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Senki Zesshou Symphogear 7: Espacios cerrados

En artículos anteriores, he empleado la categoría de espacio exclusivo (a veces, cerrado) para describir el contexto narrativo donde se desenvuelven las protagonistas de ciertas series adscritas o cercanas al yuri, desde entornos románticos hasta redes de amistad, pasando por los sentimientos de hermandad, admiración o rivalidad. Aunque la mayoría de lectores intuye su significado y repercusiones, resulta útil definirlo y especificarlo a través de ejemplos concretos. Al hablar de espacio exclusivo no hago referencia a lugares ni locaciones físicas (aunque en algunos casos, suele coincidir). Tampoco implica la ausencia total de varones. El término preciso para iniciar su análisis sería entorno. Existe un conjunto de actividades, motivos de convivencia o situaciones de interacción personal donde el protagonismo es ejercido de manera no solamente mayoritaria, sino masiva. Además, estos hechos están impregnados de femineidad, entiéndase, de ciertas fórmulas de afectividad restringidas a las mujeres. En Symphogear podemos observar un primer indicio determinante: las principales funciones estructurales son ocupadas por adultas o jovencitas. En principio, las heroínas que libran el combate directo y cuya misión es detener al Noise. Incluso, además del sexo, cabría sumar el factor edad. Todas ingresan al servicio activo como guerreras durante su adolescencia (en épocas de preparatoria). Esta etapa es trascendental para el crecimiento emocional del individuo, en especial, las muchachas, pues el grueso de la educación sentimental y el aprendizaje del deseo, las pasiones y las aficiones se gesta durante estos años, en consecuencia, el sujeto atraviesa un período de alta sensibilidad, y aunque sea idealista como Hibiki, es fácil de conmover, herir o afectar. Este grupo incluye a Kurisu, pese a fungir de antagonista, porque dentro del campo de batalla, frente a las justicieras, actúa de manera opuesta, pero análoga. Para comprender a Chris, es ineludible el aspecto psicológico, pues permite analizar cómo influyen los componentes antes enumerados. La intensidad y honestidad impulsiva para expresar sus sentimientos, dos características asociadas con la emotividad adolescente, se convierten en motivos de enternecimiento y compasión. En consecuencia, el juicio moral está condicionado por cuán receptivos seamos al sufrimiento y cómo valoremos los traumas de infancia. Antes que perversidad o maldad, las acciones de Kurisu están guiadas por la confusión, la desesperación, la inseguridad, sensaciones que derivan en rencor y negación contra el mundo (bajo la excusa de “detener la guerra”). Cuando Hibiki pretende negociar un acercamiento, apela a elementos de concordia femenina: un lector lo llamaba “charla de chicas”. Además de humanizar al enemigo y plantearle un diálogo al mismo nivel, también busca introducirla a un espacio discursivo con referentes que buscan igualarlas e identificarlas como mujeres, preámbulo para tender puentes hacia la amistad, porque integrarse a esa conversación implica admitir un vínculo.

¡Incluso sin ella, yo extinguiré las llamas de la guerra! Entonces la maldición que pende sobre nosotros quedará rota, y todos aquellos que vagan sin destino podrán regresar a donde pertenecen.

