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Another 7: El mito del eterno retorno

…el «primitivo», el hombre arcaico, no conoce ningún acto que no haya sido planteado y vivido anteriormente por otro, otro que no era un hombre. Lo que él hace, ya se hizo. Su vida es la repetición ininterrumpida de gestos inaugurados por otros.
Esa repetición de gestos paradigmáticos determinados remite a una ontología original. El producto bruto de la naturaleza, el objeto hecho por la industria del hombre, no hallan su realidad, su identidad, sino en la medida en que participan en una realidad trascendente. El gesto no obtiene sentido, realidad, sino en la medida en que renueva una acción primordial.
Mircea Eliade. El mito del eterno retorno

Mientras las sociedades modernas plantean una concepción lineal e histórica del tiempo, las comunidades arcaicas o tradicionales se caracterizan por conservar una visión cíclica y ahistórica, donde los actos individuales solo adquieren sentido cuando reactualizan un modelo sagrado. La repetición de estos patrones es necesaria para asegurar el orden cósmico porque representan el paradigma incuestionable, el fundamento de la existencia. Mircea Eliade explica el funcionamiento del pensamiento pre-moderno mediante ciertos elementos reiterativos: la normalidad del sufrimiento, el axis mundi, la regeneración, los mitos y los rituales. Según el historiador rumano, para el sujeto primitivo, «la realidad se adquiere exclusivamente por repetición o participación; todo lo que no tiene un modelo ejemplar, está “desprovisto de sentido”». La modernidad, en cambio, sostiene una noción de individuo que, actuando acorde con su voluntad personal, construye su futuro, influye sobre la Historia de manera creativa, en aplicación del valor supremo: la libertad. Aunque conviva con algunas prácticas arcaicas, el hombre moderno está convencido de su individualidad y tiene pavor del corsi e ricorsi, del eterno retorno, porque significaría cancelar los principios que sostienen sus aspiraciones de vida (entre ellos, el libre albedrío). Una serie como Another nos causa perturbación o desasosiego porque la muerte de gente inocente ocurre en nombre del cumplimiento inevitable de un ciclo, que encierra a alumnos y profesores en un limbo, obligados a reactualizar el pasado, a protagonizar la misma historia de cada doce meses, la temporada macabra. La repetición sin escapatoria implica una merma paulatina de la subjetividad, una anulación del yo, una pérdida de significación: el sujeto está condenado a funcionar como ficha prescindible dentro de una estructura repetitiva. No importa la identidad del fallecido, mientras haya muertes en mayo, junio y julio: no interesa la composición del salón, porque serán treinta y alguien saldrá sobrando. El individuo experimenta una sensación de vacío, una inseguridad generalizada que termina provocando actos de deshumanización, primero conceptuales (borrar virtualmente a una persona), luego físicos (el suicidio). Para sobrevivir, los estudiantes están obligados a involucionar, a replegarse hacia el mito, a suprimir su personalidad y adoptar una funcionalidad instrumental, obedeciendo reglas y respetando prohibiciones dictadas por fuerzas que superan su comprensión, manifestando un temor místico, ominoso pero sagrado. La práctica del ritual sanador involucraba una especie de reordenamiento, de vuelta al equilibrio, sensible a cualquier perturbación. Mientras el rito se efectúe con precisión, el sujeto respira tranquilo. Sin embargo, la muerte de Kubodera-sensei desbarata esa frágil certidumbre, dejando a la deriva al salón 3-3, pues sus normas fueron desmentidas y derogadas. La estrategia de duplicar al “inexistente” fue inútil, el borrón y cuenta nueva es también una invitación al caos más angustiante, porque nos priva de verdades, arrojándonos a la duda absoluta. Aunque el relato nos retrotraiga hasta ese núcleo mítico que subsiste de manera instintiva en la mentalidad moderna, la orientación de la historia es post-moderna: campea la desconfianza, el vacío, lo hueco, la apariencia, contra el ingenuo afán de progreso y racionalidad.

