Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Nisemonogatari 3: Hipertexto comprimido en una serie japonesa

Ocaso de los ciento veinte árboles en la orilla de un arroyo...

Un fantasma recorre internet, el fantasma del comunismo informático. Todas las fuerzas económicas, que se arrogan las industrias culturales, se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: los magnates de la música y sus ídolos super-inflados, los ultraconservadores políticos norteamericanos y los liberales de Hollywood, el agente antinarcóticos y el gobierno extranjero (Parodia del Manifiesto del partido comunista). Un link ha sido bloqueado, otra página web ha sido cerrada. Desde que esta guerra comenzó no pasa ni un solo día en que muchos archivos no sean borrados. Comparado con el peso de las corporaciones, nuestros gustos son ligeros. (Parodia Darker Than Black, Shikaku no Hana, capítulo 24). “No hace mucho tiempo, para adueñarse del poder político de un país, era suficiente con controlar el ejército y la policía… Hoy, un país pertenece a quien controla los medios de comunicación”(Umberto Eco, “Para una guerrilla semiológica”). Cuando nacieron los derechos de autor, se buscaba la protección de la propiedad inmaterial. Originalmente no fueron los autores, sino las editoriales y empresas encargadas de la distribución de material quienes elevaron y promocionaron tales derechos. Y realmente fueron las compañías, y no los autores, quienes se hicieron muy ricos. Este post lo haré de un modo diferente a los anteriores, basado más bien en recortes, imitaciones y parodias. No me arrogo ninguna originalidad. Cada palabra y cada idea ya han sido usadas y volverlas a poner no es otra cosa que un acto de desobediencia. La oscuridad de un camino al atardecer sobre estas lineas, es el reflejo de esa tristeza. Usemos esta serie como pretexto para entender un poco nuestro mundo moderno.

Las caras del copyright

Lo que sigue son una serie de extractos que he recopilado para explicar el nuevo capítulo de Nisemonogatari. Recordemos que las obras de NisiOisiN siguen el principio de una metatextualidad que hace de todo una recopilación de muchas cosas. A modo de protesta y malversación, he decidido poner en práctica el copy-right de forma indiscriminada. Quizás se trate de una ilusión adversa que solo traiga problemas, aunque no considero esta experiencia nueva: muchos literatos han practicado esto mejor. Aquí simplemente me dedico a recortar trozos de otras páginas, que iré uniendo a mí gusto en la medida en que explican algo que he visto en la serie y he conectado con la realidad presente. Tal vez sería bueno recordarle a nuestros políticos y empresarios que las ideas son de todos, lo que pertenece a cada uno es la forma de expresarlas: a veces bien, a veces mal. Como el estilo es particular, no hay nada que discutir; mas no es lo mismo cuando tratamos de secuestrar los bienes inmateriales de una cultura, pues “la base filosófica del sistema de copyright actual se apoya en un malentendido: la originalidad de los artistas es inagotable, concepto que se aplica a creadores e intérpretes. Pero la realidad indica otra cosa, porque los artistas siempre tienen en cuenta las obras creadas en el pasado y en el presente, y agregan elementos al corpus existente. Esos agregados merecen respeto y admiración, pero sería inadecuado otorgar a sus creadores, intérpretes y productores derechos de exclusividad monopólicos sobre algo que se inspira en el conocimiento y la creatividad que forman parte del dominio público y son producto de la labor de otros artistas” (Wikipedia, entrada “Derechos de Autor”). “En el paradigma de la cultura escrita, las nociones clave son la originalidad, la singularidad y la propiedad del autor sobre la obra, que no es sólo una propiedad económica, sino moral… Es necesario recordar que muchos libros del siglo XVI y XVII no tenían el nombre del autor en la portada. Los lectores de entonces no se preocupaban por quién había escrito esos libros, no había propiedad del autor sobre el manuscrito –solamente del librero que lo había editado y que vendía la obra–; nadie reparaba en el hecho de que antes de Shakespeare había otros Hamlet que habían sido representados, y que la misma historia estaba constantemente retomada. Aunque esto no significaba que eran incapaces de diferenciar entre Shakespeare y otros, sino que la diferencia se ubicaba dentro del modelo de la imitación. Hubo un cambio muy importante entre el prerromanticismo y el Romanticismo. Tal vez estamos asistiendo al final del Romanticismo, si se piensa que la creación literaria electrónica persigue lo colectivo y una reescritura permanente. Van a desaparecer estas tres nociones clave que han fundado las prácticas de la literatura, pero también la práctica de la escritura y la práctica editorial… Hay una gran tensión que los autores mismos están experimentando. Se intenta, inclusive en la forma electrónica, preservar estas nociones para evitar el plagio. Al mismo tiempo la premisa de los autores es dar un texto abierto a múltiples interpretaciones y reescrituras, como un palimpsesto, pero no hay más singularidad, sino una escritura colectiva. No hay más propiedad porque hay una utilización del texto electrónico libre, gratuito, abierto. Las nuevas tecnologías podrían estar más próximas a ciertas concepciones del siglo XVI y XVII y más lejos de lo que impone la herencia romántica” (Extraido de El nuevo mundo textual | Entrevista a Roger Chartier por Silvina Friera,  Página/12). Los estilos, los símbolos, logos, palabras, etc… ya han sido usados. El problema es creer que una serie posee algún material original. Todos sabemos que están compuestas de clichés, de imitaciones, de lugares comunes que estructuran su forma, haciendo parte de nuestro habitus, de nuestro modo de entender y comprender el mundo.

