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Nisemonogatari 4: Fake is more than real

Ceci n'est pas une abeille

“La realidad es más extraña que la ficción”, así reza un viejo dicho. Invirtamos la frase. La ficción, como enseñaba Aristóteles, es más verosímil que la realidad. Para entender este problema debemos volver sobre nuestros pasos, y caminar como cangrejos en una playa veraniega. ¿Por qué lo falso, la imitación, el ídolo, pueden afectar tanto lo que llamamos lo real? Es una pregunta que merece ser esbozada. Nisemonogatari (Nisemono falso) es la historia de lo falso, de la copia, de la mentira y el engaño. Increíblemente, muchas de nuestras más grandes instituciones y grandes logros parecen pertenecer a un mundo más cercano a lo mítico que a lo científico. A lo largo de nuestras reseñas hemos empezado a entrever ese poder de la falsificación, esa fuerza de la seducción que cautiva y ciega a quienes miran directamente la imagen, una especie de engaño comienza a tejerse y el mundo se vuelve algo diferente. Ha llegado la hora de hacer una especie de recopilación, de síntesis de todo lo expuesto. El arte captura el ojo, nubla su percepción por medio de simulacros; las palabras atraen al oído y lo hipnotizan por medio de adornos. Una especie de disociación habita los sentidos y la percepción de lo que existe. Ese trabajo del engaño es propio del poeta que se sienta a componer sobre algo que ha inventado…

Fake, fake, fake

Nunca dejara de sorprenderme la creatividad de Shaft: pocas veces he visto una doble narración simultanea, una especie de encuentro dual donde uno de las cadenas habladas conduce por la introducción, por el chiste, la broma, y la otra por un diálogo serio y descarnado, en el cual se ponen las cartas sobre la mesa. Hacer del televisor una especie de imitador, de presentador y representador de una conversación ya pasada no sólo complica la narración, sino que también enriquece las posibilidades de una escena, jugada a dos tiempos, como una polifonía musical en la que decides que parte de una melodía te gusta escuchar más, ya que cada diálogo conduce por un camino diferente y empata y une toda la acción, pues uno sucede antes que el otro, pero se repiten simultáneamente, en una competencia entre el pasado y el presente. Lo mismo sucede, por paradójico que parezca, con los recortes negros, rojos y blancos: no son al azar, tampoco simplemente decorativos, representan momentos que no son animados, trozos de la novela que son saltados. Al mismo tiempo el ending retoma la historia y vuelve a contar todo lo que se dijo (si lo notaron, el primer ending mostraba los sucesos que vivió nuestro héroe en el primer día de la novela, el segundo se centra en las protagonistas de nuestra serie). Nisemonogatari ha sido acusada (injustamente) de no desarrollar su historia, pero esa acusación es una ilusión (al igual que las ilusiones que causan la enfermedad de Karen). Cada diálogo, encuentro, momento, da pequeños datos, pequeños encuentros, pequeños sucesos, que revelan algo o preparan algo: Sengouku explicándole a Koyomi Oni-chan los planes de las hermanas de fuego y su persecución de los rumores; la visita a la casa de Suruga introduce la pálida figura de Kaiki. Esas fracciones de información construyen la trama. Aun así no deja de despertar sospecha. ¿Por qué? Bueno, cada uno de esos datos conduce por un simulacro (simulacro similar a los tres ejemplos anteriores). Explico: a diferencia de Bakemonogatari aquí se enfrenta lo irreal del mundo, es decir “su no-ser”, o más el problema de saber que algo es y no es al mismo tiempo. En su anterior entrega, Araragi enfrentaba kaii reales, ahora combate contra molinos de viento. Tal vez muchos habrán notado que mi extracción académica ronda lo filosófico. Haciendo honor a mí disciplina, es necesario hacer un seguimiento de los conceptos fundamentales que expone un enunciado, en este caso el problema de lo falso. Es un punto crucial en el que se encierran muchos de los problemas que componen Nisemonogatari, porque toda la historia no es otra cosa que un simulacro.

