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Ano Natsu de Matteru 7-8: Revelations

Such a shame that I wouldn't know by now...

En el inglés la palabra “Revelations” evoca inmediatamente al Apocalipsis bíblico, libro el cual se asocia con el mal llamado “fin del mundo”, al grado que hablar de un apocalipsis es hablar de destrucción o ruina total. En griego, Αποκάλυψις (apokálypsis) simplemente alude a un “quitar el velo”, un “revelar”, esto es, hacer pública o conocida una verdad. Toda revelación implica un nuevo conocimiento que puede influir en el descubridor o receptor de esa verdad de manera positiva o negativa. Dejando de filosofar, hasta en ámbitos más personales o familiares uno se ve afectado de alguna forma cuando recibe información que corrige su punto de vista sobre las cosas. En ocasiones ciertas revelaciones significan el apocalipsis para amistades o vínculos de unión, sobre todo cuando ponen en evidencia engaños o verdades a medias. Ya que todos tenemos algo qué esconder, conocemos bien lo que es pasar por momentos de tensión cuando nuestros secretos íntimos corren peligro de hacerse públicos. Desde revelaciones sentimentales hasta trascendentales, estas dos semanas pasadas hemos tenido mucho por apreciar en Ano Natsu como para elaborar comentarios extendidos sobre la naturaleza de las relaciones humanas y los sentimientos amorosos. Casi como ver retratadas nuestras propias realidades o ilusiones, hemos podido embelesarnos con el desenvolvimiento de las historias de amor entre Ichika y Kaito, así como Mio y Tetsuro; historias que en solo dos episodios han crecido exponencialmente, al grado de hacernos olvidar por completo el aspecto de ciencia ficción de esta serie, el cual es por fin explotado de excelente manera en la octava entrega.

La mezcla de ambas historias o su narración en paralelo añade dramatismo a los sucesos, ya que se trata de acontecimientos trascendentes expuestos a la vez para no restarle importancia a ninguna de las dos relaciones. Aunque la pareja principal de esta comedia es sin duda Ichika y Kaito, se concede mucha importancia a la unión de Mio con Tetsuro, una pareja mucho más “humana” y de sencilla identificación con el espectador, al ser personas de conductas comunes y temores naturales. Apreciar el comportamiento de los dos en vista de las presiones de una desvergonzada acosadora da espacio para visualizar distintas facetas de sus personalidades que esclarecerán nuestra percepción acerca de ambos, al grado que mi opinión sobre las causas detrás de la representación de Kitahara en una situación bochornosa es ahora esclarecida y corregida, es más, motivando la comprensión y aceptación de su pusilánime actitud. Es como si no se pudiera establecer un ranking sobre quién está más enamorado, porque la intensidad de sentimientos de los cinco jóvenes es demasiado similar, pese a la enorme diferencia entre sus caracteres. Comencemos por Tetsuro: su delicadeza y caballerosidad son singulares; ciertamente no parecía ese tipo de hombre, pero demuestra que, además de buen amigo, es también una persona íntegra y madura. Con los amigos existe una deferencia distinta al respeto normal entre seres civilizados. Tetsuro es prudente con el secreto y la vergüenza de Mio, porque ni siquiera menciona el engorroso incidente, haciéndose de la vista gorda y andando con ella como si nada. Conocedor del pudor y apocamiento característicos de su amiga, Ishigaki intenta olvidar lo sucedido y relajar el ambiente propiciando diálogos casuales como para distraer a su interlocutora, objetivo que no logra porque ella sí desea hablar del tema precisamente con él, lo que se percibe en su constante repetición del asunto sin ambages, casi como esperando que él la interrogue al respecto.