¿Les resulta conocido?

“Desde una perspectiva cultural podemos preguntarnos si está justificado reconocer a personas individuales los derechos de propiedad sobre las expresiones. ¿Por qué? La propiedad coincide con el derecho exclusivo y monopolista sobre el uso de una expresión… No, el principio básico del copyright socava nuestra democracia. ¿Cómo podría ser de otro modo si condiciona estrictamente, o incluso posibilita que se prohíba, el uso de grandes porciones de palabras, imágenes, melodías e imaginaciones que necesitamos, de modo apremiante, para el desarrollo de la comunicación humana?”(Wikipedia, entrada “Derechos de Autor”). Nisemonogatari abunda en referencias a Akira, a Evangelion, a otras producciones de Shaft y compañía. Todos conocemos ese copia y pega que las mismas industrias practican, para que luego se acuse a quienes no tienen privilegios de piratería y hurto. Siendo sinceros, el internet es más bien un murmullo, un lugar donde los textos se encuentran desconectados y las imágenes distribuidas de modo errático. “Hoy en día sabemos que un texto no está constituido por una fila de palabras, de las que se desprende un único sentido, teológico, en cierto modo (pues sería el mensaje del Autor-Dios), sino por un espacio de múltiples dimensiones en el que se concuerdan y se contrastan diversas escrituras, ninguna de las cuales es la original: el texto es un tejido de citas provenientes de los mil focos de la cultura…y ese libro mismo no es más que un tejido de signos, una imitación perdida, que retrocede infinitamente” (Roland Barthes, “La muerte del autor”)…

Noten los trazos incompletos y los espacios en construcción

Arte, simbolismo, espacio:

Acerca del diseño y la configuración del espacio en Nisemonogatari, debemos decir que sus trazos están basados en la antigua y legendaria figura del literato pintor extremo-oriental. Su forma gráfica, que incorpora la plástica occidental y oriental, crea un mestizaje y collage esplendido y magnifico. En el poder de las imágenes se siente la herencia de la estética japonesa de los últimos mil años: “El arte japonés… es propenso a la intuición, la falta de racionalidad, la expresión emocional y la sencillez de actos y pensamientos, expresados a menudo de forma simbólica. Dos de sus características distintivas son la simplicidad y la naturalidad: las manifestaciones artísticas son reflejo de la naturaleza, por lo que no requieren una elaborada producción, sino que se basan en una economía de medios que otorga al arte una gran trascendencia, como reflejo de algo más elevado que queda tan sólo esbozado, sugerido, siendo posteriormente interpretado por el espectador. Esta simplicidad provocó en pintura una tendencia hacia el dibujo lineal, sin perspectiva, con abundancia de espacios vacíos, que sin embargo se integran armoniosamente en el conjunto. En arquitectura, queda plasmada en diseños lineales, con planos asimétricos, en una conjunción de elementos dinámicos y estáticos. A su vez, esta simplicidad está relacionada con una innata naturalidad en la relación entre el arte y la naturaleza, que para los japoneses es reflejo de su vida interior, y la sienten con un delicado sentimiento de melancolía, casi de tristeza… es un impulso poético, un camino sensorial que lleva a la realización de la obra, que no tiene finalidad en sí, sino que va más allá.  El arte no está basado en las cualidades sensibles, sino en las sugestivas; no ha de ser perfecto, sino expresar una cualidad que lleve a la totalidad. Se pretende captar lo esencial a través de la parte, que sugiere la totalidad: el vacío es un complemento de aquello que existe” (Extraído de Wikipedia, entrada “Arte japonés”). Como si se tratara de una estampa japonesa antigua, cada imagen va acompañada de textos dispersos, de un complemento caligráfico que anuncia un resultado. El arte japones antiguo abunda en poemas escritos junto a las imágenes esbozadas. Igualmente cada línea parece interrumpida y cada conversación parece detenida. “En estas prácticas no importa el resultado, sino el proceso evolutivo, el devenir en el tiempo… así como el talento demostrado en la perfecta ejecución de los ritos, que denota destreza, así como un empeño espiritual de búsqueda de la perfección… se da culto a lo imperfecto, y siempre se deja algo inacabado, que completará la imaginación. Es característica la ausencia de simetría, por la concepción zen de que tiene más importancia la búsqueda de perfección que la propia perfección. La belleza sólo puede descubrirla quien mentalmente completa lo incompleto” (Wikipedia, entrada “Arte japonés”).

La mano de Senjougahara representa estos símbolos de poder, protección y dominio: “Mon: se denomina mon (紋), monshō (紋章), mondokoro (紋所?), o kamon (家紋), a las insignias de los diversos clanes que existieron durante el periodo feudal de Japón. Corresponden a símbolos, en su mayoría, redondos, con diseños estilizados de flores, pájaros, plantas, fenómenos de la naturaleza, hasta flechas, que representan ‘la marca registrada’ de una familia. Tales diseños están íntimamente ligados a la historia y la filosofía de los antepasados” (Información extraída de Wikipedia, entrada “Kamon”). El mon de los Tokugawa es uno de los más famosos, son tres alceas rodeadas por un círculo en una forma perfecta. “El Ojo de Horus, o Udyat, ‘el que está completo’, fue un símbolo de características mágicas, protectoras, purificadoras, sanadoras, símbolo solar que encarnaba el orden, lo imperturbado, el estado perfecto. El Udyat es un símbolo de estabilidad cósmico-estatal.” (Información extraída de Wikipedia, entrada “Ojo de Horus”).

El jardín Zen de la casa de Kanbaru, construido a partir de rocas, libros y arena, expresa la sencillez de las formas y el arte de su fluir constante: “Este concepto queda reflejado igualmente en la jardinería, que llega a un grado tal de trascendencia donde el jardín es una visión del cosmos, con un gran vacío (mar) que se llena con objetos (islas), plasmados en arena y rocas, y donde la vegetación es evocadora del paso del tiempo. La ambivalencia zen entre el carácter sencillo y la profundidad de una vida trascendente imbuyó de un espíritu de «elegancia sencilla» (wabi) no sólo al arte, sino al comportamiento, las relaciones sociales y los aspectos más cotidianos de la vida” (Wikipedia, entrada “Arte japonés”). “Así al abrirse al mundo momentáneamente, previa la epojé de la mente que posibilita la contemplación de su ser, el jardín pasa del orden de la pura presencia al símbolo que recrea una poética. Pero, antes de agotar el universo de sus significados, se cierra nuevamente ante nuestros ojos. Destino efímero de nuestra captación, que nunca más volverá, pues al intentar capturar nuevamente su sentido, encontraremos otro distinto al que recreamos anteriormente. Queda entonces un núcleo último, inexpresable, un reducto de silencio que sólo es posible entrever, circunvalar, pero no poetizar. Silencio que representa el límite de lo que nos es dado conocer mediante la razón y que es la verdad última que encierra la genuina obra de arte” (“Arte japonés o belleza de lo efímero” por Carlos Fleitas).

