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Another 10: Oculus ex machina

Dispuesto el escenario, distribuidas las piezas, trazadas las rutas del laberinto de pasiones e impulsos, Another prepara el contexto angustioso y macabro que envolverá el tramo final del relato bajo una borrasca creciente de ansiedad. Se plantea, como locación definitiva, un espacio aislado y autónomo, en estado de suspensión. El Sakitani Memorial Hall es destacado desde el ingreso como un lugar inadecuado o extravagante para una excursión escolar, quizá por sus lujos, antigüedad o dimensiones: la ambientación occidental decimonónica sugiere cierta tenebrosidad, un aire fantasmagórico o sombrío, complementado por la omnipresente oscuridad que recubre los recintos pese a los grandes ventanales. Antes indicábamos que los espacios antiguos o vetustos poseían un carácter siniestro o perverso. El refinamiento estético también se vincula con sensaciones lúgubres que causan fascinación y repulsión. Desde el primer contacto, la posada es presentada como un lugar ominoso, donde cunde el peligro de muerte. La llegada del grupo al establecimiento transcurre en una atmósfera turbia de silencio e incomodidad, marcada por gestos neutros de contención, resaltados en sucesivos close-ups: los estudiantes participan por inercia, sin entusiasmo ni espíritu de camaradería, sino resignados y melancólicos, aceptando la fatalidad de su condena por anticipado. Este mutismo es superficial: oculta un conjunto de miedos, suspicacias, rencores, incertidumbres, que tarde o temprano terminarán confluyendo en confrontaciones catastróficas y violentas. La obligación de “matar” al integrante extra o “devolverlo a donde pertenece” como solución infalible para frenar la maldición invita a sembrar desconfianzas, a incurrir en actos desesperados y apresurados, a darle rienda suelta a la brutalidad respondiendo a angustias y falsas convicciones. Esta circunstancia de extrema sensibilidad empuja a una figura prepotente y autoritaria como Akazawa a asumir una posición beligerante, atreviéndose a quebrar el tácito mandato de prudencia y rompiendo la ilusión de quietud para nombrarse vocera de un salón repleto de cobardes exasperados por hallar a un culpable o acabar con su hipócrita tregua. La jefa de contramedidas inmiscuye sus deseos en el debate contra Misaki, complicando esa inquietante escena y añadiéndole una dimensión de conflicto erótico.

Aunque Another no manifiesta una vertiente romántica explícita, sí establece relaciones de proximidad íntima o traza vínculos de interés, sean mutuos o unívocos. Una manera de complicar, pero también acelerar, las resoluciones es intensificando el nudo pasional. Akazawa ha evidenciado con tibieza su atracción por Sakakibara e incluso le incomoda que defienda a Misaki, transformando esa inclinación o curiosidad en causa de rivalidad hacia la chica del parche. Debido al temperamento tajante y severo de Izumi, podemos aguardar dos tipos distintos de reacciones: mantener las formalidades, respetando la disciplina, o lanzarse al ataque sin reticencias. Después de derrumbarse el sistema del alumno inexistente, adoptó la primera actitud como medida prudencial, aunque seguía mostrando cierta hostilidad hacia Mei-chan, quizá porque sus personalidades son incompatibles. Mientras Akazawa está convencida de su capacidad de liderazgo y disfruta asumiendo retos o cargos de poder, Misaki parece tender por vocación hacia la marginalidad, pasando desapercibida o recalando en algún rincón apartado. Luego del episodio playero, las condiciones cambiaron: hundidos en el pesimismo, los estudiantes no se atrevían a reclamar soluciones inmediatas o nombrar otro chivo expiatorio. Cundía el enfado, la rabia, el descontento masivo contra el alumno de intercambio y la recién “reestablecida”, pero nadie tomaba la iniciativa de acusarlos o recriminarles. Podemos enumerar varias razones que expliquen esta reserva. En principio, la estructura estamental, estrictamente jerarquizada, predominante en las escuelas japonesas, fomentada por una lideresa influyente como Akazawa, y arraigada con fuerza en sectores provincianos más tradicionales. Los muchachos están acostumbrados a guardar silencio, a callarse, a quedarse mudos por normativa, por obligación. Se habituaron a actuar, frente al fenómeno, de manera colegiada, en grupo, como colectivo, por tanto, aguardan la consigna para asegurarse de obrar con corrección. En segundo lugar, es probable que, pese al rencor irracional, considerasen inútil hacer explícitos sus reproches porque no obtendrían ningún beneficio si acaso Misaki implorara su perdón. La satisfacción moral no solucionaría el problema y podría crear mayor desunión. Una tercera posibilidad (aunque improbable) sería la vergüenza: los alumnos aceptan que imponerle a Mei-chan una responsabilidad tan horrenda fue injusto e intolerable y acusar a Sakakibara de incumplir una regla imposible de explicar sería desproporcionado. Aunque sus impulsos los obliguen a odiarlos, los estudiantes admitirían también parte de la culpa. Lo dudo porque, entonces, no habrían mostrado semejante consenso con Akazawa. La escena es tensa: ambas figuras aducen criterios de juicio distintos: Misaki refuta las amonestaciones argumentando desde una perspectiva pragmática, negando cualquier utilidad al gesto de cortesía, antes que refutar su justicia. Izumi no menciona los impulsos soterrados que la incitan a arremeter contra una compañera de clases e irrumpir la armonía de la cena y disfraza sus intenciones individuales bajo el manto de supuestas necesidades grupales, valiéndose de la coartada del bien común. En el cómputo final, fracasa: aparte del apoyo incondicional de Sakakibara, Mei-chan le arrebata el control moral del discurso al presentar formalmente sus disculpas y demostrarle a Akazawa, delante del salón, la insustancialidad de sus reclamos.

