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Rinne no Lagrange 5: Flower declaration of your heart

Un episodio repleto de Maru!, eufórica frase cuya versatilidad semántica demuestra Madoka dotándola de múltiples usos. Para desentrañar sus secretos, les propongo ensayar una Gramática del Maru! Aunque su significado literal sea “redondo” o “círculo”, este puede interpretarse como una alusión gráfica al símbolo que utilizan los profesores para marcar una pregunta bien contestada en los exámenes, pero también podría referirse a la circunferencia como signo de perfección, de alcanzar el punto máximo de excelencia. Analizando el empleo del término por Madoka extraemos las siguientes conclusiones (o reglas): 1. El Maru! puede emplearse de manera singular o repitiéndolo para reforzar su sentido; 2. El Maru! sirve para destacar un triunfo personal o una tarea cumplida, pero también se utiliza para elogiar los éxitos de otras personas, felicitarlas, agradecerles o halagarlas; 3. El Maru! se aplica a modo de festejo para indicar que ambos interlocutores están de acuerdo y equivale al “punto final” que cierra una discusión. En resumen, el Maru! tiene funciones sustantivas y adjetivas, aunque podría tratarse de un verbo en participio. Esta palabra describe la personalidad de Madoka, su anhelo por superar metas, por imponerse retos, por mejorar al mundo a pequeña escala. Retrata su idealismo, su entusiasmo, su fuerza de voluntad y su optimismo militante, porque, para proponerse vencer un desafío, el héroe necesita asumir cierta trascendencia, suponer que sus actos cotidianos (como limpiar la playa) serán útiles y fructíferos. Madoka no cree en leyendas o profecías, sino en camaradas. No tolera las retorcidas medias tintas, paradojas o hipocresías que Muginami acepta con resignación. Aunque comparta los rasgos básicos de la heroína de anime promedio, la chica del jersey aventaja a sus colegas gracias al discurso simple y admirable que complementa con actitudes carismáticas y un despliegue de arrojo, potencia, energía, todas sensaciones positivas y loables. Nadie la calla la boca, siempre responde con idéntico vigor, pero pese al tono atolondrado y pasional, suele ser atinada y logra encarnar la moral del relato. Este discurso está simbolizado por el Maru!: defender los valores y alegrías de la cotidianeidad, de aquella vida sosegada (incluso en tiempos de guerra, como reza el lema del colegio), esa variabilidad de la rutina, del desayuno, los cuchicheos juveniles, las actividades del club. Ese sosiego despreocupado, pero honesto, que experimenta una fisura conflictiva cuando Muginami revela sus propósitos.

