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Rinne no Lagrange 4: Mugi Goggles

Muginami desu! Muginami desu! Muginami desu!

Maru!

La terna de heroínas del opening se completa cuando la voluptuosa y enigmática Muginami ingresa de imprevisto (aunque no de improviso) al entorno de Madoka, colándose con asombrosa soltura, y dejando descuadrada y desenfocada a la pobre Laffinty, que saca a relucir sus cualidades como dojikko meido. En resumen, un típico episodio de transición. Este concepto sirve para describir la funcionalidad de ciertos capítulos ubicados después de una intensa batalla y cuya característica consiste en bajar la tensión relegando los asuntos bélicos a un plano secundario, o presentando al elenco en situaciones cotidianas o humorísticas. El carácter, en apariencia, despreocupado y alegre de Muginami favorece al surgimiento de eventos cómicos, de perfil ligero, siguiendo la dinámica de los celos amicales para inmiscuir a Laffinty, angustiada y abrumada porque una invasora insolente amenace su idílica amistad con Madoka, desplazándola de su atención y arrebatándole su exclusividad. La mente del celoso se nubla porque atraviesa una crisis de incertidumbre que altera su percepción del mundo. Se activa –supongo- un mecanismo desesperado de autodefensa y preservación que obliga al individuo a perder la conciencia de sus propios límites, en palabras más sencillas, a idiotizarse y hacer el ridículo. Por suerte, Laffinty aterrizó en un país plagado de fetichistas capaces de convertir sus defectos en bondades (muy rentables, gracias al foursquare). Sin embargo, aparte de adorables calamidades y chicas en sukumizu, Rinne no Lagrange continuó sembrando indicios para la reconstrucción del intrincado rompecabezas de facciones e intereses involucrados en la guerra.

La trama seria (la pugna entre facciones extraterrestres) solo se desarrolla con gravedad al inicio y final del episodio. Esta configuración corresponde al propósito del capítulo: cerrar la fase previa (la nave-guarida de DeMetrio fue destruida) y anunciar el inicio de una próxima ofensiva (Array escapa de prisión). También hay incursiones a temas serios en medio del relato (por ejemplo, la conversación de Youko y su tímido asistente acerca del vínculo –por ahora- simbólico entre los Ovid y ciertos elementos o fuerzas naturales), sin embargo, estas intervenciones son breves y desligadas de la historia principal. Los amigables acercamientos de Muginami y la inquietud mezclada con rivalidad sentimental por parte de Laffinty forman un intermezzo destinado a profundizar, mediante la comicidad, en la vida común (como adolescentes) de nuestras jóvenes guerreras. Su finalidad es proponer un descanso verosímil, un remanso de quietud tensa, en preparación para la siguiente batalla. Su propósito estructural sería concluir la anterior etapa y proceder a abrir un nuevo arco de combates. No obstante, para distinguir ambos períodos narrativos, se necesita un elemento que reinicie el conflicto. Villagiulio es señalado como posible motor encargado de acometer este giro de regreso a la violencia. DeMetrio no fue derrotado, las chicas solamente espantaron a los pilotos, que optaron por suspender el duelo y emprender una retirada estratégica: el escenario de combate se encuentra en standby, a espera del golpe de timón que anuncie un cambio de estrategia. Villagiulio encabeza otra facción en disputa, denominada Kiss, que Kirius identifica como “el enemigo” (por excelencia), diferenciándolo de LeGarite. Mientras no ofrezcan una exposición ordenada y pormenorizada que explique los orígenes, naturaleza, motivos y propósitos de los bandos implicados en esta conflagración intergaláctica, solo tendremos nombres exóticos pero vacíos, significantes con significado trunco o incierto, dando pábulo a la especulación. Puesto que DeMetrio y LeGarite parecen compartir una cultura y mitología en común (conocimiento de la leyenda), es probable que ambos representen partidos o sectas pertenecientes a un mismo planeta o país, mientras que Kiss, que inspira más cólera y temor entre los demetrianos, sería una organización subversiva u otra nación alienígena. En cualquier escenario, es posible que LeGarite encarne al oficialismo o alguna institución semejante al Estado o monarquía, pues actúan priorizando el contacto diplomático (envían de emisaria a una princesa), exhibiendo un manejo político más inteligente (y manipulador) planteándole a los terrícolas una alianza defensiva. En cambio, debido a sus sistemáticos errores garrafales, los emisarios de DeMetrio merecerían perder la guerra por brutos. Además de escoger los métodos menos cordiales para persuadir a la población terrestre, exigen una obediencia absoluta sin mediar explicaciones ni negociar beneficios, y para colmo de estupideces, sabiéndose inferiores en número y parejos en tecnología (Madoka había derrotado ¡en apenas su primer vuelo! a un experimentado piloto demetriano), dejan desguarnecida su nave, su único medio de transporte disponible para regresar a casa. Semejante conjunción de torpezas es una tentadora invitación al fracaso: estos metrosexuales de quinta existen solamente para resaltar la eficiencia del heroísmo femenino (ojo, según lo propone la serie). Aunque el relato no formula de manera explícita un enfrentamiento entre géneros, el boys vs girls domina las escenas de combate. Sin embargo, aunque las coordenadas de valoración positiva se desplacen hacia LeGarite, su embajador oficial se conduce con astucia malévola, disfrazando con gestos ceremoniosos y fingimientos demasiado socarrones que persigue sus propósitos particulares.