La serie ha capturado el interés del espectador gracias a la diseminación de misterios o incongruencias que requieren esclarecerse y reintegrarse dentro de una narrativa coherente. Nuestra mentalidad exige que reconduzcamos este desorden, esta fragmentación, este caos en un relato amplio y congruente, donde cada suceso tenga una explicación. Habrá situaciones que carezcan de lógica. Por ejemplo, la muerte de Sakuragi siempre nos parecerá absurda y fruto de una aciaga suma de casualidades que conspiraron para coincidir en un momento inoportuno. Sin embargo, cuando las memorias hayan sido restituidas o reformuladas, la información haya recobrado su cauce normal y los sujetos se dispongan a reiniciar sus vidas, habrá que responder, por ejemplo, qué circunstancias llevaron al primer encuentro entre Akazawa y Sakakibara, si acaso ese recuerdo fue real o producto de interacciones inconscientes. Algunos datos se resisten a cuadrar: el padre de Kouichi, alejado de Yomiyama, por consiguiente, no sujeto al influjo perturbador de la maldición, recuerda que nuestro protagonista visitó el pueblo a mediados de 1996. La teoría de Sakakibara como estudiante extra es desmentida por medios lógicos y sobrenaturales. Varios indicios apoyaban la tesis: despierta en un hospital, se encontraba presente o vinculado a casi todos los escenarios de muerte hasta el capítulo noveno (podría acusársele incluso de “portar” la maldición, pues ambas, Ayano y Ogura, son enlutadas después de cruzarse con el forastero), además, la mayoría relacionaba su arribo al colegio con el inicio del ciclo de tragedias. Bastaba la elucubración detectivesca, la sumatoria de contraargumentos y pruebas para descartar esta hipótesis: la calamidad inició en abril al morir Misaki Fujioka, el “infiltrado” estaba presente en clase antes de la incorporación de Sakakibara, en consecuencia, frustrar las instancias de diálogo no serviría de nada. Mei-chan sabía desde mayo del fracaso eventual del sistema del estudiante inexistente, pero le avergonzaba confesar sus suposiciones (pues tendría que revelar su intimidad familiar y someterla al escrutinio público) y se resistía a admitir que Misaki-chan (la hermana gemela) había fallecido víctima de un ensañamiento insensato del destino. Muchos comentaristas han resaltado las carencias de comunicación o los baches comunicativos como desencadenantes del desastre en Another: en efecto, la imposibilidad de hablar, los tabúes sobre la palabra, las condiciones impuestas al discurso tanto desde la sociedad (a nivel micro) como desde el fuero interno (miedos, recelos, pudores) resultan fatales. No obstante, la fría reconstrucción racional nos demuestra la inutilidad de tender una red eficiente de silencios, pues aunque funcionara un mes, esa pretendida seguridad era ilusoria, justamente (de vuelta al círculo vicioso) debido a la inflexible ley del hielo. Por desgracia, los muchachos involucrados están inducidos a pensar de manera neurótica, a interpretar sus atosigadas y atolondradas intuiciones como verdades infalibles o posibilidades verosímiles. Sometidos a presión, son capaces de intervenir la realidad imponiéndole sus conjeturas alocadas y descontroladas. Teshigawara irrumpe en escena acusándose de haber cometido “una estupidez”. El horror de morir se transforma en obligación de matar: para sobrevivir, el potencial mártir debe convertirse en victimario y reimplantar el orden natural mediante un acto violento que recuerde al ritual cruento de sacrificio que restablecía el equilibrio universal. No existe pacto metafórico: la ofrenda sangrienta es auténtica, no puede sustituirse por animales o cosas.