Una virtud narrativa de Rinne no Lagrange consiste en el entrecruzamiento de tonalidades o matices: las situaciones serias no están exentas de humor, la transición entre instancias de comedia y escenas dramáticas es fluida, como si ambas vertientes estuvieran imbricadas con la intención de atemperar el ritmo creando una atmósfera muy particular y otorgándole a la serie un cariz inconfundible. Héroes y antagonistas, todos muestran una faceta ridícula o estúpida que humaniza sus perfiles evitando el exceso de solemnidad que suele caracterizar a muchas historias épicas. Además, como datos escondidos que paulatinamente van descubriéndose mediante flashbacks (por ejemplo, insertos en sueños), el pasado de ciertos personajes ilumina su evolución, justifica su comportamiento o introduce nuevas interrogantes. Estos detalles contribuyen a afinar sus personalidades, puliendo sus trazos, e inclusive tornándolos más amables, más simpáticos al público. Aunque en episodios posteriores irá aclarándose la evolución de Villagiulio (de gentil príncipe heredero a patán cabecilla de una banda subversiva) y comprendamos sus motivos para vengarse de LeGarite, su debacle social no atenúa ni perdona su conducta digna del peor rufián. Su faceta humorística no consigue redimirlo, ni lo salva de lucir atorrante. A diferencia del villano repugnante y enfermizo, Villagiulio tiene chispa, es acriollado, pícaro, interviene con viveza en el diálogo cómico, domina el escenario, le sobra atrevimiento para comentar acerca del color de pantaletas que viste la protagonista. Además, es convertido en objeto de risas dejando brotar su lado más estrafalario por contraste con su porte de hombre rudo y malcriado. Se apela al ridículo durante su riña de perros con Hiroshi, midiéndose ambos a gruñidos cuando intentan arrancharse una extravagante chaqueta en oferta. Es víctima del humor físico, pintándolo como un sujeto petulante pero torpe cuando se emborracha, un payaso que salta sobre un parapeto con un brinco impresionante y segundos después pierde el equilibrio por alucinarse el bacán. Podría interpretarse en plan paródico: la ridiculización del modelo arquetípico de villano, pero también una burla contra el paradigma del tipo duro (tough guy) que representa, en muchas series mecha, el súmmum de la masculinidad más viril, más hot-blooded y constituye un motivo de admiración según los parámetros de algunos fans. Este aspecto es pertinente para la lectura que propongo en torno a Rinne no Lagrange como transgresión de los roles habituales del subgénero a través del heroísmo femenino. No parece casual esta disposición de ambos sexos dentro del campo de combate, en especial, cuando la mayoría de figuras masculinas son burlescas o están marcadas por defectos nada heroicos, como la ineptitud. Un caso emblemático es el chiste recurrente de Madoka equivocándose en pronunciar el nombre de Villagiulio porque, además de la broma, el desconocimiento del nombre suele insinuar una desvalorización del sujeto, negarle su identidad, su importancia, su fuerza, al deformar su seña de identidad y, simbólicamente, al individuo entero. Al restarle gravedad, su función como oponente también es aminorada o rebajada. De nuevo, insistiendo sobre nuestras claves: esta circunstancia es habitual en otros relatos, pero adquiere un matiz distinto cuando una chiquilla de dieciséis le endilga nombres como Shabadaba o Giuvigiuvi a un adulto fortachón. La mofa se convierte en postura desafiante, secuencia que cierra el capítulo: una muchachita colérica encarando sin miedo a un robot gigantesco.

Laffinty se hizo acreedora del premio al moeness gracias a este adorable giro. Una anotación respecto del lagrange, la flor que capta la curiosidad de la pequeña oujo-sama: su significado, según Lan-chan, estaría vinculado a conceptos disímiles o dispersos, como la libertad, el encanto y el error, sin embargo, tomando cada acepción por separado, puede derivarse en versiones convenientes para cada facción dentro del contexto sugerido por la leyenda. Este elemento dejará de pertenecer al imaginario simbólico para jugar un rol concreto desde el episodio sexto -aunque esté pendiente por explicarse su presencia física. Lagrange es el apellido del astrónomo francés que descubrió el fenómeno de libración de la Luna (mediante el cual, desde la Tierra puede observarse el 18% del rostro “oculto” de nuestro satélite).

