Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Senhime Zesshou Symphogear 5: Epic Hibiki is EPIC

Mi waifu tiene bíceps (¡ojo con lo que le dices!)

Una cualidad del heroísmo femenino es su flexibilidad melodramática, que permite atribuirles a sus respectivas protagonistas una sensibilidad más aguda, una amplia gama de emociones y distintas formas de expresividad, de manifestar o reprimir su mundo interior configurando una identidad coherente y verosímil –aunque sean tímidas o desenvueltas-, pero, en especial, aceptables para el criterio del público que reprobaría estos decursos melodramáticos o arranques de ternura en un héroe masculino. Si sumamos los mecanismos de moeficación, obtendremos también un incremento notable de gestualidad. Mediante sus muecas, Hibiki (poseedora de decenas de retruécanos faciales) delata sus pasiones y sensaciones de manera inmediata y honesta. Son signos de sinceridad que describen su carácter optimista, su sencillez, su espontaneidad, el dejarse llevar por sus corazonadas. Sin embargo, los gestos contenidos y adustos también delatan, por ejemplo, la pesadumbre y remordimiento que arrastra Tsubasa. Aunque su orgullo impide que exteriorice su dolor, su estoicismo, su empeño obstinado por aguantar el suplicio traduciéndolo en dureza y acritud solo ponen al descubierto sus fisuras emotivas. Durante su convalecencia, la áspera idol hurga en su subconsciente (que adopta la apariencia de Kanade) y recién entonces, a salvo de restricciones, su lado débil puede emerger con un soberano puchero. No obstante, la gesticulación, la locuacidad corporal, podría revelar también el doblez, la deshonestidad: si fueran ciertas nuestras sospechas acerca de Ryouko, sus guiños amistosos, sus señas juveniles, su imagen de franqueza y jovialidad serían una máscara, una farsa, una actuación. Tres vías diferentes de canalizar la expresividad femenina, tres morales distintas, tres perfiles diversos, tres arquetipos de mujer. Una observación que cabría extenderse a Chris, Feenie, Miku, e incluso ayudaría a comprender cuán aterradora es la versión oscura de Hibiki, cuya transformación es acentuada visualmente a través de gestos, entre ellos, ocultar su rostro bajo las sombras.