El simulacro:

El ending simula la historia

En la larga duración de la especie humana hay un problema que reaparece constantemente: el poder de las imágenes. En esta historia llena de peripecias, el papel de la imagen siempre ha sido ambiguo e incierto. No es ni un objeto (no se identifica miméticamente con lo que “representa”) ni concepto (no es “claro y distinto”, como diría el cartesianismo, fuente primigenia de nuestra ciencia). Algo intermedio, que sin embargo, funciona a la manera de una rejilla que permite procesar la realidad. Es a través de las imágenes (símbolos) que las personas pueden dar cuenta del mundo, ellos surgen de lo profundo de la experiencia humana, modos de multiplicación y explicación de ese exterior misterioso, extraño e incierto. A este nivel nada de lo que ocurre sucede de modo consciente y la mayor parte de las veces no se puede dar cuenta de él (explicar, con palabras, su poder). El dispositivo simbólico es poderoso, pero también aterrador, su ambigüedad ha sido considerada una amenaza desde tiempos inmemoriales. Es sabido que la imagen posee un poder catártico y terapéutico, es decir servicial, permite la sublimación de las pulsiones destructivas (físicas y mentales) de un individuo. La oración a los iconos religiosos es un buen ejemplo, aunque la idolatría moderna de los otaku a los personajes del anime es más cercano al tema que nos concierne. Este símbolo reúne, su poder consiste en juntar, en acercar lo separado: una afición puede unir de forma virtual a miles de personas, liga. Pero también es el poder de la imagen que segrega, suscita identidad y exclusión, o la imagen mortal que crea la efigie. Ejemplo: las peleas entre fanáticos de distintas sectas que se identifican con un grupo distinto – los actuales incidentes con Hatsune Miku son ilustrativos, ya se trate de una acusación verdadera o no, poco importa, pues pone en marcha los mecanismos de la diferenciación y la identificación con un símbolo. Ambivalencia. La imagen que cura, pero también que lastima (el agua que calma la sed, el océano que ahoga al náufrago). A todo esto los antropólogos lo llaman la eficacia simbólica. Ese poder doble que se le atribuye va acompañado de una tercera característica mucho más preocupante: junto a la acumulación de significados contradictorios y múltiples expuesta más arriba, se despierta la duda, que acecha desde la periferia, sobre su fuerza seductora. En la antigüedad se establecía una clara distinción entre iconos, poseedores de un principio de realidad, de mimesis que remitía a un original considerado verdadero, y los ídolos, fuente de quimeras que debe ser eliminada y temida, que no conducen a una realidad subyacente sobre la cual se basarían, y además pretende hacerse pasar por la realidad. El ídolo vacía del contenido de verdad la realidad y anonada la existencia en apariencias, pues no hay nada detrás de ellos, únicamente una falta de significado. Ante esto, la respuesta histórica y social ha sido clara: iconoclastia. Ante el ídolo que pretende subvertir los valores de la verdad, hay que aplicar la destrucción. De ahí la violencia, la crítica hacia quien cae víctima frente a ellos (el hereje, el pagano, el otaku). Las imágenes son malignas. Son producto, incluso, de una operación de magia negra: toda reproducción implica un maleficio, un acto que cautiva y ciega. Un amor profundo acompaña esta seducción: Narciso queda cautivado por su imagen en un lago, Pigmalión se enamora de la estatua que esculpió. Ese carácter a la vez sexual y multívoco confunde al espíritu. Se trata de una droga, de un veneno, de un narcótico (Narciso viene del griego narkào, algo que embriaga). Y es en esta última función donde no se le puede perdonar al ídolo su existencia: el poder de simular, de ser un simulacro, un artificio. La imagen asesina de lo real, de su propio modelo. Toda la dialéctica occidental ha sido construida para remitir a las imágenes a un principio de verdad, a un sentido profundo, porque todo tiene que estar impregnado por un significado.

Cuidado con tu hermana yandere

Esta codificación de los signos alcanza niveles fanáticos que rayan con lo desesperado ¿No será sintomático ese deseo de los fans por obtener finales completos, cerrados y redondos el producto de esa imposibilidad de aceptar lo que falta, lo que no tiene sentido? Mas el sinsentido siempre está presente. Y es mucho más interesante constatar que los mismos autores no le dan a cada elemento un valor significativo (ver la reciente entrevista hecha a Urobuchi y Koike, donde el primero termina reconociendo la falta de un significado profundo detrás de las alas de Homura, lo mismo que sucedía con el gato del opening, al cual se le buscó un significado). El sinsentido es la prueba del límite del sentido, de su imposibilidad para abarcarlo todo: hay lagunas, hay huecos, hay vacíos. Cuando esta operación se hace imposible y el juego de los simulacros termina perdiéndose en la infinidad de equivalencias que se suceden, entonces la referencia se ha evaporado permitiendo un universo simulado. Es interesante que la leyenda de las “abejas de fuego” naciera como un simulacro que intenta explicar una enfermedad causada por razones desconocidas, donde una abeja que nadie ve ni es capaz de encontrar, termina produciendo algo extraño, en realidad no es más que un invento elaborado…

Lo verosímil:

“Mis hermanas son unas farsantes”, así habla Koyomi. “Kaiki es un fraude”, Senjougahara. “No hay razón para que algo falso no pueda hacer lo que algo real haría. Y es posible para una falsificación ser más real que lo real”, Shinobu.