El juego de cartas es Hanafuda, “se compone de doce palos y cuatro cartas por palo, al contrario que las barajas occidentales, que se componen de cuatro palos y trece cartas por palo. Cada palo representa una flor y un animal o algo asociado… Como las cartas hanafuda no tienen números (el propósito principal es asociar imágenes) y se tarda bastante tiempo para terminar una partida comparado con otros juegos, tiene un uso parcialmente limitado para jugar con apuesta. Sin embargo, es todavía posible jugar con apuesta asignando puntos a las combinaciones de imágenes.” (Wikipedia, entrada “Hanafudo”). En sí combinan las estaciones del año para crear un poema óptico y sentimental. “Es un estado de recreación derivado de la fugacidad de las cosas y de una agridulce tristeza a su paso, equivalente en cierta medida al pathos griego y al término virgiliano lacrimae rerum («lágrimas de las cosas»).” (Wikipedia, entrada de “Arte japonés”). Como podemos ver toda la serie extrae su material de alguna otra parte. Además, este material es de origen popular, cultural. Las industrias culturales actuales -dedicadas a la música, el cine, la televisión- juegan con modelos y pautas que son usadas y distribuidas por el conjunto de la sociedad. “Somos, como sujetos, lo que la forma del mundo producida por los signos nos hace ser”(Umberto Eco, Semiótica y filosofía del lenguaje).

Notas para una guerrilla informática:

Por intuición, todos los usuarios informáticos saben que en el internet se ha operado un cambio fundamental a nivel de propiedad intelectual y económica.

Recepción

Este cambio opera un descentramiento del sujeto de derechos, descentramiento que ocurre en todas partes y en todos los lugares. Las fuerzas económicas buscan cabecillas, encierran individuos, pero en ese colectivo anónimo no hay jerarquías, únicamente panales o virus que se dispersan por el mundo. Hemos pasado del tablero de ajedrez de la guerra al rompecabezas de las guerrillas. “La información ha dejado de ser un instrumento para producir bienes económicos, para convertirse en el principal de los bienes… El universo de comunicación de masa está lleno de interpretaciones discordantes… El receptor transforma la señal en mensaje, pero este mensaje es todavía una forma vacía a la que el destinatario podrá atribuir significados diferentes según el código que aplique…Los mensajes parten de fuentes y llegan a situaciones sociológicamente diferenciadas, donde actúan códigos diferentes. Para un empleado de un banco en Milán, la publicidad televisiva de un frigorífico representa un estímulo a la adquisición, pero para un campesino en paro en Calabria, la misma imagen significa la denuncia de un universo de bienestar que no le pertenece y deberá conquistar. Es por esto que creo que en los países pobres incluso la publicidad televisiva puede funcionar como mensaje revolucionario… existen medios de comunicación  que, a diferencia de los de producción, no son controlables ni por la voluntad privada ni por la colectiva. Frente a ellos, todos nosotros, desde el director de CBS (CNN) y el presidente de los Estados Unidos, pasando por Martin Heidegger, hasta el campesino más humilde del Nilo, somos proletarios… Habitualmente, los políticos, los educadores, los científicos de la comunicación creen que para controlar el poder de los mass-media es preciso controlar dos momentos de la cadena de la comunicación: la fuente y el canal. De esta forma se cree poder controlar el mensaje. Por el contrario, así sólo se controla el mensaje como forma vacía que, en su destinación, cada cual llenara con los significados  que le sean sugeridos por su situación antropológica” (Umberto Eco, “Para una guerrilla semiológica”). “Existe un lugar en el que se recoge toda esa multiplicidad, y ese lugar no es el autor, como hasta hoy se ha dicho, sino el lector: el lector es el espacio mismo en que se inscriben, sin que se pierda ni una, todas las citas que constituyen una escritura; la unidad del texto no está en su origen, sino en su destino, pero este destino ya no puede seguir siendo personal: el lector es un hombre sin historia, sin biografía, sin psicología; él es tan sólo ese alguien que mantiene reunidas en un mismo campo todas las huellas que constituyen el escrito.” (Roland Barthes, “La muerte del autor”).