Varios segmentos del episodio tienen un signo retrospectivo, se dedican a inspeccionar o vislumbrar el pasado, aunque por métodos poco cristalinos. El primero brota en sueños, si acaso le concedemos un mínimo de credibilidad o validez al testimonio onírico de Akazawa. Las otras secuencias emplean fórmulas atomizadas: pilas de fotografías de distintas épocas, un collage de anécdotas inconexas. Predomina la yuxtaposición como recurso expositivo. Las fotos añejas permiten recolectar instantes particulares del pasado que flotan como moléculas tendiendo posibles nexos connotativos, sin establecer una narrativa fija. Podemos imaginar el contexto que precedió al retrato de grupo del salón 3-3: un momento de informalidad, de festejo, en aquellos meses finales del período escolar, cuando los alumnos inician el proceso de despedida y tránsito hacia la preparatoria. La disposición es aleatoria, muy suelta y espontánea, casi jugando. La intrusión de Misaki Yomiyama es chocante porque interfiere o estropea una imagen que perennizaba un instante de alegría. Su presencia es contradictoria, es intrusa. La exhibición del objeto macabro termina por derrumbar el mito. En realidad, así ocurre por necesidad: el aura mítica se alimenta del misterio. Cuando se torna explícita, se extingue. Mientras más secreta y escondida, más aterradora nos parecía esa foto porque cifrábamos nuestras expectativas más lúgubres o espeluznantes anticipando su contenido, especulando sobre la “apariencia” fantasmática y cómo generaría una disonancia estética y existencial dentro de la imagen. Nos imaginábamos que sería una fotografía visualmente desagradable o impactante, pero a simple vista, cuesta hallar un elemento discordante hasta que examinamos los detalles de coloración o definición. No obstante, este defecto podría atribuirse a anomalías en el revelado. Lo terrorífico radica en la información, en concebir que fenómenos materiales o físicos (la luz) capturaran y eternizaran un evento escalofriante que contradice las leyes naturales. Los fantasmas son incompatibles con la mayoría de principios científicos, pero un aparato mecánico y un proceso químico logran plasmar su actividad sobre el mundo de los vivos, alterando incluso el orden escatológico. Ignoro el sentido concreto de la maldición (si acaso opera bajo criterios de compensación o equilibrio), sin embargo, resulta curioso que Misaki Yomiyama actuase como un alumno “extra”, volviendo de ultratumba para entremezclarse entre sus compañeros con un gesto cordial y simpático, como si participase de su alegría. Los estudiantes que “retornan” al salón 3-3 no realizan ese tránsito de manera casual o caprichosa: probablemente fallecieron en circunstancias lamentables durante su juventud o siendo víctimas del fenómeno. Por ejemplo, muchos comentaristas, guiados por la espectacular habilidad de P.A. Works de dotar al salón entero de rasgos y personalidades distintivas y utilizar de repente personajes que capítulos antes solo intervenían como figuras de fondo, especularon que Kazue Satou podría ser la estudiante adicional debido a la similitud gráfica con Ritsuko, la madre de Sakakibara. En cualquier caso, el retorno de muertos no bajo formas de zombi  suele asociarse a alguna deuda o frustración pendiente en vida que intentarían resarcir o saldar. Sin embargo, en Another, este reingreso funciona con exactitud sistemática, para satisfacer una regularidad cíclica. Los individuos ni siquiera son conscientes de funcionar como peones.