En segundo lugar, la impotencia de Mio es descrita maravillosamente. Desde el principio, se pudo apreciar la diferencia entre ella y las demás chicas del elenco. A Kitahara se le delinea con una figura algo abultada, claramente subidita de peso (chubby, como explicó en una ocasión Seriousman) a comparación de las otras féminas de la serie. Quizás su apariencia física sea una de las muchas razones que explican su timidez, su retraimiento, su falta de autoestima y confianza personal, pues es común que las mujeres de mayor peso corporal se comparen con otras de silueta más delgada, terminando por rebajarse a sí mismas y convenciéndose de tener menos oportunidades en el campo amoroso que las chicas livianas. Aunque está enamorada de Tetsuro, Mio carece de la confianza necesaria para intentar un acercamiento más profundo. Es como si lo considerara muy lejano, difícil de alcanzar; y por ello se resigna a quedarse a su lado simplemente como una buena amiga, mientras las circunstancias lo permitan. Por ello, su reacción del episodio anterior fue sorprendente: no por lo “revelado”, sino por esa impulsiva reacción rescatista que la asaltó sin duda alguna, sugiriendo la posibilidad de un amplio espectro de facetas aun desconocidas en ella, tanto para Ishigaki como para el público. El asunto no termina con su actuación anterior, porque nuevamente se ve forzada a salir en salvaguarda de su delgado amigo y para contrarrestar la persistencia de la carnívora Arizawa. El coraje que emplea Mio para defender a Tetsuro es proverbial, pues en una confrontación verbal lleva las de perder por su timidez y dubitación; y de hecho estuvo a punto de hacerlo, ya que Chiharu supo usar a su favor el razonamiento lógico, pero su violencia al cuestionar la moralidad de Mio obró en su contra.

La revelación de Kitahara no deja de ser confusa o compleja de asimilar. Las costumbres familiares deben respetarse; pero estamos hablando de nudismo, hábito que bien podría calificarse de bizarro. Por más que se tome de forma mesurada y discreta, no suena coherente forzar a una pequeña niña a seguir una práctica que puede acarrearle el oprobio de la sociedad, con mayor razón cuando su desagrado se torna obvio. Pese a todo, con su explicación, todas las piezas caen en su lugar, y -de alguna forma- se llega a justificar su proceder, echando por tierra toda nuestra crítica sobre el literal exhibicionismo casero de Mio. Yendo un poco más allá, pensar en la carga emocional que significa para la joven vivir con el temor de ser descubierta en sus hábitos privados, sabiendo que puede volverse víctima de acoso o burlas, nos hace razonar sobre lo triste que debió ser llevar esa carga dentro de sí por mucho tiempo, incapaz de expresarlo a sus amigos cercanos en busca de comprensión. Por más que suene risible, una escabrosa costumbre como esa puede llevar al desafuero social a toda una familia; y para una medrosa adolescente conllevaría su completa marginación al ser calificada por sus compañeros como la “chica rara” o la “pervertida”, aunque no lo sea en absoluto. Para ella sí es vergonzoso y humillante ser descubierta de esa forma ante la persona que ama y dar explicaciones acerca de su conducta. Tetsuro demuestra madurez al escuchar con calma las explicaciones, no precipitarse en su juicio ni morbosear por los relatos de su amiga. Ciertamente, ese tipo de conversaciones son muy incómodas, pero el muchacho reacciona con delicadeza y tino permitiendo que Mio se desahogue sin cuestionarla o evidenciando su incomodidad personal. Cuando puede expresarse, le reafirma su amistad tomando el asunto con algo de simpleza, como queriendo decir que “no es la gran cosa”, y además, ofreciéndole su ayuda, dada la confianza entre ambos, es más, extendiéndole la mano en señal de benevolencia. Ese tipo de palabras calan hondo en el corazón de Kitahara, permitiendo que -por fin- salgan a la luz los sentimientos que guardaba con dolor en su interior. Con una confianza inusual, Mio expresa la intensidad de sus emociones ante un anonadado Tetsuro que no puede articular ni una sola sílaba. Ya libre de estorbos y complejos, Mio siente que puede manifestarse, sin importarle las consecuencias o la respuesta de su acompañante. Aun no logro comprender el propósito exacto de confesarse sin esperar una respuesta, porque resulta legítimo querer conocer la opinión del otro y saber si somos correspondidos. Sin embargo, tanto en la ficción como en la realidad, se suscitan episodios similares en los que pareciera que el único objetivo es declararse, amar sin esperar nada a cambio. Kitahara sabe claramente que, por más confianza que cunda entre ambos, o incluso usando las mejores palabras, Tetsuro seguirá enamorado de Kanna, quedándose relegada a un segundo plano.