Hibiki aprendió en la escuela una descripción básica del comportamiento y modus operandi del Noise. Al calificarlos como seres sin inteligencia, razón, voluntad o subjetividad, sino como entidades instintivas, salvajes o, peor aún, maquinales, el enemigo es concebido como energía, como fuerza desbocada sin propósito ni lógica, que actúa de forma colectiva y ninguno de sus elementos tiene identidad, ni siquiera mentalidad. Hasta la aparición de Chris, las guerreras musicales no luchaban contra un oponente personalizado, en ambos sentidos del término: porque no enfrentaban a un individuo, sino a manifestaciones o materializaciones del caos, y porque los brotes de Noise son variantes de determinados patrones recurrentes. Atacan a modo de colmena, a veces con un núcleo diferenciado, pero siempre en masa. Esta clase de contrincante no suele crear conflictos que desequilibren el rumbo del relato: se requiere un villano, una mente maestra que instrumentalice ese poder orientándolo hacia un aprovechamiento perverso. Por ello, mientras se mantuviera el halo de misterio alrededor del Noise y se ignorara quiénes estaban involucrados en su súbito resurgimiento, se introdujo durante la primera etapa de Symphogear un antagonismo entre aliadas, fase que culmina cuando aparece la rival que encarnaría el principio maligno, no porque sea siniestra y desalmada por naturaleza, sino porque combate en nombre de intereses oscuros. En adelante carece de sentido prolongar el enfrentamiento entre Tsubasa y Hibiki: se aprovecha el estado de coma que atraviesa la cantante para someterla al diván de sus propios temores. Aunque una interpretación espiritualista no sería errónea (abundan los relatos de apariciones en sueño), una perspectiva psicológica guarda coherencia con el entorno onírico donde transcurre el diálogo sanador. Tsubasa, vapuleada por el fracaso, naufragaba en inseguridades. El hundimiento en aguas recónditas es símbolo de retorno, de huida al seno materno, buscando protegerse, casi delatando la ausencia de figuras tutelares. Para regresar al mundo exterior, Tsubasa necesitaba dialogar o someterse a un interrogatorio, una autocrítica desde las profundidades de su conciencia, a manera de terapia. Sus pulsiones de supervivencia asumen la forma de Kanade, una imagen idealizada, constituida por recuerdos, ilusiones, esperanzas. El escenario proviene de sus memorias traumáticas, es sintomático que emprenda su camino de recuperación tras superar ese fantasma. Ignoro si Tsubasa es huérfana, pero desde la tragedia del coliseo, dada su dependencia emocional hacia Kanade, ese lugar simbólico de hermana mayor que ocupaba la pelirroja quedó desierto, generando un vacío, una carencia de referentes que nadie logró cubrir porque está rodeada de adultos atareados. Sin embargo, antes que eludir esas heridas, para madurar está obligada a cicatrizarlas, a graduarse de ellas. Un proceso similar aqueja a Chris, aunque su mente parece subyugada a los antojos autoritarios de una tenebrosa, sádica y libidinosa mujer que, además de disfrutar su desnudez, tiene una fascinación enfermiza por torturar a quien luego engreirá para sumirla en un laberinto bipolar donde se confundan placer y martirio. Mientras más insanos y desequilibrados sean los villanos en su fuero íntimo, más peligrosos parecen: el desenfreno, la enajenación sexual, el goce erótico de infligir dolor intensifican su aura de maldad.