Los componentes citados por Eliade se presentan también en Another: 1. Teshigawara se disculpa con Misaki y Sakakibara por “desterrarlos”: vuelve a conversarles con naturalidad porque su exclusión del grupo nunca estuvo motivada por cuestiones personales –las personas, recordemos, son irrelevantes. El sufrimiento del otro es percibido como necesario, aunque el resto se conduela: es urgente, por tanto, está normalizado. Misaki no guarda rencor hacia sus compañeros porque comprende y consiente esas leyes. El dolor tiene causas (e incluso, una utilidad): no es incoherente ni absurdo. 2. El aula de clases opera como centro del mundo, el lugar donde se manifiesta lo sacro, el punto que concentra el significado, donde se concreta la realidad. La mayoría de muertes ocurren fuera del colegio, pero la circunstancia religiosa del ritual se origina y consuma dentro del salón. Allí encontramos incluso un espacio reservado, diferenciado e intocable, dotado de trascendencia: el pupitre viejo. Como indicaba en anteriores reseñas, este asiento funciona como una especie de estigma: marca al sujeto “inexistente” a través del maltrato. El “expulsado” es diferenciado del resto mediante un objeto que remitiría al sacrificio y –como lo intuye Misaki- hace referencia a la muerte como misterio, como situación numinosa. Otro espacio mítico por excelencia (más impregnado de religiosidad explícita) es el mencionado templo de Yomiyama, cuyo vínculo con algún hipotético ritual purificador lo transforma en núcleo de sacralidad. 3. La regeneración implica el resurgimiento simbólico al finalizar un ciclo, después de concretarse la expiación o satisfacerse el padecimiento necesario. Tras la seguidilla de matanzas, los sobrevivientes retornan a su vida normal, traumatizados, dispuestos a reprimir el recuerdo, pero pretenden reinsertarse en la cotidianeidad, redefinirse como personas, encontrar un trabajo y perseguir la felicidad. Algunos, como Chibiki, arrastran el peso de un incesante proceso de penitencia, voluntaria pero impostergable. Eliade habla de “periodicidad de la creación”: cuando termina un ciclo, el mundo vuelve a fundarse, los antes implicados recuperan su esperanza mientras los nuevos alumnos del 3-3 ocupan el lugar dejado en herencia por sus senpai. La regeneración supone la perpetua concatenación de los ciclos sobre una unidad de tiempo. En Another, el período escolar: la graduación cancela el proceso, convirtiendo a esta racha fúnebre en una metáfora del rito de paso, el ceremonial que marca la transición del adolescente al adulto. Porque presenciamos una maduración forzosa, apremiada por la muerte. El joven alumno descubre los peores abismos del alma humana, se prepara para luchar por su pellejo, acepta alienarse y vivir en constante agitación. Los muchachos aprenden a pensar y comportarse como viejos. El protagonismo que cobra Akazawa con su actitud disciplinada y rígida, jugando a desconfiar del prójimo e idear macabras teorías, aunque fuera para burlarse un rato de Sakakibara, demuestra que –habiendo interiorizado al máximo su papel como agente de contramedidas- ha empezado a razonar con malicia. Empujados al borde del abismo, los chicos pugnan por salvaguardar su condición de sujetos modernos y racionales buscando una explicación al fenómeno y se abocan a labores detectivescas, recogiendo pistas todavía dispersas. Estas pesquisas son instancias de resistencia contra el eterno retorno: la única forma de derrotar al ciclo es frenarlo para siempre. Por ahora, las otras promociones solo se contentaron con suspenderlo hasta la próxima repetición. 4. El relato que explica –mediante los actos de los ancestros- la fundación de estas regularidades cíclicas recibe el nombre de mito. En Another, el contenido original se encuentra resumido en la historia escalofriante del joven Misaki Yomiyama. El mito se trasfiere por medios orales: esta forma de transmisión influye sobre la materia narrada. Por ejemplo, los personajes se convierten en arquetipos, son sometidos a la idealización. Misaki es descrito como el estudiante perfecto, estimado por sus contemporáneos, cuya muerte se percibe injusta y desproporcionada: es la víctima propicia. La leyenda urbana se confirma en los hechos: el arquetipo espeluznante y lúgubre se impone sobre la realidad científica. Como partícipe de un extraño cuento de terror, Sakakibara siente ese enrarecimiento, esa deformación del mundo, donde nada parece coincidencia. Todas las claves para interpretar los sucesos fúnebres relacionados con la escuela se hallan condensadas en la narración mítica. Hasta el momento los personajes han intentado responder al cómo y al qué, pero no cuestionan las causas: ¿Por qué una fuerza superior desearía que hubiese solo veintinueve alumnos?, ¿por qué Misaki retorna después de morir para aparecerse la fotografía?, ¿si Misaki fue el primer “extra” y logró “graduarse”, por qué este fenómeno se prolongó por casi tres décadas?

