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Zero no Tsukaima F 6: Los cuartos de final de la Copa D Su Majestad la Reina

Las series nutridas de fanservice requieren de cronotopos estandarizados (eventos o situaciones típicas) que permitan el despliegue fluido de diversas formas de exhibicionismo, chistes pícaros, insinuaciones eróticas (innuendo), doble sentido o celebración de la carne. El anime ha instituido su propio stock de “circunstancias calenturientas”, donde sean altas las probabilidades de suscitarse algún pantyshot o resulte verosímil el contexto de ciertos bouncing boobs. Se trata de patrones esquemáticos que suelen reutilizarse con regularidad, pues en ocasiones, sirven también como marcas cronológicas que indican el paso del tiempo de acuerdo al calendario cultural. Sin embargo, cuando el relato nos traslada a otro universo, donde rigen leyes distintas, algunas fórmulas deberán adaptarse o presentarse como novedades. Los fans de Zero no Tsukaima recordarán la estrategia sacrílega utilizada por Saito para introducir los bikinis para un capítulo playero que transcurre en un mundo mitad medieval, mitad dieciochesco, donde las ropas de baño parecen sacadas de una pesadilla victoriana. El episodio del onsen o aguas termales (convertido en argumento en series como Love Hina) comparte ese carácter vacacional, carnavalesco, relajado y proclive a la desnudez; no obstante, durante las excursiones a los baños -a diferencia de la playa- existe una tradición, un folklore, un conjunto de costumbres propias del acervo japonés, que legitiman y regulan estos espacios de potencial sensualidad, normativizando el erotismo. Estas condiciones son convenientes para el ecchi porque, gracias a la estratagema del vapor, se puede mostrar y esconder, sugerir y develar, procurando fluctuar entre los límites. La separación entre hombres y mujeres presta una excusa al slapstick, apelando a la proverbial mañosería masculina. Cuando Saito intenta explicar los hábitos orientales, no consigue traducirlos con exactitud, porque Guiche lo interpreta como “naked affaires”, todos juntos y revueltos, mientras las chicas prefieren concentrarse solamente en las propiedades cosméticas de la hidroterapia. Otro hecho recurrente relacionado al onsen es la disolución de jerarquías: el baño iguala a nobles y plebeyos, adultos y adolescentes, porque los reúne al mismo nivel, sin ningún distintivo que remarque su tenencia o carencia de poder, igualándolos en la desnudez. El cuerpo humano queda expuesto, sin aditamentos, promoviendo una anarquía festiva e incitando a los personajes a expresarse con franqueza, porque participan de una experiencia de desinhibición corporal, que tiene como correlato una sensación de intimidad y desahogo. Los onsen son escenario de sinceramientos y diálogos reflexivos, pero también de confrontaciones y envidias. Las personas manifiestan sus temores o inseguridades comparándose físicamente, los otros son espejos donde reflejar y medir nuestra imagen, reparando en sus deficiencias, fijándonos para “competir”, una carrera que Louise, la tabla de lavar, pierde por varios centímetros.