La épica del anime suele tener una estructura, una armazón narrativa binaria, de tono dualista (pero no maniqueo); no obstante, la configuración de personajes es mixta: hay héroes defectuosos, antihéroes, sujetos cuestionables pero corajudos, antagonistas insignes gracias a su genialidad (tanto que irradian cierto carisma) y adversarios trágicos, cuyos dolorosos pasados los tornan proclives a la perversidad y la desmesura. No existe la perfección ni tampoco la absurda bondad en estado puro. Y aunque, con frecuencia, hallemos esa clase de villanos absolutos que parecen ejercer la maldad sin otro propósito que lastimar y destruir, también abundan enemigos de distintos matices: aquellos que defienden paradigmas erróneos, que persiguen con ceguera las utopías equivocadas, o quienes actúan inspirados por la venganza, el resentimiento o la decepción. En resumen, el malvado está trastornado por la hybris, la desproporción, el orgullo que nubla los sentidos, que impone un pensamiento único, que anula el entendimiento. Resulta complicado ubicar a Chris, pues no disponemos de suficiente información: pese a la cólera petulante que destila, inspira cierta compasión cuando descubrimos que obra bajo las órdenes de una femme fatale tenebrosa capaz de electrocutarla y humillarla. Chris se alegra patéticamente porque, después de tamaño suplicio, su dueña la acaricia ofreciéndole una jugosa cena, cuando, en realidad, solo quiere manipular sus sentimientos para continuar atormentándola. Chris ha aceptado esa degradación, ha dejado cosificarse, no por servilismo, sino porque, rebajada su autoestima, el único pilar que sostiene su existencia es obedecer al ama. Sin embargo, gracias a estos personajes, la trama de Symphogear se vuelve más turbia y compleja. Antes, la tarea de Hibiki y Tsubasa no entrañaba demasiados enmarañamientos morales: el rival ni siquiera tenía rostro ni nombre. Ahora enfrentan a otros seres humanos, y posiblemente a una trama política o delincuencial que maquina un plan pérfido para alcanzar alguna cuota de poder. Ahora, con Chris y Feenie, estas fuerzas han adquirido una identidad, una subjetividad y podemos acceder a sus motivaciones, sus traumas, su lado vulnerable. Además, este proceso de complejización no afecta solamente al bando maligno, sino también a los aliados. No contamos con pruebas suficientes para condenar a Ryouko, pero quien capítulos atrás era apenas una alegre y excéntrica científica cuyo mayor atrevimiento consistía en coquetear con Hibiki, revela de pronto un insospechado poder sobrehumano (¿la habilidad de crear barreras a discreción?, claro, aparte de su destreza al volante) y un inquietante arsenal de muecas siniestras. Para redondear su ambivalencia, se sugiere que organizó o participó del asesinato de un Ministro de Estado. Un cúmulo de señales preocupantes vinculadas a un personaje destacado por su filón humorístico, que caía simpático y proporcionaba la información pertinente acerca del fenómeno Noise. Desconfiar de Ryouko arrastra graves consecuencias, porque siendo el cerebro detrás del proyecto symphogear, cabe dudar si este prodigio tecnológico fue diseñado para servir a intereses poco transparentes, si acaso en lugar de proveer a Hibiki (ergo, al espectador) de datos oportunos y trascendentales, no estará ocultándonos la verdad acerca de semejante poder milenario. El rasgo más sobresaliente de Ryouko era su actitud amable y traviesa, acorde con su perfil de científica loca y despreocupada, que cambia de switch con facilidad, entre discurso cómico y jerga de pseudociencia. Cuando regresa del supuesto atentado, conserva esa conducta mixta (entre seria y festiva) ante sus colegas y subordinados del Second Division Disaster Response, sin levantar sospechas ni exhibir ningún toque malévolo hasta que emerge el poder devastador de Durandal, esbozando una mueca de sorpresa y deleite. Aunque se deslizan señales inequívocas de una lealtad sinuosa, de potenciales traiciones o conveniencias subalternas, no basta para determinar si proyecta una imagen falsa. Se insinúa que utiliza la plataforma de Defensa del Estado para avalar su agenda personal, resultando menos bondadosa o amigable, pero verosímil si recordamos el tópico de sci-fi del científico obsesionado hasta la médula con sus investigaciones, al límite de superponer el conocimiento por encima de cualquier valor e instrumentalizando las vidas ajenas. Ryouko habría sucumbido ante las ilimitadas repercusiones de su creación, hallando en Hibiki al conejillo de Indias perfecto pues además de provechosa, es ingenua y fácil de manipular. Parecería extraño si perteneciera a alguna organización delictiva, subversiva o fuera espía encubierta de alguna nación extranjera: ha tenido incontables oportunidades para apoderarse de reliquias y emplearlas a su antojo. El gobierno japonés le ofrece enormes facilidades para desarrollar sus invenciones, pero comienzan a aparecer obstáculos y presiones internacionales. Ryouko no toleraría esas amenazas contra su proyecto, en especial si ambiciona llevarlo mucho más lejos.