Sin importar que Tetsuro, no haya dado una respuesta, Mio alcanza su objetivo, pues desde aquel momento, consigue desestabilizar al muchacho. Ishigaki empieza a ver con otros ojos a Kitahara. El cambio de look de la niña logra impresionar notoriamente al larguirucho. Gracias a su familiaridad, ella se siente en la libertad de comentarle sobre el tema privado con confianza, lo cual, de todas formas, no es tan simple para él, pero se nota que sus ojos han cambiado de dirección de Kanna hacia Kitahara, situación que, según parece, no le entusiasma sobremanera a Mio, dado que sigue animando a su amigo a intentar acercarse a Tanigawa. De todos, es Kanna la única que en todo sentido se está quedando atrás; todos a excepción de ella han cambiado en su forma de ser y ver las cosas, como si el amor los hubiera obligado a madurar. Sin importar que Tetsuro siga viendo con interés a la menuda muchacha, ahora su mirada revela solamente afecto de amigos; el brillo de sus ojos es distinto al que se evidenció en el episodio quinto. Es como si ahora viera a Kanna como una niña y a Mio como una mujer. Más allá de la oportunidad de darse su primer beso (forzado, pero el primero al fin y al cabo), la relación entre ellos poco a poco va haciéndose más sólida, creándose el ambiente perfecto para la complicidad: tienen secretos mutuos y experiencias privadas que no hacen más que unirlos en un vínculo romántico, más que amical.

Es incomprensible, desde el punto de vista “humano”, que Ichika tenga tantas dificultades para reconocer que está enamorada, cuando ello resulta más que fehaciente. Por un lado, puede atribuirse a su origen, puesto que desconocemos la clase de civilización que habita las Pléyades y el lugar que el amor ocupaba en esta. Pero para crear un universo verosímil al televidente, tiene que plantearse las cosas desde una perspectiva humana, es decir, que todos los personajes tengan la capacidad de reaccionar de una forma semejante a los terrícolas. Yendo por ese lado, el disgusto de Ichika y su huida ante la cercanía de Kaito con su amiga de la infancia pueden interpretarse como confusión y desencanto al sentirse desplazada sin siquiera haber tenido oportunidad de entender lo que siente. Es aquí donde la aparición de Kinoshita se vuelve crucial para la revelación de los sentimientos de la alienígena. A partir de allí, la osana najimi tiene como claro objetivo provocar a Takatsuki, no por la vía violenta, sino más bien estimulándolo a actuar con sinceridad, reconocer y entender qué es lo que está sintiendo. La pregunta de Kinoshita logra picar a Ichika, tal como ella lo había planeado. Es como si la niña quisiera colaborar en sacar a la luz los verdaderos afectos de la pelirroja, ya que puede atisbar su falta de franqueza y a la vez su intenso deseo de comunicarse.

Una vez conocidas las debilidades de su contrincante, Kaori se aprovecha de ellas para acorralar a Takatsuki. Al revelar que sus intenciones con Kaito fueron solo de “vacilón” para superar un rechazo (la filosofía de “un clavo saca a otro clavo”), se aclaran las cosas sobre su comportamiento; pero dejan al descubierto que lo de Ichika es serio. Al citar a la rival para conversar, Ichika tenía en claro que quería delinear el campo de batalla con Kaori, pero sale mal parada cuando se hace evidente que no hay ni oponente ni guerra declarada, y por el contrario, su ex-rival prepara el escenario para el afloramiento del romance entre ella y Kirishima. Aun tratando de barajar la conversación para no aludir al asunto, al final la provocación a la que se vio expuesta motiva a Ichika a dar el primer paso siendo sincera consigo misma, de forma muy tierna y peculiar.