Mi amor, una sombra...

Estas tres frases tienen algo en común: se hace alusión a un efecto de realidad. Este efecto actúa en base a una superficie que se considera mentira, sin embargo, produce algo, algo que se considera verdadero: al final las Karen y Tsukihi forman un equipo de lucha contra el crimen, Kaiki roba y separa a la familia de Hitagi, una de las hermanas de Araragi cae víctima de un maleficio por parte de un monstruo que no existe. El simulacro crea la realidad. Desde que empezó esta historia nunca se ha dejado de mentir, ya sea para divertirse (en el caso de Mayoi y Araragi), para perjudicar a alguien (los rumores y maldiciones ficticias que terminaron acorralando a Sengouku), para ganar dinero (Kaiki, la pila de ostras junto a un árbol muerto) o fingir ser algo que no se es (Karen y Tsukihi pretender ser héroes de la justicia, Koyomi finge ser un héroe también, y él, ahora, no es un verdadero vampiro). Hay todo un teatro que juega con las apariencias, con lo espectacular, lo monstruoso. Lo que reina es la falsificación de la escena (Shinobu libera al cautivo siendo ella misma una sombra, una sombra que podría ser apuñalada por una hermana celosa). Precisamente, el arte es caracterizado por su capacidad de producir. En su doble sentido, producir (pro-ducere) es la capacidad para hacer “visible algo que no está ahí”, algo que se fabrica y al mismo tiempo se empuña como prueba. El simulacro se inventa y luego se intenta imponer. Esta doble operación trae consigo aparejado un problema de la verdad, que desde la antigüedad, ronda la superficie: lo verosímil puede ser más verdadero que la verdad. Lo que importa a lo verosímil no es su capacidad de referir, de señalar pura y llanamente un objeto o un suceso, sino el poder para convencer, para persuadir de que algo puede ser cierto. Es una opinión que se sustenta sobre el juicio de la mayoría. Por lo demás, en lo verosímil nunca es imposible lo contrario, de ahí el poder del rumor, siempre es factible que pueda ser verdadero. No tememos tanto que los otros nos mientan, sino que tememos que sus mentiras nos causen daño y sufrimiento. Las mentiras de los demás pueden engañarnos para estafarnos: Kaiki, el artista, experto en monstruos y criaturas falsas. A todo esto, uno podría sumarle el hecho de la construcción misma de los personajes: Shinobu no habla ninguna clase de dialecto antiguo, en realidad se trata de un idioma inventado para hacerlo parecer algo viejo y extraño (muchas palabras usadas realizan la misma operación). En definitiva lo que se impone es el simulacro: un paciente imita los gestos y síntomas de un enfermo, lo hace tan bien que es imposible discernir entre la verdadera enfermedad y su simulación; en conclusión, esa persona debe estar enferma. El paciente (Karen, cuyo traje pasa de ser amarillo a rojo vivo) sufre de una fiebre ardiente. Un síntoma es una manifestación subjetiva de una enfermedad, antes que un signo objetivo de la misma (el veneno de abeja que recorre el cuerpo de la enferma). Así considerado, el síntoma nos dice algo sobre la persona misma, antes que sobre su posible enfermedad. De hecho todos los personajes se revelan sintomáticos: Koyomi ayuda a los demás para ocultar su propia debilidad; Hanekawa cambia su estilo (de meganeko pasa a usar lentes de contacto y a cortarse el cabello) evidenciando su corazón roto, o su propia fuerza interna, ella continua persiguiendo lo sobre-natural para dejar atrás su vida aburrida; Kanbaru se venda la mano para mostrarse como lastimada, para ocultar o disimular su mano de mono infernal; las hermanas de fuego se hacen pasar por héroes con la intensión de llamar la atención de su hermano mayor… Intentos, en definitiva, de hacerse más verosímiles y creíbles. Esa amenaza se alza sobre sus vidas al modo de una advertencia que trae la desgracia: la inmortalidad de un falso vampiro puede extenderse hasta el punto de eliminar sus relaciones terrenas. En definitiva nadie es y sin embargo intentan aparentar algo que no son…

7 comentarios

  1. baka

    muy buena reseña , pero pienso que te salistes un poco del tema con el ending , aun que concuerdo contigo con que el ending es como una simulación de los hechos que han pasado.