Al referirnos a espacio exclusivo, no asumimos una exclusividad numérica. Los hombres no intervienen en roles estelares: pueden desempeñarse en funciones importantes y resultar influyentes en algunos episodios, pero no cargan la responsabilidad primordial de cambiar el rumbo de los acontecimientos. Por ejemplo, Genjurou participa como luchador, entrenador y apoyo de emergencia, y dirige las acciones, sin embargo, su misión es comandar, no batallar. Esta labor parece reservada, de manera tácita, al sexo femenino. Según los indicios, para activar las reliquias se requiere un rango vocal que entre en sintonía (que genere resonancia) con estos artefactos milenarios. Esa cualidad sónica se vincularía no necesariamente a tonos o registros (soprano, contralto, barítono, etcétera), sino con cierto talento musical: estar entonada, no desafinar. Las muchachas cantan mientras pelean. Los cantos de activación, “despertar” o Aufwagen slagen están relacionados con himnos religiosos del tipo invocación o conjuro cuyo requisito esencial es recitarse o entonarse sin errores ni variaciones: son inalterables, por tanto, se exige precisión. El código a repetirse para accionar el artilugio mágico es una secuencia sonora, es decir, notas musicales. Los peligros que acarrea al organismo tienen mayor impacto cuando los cuerpos bajo amenaza son femeninos pues –aunque sean muchachas entrenadas y vigorosas- remiten a campos connotativos relacionados con lo frágil, lo liviano, lo indefenso, pero también coordenadas estéticas como lo grácil, lo elegante, lo hermoso, que tornan más doloroso y lamentable el maltrato. Incluso cuando las peleas entre mujeres poseen un ingrediente erótico atractivo para la platea masculina y permite un despliegue coreográfico cercano al ballet, al lucimiento del cuerpo en movimiento. Sin embargo, la carnalidad, la corporalidad, también figura como motivo de fascinación al interior del relato. En realidad, comenzaba a manifestarse como tema de interés técnico o biológico, sometido al lenguaje de las ciencias, pero se convierte en fetiche o germen de excitación sexual cuando se inmiscuye la obsesión. La función ambigua del científico desquiciado y malévolo también es ejercida por una mujer, siguiendo el patrón antes indicado. Ryouko es inquietante porque cumple tres características del intrigante que provoca suspicacias: 1. guarda secretos y trama maquinaciones bajo la mesa; 2. utiliza una máscara de bondad, de señora despreocupada, distraída y traviesa para esconder sus propósitos auténticos; y 3. habla en lenguaje críptico. El término más desconcertante que emplea es lulu amel. Un googleo rápido nos dirige hacia dos fuentes repetitivas: los glosarios de lengua y mitología sumeria y las páginas de teorías conspirativas del tipo astronautas ancestrales. En ambos casos, la palabra significa “trabajador mixto” o “humano”, pues según las leyendas, los dioses habrían creado al hombre como servidumbre. Otras menciones a posibles referentes mesopotámicos serían los “Guardianes”, apelativo que designa a los dioses babilónicos, que habrían lanzado una maldición contra su creación, y también la alusión a “hablar con palabras de verdad”, que sugiere una conexión con el mito de la Torre de Babel. No sorprendería que hubiese un subtexto mítico-religioso, tomando en cuenta que desde el inicio, se manejó terminología afín para describir el poder que emana del symphogear. Ello incrementa el aura de perversidad de Ryouko, acercándola al delirio fanático o las ansias de transformarse en diosa. Sin embargo, otro rasgo específico nos invita a desconfiar de la extravagante investigadora: su sinuosa conducta sexual. El gabinete donde trabaja está repleto de fotografías de Hibiki. Siendo su objeto de estudio preferido, no sorprende que recopile información pormenorizada, pero fijándonos bien, la mayoría de fotos son estampas cotidianas, no aportarían ningún dato relevante (menos que cualquier examen fisiológico). El único motivo para colmar su pared de retratos de Hibiki sería contemplarlos con morbo y alimentar una obsesión, en especial, porque obtener tantas imágenes revela una intensiva labor de stalker. Ryouko ha manifestado en otros episodios esta fijación, pero recién ahora se muestra grave y enfermiza.