Pero poco importan los asuntos solemnes, el destino del Universo, el apocalipsis cósmico o la política interestelar, cuando entra en escena una chica voluptuosa, de cascos ligeros, fácil sonrisa y múltiples habilidades, un derroche de descocada sensualidad que arrasa la pantalla cual huracán de, qué lástima, falso carisma. Porque Muginami, pese a su superficialidad y simplicidad, es un misterio inclasificable: resulta evidente que semejante fachada de inocencia, lindura y buena voluntad es espuria, una estafa, un disfraz. Su ingreso al colegio de Madoka es intencional y pretende mantenerla vigilada para ganarse su confianza y extraer alguna información, como una especie de espía encubierta que busca sabotear desde adentro al enemigo: utiliza unos anteojos scanner para hurgar los cuerpos de sus supuestas rivales y ubicar sus memoria. Aunque no tenía la intención de ahogar a Laffinty, solo asustarla o entorpecer su vigilancia, mediante este gesto manifiesta una actitud estratégica, conduciéndose según su conveniencia para neutralizar a otras facciones. Una chiquilla inocente o ingenua no actúa con tamaña malicia amparándose en una imagen de candidez y generosidad, tratando de ganarse la simpatía y la misericordia de Madoka, en especial, aprovechándose con hipocresía del desprendimiento, del corazón abierto de nuestra empeñosa protagonista. Laffinty es más sagaz, pero no cuenta con pruebas para desenmascararla y parece más pendiente de reaccionar ante sus celos, respondiendo al temor de quedar desplazada por culpa de la recién llegada, al extremo de olvidar su preocupación inicial. Como la mayoría de personajes, la lacónica princesa también desciende de las cimas épicas al ring del humor. No obstante, a pesar del comportamiento sospechoso de Muginami, ni siquiera nosotros como espectadores podríamos aportar una prueba concluyente para condenarla y tampoco alcanza para considerarla una antagonista inconciliable (además, confiamos en el spoiler del opening). Sonará incluso contradictorio después de comentar su conducta maliciosa, pero la incertidumbre contagia hasta los aspectos mínimos de la personalidad de Muginami. Se muestra asustada o arrepentida cuando descubre que Laffinty no sabía nadar y termina salvándole la vida al aplicarle RPC. Si fuera una villana a plenitud, totalmente desalmada, no sentiría remordimientos. Incluso su talante frívolo y casquivano podría ser auténtico, pues muchos personajes de anime comparten esta doble dimensión, algo antitética pero coherente dentro de una lógica que separa mentalidad, moral y conducta. Aunque menos incongruente, esta división opera también en Madoka (entusiasta y algo tonta para captar las cosas, pero de valores firmes y pese a su lentitud intelectual, muy hábil para encontrar soluciones prácticas a dilemas reales) y Laffinty (seria y sensata, pero poco solvente para manejar sus emociones y pese a su inteligencia, ineficiente para realizar trabajos simples y mecánicos).

La ventaja comparativa inherente al tipo de personaje asociado a Muginami es su cualidad para propiciar situaciones de humor light. No será objeto o víctima del chiste, pero su gracia y soltura infunden una sensación de alegría que aligera, permeando de sonrisas la atmósfera donde se mueven. A primera vista, la estudiante transferida se porta de manera superficial, al punto que podría interpretarse este adjetivo en doble acepción, porque la apariencia (su coartada) funciona como trampa, desviando nuestra atención hacia la “superficie” y ocultando los detalles poco gratos sobre su verdadera identidad, generando, pese al disimulo, un efecto humorístico. Madoka posee también esa virtud, aunque la onda de felicidad que transmite es motivada por otra actitud y tiene un carácter distinto. Muginami es relajo puro, e incluso cuando colabora como mesera, daría la impresión de estar jugando, de divertirse en lugar de trabajar en serio, “qué importa el mundo, seamos felices, sin preocupaciones”. Madoka, en cambio, es dinamismo, está convencida de ayudar no solo con intención lúdica, sino como precepto moral, como una misión en serio. Su regocijo, su espontaneidad, contagian las ganas de entrar en acción. Aunque ambas pinten como chicas divertidas y juguetonas, su postura es disímil. No olvidemos que Laffinty, pese a su perfil dramático, también tiene un lado cómico, siempre bajo la línea del ridículo, haciendo evidente su inadecuación a las costumbres terrícolas (saludar como un perro), tornando extraños o complicados los eventos más habituales.