    Pd: Salu2

    4 febrero 2012 en 13:40

  2. au_rod

    Primera vez que veo una entrada así. No recuerdo por qué me puse a ver nisemonogatari… creo que la reseñaron en sankaku y colgaron varias imágenes. El aspecto visual está curradísimo y llama bastante la atención, cuando uno ve el cap 1 (sólo con verlo) sabe que está frente a algo grande. Ahí es cuando uno quiere echarle un ojo a la novela ligera, pero no puede, por obvias razones. Todos los diálogos van en doble sentido, eso está claro. Veo que se nos intenta decir algo en clave, he identificado unos pocos mensajes y se perfectamente que estoy perdiendo los demás, por ejemplo, todo esto de la semiótica a uno no se lo enseñan jamás, jamás en la onda de baudrillard. Si nisemonogatari pretende abordar el tema de la suplantación de la realidad a manos de los signos fuera de control, es algo de lo que no me he enterado. El episodio se llama “Karen Bee, Part Four”, ¿no sería un sinsentido hacer la crítica de la imagen desde la imagen misma? Y de todas formas su público (digamos la verdad) no puede comprenderlos, por todos lados lo único que veo es que nisemonogatari “is getting sexier and sexier”. Voy a seguir la serie hasta donde me alcancen las ganas, saludos.

    4 febrero 2012 en 22:11

    • Cada régimen de signos tiene su propia particularidad, no es una contradicción hacer la crítica de la imagen desde la imagen misma, precisamente esa premisa a servido para su condena y destrucción a lo largo de la historia… Quizás la belleza de la serie juega en su contra, pues termina volviendo más y más falsa, camino de tentaciones y mentiras. Si Nisemonogatari aborda el tema de la suplantación de la realidad por parte de los signos no es algo que necesariamente se haga de un modo consciente, porque lo que se ha dado en llamar un dispositivo simbólico no es una actividad de la cual se pueda dar cuenta en su totalidad. Bueno, esta es mí interpretación, otros le darán alguna otra: que es mala,llena de fanservece, etc… A mí me gusta…

      4 febrero 2012 en 22:43

  3. Bastante interesante, por su semántica, Nisemonogatari tiene un rico universo de interpretaciones y me ha gustado bastante como lo haz desarrollado.

    Lo que me pareció interesante es el respeto que tiene Araragi con Shinobu, en casi todos los contactos que tuvieron, el siempre demostró su inferioridad frente a la chica (excepto cuando saca su lado lolicon, pero fue muy breve), la primera muestra de confianza fue otorgada por Shinobu al mostrar su espalda, un punto débil y dejar que Araragi pueda interactuar con ella, luego el acepta este intercambio cuando permite a Shinobu acercarse a su corazón, un gran punto débil de cualquier vampiro, así afianzaron sus posturas.

    También he escuchado bastante sobre el fanservice, pero no es tal, de que existe, existe pero se remite a espacios muy pequeños, ya que su utilización se basa en la sorpresa y en su utilización meramente servicial, pero en muchas ocasiones pasa a utilizarse el ecchi como se podría decir, como elemento narrativo y ahí perdería todo valor como Fanservice, luego de ver mucho cine europeo que contiene muchas escenas de desnudos, logro percatar cuando se utiliza en uno u otro sentido.

    8 febrero 2012 en 01:33

  4. Saludos Aniki, quisiera hacer una pregunta Off Topic
    Ves Guilty Crown? Que piensas de ella?

    8 febrero 2012 en 21:50

    • Sí, la he seguido cada semana desde que comenzó. Pensaba “dropearla” después del episodio doce, pero la inercia me impide llevar a cabo tan simple acto. No queriendo herir sensibilidades, pienso que Gilty Crown no ha cumplido con las espectativas que tenía en el momento en que escuche por primera vez de ella. Y menos aún la forma en que los directores plantean su importancia. Mi mirada hacia ella es profundamente crítica. Lo que voy a escribir es algo que ya muchos otros sin duda han notado:

      1) El principal defecto de la serie yace en la forma en que aborda los arquetipos y modos de narración de series en las que se inspira: Evangelion, Code Geass y Ghost in the Shell. Poniendo en tela de juicio CG, me resulta imposible considerar que GC una versión más juvenil de una anime tan hermético y cyberpunk como lo era Ghost in the Shell, donde todo lo que sucedía tenia trasfondos que ponían en cuestión la realidad, el problema de la alienación y la vida en una sociedad de masas (no por nada inspiró a los creadores de Matrix). Lo peor es ver cómo se usan las personalidades de antiguos protagonistas de otras series: Shuu como una “versión 2011 de Ikari Shinji”, de lo cual no hace sino retomar su personalidad berserker y su falta de seguridad; Inori como una nueva Ayanami Rei (ya hay muchas en el anime); Gai vistiendo las mismas ropas de Lelouch o Ayase pareciéndose más y más a Asuka. No me importan los clichés, la verdad, pero no soporto que se usen de cualquier manera los tropos, y menos para ganar audiencia a diestra y siniestra…

      2) De ese primer problema se deriva otro: la construcción del argumento. Al retomar una enorme cantidad de elementos de otras series resulta imposible hacerlos compatibles de modo coherente. Es interesante observar que la primera mitad de la serie, forzando la comparación, se parece a lo sucedido en Evangelion, con todo y tercer impacto, mientras la segunda tiende más y más a Code Geass R2 (siendo mucho más oscura que la primera mitad). Hay una diferencia notable entre la historia que se quiere contar y la historia que han contado, con un enunciado que llama la atención, mas se queda corto al observar el producto final: difieren demasiado para tomarlos en serio. Eso se notó mucho en el episodio doce, en el cual se hicieron muchas revelaciones, pero fueron tan apresuradas y comprimidas que uno se preguntaría si no pudieron prescindir de varios episodios anteriores para poder darle más consistencia.

      3) La evolución de los personajes apenas si sufre cambios, a excepción de los dos protagonistas principales: Inori y Shuu. Ambos parecen estar convirtiéndose en versiones más oscuras de sus primeras entregas. En el episodio quince, al final, el segundo tiende peligrosamente a convertirse en un antihéroe. Si el personaje no evoluciona, simplemente lo matan: hay que darles crédito por haberse deshecho de algunos de los personajes más populares como Gai, Hare y Dan. Lo que causa un gran impacto, pero no cuadra con la historia. A pesar de que la serie hace giros inesperados, que pueden dejarte con la boca abierta, todo resulta tan al azar que es complicado aceptarlo. Sobretodo lo sucedido con la hermana de Shuu, Mana, la matan casi sin misericordia o reflexionar sobre ello.

      4) Por último, me encuentro muy disconforme con la afirmación de que esta clase anime quiere marcar nuevas tendencias, pero nos restriega en la cara tanto las tendencias actuales que le resulta imposible imponerse como algo nuevo y original. Y este punto es preocupante, si pensamos en lo nacionalista que es la serie y en todos los problemas que esto acarrea a nivel de la sociedad japonesa en general: ver la entrevista a los creadores y comparar con la actual polémica acerca de que Japón se esta quedando deshabitado, donde se considera que el protagonista es uno más de esos “hombres herbívoros” que carecen de la masculinidad de sus ancestros. Además de que continua con la idea de un Japón independiente y amenazado por fuerzas externas (otro punto que han explotado otras series). La trama esta tan mal hecha y a veces tiene tan poca coherencia que de verdad da lastima. Esto no quiere decir que sea confusa (hay que ver Lain o Boggie Pop Phantom para ver ejemplos de esa clase), sino que carece por completo de argumento, haciendo que todo el edificio se desmorone en escombros.

      Voy a seguirle el rastro hasta el final, sin embargo no destaca en otra cosa que en la animación y en las canciones introducidas por supercell (en este punto todos estamos de acuerdo). Un aspecto que si es rescatable es la idea detrás de los void (vacío, es decir, de lo que las personas carecen) y del rey que expurga y revela sus culpas. Una multitud de culpables que se reúnen alrededor de un líder que carga con sus pecados y al mismo tiempo es el mayor de los pecadores. No obstante no se ha sabido explorar esa idea. No sé en que pueda terminar, hasta ahora la posible conclusión no tiene buena pinta…

      Espero haberte sido de ayuda Kitsu.

      Suerte…

      9 febrero 2012 en 10:03

  5. Gracias, buscaba una opinón asi de profunda.

    9 febrero 2012 en 11:09

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