El sistema de valores más habitual aplicado a los espacios exclusivos femeninos es idealista y privilegia la castidad, la sublimación, lo sentimental por encima del sexo, el deseo de posesión o la corporeidad. Por tanto, ambos extremos suelen servir para caracterizar a heroínas y villanas, complementándose con el factor de edad. Si existen afectos puros y bellos, son platónicos o rebozan de emotividad. Las protagonistas adolescentes son ingenuas, creen en el amor, exaltan sus sentimientos, carecen de malicia. Si están envueltas en relaciones, no suelen concretarse: predominan las amistades románticas o íntimas, la admiración o la devoción mutua. Sin embargo, las antagonistas casi siempre están sexualizadas o erotizadas, son maduras, adultas, toman la iniciativa, transmiten una imagen de voracidad. Son leyes del melodrama: mientras la heroína es virtuosa y efusiva, la villana se porta como bitch. Esta dualidad se comprueba al trasladarse a otros géneros como sucede en Symphogear. Ryouko es una lesbiana obsesa, mientras Finè, quien concentra los peores gestos de maldad (traicionar a una muchacha luego de usarla como herramienta y torturarla para satisfacer sus placeres sádicos) gusta de andar desnuda, signo claro de erotismo. Ambas son mujeres desarrolladas, e incluso su diseño visual se encarga de resaltarlo con voluptuosidad, pero también tienen en común el poder: son líderes, se insinúa que Ryouko conspiró para asesinar al ministro y aprovechar el caos. Finè es millonaria, suele contactar con gobiernos extranjeros y declara ser inmortal (que podría interpretarse como bravata digna de alguien enceguecido por sus ansias de dominación). No existen focos semánticos cargados de tanta negatividad como el sexo y el poder, que connotan el exceso, el abuso, la deshumanización: juntos confluyen en la imagen típica de corrupción, tanto cívica como moral. Otro punto en común de ambas mujeres es la valoración por cuantificación: persiguen lo máximo, lo ilimitado, lo incomparable. Cuando activa su propia armadura, Finè decide deshacerse de Kurisu porque su fuerza es menor. A final de cuentas, se instrumentaliza al prójimo. Las villanas sexys son contrastadas por el drama lacrimógeno que atraviesa Hibiki, cuya relación de intimidad sublimada con Miku se desbarranca ante una crisis sentimental, trazada como una especie de conflicto marital donde se entremezclan los celos, la desconfianza, el miedo. En efecto, la angustia de nuestra dojikko cantante se justifica porque teme perder a su mejor amiga, compañera de cuarto y eterna cómplice, pero se asemeja a un rompimiento de pareja. Miku asume actitudes cercanas al despecho, llena de dramatismo su declaración final, la situación es tratada con tremendismo, para sembrar tensión a manera de punto de quiebre. Hibiki afronta un dilema que sobrepasa sus capacidades, pero el marco donde transcurre esta ruptura preserva sus ejes cardinales: incluso si fuera un romance, se reprimiría lo concreto para concentrarse en la subjetividad, lo conmovedor, lo afectivo. Todo se sugiere, se asoma, queda implícito, pero jamás traspasa esa barrera. Incluso en circunstancias extremas, la pasión es –antes que posesión carnal- fuente de enternecimiento y plenitud emotiva. Las heroínas luchan –literalmente- por amor.

4 comentarios

  1. davidvfx

    Mmmm…. ya tenia la imagen de Ryouko como posible elemento negativo y doble cara con su propia agenda… desde el asesinato.

    Ryouko y Fine tiene el mismo una similitud, Fine se Declara villana total no retrata de torutrar por placer y menos de desechar a sus subordinadas… villana en toda regla por que todos sus actos son de maldad… PERO podriamos acusarla de Hipocrita y mentirosa?

    Kurisu sabia como era sabia que era una herramienta para ella, por eso su temor al fracaso como su herramienta. Su ostinacion por no ser vencidad fue la razon de seguirla para volver afrontar el rechazo, con el agregado de matarla… vamos le dijo que ya no la nesecitaba, ¿ para que ir donde no nos quieren? creo que Kurisu se negaba a la realidad y serie muy ingenua el no predecir que si hiba solo encontraria una posible muerte por Fine.

    Hasta aki Fine si es alguien egoísta y ambiciosa mostrando totalmente cualidades negativas…

    Ryouko, por otro lado esta llena de aspectos positivos, y claro los que no muestra. No se si Ryouko sea una perso a que ejrce “el Fin Justifica los Medios” ó es una villana o Final Boss secreto… pero si lo es cumpliria uno de los elemetos que dispararian su niveles de maldad ( si es que acaso esto tiene medida ) sobrepasando a Fine: La hipocrecia y Traicion.

    bueno tal ves me paso en mi apreciasiones.

    pero lo que quiero denotar es la diferencia entre un villano no hipócrita y otro que si lo es….