La escena del tomarse las manos me recordó claramente al episodio 4 de Kare Kano; difícilmente podría olvidar la confesión amorosa más bella de todo el anime por parte de Yukino Miyazawa hacia Souichirou Arima con tan solo sujetarle la mano. En el momento en el que las palabras no pueden expresar la magnitud de las emociones, una pequeña demostración de afecto puede hablar mejor que nada en el mundo. Aunque a partir de ello su relación definitivamente cambia, me sigue asombrando cómo logran reproducir la realidad en las conversaciones, fluidas y naturales, de temas que serian lógicos entre amigos cercanos. Como era de esperarse y como debería ser siempre, Kaito ve la oportunidad y obra con valor al acercarse a Ichika sabiendo que tiene todas las de ganar. En esta ocasión nada podría impedir el acercamiento, ni las manos, ni los lentes, ni la timidez… solo un crossover con OreImo, en el que la inoportuna aparición de Kuroneko frustra los planes del ansiado beso entre los protagonistas (ansiado por el público espectador, que ya se está acostumbrando a que lo tengan en ascuas).

A pesar de ser interrumpidos, ni para Ichika ni para Kaito el acercamiento que tuvieron fue ocasional o pasajero. Ambos están conscientes de lo que pudo haber significado (o de lo que de hecho significa) ese beso. En lo subsiguiente, Ichika sigue en su rutina de buena okusama, el bodrio de película sigue en proceso de elaboración, pero hasta el más mínimo contacto físico llega a desestabilizarlos, no retraerlos pero sí congelarlos como tuvieran mayores expectativas. El hecho de ver escenas así emociona, enternece, ensueña con una posibilidad similar, encandila.

Aprovechar las típicas costumbres japonesas nunca se agota como recurso, por más que se repita en casi toda producción de anime; en realidad, invita al espectador a querer ser partícipe de esas fiestas, cuya alegría logra reproducirse en la animación, con tan profundo arraigo en el imaginario local del Japón al punto que muchas fiestas tradicionales de este lado del mundo parecen meros jolgorios, donde solamente reinan los excesos y el alcohol. En esta ocasión, el consabido recurso del kimodameshi viene como anillo al dedo empujando a Kanna, relegada como personaje, a intentar otra vez confesarse a su amado. El instante cuando Tanigawa nuevamente trata de declararse a Kaito vuelve a ser dramático, retratando cada uno de los movimientos de la niña, otra vez sin mayores éxitos. Con esta repetición es como si se quisiera dotar de mayor sensibilidad emocional a Kanna, al ponerla como virtual perdedora pero luchadora infatigable, arriesgándolo todo y saliendo desplazada olímpicamente. Tanigawa pretende confesarse en dos ocasiones, pero su propósito pasa desapercibido por completo para Kirishima: este fracaso doble tiene un aire de reflexión que invita a pensar en las oportunidades en que algo semejante nos haya podido ocurrir, en cualquiera de los lados implicados. Todos tenemos amigas a quienes no vemos o nunca veríamos con afecto pasional, amigas o amigos de quienes posiblemente creemos saber todo, pero cuyas verdaderas emociones no sean desconocidas. Tal como a Kaito, es probable que en alguna ocasión ellas o ellos hayan cobrado valor para declararse y nosotros no lo hayamos percibido, o se hubiera arruinado el momento por un imprevisto; y quién sabe cuántas veces se haya repetido esta escena en nuestra realidad.

Habiendo comentado sobre el desarrollo del resto de personajes, cabe destacar la valentía de Kaito al atravesarse en el camino de una máquina alienígena sin dudar un segundo, solo por el interés de rescatar a su amada. Esta acción evidencia que sus sentimientos son fuertes y sinceros, capaces de impulsarlo a mostrar desapego hacia sí mismo en aras de proteger a su chica; y su disposición al autosacrificio es encomiable. El soltarse de las manos es interpretado como el momento de la verdad. Cuando por fin se decide introducir la sección de ciencia ficción en la serie, se hace de forma espectacular, no solo por la demostración de tecnología que no llega a asombrar, sino por la implicancia en la trama al dejarse al descubierto la identidad de Ichika.