Juzgar categóricamente a Muginami es tarea ardua porque disponemos de escasa información que permita precisar su procedencia, su adscripción a determinado bando, ni tampoco se especifican sus móviles para infiltrarse en el cuartel flotante de Novumundus Foundation (donde cualquier hijo de vecino provisto de una balsa entra como pedro en su casa… y pregunto, ¿tanto presupuesto en alta tecnología, pero no sobraron unos yenes para personal de seguridad?). Los datos proporcionados por este episodio son vagos: anduvo desnuda por la base, se insinúa que obtuvo el memoria de Ignis, tiene un interés especial por Madoka y logra con éxito infiltrarse en su entorno privado, además de sobresalir en deportes, primeros auxilios y servicio al cliente. Podría tratarse de alguna estudiosa con curiosidades ufológicas como Youko, una delincuente, una opositora al ingreso de los extraterrestres, u otra alienígena dentro del laberinto de fidelidades y traiciones que compone la guerra (su nombre suena japonés, pero lo escriben en katakana: Muginami-desu!). Cualquiera fuese su filiación, los otros personajes reaccionan con una excesiva mezcla de cautela y tranquilidad: la única que decide contraatacar, aunque con mucha prudencia, es Laffinty. Sorprende que Moid no ordenase investigar a la misteriosa chiquilla, pues la respuesta inmediata sería mantenerla bajo vigilancia y seguirle los pasos. Quizá lo consideren superfluo porque Muginami, en lugar de evadirse y esconderse, se exhibe deliberadamente al matricularse en el colegio y participar de sus actividades públicas. Puede tratarse de un giro estratégico para distraer al enemigo actuando al aire libre o buscando provocarlo para forzarlo a iniciar la ofensiva. En ambos casos, LeGarite se encuentra condicionado porque los elementos en tensión se mezclan con la población civil inocente. Una tercera posibilidad es descartar cualquier pericia en espionaje y admitir que Muginami cometió una torpeza imperdonable al ponerse a merced de sus rivales. De nuevo, caemos en el hoyo profundo de la incertidumbre porque ignoramos sus propósitos ulteriores. Mientras tanto, para inducirnos en más dudas y desconfianzas, el relato insiste en solazarse con la “superficie”, pues la iniciativa de Laffinty, cuya primera finalidad era resguardar a Madoka y patrullar la competencia de natación, acaba por “degenerar” en una ridícula competencia no declarada por acaparar los afectos de nuestra heroína del jersey. Si Muginami se proponía instigar a la testaruda princesa, no dirige sus embates contra el asunto de fondo (la guerra, la leyenda, los memoria): sus disimuladas hostilidades se enfilan hacia el aspecto sentimental, originando una situación de crisis afectiva. Para Madoka es natural forjar amistades y agenciarse la simpatía de otras jóvenes, como suelen las adolescentes comunes, amigueras y traviesas (al menos, según el estándar del anime). En cambio, Laffinty procede de un entorno social más restrictivo y represivo, además, sus responsabilidades como miembro de la realeza en épocas de conflicto truncaron su desarrollo personal durante su pubertad. Hacer amigos le resulta complicado y trabajoso debido a su carácter, insólita mezcla de introversión y gestos estrafalarios. En consecuencia, atesora su única amistad auténtica y siente un pánico, un estremecimiento sentimental porque imagina que Muginami, haciendo alarde de sus cualidades deportivas y prácticas, la eclipse y opaque dentro del corazón de Madoka. Aunque sus secuelas son entretenidas y alcanzan picos de ternura con sintomáticos sonrojos (Laffinty fracasando en el intento de servir unos refrescos y causando una cadena de golpes en pocos segundos), causa lástima verla sufrir presa de los celos y el amargo sabor de la derrota frente a una contrincante “mejor calificada”. No obstante, Lan-chan es obstinada y orgullosa, virtudes idóneas cuando debes sofocar una baja de autoestima, y devuelve el revés de Muginami con una contraofensiva que bordea los tópicos del harem en combinación con la guerra de posiciones. Los fanáticos del yuri están autorizados para colocarse los Mugi-goggles.

Una respuesta

  1. En la mayoria de las obras con grupo homogéneo protagonico, el aspecto homoafectivo sera casi obligatorio si quieren que su relación alcance picos de emoción y sentimientos conmovedores al espectador. Es bastante obvio que Xebec forja un love triangle bastante mas convincente con que logra con sus otras obras, aunque la intención de las otras seria mas comica y fanvicera.

    11 febrero 2012 en 19:18

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