    9 marzo 2012 en 14:09

    • Completamente de acuerdo. Hay villanos que ejercen la maldad con total apertura y entre ellos, se encuentra Finè. Incluso no solo actúa con perversidad manifiesta, sino que disfruta hacerlo de manera sádica. Por ese lado, se reafirma mi idea acerca de la erotización de las villanas: ambas tienen una idea retorcida o enfermiza de sexualidad (no porque tengan intereses lésbicos, sino porque están obsesionadas o instrumentalizan a los demás).

      No recuerdo haber mencionado que Finè sea hipócrita o mentirosa, pero sí que traiciona a Kurisu porque -en teoría- era un elemento que pertenecía al mismo bando (y a quien, supuestamente, había recogido de la calle). Ahora sabemos que esta mujer carece de límites. Que Chris vaya a buscarla después es una reacción comprensible, pues -pese a todos los maltratos- la muchacha estaba sometida, subyugada mentalmente.

      9 marzo 2012 en 16:21

      • No, no lo dijistes (sobre fine) solo fueron aprecisiones personales mias.

        Algo que me trae la cabesa es si esta serie es un version adulta (osea mas seria) de sagas de la PreCure, ya que Kanade y Tsubasa me parecieron muy al arquitipo de Nagisa y Honoka… bueno al inicio… ahora no lo se y es que no he tenido el tiempo (y ni fansub que las tradusca) asi que no se si la serie ya se deslindo de algna similitud a estas alturas.

        Sobre Miku…. Interesante presentacion de su drama, que injustamente como espectadores podrias menospreciar ya que hay “cosas” mas importantes de seguridad nacional…. Pero es que ese es el chiste de estos dramas que son los que realmente nos hace vulnerables y nos destrozan, sin importar que el mundo se lo carguen; el dolor personal realmente te desbalancea mas que una bomba atomica (bueno exagero)… Me gusto como Miku se cierra ante los engaños de Hibiki (no mal intencionados y hasta justificados… mas o menos) y como Hibiki se desmorona tan bien emocional pensando que todo lo que hacia lo estaba haciendo bien…

        No me adentrare en mucho pero es que aki hay tela de mucho cortar en sobre como las emociones en el ser humano sobre pasan el pensamiento logico y el bien comun sobre las nesecidades personales… solo dire muy bien logrado esa escenita.

        10 marzo 2012 en 22:43

  2. lnn

    La partícula “Sympho” de Symphogear parece derivar con bastante seguridad de symphony, “sinfonía”. En la acepción de “sonar juntos” significa lo contrario de disfonía, “sonar aparte”, indicando que el tema del sonido y sus armonías y desarmonías es central en esta serie. Pero no se puede dejar de notar que Sympho puede ser obtenida de la combinación de nymph y Sappho. Nymph es “ninfa” (uno de cuyos significados es “young nubile maiden”=joven doncella núbil, como Hibiki, Tsubasa, Cris, etc) y Sappho (Safo), es la célebre poetisa griega tradicionalmente asociada al homoerotismo femenino (aquí estarían claramente aludidas Ryouko y Fine). El universo de Symphogear es claramente un universo regido por ninfas y Safos, donde es esperable que el rol de los personajes masculinos no sea tan relevante.

    Parecen bien fundamentados los argumentos con los que se está cuestionando a Ryouko, aunque los indicios contra ella son sospechosamente obvios. Pero lo extraño es que no se cuestione la falta de ética de la organización de la que ella es parte principal como líder científico. Recordemos que usan los conciertos de idols para que multitudes de inocentes y desprevenidos fans aporten la ganancia fónica necesaria para la activación de las reliquias, sabiendo que esto atrae el ataque de los Noise. Tsubasa, por ejemplo, jamás manifiesta la menor preocupación por la seguridad de los miles que acuden a verla sobre el escenario, y que pronto serán atacados y algunos muertos o heridos (como le sucedió a la propia Hibiki).

    10 marzo 2012 en 02:47

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