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Bakuman II 17-18: Una mente brillante

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Cuando se reúnen los editores para decidir el futuro de algunos mangas, suele suscitarse un periodo de stress para varios artistas que están a punto de ser publicados o cuyo destino cuelga de un hilo. En esta circunstancia, deciden jugarse toda la artillería para lograr pasar esta prueba. Habrá ganadores y perdedores, pero no hallarán tregua por ningún motivo. Los que debutan tendrán que preocuparse de no entrar a estas reuniones para ser cancelados y quienes fueron rechazados, tendrán que pensar en una estrategia original y efectiva para efectuar su regreso. El grupo de amigos de Fukuda se mantendrá expectante, puesto que varios de sus miembros han entrado en este juego y este dará membresía a nuevos integrantes.

Takahama no pudo terminar su manga, al igual que Ashirogi-muto. Muchas miradas apuntan a Miura, que condujo al fracaso dos proyectos, motivo para cuestionar su capacidad, peor aún si le comisionan autores jóvenes, que carecen de experiencia como él. Además, terminan esa fase sin darse cuenta de las causas de su cancelación, desperdiciando cualquier oportunidad de extraer una lección de su caída. También manda al trasto las ilusiones de Nakai, quien tenía planeado trabajar de asistente por mucho tiempo en ese estudio, su sustento emocional, una vez que había perdido el derecho de perseguir sus sueños, al darle la espalda por un espejismo que volvería a golpearlo. Sus compañeros necesitaban levantarle la moral, antes que nada, por amistad, pues habían llegado a la conclusión de que merecía semejante destino. Sin embargo, no había vuelta atrás: Nakai decidió tomar el poco de orgullo que le quedaba y marcharse. Continuar allí solo sería echarle sal a la herida. Quizá si hubiese pedido disculpas sinceras a su antigua compañera, tendría la posibilidad de reincorporarse al trabajo, pero tenía el corazón destrozado. El asunto de Kato nunca prosperó ni fue posible: solamente estaba escapando de sus ilusiones. La partida de un amigo siempre duele, porque siempre se recordarán los momentos felices que pasaron juntos. Mashiro no puede sacarse de la cabeza aquella noche que lo encontró llorando por su anhelo. Probablemente muchas cosas ocurrieron durante este transcurso, pero aún debe conservar ese fuego de mangaka en algún lado. Quizá necesite ese tiempo para volver a su pueblo natal, a sus raíces, donde surgiera su deseo de convertirse en artista, recorrer las calles donde jugó de niño, porque esta experiencia purifica el espíritu a las personas que han vivido mucho tiempo fuera. Todos esos olores familiares le devuelven la pasión con que salió de su tierra. Llevaba tantos años estancado que estaba sumiéndose en la resignación. Para un futuro cercano podría redimirse, pero ahora, lo único que tiene es un alma en el ocaso, de regreso al hogar cargando consigo algunos triunfos, pero también varias derrotas.

El dúo se lleva un inesperado revés. Hasta Miyoshi tenía preparado el vestido de novio porque Takagi le había prometido matrimonio si eran serializados, pero la junta decidió otra cosa: encontraron el material muy débil para un manga semanal. La falta de consistencia es extraña para el dueto, considerando que su punto fuerte era el argumento, pero se encuentran en un medio que poco les acomoda. Debido a la insistencia de Miura, han recalado en la comedia. Integrar elementos humorísticos ha sido toda una odisea para Takagi. Le cuesta visualizar los momentos críticos para insertar el humor. Era una necedad echarlos a perder el tiempo en ese proyecto, pero Miura cree tener razón: habrá que darle el beneficio de la duda por si acaso resulta, pues en un segundo intento son capaces de introducir su serie a la revista. No obstante, antes debieron aplicarle un conjunto de modificaciones para que la publicación sea viable, para lograr que fluya. Viéndolo en perspectiva general, la historia de Ashirogi-muto tiene muchos puntos en común con la obra del tío de Mashiro, sin embargo, sus contextos difieren. Aunque ambas pertenecen al género de la aventura cómica, el tío publicó su manga en una época donde podía hacerse versiones paródicas de los héroes protagonistas de otros manga. Además, proliferaban los justicieros que perseguían sus ideales, a diferencia de los relatos actuales, donde prevalecen los antihéroes o tipos con numerosos defectos. Podemos encontrar fácilmente comedias burlándose de estos tipos. En este punto, surge la pregunta: qué se requiere para demostrar que tienen ideas frescas. Al menos, cuentan con la motivación. Los últimos eventos dieron un impulso anímico a ambos muchachos y será necesaria toda su inspiración para volver a triunfar.

Hattori anda preparando su jugada maestra. Encontró en Iwase un enorme potencial. Quizá tuvo la misma idea cuando conoció al dúo Ashirogi-muto, pero las circunstancias son diferentes: la escritora ya es adulta, puede manejar el trabajo con mayor seriedad, y además, muestra muchas ganas de participar, facilitando las labores del editor. Se ha esmerado bastante con el proceso de adaptación, pero Hattori se guardaba un as bajo la manga: quiere realizar el mejor producto posible, que consiga arrasar con cualquier otro, por ello, necesita al profesional más calificado para encargarle el arte y Nizuma, un mangaka cuasi consagrado, era su opción definitiva, sin embargo, se encuentra trabajando en otro manga. Hattori debe hacerle una oferta que no podrá rechazar. En realidad, son varias: primeramente, resaltar su presencia, pues sería el primero en tener dos mangas en publicación, una gran hazaña personal. En segundo lugar, a Nizuma le gusta la historia de Iwase, quedó encantado al leerla, y le encantó el desafío de traspasarla al dibujo. Por último, su competencia más cercana: Ashirogi-muto. Nizuma ha demostrado cierta desidia hacia el manga. Después de la cancelación del otro proyecto, no ha logrado sentirse motivado por su oficio. Este nuevo proyecto podría ejercer presión a la pareja protagónica, consiguiendo que reaccionen para empujarlos a luchar contra este nuevo grupo de creadores. Cualquiera de las razones sería suficiente para el mangaka. Parece que Hattori es una mente brillante como editor: supo jugar sus piezas en el tablero, puesto que también convenció al editor de Nizuma para que le permitiera participar. Su aspiración por producir el mejor manga lo inspira a elaborar los planes más eficientes. Es una lástima que el proyecto de los jóvenes mangaka no siguiera bajo su tutela.

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