La última de las revelaciones de esta serie abre la posibilidad de un apocalipsis para la creciente relación afectuosa entre Takatsuki y Kirishima y el verano idealizado que venía disfrutando este grupo de amigos. Las expresiones en sus rostros evidencian que aquí no hay nada de broma, y sirve como buen ejemplo el extraño rostro que luce Lemon sin poder evitar su tendencia a documentar todo en film. Pese a lo dramático de los últimos minutos del episodio 8, estamos en la capacidad de decir que de a pocos Ano Natsu De Matteru se ha vuelto una serie estufenda.

2 comentarios

  1. rolo2k

    Todo aquel que se enamora debe estar conciente de que el rechazo es una posibilidad real y que en la batalla por el amor, siempre habrá alguien que inevitablemente saldrá lastimado y sufrirá; pero aunque el temor al rechazo es un sentimiento válido y comprensible, puede llegar a sabotear desde dentro todas nuestras posibilidades de amar y de ser amados.

    Muy buena reseña Benjammmin, como ya nos has acostumbrado, me gustó mucho el enfoque que le has dado y en verdad resulta difícil pensar en agregar algo más. Yo comparto tu opinión respecto a Mio Kitahara, si bien no había notado que se le considerara “chubby” (eso explica la razón por la que aún en la playa optara por cubrirse con una bata), lo cual obviamente le había creado un profundo complejo de inferioridad; en cierta forma comprendo su actitud, tal vez porque desde niño siempre fui el “rellenito” de la familia.

    No puedo evitar comparar los contrasten entre Kanna y Mío respecto a la forma en que ambas enfrentan el rechazo. En el caso de Mío, luego del bochornoso incidente en la pensión, el pequeño altercaro verbal con Arizawa en el que sale a relucir su “costumbre familiar”, y sobre todo gracias a la actitud madura y comprensiva de Tetsuro, decide tomar el toro por los cuernos y decirle a él todo lo que siente; declaración que no solo llega como un torrente, sino que al mismo tiempo la libera y le da la oportunidad de ser ella misma: las imágenes hablan por sí solas: al salir de la pensión, Mío camina detrás de Tetsuro cabizbaja… luego de su declaración, camina delante de él con la cabeza en alto…. Aunque la respuesta de Tetsuro queda en suspenso, y probablemente no sea lo que ella desea, algo ha cambiado definitivamente entre ellos (sin olvidar el beso accidental durante la prueba de valor).

    Kanna por su parte optó por silenciar sus sentimientos (lo cual sería imperceptible para Kaito a no ser por la pequeña ayuda de Tetsuro), ya que teme perder la amistad del cineasta en caso de un rechazo; sin embargo el tratar de reprimir sus sentimientos la convierten en una bomba de tiempo (como pudo comprobar Lemon al darle una nueva dosis de su dinamite drink) y su tozudez solo le acarreará más dolor. Y aunque su tenancidad es admirable, desgraciadamente todo indica que llevará la peor parte en el plano sentimental, como puede verse en la escena en que los gritos de Ichika interrumpen su intento de declaración… Kaito corre inmediatamente tras la Senpai… dejándola atrás.

    El título de la reseña no pudo ser más adecuado: “Revelaciones”… y vaya que hubo de todo, hasta la identidad de nuestra protagonista. Solo quiero agregar que me disgustó el irrespeto de Lemon de continuar filmando a Ichika a pesar de verla llorar.