Sakura guiando al pueblo otaku

“Es una tensión en el desarrollo de una Sociedad de Consumo, que encuentra en el siglo XX —con los nuevos Media— una dimensión inédita y que intenta imponer productos, ideologías, modelos… Frente a esto lo que podemos decir es que, inclusive en los casos en que hay esta imposición, no obstante se mantienen a través de la apropiación posibilidades de desplazamiento, interpretación y, algunas veces, subversión… Es una primera aclaración. La segunda es que, pese a la dificultad, no hay necesariamente algo ineluctable en la imposición de los Media. Me parece que si volvemos al sueño de la Ilustración es porque quizá, con la técnica electrónica, existe la posibilidad de hacer real lo que quería Kant, es decir, cada uno puede como escritor, como lector, participar en un diálogo extendido a la dimensión de un espacio público universal, en la crítica de las instituciones y en la propuesta de transformaciones… Porque lo contrario sería pensar que hay como una evidencia intrínseca de las técnicas que imponen por sí mismas ya la alienación o la liberación. Ambas posiciones me parecen dudosas, y hay siempre en el lado de la alienación un espacio, quizá muy reducido en algunos casos, para la apropiación. Y, al revés, en la liberación, la técnica no tiene porqué establecer el bienestar general, también puede agredir. Hay tensiones, conflictos, negociaciones entre todos los protagonistas de este juego, los poderes políticos y aún más los económicos y las comunidades o los individuos.”

Adiós a los derechos de autor

Recordemos “la oferta que viene de las empresas multimediáticas que esperan controlar a la vez la propuesta de textos, la transmisión de la información y la fabricación de los aparatos. Sería el riesgo inverso, quizás menos peligroso, de la parcelación, otra forma de pérdida de referencias comunes, de lenguajes comunes. Y lo vemos en la tensión en el medio electrónico entre todas las tentativas que quieren imponer este modelo hegemónico cultural y lingüístico a partir de la publicación electrónica y del control de los aparatos de su recepción y, por otro lado, esta fragmentación casi infinita entre grupos de discusión, websites… y que se pueden constituir en la resistencia contra la imposición en medios restringidos, anclados, desvinculados…No es fácil responder, pero me parece que debemos apoyar, evidentemente, esta resistencia a través del uso libre, gratuito de la red electrónica para la comunicación entre las personas, para la construcción de este espacio público o para la difusión –como lo hacemos ahora- del saber, del conocimiento a través de la red.” (Entrevista a Roger Chartier, “Hay que volver a situar el libro en el centro de la educación”)

9 comentarios

  1. Me siento honrado de ser el primero que postea un comentario, ya que tu reseña en esta ocasión es apoteósica. La forma en la que has combinado los textos para hacerlos calzar con el planteamiento de Nisemonogatari y la situación actual de la World War Web es alucinante. Da un poco de envidia hacer reseñas junto a personas de tan alto nivel cultural. Este asunto de los derechos de autor va a dar qué hablar a los internautas por un buen tiempo, pero si la cosa sigue así, no sé porqué presagio que hasta podría gestarse una verdadera revolución mundial. Veremos qué sucede en los próximos días, y si seremos capaces de seguirle el hilo a nuestra series en emisión

