proceso, se encargó de mantener su nivel de excelencia, dejando una coartada, pues se muestra al principio como Henriette para luego, mediante una puesta en escena, generar la aparición de Arsène y todos creyeran que había sido otra persona quien ejecutaba tales actos. Al parecer, la villana se toma bastante en serio este tipo de cuestiones en una serie donde se juega mucho con el desarrollo simple de situaciones similares.

Kokoro-chan es engreída, prepotente y violenta, no duda en burlarse de sus enemigos cuando estos han caído bajo, tanto si son malvados como los ladrones caballerosos o supuestamente buenas como las Milky Holmes. También aumenta artificialmente sus cualidades, tanto que viene aumentando exponencialmente su cociente intelectual para demostrar que es una genio e imponerse de esa forma a los demás, haciendo gala de un exagerado narcisismo. El ego de Kokoro-chan no cabría dentro de un gran estadio: todo lo contrario a su pequeña figura, que contrasta con sus desarrolladas colegas del Genius 4, las cuales se desligan de los aires de grandeza de la rubia policía, pues la ignoran cuando entra en ese juego. La gran víctima de su bullying seria Sherlock, ya que su ingenuidad la lleva a seguir tratándola amigablemente, aunque en parte los golpes de Kokoro-chan sean ejecutados por instinto, ya que no se demora en reaccionar con su máscara para masacrar salvajemente a la dojikko. No acepta, primeramente, que la llame por su nombre de pila y encima le agregue el “-chan” al final, que podría relacionarse a su tamaño, porque si Sheryl, quien también es pequeña, utilizara su nombre de esa manera, daría a entender que ambas se encuentran al mismo nivel. Kokoro-chan tiene algún complejo con su estatura, pero, para colmo, la pobre no es inmune a los desastres, peor aún, es quién más calamidades atrae en el grupo de chicas policías: suele ser constantemente acosada y, a veces, secuestrada debido a su pasado como idol. Sin embargo, tiene algunos gustos un tanto tiernos, como usar ese traje de bolita, porque si continúa vistiéndolo, debe gustarle, aunque por ese motivo la hayan usado como bola de cañón. Aunque, dentro del Genius 4, podría asignársele el rol de líder, cumpliendo ese papel, su rendimiento es deficiente, aun cuando logra ciertos resultados.

Tanto las heroínas como los villanos estaban desorientados a falta de las gravitantes cualidades de Henriette: esas dos que serían ubicadas en lugares que fácilmente la representasen, sean cerros o camellos. Ambos grupos no sabían cómo solucionar esa carencia: mientras que las Milky Holmes perdieron su apoyo, pues siempre creyeron contar con la seito kaichou, la figura de autoridad que más admiraban (tanto como alumna ejemplar, como anatómicamente), por otro lado, los ladrones caballerosos habían encontrado el significado de sus vidas al seguir a la reina indiscutible del robo, pues hurtar ya no significaba solo delinquir o acumular tesoros, sino seguir una filosofía: robar es un arte, un modo diferente de ser famosos y fundar una leyenda, ya que la historia siempre recuerda a los más grandes. Sin embargo, si van realizando robos sin publicidad, en el futuro, nadie los recordaría. El nuevo estilo les proporciona muchos reflectores, salir en los medios como los villanos, catapultándolos a la fama popular. De esta manera, todavía se recuerda a grandes mafiosos como Al Capone, pues sus hazañas eran contadas por los medios, conservándose en la memoria popular y transformándose en leyendas modernas. Quizás el mayor tesoro de todos sea la inmortalidad y la única forma de alcanzarla para los simples mortales es través de la fama popular, ya que de esta forma se consigue traspasar generaciones y trascender a la muerte. Pero ambos grupos han perdido sus esperanzas y han decidido recurrir a las ilusiones para engañar a sus mentes: no tienen fe en la realidad inmediata. Por ahora, alucinar es su único consuelo, pero no pueden escapar por siempre del mundo material: al final, descubren que tienen que recuperar a Henriette/Arsène para poder volver a confiar en ellos mismos, pero podrán hacerlo mientras todo lo que ven les recuerde a ella

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