He revisado un considerable porcentaje de las series de invierno y considero que Mei Misaki es el mejor personaje de la temporada, sino la figura femenina más inquietante y rica en matices de enero a marzo. Aunque la chica del parche es un tópico frecuente del imaginario moe en tiempos recientes (Chihiro Shindou en ef, Mio Sakamoto en Strike Witches). En ocasiones, sella un poder o cualidad especial. Ocurre en Rozen Maiden, de donde Another (el anime) parece recoger muchos referentes o tender puentes en cuanto a motivos recurrentes. Misaki nos cautiva porque es una outsider, una marginal, no porque elija esa condición, sino empujada por sucesivas eventualidades que la obligan a sobreponerse y convivir con situaciones dolorosas (la carencia de proximidad familiar, el control de su madre, la muerte de su hermana y única mejor amiga). Gracias al breve recuento inconexo de imágenes, recobramos una época feliz de la historia de Mei-chan, que contrasta incluso en términos de paleta de colores con el resto del episodio. Ante el predominio del color marrón (asociado a Iwasawa y la escena del comedor) o del sepia (las fotografías descoloridas), la secuencia acumulativa de flashbacks sobre las andanzas fraternales de Misaki & Misaki nos proveen una explosión maravillosa de luminosidad: dos chicas lindas compartiendo sus helados, jugando sobre una cama o subiéndose a la noria. Esta hermosa armonía contrasta con el relato melancólico que proporciona el audio. Siendo conscientes de la decepción de Mei-chan, se ilumina su universo sentimental sin perder su peculiar oscuridad, aunque se torne comprensible. Sin embargo, no oculto mis escrúpulos hacia el Deus ex machina que revela como clave repentina para solucionar la incógnita y ponerle freno a esta locura. Sería inadmisible pretender que, después de meses de acontecimientos anómalos, nos resistamos a tolerar lo sobrenatural como materia corriente en Another. Pero hasta la fecha los estudiantes resistían y luchaban valiéndose de habilidades humanas, apoyándose en sus suposiciones e investigaciones. Un ojo mágico que observa o predice la muerte es un regalo caído del cielo. Hubiese preferido que todo el discurso místico y decadentista alrededor de las muñecas, los ojos de vidrio, la analogía entre seres inertes y seres vivos y demás imaginería tétrica se mantuviese en el terreno del esteticismo, pero la confesión de Misaki traspone esa barrera de lo simbólico para instalarse de golpe en la realidad efectiva, convirtiéndose en clave incontrovertible para determinar la verdad, sin necesidad siquiera de contrastarla con otra clase de razonamientos.

3 comentarios

  1. Lo del ojo siempre estuvo en suspenso, después de todo Mei-chan había dicho que lo cubría para no ver cosas que no debían ser vistas. Sin duda se revela como otro misterio dentro de un enigma más grande. Considerando las últimas implicaciones, era obvio que en algún momento toda la tensión que los protagonistas habían acumulado se desataría en algún momento, y ahora que están solos en el bosque enfrentando el misterio era el momento en que estallaría el enfrentamiento…

    25 marzo 2012 en 07:06

  2. En mi país hay un refrán popular que reza “desgracia llama desgracia”, todo parece indicar que en aquel encierro la calamidad puede tomar matices exorbitantes, dados los niveles de tensión acumulada que vienen experimentando los alumnos, tal como lo menciona fortuna87, en especial luego de que la antigua grabación revelarse la única manera en que supuestamente puede detenerse la fatalidad; aquí noto un cliché muy comúnmente usado en las novelas detectivescas y de misterio.. “…el culpable está entre nosotros…”, creando una espiral de mutuas desconfianzas.

    La vetusta mansión parece hecha a la medida para una gran tragedia, citando nuevamente a Poe (de más esta decir que es uno de mis autores favoritos), al ver las imágenes de la casona no puedo evitar recordar las descripciones usadas en la narración de la “Caída de la Casa Usher”

    El tema de la atracción de Azakawa por Sakakibara parecía obvio casi desde el inicio de la serie (si bien se ha ido manejando con tibieza, como lo mencionas), es por eso que no es de extrañar que bajo el pretexto de su cargo como jefa de contramedidas haya descargado su frustración con Misaki.

    A estas alturas es muy poco probable que la serie vaya a extenderse más de doce capítulos, por lo que solo queda esperar que los señores de P.A. Works – quienes hasta ahora lo han hecho bastante bien – nos entreguen un final honroso para esta serie que para mi gusto ha sido una de las mejores de esta temporada.

    27 marzo 2012 en 00:27

  3. kamuy

    pues esta serie a mi me encanto me tubo en suspenso hasta el final😄 lo ultimo si me sorprendió saber el quien era el muerto el que menos se esperaba

    5 mayo 2012 en 11:46

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