Los personajes están experimentando cambios, evolucionan o muestran sus verdaderos bemoles. Cuando una serie opta por variar su secuencia de ending durante un capítulo específico, le concede un cariz especial, como si anunciara que acaba una época e inicia un nuevo período tras alcanzarse un pico de tensión. En adelante, los protagonistas deberán ajustarse a las condiciones específicas del próximo escenario, afrontando otros problemas y adquiriendo las destrezas correspondientes. Acorde con esta estructura, el relato épico en anime se caracteriza por tender a desarrollarse a modo de historia de aprendizaje, acompañando el crecimiento del héroe, desde la revelación del designio heroico hasta su consagración en batalla al dominar a plenitud sus cualidades. El personaje atraviesa violentamente por diversas instancias de iniciación, por ello, se prefiere un héroe adolescente antes que adulto porque sus progresos o estancamientos como justiciero se equiparan con procesos análogos de maduración intelectual, psíquica, de socialización, etcétera. A Hibiki le sobraba voluntad pero escaseaba en recursos de combate, ignoraba los rudimentos y peleaba según le naciera del corazón. A diferencia de Marika Katou y Madoka Kyouno –su “competencia” esta temporada en el departamento de heroísmo femenino con aroma de ciencia ficción-, Hibiki no poseía habilidades sobresalientes, ni físicas ni intelectivas, ni tampoco tenía suficiente astucia para elucubrar soluciones inmediatas a problemas urgentes basándose en su experiencia. Estaba en desventaja, pero cual diamante en bruto, su garra y atrevimiento eran suficientes para iniciar a pulirse mediante un intenso entrenamiento que, aplausos para el viejo Genjuro, rindió sus frutos. La escena de lucha contra decenas de Noises en aquella fábrica de químicos que acaba en escombros fue épica en el sentido más mayestático, grandilocuente y estético del término: la chiquilla saca de la chistera un glorioso arsenal de patadas, rodillazos y puños letales. Aunque antes había demostrado su disposición a encajar buenos golpes, esta ocasión se comprueba una mejora sustancial en sus técnicas de defensa, asumiendo posiciones de guardia del boxeo o movimientos de karate. Antes de ejecutar su ataque observa con atención la ubicación del enemigo (se resalta el movimiento de sus ojos). En cuanto advierte un problema, localiza las causas y responde con una alternativa ingeniosa (quitarse los inservibles tacones de la armadura fue una excelente decisión). Además, no esquivaba de suerte los golpes del rival, sino que medía con precisión sus giros para evadirlos. En resumen, una exhibición genial que devuelve las esperanzas acerca del potencial de Hibiki como heroína titular. Falta que consiga invocar un arma, pero aprobó su examen de ingreso con honores. La coreografía de artes marciales, acompasada por el aceptable desempeño musical de Aoi Yuuki (quien no tiene el recorrido como cantante de Nana Mizuki), se integraría al aspecto gestual, que –acorde con otros casos reseñados en este artículo- evidencian las transformaciones que operan en Hibiki: los significantes en su lenguaje facial comunican ese cambio de actitud: antes que miedo o incertidumbre, una rabia corajuda y ceños fruncidos para demostrar que asume su función de heroína con solemnidad. La muchachita que se ruboriza viendo fotos de chicas en bikini en el periódico ha ganado confianza como luchadora, e incluso se avizora como la contrincante a vencer para cualquier oponente pues exhibe una potencia todavía por desarrollar, una fuerza desbocada cuyo control es asignatura pendiente. Ese dark side que emana cuando un poder externo la desborda hasta privarla de su conciencia, convirtiéndose en un peligro para su integridad y una advertencia sobre cuán terroríficas pueden ser las reliquias. Este último caso de “transfiguración” negativa también envuelve un tema de gestualidad, aunque a la inversa, pues en lugar de emplear el propio rostro de Hibiki, lo oculta, como si alguna fuerza maligna tomara posesión de ella. Todavía queda por comprobar si esta versión actualizada de nuestra dojikko karateka se asociará sin fisuras con su recuperada senpai.

Una respuesta

  1. davidvfx

    bueno que debo decir… pues que es un casi es un hecho que Hibiki sera la mas poderoza Symphogear… Y bueno no es que la “Hot blood” se pueda medir ( solo en drangonball con esos vizores) se sipone que es algo que nace de las emociones y estado mental y el disque espiritu de lucha… Hibiki sin arma, sin tecnica especial solo con puño recto que aprendio des pues de chutarse todos los ep de Hajime no Ippo junto a las tenicas del Jeet Kune Do y de Karate-Do le dio una paliza a un enemigo que la esperimentada Tsubasa a penas logro vencer…. ahhora ya pueden sacar “cuentas” Hibiki BadAss + Equipo armado + tecnica especial… + bersek mode…. the end of world!

    17 febrero 2012 en 13:32

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s