Finalmente, 5. Los ritos en Another tienen como finalidad contrarrestar los efectos de la supuesta maldición (aunque, según Chibiki, este término sea inexacto). Cuando un dios se enojaba, el pueblo recurría a sus magos para establecer una reconciliación y aplacar la cólera divina. Esta situación se reproduce en Yomi North, aunque la analogía sea arriesgada. Todo ritual requiere de autoridades (una casta sacerdotal), un sacrificio y una puesta en escena donde intervengan los creyentes. El grupo de Akazawa (la meganekko taciturna y un muchacho flaco) ocupa un puesto de liderazgo, reconocido y ratificado por consenso dentro del salón. Las contramedidas son fórmulas de carácter litúrgico, consisten en seguir ciertos lineamientos para poder escenificar, durante varios meses, un simulacro de sacrificio incruento, donde se simula, se “actúa” como si el número de estudiantes fuera menor. Escogen un cordero, pero luego, ante las amenazas de catástrofe, cometen el error de modificar el ritual. Todos toman parte del rito, nadie podía eximirse. Las reglas de clase son incontrovertibles como un dogma. Sin embargo, aunque el fracaso merma la aprobación de Akazawa como dirigente, la chica de coletas se decide a realizar un cambio de enfoque al problema: la opción del templo significa arriesgarse por una alternativa que permitiría frenar definitivamente el fenómeno, al menos hasta el siguiente inicio de ciclo. El ritual solamente mantenía un estado de tensa calma, más fácil de aplicar pero más difícil de mantener. Me animaría a añadir un sexto elemento: lo onírico. En distintas religiones, los sueños son escenarios donde se manifiesta la divinidad. Las alucinaciones ocultan una verdad suprema, únicamente reservada a los espíritus más puros o sabios. La escena del sueño de Sakakibara destaca gracias a su excelente animación, pero también porque recobra ese sentido lo numinoso (el misterio religioso), según lo definía Rudolf Otto, como terrorífico y fascinante. El protagonista siente miedo de averiguar si acaso está vivo o muerto. El límite del paroxismo al cual conduce la deshumanización se alcanza cuando el sujeto empieza a dudar de su existencia, pese a constatar como efectivas sus vivencias. Esa incertidumbre acerca de la realidad de nuestras percepciones ocurre con frecuencia en nuestros sueños. Las pesadillas son horrendas porque intentan suplantar la realidad y nuestra angustia proviene de la resistencia a creer. Sin embargo, Sakakibara muestra también una predilección o curiosidad reincidente por acercarse a entornos alucinantes, como la tienda de Kirika. Equiparar a Misaki con una muñeca continúa encendiendo su asombro y provocándole un placer extraño, aunque su amiga del parche se presente humana y cotidiana (e incluso adorable cuando le confía su número de celular). El muchacho pudo optar por renunciar al caso, no escarbar entre los muertos ni continuar hostigándose con las preguntas, pero está embelesado por lo oscuro, lo arcano, lo horripilante.

Una respuesta

  1. rolo2k

    Excelente reseña Seriousman, solo puedo decir que la escena del suicidio del profesor fue realmente traumática, sobre todo para Sakakibara ya que el suicida instantes antes de moris le dirige una mirada llena de odio, como culpándolo de todo.

    Pese a todos los logros tecnológicos y científicos de nuestra época, la concepción mítica sigue profundamente arraigada en nuestras culturas y aún en nuestro subconciente. Allí donde la racionalidad no puede darnos una explicación a los sucesos, comúnmente recurrimos a lo mítico para encontrar una explicación (leyendas, rituales, amuletos, etc.). Me pareció curioso que Sakakibara llegara incluso a cuestionarse de su propia existencia (¿acaso seré yo el muerto?).

    En la última escena, las palabras de Misaki las encontré enigmáticas (…¡No eres tú el que está muerto!…) ¿Qué quiso decir?.. ¿Sabe ella quién es?…. ¿acaso es ella?

    7 marzo 2012 en 00:22

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