Las catfights tienen estatuto de fetiche: dos mujeres enardecidas se enmarañan en una pelea caótica, ridícula, sin sutilezas guerreras, en una coreografía torpe de sopapos, arañazos, jalones de pelo o insultos graciosos, encendiendo el morbo masculino de transformar en espectáculo al objeto de deseo. Además, la lucha suele equipararse o contemplarse como analogía de la brega sexual, del coito, convirtiéndose en instancia de lesbianismo imaginario. En anime, algunos combates terminan fomentando vínculos intensos entre las antiguas rivales. Henrietta y Louise refuerzan su amistad después de protagonizar una versión aristocrática de las luchas en barro. La reina decidió emprender la ofensiva permanente, con explícita declaratoria de guerra, abandonando su táctica de ataques ocasionales. Ignoro si escogió el momento oportuno, quizá el entusiasmo tras su primer triunfo la confundió, la atolondró, la empujó a adoptar posturas improvisadas, sin meditarlo lo suficiente, como escaparse de palacio sin previo aviso, sin escolta y por mero capricho. Henrietta había compaginado su delicadeza y dignidad monárquica con sus elegantes maniobras de conquista: su mejor virtud era actuar con paciencia y abalanzarse sobre su presa al instante preciso, demostrando una excelente ubicación. Se olvidó del disimulo y partió a invadir territorio enemigo subestimando la belicosidad de Louise, una actitud sorpresiva si consideramos la habitual sumisión y admiración que profesaba la Usuaria del Cero hacia su adorada princesa. Casi firma la rendición en el capítulo anterior, abdicando en sus derechos a favor de Henrietta, pero, fortalecida por la reconciliación, la Maga del Vacío salió sin reparos a presionar a Su Majestad adoptando un modo de ataque preventivo como método de defensa, pues le correspondía ratificar su condición de local, situar las piezas y proponer el juego. Al inicio, la reina respondió con cautela y prudencia dignas de su investidura, incluso con frases severas pero diplomáticas, manteniendo la formalidad, pero cuando Louise picó el anzuelo y perdió la paciencia, Henrietta supo cambiar el fusible y recuperar el dominio de la discusión obligando a la rabiosa tsundere a desesperarse y entrar a debatir terrenos poco convenientes, aprovechándose de sus complejos de inferioridad. Por regla general del ecchi, las polémicas entre mujeres siempre terminan reduciéndose a oppai versus pettanko, la inacabable controversia acerca del tamaño (sí importa), pero trasladado al campo del cuantitativo orgullo femenino. Miss Vallière desafía a Henrietta y descubrimos (con agrado morboso) que nuestra delicada y mesurada monarca también sabe sostener una pugna verbal portándose ruda, pendenciera y mordaz, burlándose con sarcasmo del pecho plano de Louise, llamándola “frustrada” y torturándola con manoseos socarrones. La reina muestra su faceta más bitch, agresiva y maliciosa, quitándose la piel de cordero y declarando con palabras insidiosas su superioridad para satisfacer los deseos varoniles. Las chicas de alcurnia sacan las garras, exhiben su lado bravucón, pero Henrietta disfruta de cierta ventaja porque Louise comete el error de dejarse atarantar por el resentimiento y convertir un asunto de celos y cuernos en una querella sobre senos y luego, en ajuste de cuentas por rencores guardados desde la infancia. Como previmos, la vieja amistad entre nobles sería un factor de antagonismo que encendería la chispa. Por desgracia, Louise es menos hábil empleando la violencia lingüística y cuando le faltan recursos, se refugia en una soberbia cachetada. El balance es ambiguo. En varios aspectos, pese al empate, Henrietta obtiene un triunfo relativo. Demuestra sus agallas, no teme lucir prepotente, salvaje o malcriada, no elude la competencia, es capaz de golpear los puntos más álgidos sin contemplación ni pudor. Aunque por diferencia de peso, maniatar a Louise no resulte complicado, logra subyugar al personaje más combativo de la serie y acaba por persuadirla de aceptar como legítimos sus sentimientos y admitirla como rival. Sin embargo, su exitosa invasión se estrella contra la resistencia de Saito, tornando inútiles sus esfuerzos por domar a la fierecilla. Aunque la catfight tiene un trasfondo cómico, los motivos que esgrime Henrietta bastan para justificar su arremetida sin modestia: los héroes viven en constante peligro, morir en batalla es una posibilidad nada remota. La princesa ya enterró un novio producto de las guerras entre magos. Si reprime sus afectos en silencio, podría arrepentirse.

Una fórmula para alargar la comedia romántica es mantener en suspenso la realización plena del amor, poner impedimentos que retrasen su concreción. El objetivo es distinto dependiendo de la serie: en Zero no Tsukaima, la etapa de confesión fue superada, en consecuencia, el desenlace que suele postergarse con innumerables vueltas hacia atrás es la consolidación, el final redondo para los amantes. Aunque los protagonistas son conscientes de entablar una relación oficial, de jurarse fidelidad y proclamar su enamoramiento, además de la ardua contienda dentro del harén, enfrentan obstáculos propios del adolescente sin experiencia amorosa: las dudas, los desacuerdos, los malentendidos, la obstinación. Sin embargo, a cada pequeño retroceso le corresponde un enorme avance. Louise invita a Saito a bañarse juntos superando el recato, no porque tuviese un interés libidinoso, sino porque en épocas convulsas, entre tiranías y complots, darse el lujo de desperdiciar una oportunidad para compartir una experiencia de pareja o demorarse demasiado en disfrutar los placeres de alcoba sería una terrible equivocación, que jamás se perdonaría. En tiempos de guerra, el mañana es un bien esquivo. El presente es el mejor futuro. La presión que ejercen sus contendoras la despabiló porque estaba durmiéndose en sus laureles creyendo que su utopía terrateniente duraría hasta la eternidad. Tabitha fue cruda, pero honesta: darle una segunda chance fue un gesto de amistad, pero no habrá tercera, porque una reina en ciernes no tiene horas que perder ni derecho a fallar. Charlotte no amenaza de broma: anuncia su convicción de infiltrarse entre las sábanas de Saito y arrebatarle la semilla (instigada por Irukukwu, que funge de motivadora). No perdonará otra muestra de inmadurez ni cederá más ayudas. La mayoría de haremettes lanzaron ultimátums similares, por tanto, la Usuaria del Vacío, aunque todavía camina sobre un lecho de rosas, podría convertirlo en campo minado por culpa de su intemperancia. Mientras dure la calma, tiene licencia para ilusionarse. La escena del baño nocturno es cursi, pero la cursilería humorística es la forma que adopta el melodrama en Zero no Tsukaima. Además, dejando aparte las frases trilladas y los lemas para enamorados, se habla de muerte, un tema trágico que parecería inapropiado para un encuentro romántico, pero describe la incertidumbre, el miedo de afrontar una prematura soledad y ver frustrados sus anhelos juveniles. Ese resquemor los obliga a saltarse fases y apresurar su crecimiento como pareja, sin embargo, antes que consumen su historia de pasión, la serie se encargará de colocarles estorbos encima del colchón, sobre la cama más superpoblada de la historia del anime. Saito tendrá el coraje –como pocos leads– de mandar rodar al trío de gatas y mudarse a otro cuarto abandonándolas a su suerte hasta que renuncien a usarlo para jugar al palo ensebado. La tentación poligámica es irresistible y deliciosa… mientras no interfiera con el sagrado descanso del hombre.

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