Tampoco sorprende que, mientras la amistad entre mujeres es presentado como un sentimiento noble que engendra lazos de hermandad y complicidad, la devoción hacia un hombre es fuente de sufrimiento y confusión, origen de maltratos y decepciones. Los celos divertidos se suscitan entre chicas, mientras la escena de tensión emocional más hiriente e incómoda es protagonizada por un varón cogiendo de los cachetes a una desconcertada adolescente que minutos antes había confesado su amor y lealtad. En cambio, pese a la disimulada traición, las escenas de convivencia colegial transcurren bajo un tono relajado, obviando el peligro latente de intimar, de ofrecerle confianza al enemigo. La preocupación de Laffinty deriva en situaciones risibles o estrambóticas como la escena del béisbol. Mientras la princesa acusa dificultades para adecuarse a los enigmáticos hábitos terrícolas (porque compensan su cordura y prudencia con una enorme porción de torpeza), su rival alienígena se desempeña con soltura en cualquier tarea práctica porque le sienta a gusto, porque, pese al descaro, es sincera cuando declara que disfrutó sus días de escuela con Madoka, preparándole el desayuno a su archinémesis, caminando juntas a clase, gozando de libertad, tranquilidad, una vida familiar. Si Muginami pretende continuar sosteniendo esa farsa, como declara ante Laffinty, es porque pronto, cuando inicie la guerra, no tendrá oportunidad de revivir ese sosiego, de volver a experimentar esa dicha que proporcionan las cosas simples. Suena retorcido e incompatible con cualquier código de amistad, pero Muginami es consciente del ambiente liberador que Madoka le proporcionó y trata de compaginarlo con un futuro plagado de odio o desesperanza. Como veremos en próximas reseñas, la amiga pródiga se reintegra al grupo tras una etapa de reconciliación que consolida al trío protagónico como unidad, pero todos estos fenómenos ocurren dentro de un marco conceptual: el “espacio cerrado” de femineidad, que genera identificación y pertenencia (el colegio, las Kamo Girls, el Jersey Club). La presencia varonil de Villagiulio interfiere con esta pacífica utopía de afectividad adolescente en tiempos de paz, fractura ese espacio, lo desvirtúa, no solamente porque instaure el fantasma de la desunión, casi en sinonimia con lo bélico, sino por sembrar una doble pugna entre los integrantes del trío. No considero –todavía- que exista yuri en Rinne no Lagrange, pero cuando, de forma irónica, los espectadores hablan del “harem” de Madoka, se refieren al ambiente de skinship, de sisterhood adolescente donde se desenvuelven las chicas en plano cómico, pues desde el capítulo previo, la discrepancia entre Muginami y Laffinty había transcurrido por cauces típicos del humor romántico juvenil, planteando como objeto de disputa la atención y preferencia de Madoka: se confrontaban dos personalidades opuestas, la lucha funcionaba como antítesis del carácter pausado y delicado de Lan-chan y la frescura voluptuosa de Mugi. Pese a comprometer sus sentimientos, esta rencilla siguió desarrollándose bajo un tono humorístico como demuestra la escena del desayuno: aunque se jugase con fuego (el riesgo de propiciar una batalla), cundía el relajo, lo intrascendente, lo festivo. Cuando irrumpe Villagiulio, esta comedia con coqueteos lésbicos y celos inconfesables experimenta un giro, pues la rivalidad entre Ignis y Orca deja de parecernos graciosa y frívola para volverse oscura y doliente. Laffinty conoció la amabilidad y nobleza de Giuvigiuvio cuando sus planetas formaban una alianza galiáctica. Muginami se encuentra en deuda o apegada a Onii-chan por motivos emocionales o dependencia psicológica. En ambos casos, es probable que ambas sintieran atracción o estuvieran enamoradas del mismo hombre. Al ponerse en discusión el trasfondo sentimental, el triángulo se redefine, superponiendo otra red de conflictos (ahora dramáticos), que monta en caos cuando Villagiulio saca a relucir su patanería, despreciando injustamente el esfuerzo de su subordinada. Por segunda vez, se subrayan los apelativos como signo de poder. Al impedirle llamarlo “hermano mayor” de cariño, el jefe rebelde le exige a Muginami sumisión y distanciamiento, además de recalcar la hegemonía de su discurso por encima de cualquier voluntad, sin importar cuán benéfica sea. Ante esa manifestación grosera de petulancia y absolutismo, surge la soberana indignación de Madoka, afianzando su papel de heroína con una bravura sensacional.

Una respuesta

  1. Un rasgo que Madoka comparte con protagonistas masculinos en su situación es esa densidad para percibir el afecto de las chicas a su alrededor aunque sin excluir su habilidad de dar discursos y entender sentimientos desde que estos sean directamente a ella.

    21 febrero 2012 en 07:58

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