    6 marzo 2012 en 23:56

  2. lnn

    La relación Mio-Tetsuro pre-Okinawa apenas puede ser llamada amistad, como no sea por carácter transitivo: Mio es amiga de Kanna, y Kanna es amiga de Tetsuro, los amigos de mis amigos también son, de cierta forma, amigos míos. Compartir el salón de clases, la actividad de verano y tener en común a Kanna como amiga no es suficiente como para decir que entre ellos había un lazo de amistad propiamente dicha. El “núcleo duro” de verdaderos amigos dentro del grupo de protagonistas está formado por Kanna, Tetsuro y Kaito. El gusto de los japoneses por la jerarquización de las relaciones coloca a Kanna en la posición de la “hermana mayor”, con la función de fiscalizar a los dos poco confiables “hermanos menores”. Kanna se refiere explícitamente a Tetsuro como su “hermano menor”, y la hermana mayor de Kaito le encomienda a Kanna ocupar su lugar durante su ausencia, reconociendo implícitamente que esto rige también para Kaito. Por otro lado, Ichika afirma que siente en Kaito un lado confiable de “hermano mayor”, “el hombre de la casa” que ella no conoce por tener sólo hermanas mujeres. Estar al lado de un hombre en que se puede confiar es una situación deseable para una chica, al mismo tiempo el sentirse valorado por su pareja es una condición necesaria para un hombre en una relación romántica. En cambio, es indeseable la condición de “hermano menor”, poco confiable y poco valorado por su controladora “hermana mayor”. Es difícil que surja una relación romántica entre Tetsuro y Kanna o entre Kaito y Kanna, mientras se sostenga la jerarquía “hermana mayor-hermano menor”. Aunque Tetsuro intente aconsejar y respaldar a Kanna, ella sólo lo ve como a su poco confiable hermano menor, las sensatas recomendaciones de Tetsuro son desechadas por Kanna. En vez de eso, Kanna promete respaldarlo a él, cuando encuentre a alguien que le guste, afirmando su papel de hermana mayor. Con respecto a Kaito, la prueba de valor le da a Kanna la oportunidad de abandonar su rol de hermana mayor, imaginándose una situación de “peligro” en donde Kaito deba asumir el papel de protector, dando un lugar a un escenario propicio para hacer su declaración romántica. Las cosas salen distinto de lo esperado: ante el primer ruido, Kaito se refugia detrás de las faldas de su “hermana mayor”. Regresemos ahora a Okinawa: Mio a instancias de Arisawa ha revelado su secreto ante Tetsuro. Indudablemente Tetsuro reacciona con “singular delicadeza y caballerosidad”, como bien se dice en la reseña. Pero también, (y muy importante, porque va a marcar la relación con Mio de ahora en adelante), hace una seria reprimenda a Mio. Cierto que ella sufre de baja presión, y eso puede justificar sus “olvidos”. Pero si esa situación es frecuente, Mio debió tomar la precaución de siempre tener un “reemplazo” a mano en su bolso. Le recuerda que puede usar su ropa de educación física. Y si en todo caso no se le ocurrieron estas simples soluciones, debió recurrir a ayuda de Kanna, y no arriesgarse a un accidente con desafortunadas consecuencias. En definitiva, asume ante Mio el rol de confiable y protector “hermano mayor”. Esta situación le da a Mio la oportunidad de hacer su declaración romántica, por otra parte ya explicitada por Arisawa como única justificación de la conducta de Mio al interponerse entre ella y Tetsuro. Mio dispensa a Tetsuro de dar una respuesta a su declaración al revelar el tercer secreto (ella es consiente de los sentimientos de Tetsuro por Kanna, y de los sentimientos de Kanna por Kaito, y todo lo que esto conlleva), pero ya no será posible que su relación progrese sencillamente como la simple amistad que surge de haber compartido experiencias en un viaje a las playas de Okinawa. Por ahora unilateral, tal vez en el fututo recíproco, lo que marca su relación es el interés romántico. Al reconvenirla por su imprudencia, Tetsuro se ha hecho responsable por la “buena conducta” de Mio, por decirlo de alguna manera. En las antípodas de Kanna, Mio muestra a cada paso los efectos tangibles de la preocupación de Tetsuro por ella. Todos los cambios de Mio a instancias de Tetsuro han sido visiblemente positivos y valorados, Mio puede “reportar” ante Tetsuro con la satisfacción del “deber cumplido”, mientras alisa sugerentemente su nueva y cortísima falda: “hoy voy estar bien”.

    7 marzo 2012 en 15:31

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