    27 enero 2012 en 07:17

    • Gracias, pero yo soy el que se siente de verdad feliz por poder escribir (o hacer copy-and-paste) aquí. Me gusta escribir junto a todos ustedes. Sentía que tenía que hacer algo como esto, nuestro blog después de todo existe en ese espacio, en esa grieta, que el internet actual posibilita. Este problema no hace sino crecer y creo que cada uno es responsable de algún modo frente a él. Una serie como Nisemonogatari me permitió traer tangencialmente este problema, pues es una serie que usa y hace citas de cosas que están en otras partes. Entonces era de esperarse poder decir unas cuantas cosas sobre lo que significaba un texto y su capacidad metatextual (en la novela Gahara-san descute con Koyomi acerca de películas como Nausicaa of the Valley of Wind, porque los niños sólo han vista la película y los mayores han leído el manga), metaficcional (en la novela ligera Araragi se preocupa que en la adaptación al anime revele que es un milímetro más bajo que Senjougahara), etc… Por lo que el tema resultaba apropiado, aunque no pude concentrarme tanto como quisiera. De verdad me gusta un espacio de discusión como este y lamentaría que lo cerraran por motivos arbitrarios…

      27 enero 2012 en 08:46

      • Lo que me sorprende es cómo pudiste cambiar el enfoque de la misma serie para escribir reseñas tan disímiles y coherentes como las de los episodios 2 y 3. Lamentablemente, yo no puedo hacer alusiones a obras clásicas o contemporáneas como lo hacen todos los demás, y no creo poder hacerlo en el futuro. Mis reseñas van más por mi personal apreciación de lo cotidiano, y pienso que estoy muy lejos de lo “intelectual” del planteamiento de este blog. En mi primera reseña de Ano Natsu, un comentarista me dió con palo por mi aparente falta de información sobre algo tan lógico en el anime que decidí reseñar. Espero seguir aprendiendo de todos ustedes.

        27 enero 2012 en 09:07

        • Todo esto es un aprendizaje constante. Por mi parte creo que lo haces muy bien. No todos tenemos que usar referencias grandilocuentes o tener una visión intelectual de las cosas. Se trata más bien de expresar un punto de vista en perpetua construcción. Me gusta que la gente comente porque de ese modo es posible encontrar otras formas de apreciar las cosas. Yo sólo doy unas cuantas puntadas, es lo mismo para los demás también. Me gustan mucho tus referencias a canciones clásicas (en Usagi Drop por ejemplo), pues aunque las escucho, nunca las utilizo en esta clase de cosas. Me parece tu estilo…

          27 enero 2012 en 09:17

  2. ele-ene-ene

    Me tomo el atrevimiento de profundizar en tu concepto:

    “Cuando nacieron los derechos de autor, se buscaba la protección de la propiedad inmaterial. Originalmente no fueron los autores, sino las editoriales y empresas encargadas de la distribución de material quienes elevaron y promocionaron tales derechos.”

    Copyright y derechos de autor no son sinónimos, aunque nos quieran hacer creer que sí.
    La noción de “copyright” surge en el derecho común anglosajón. Por un Decreto Real concedido en 1557, llamado La Carta de los Libreros, los integrantes de la Asociación de Impresores y Libreros de Londres, acordaron que una vez que un impresor había establecido su propiedad sobre un texto ingresando una copia al Registro de la asociación de libreros, ningún otro impresor lo publicaría. Este es el origen del término ” copyright “. Bajo este régimen, una vez comprados los manuscritos de los autores, el librero tendría legítimamente un monopolio perpetuo de la impresión de la obra. Los autores estaban excluidos de la asociación de libreros y por tanto no podía legalmente auto-publicarse, ni se les reconocía el derecho a percibir regalías por las ventas de sus libros: todo el contenido de los libros pertenecería a los libreros para siempre.

    El derecho de autor recién es reconocido en el Estatuto de la reina Ana de 1710 “Ley para el fomento del aprendizaje”, que hace recaer el monopolio de la reproducción de sus obras en los autores en lugar de los impresores, estableciendo el derecho del autor a cambiar de impresor y de cobrar regalías por las ventas de sus obras. Más importante aún, abolió el monopolio perpetuo: transcurrido un plazo, la obra pasaba a ser de dominio público. Así se trataba de proteger los derechos del autor (y del público) de los abusos de los impresores.

    Los impresores reclamaron por su derecho al copyright perpetuo. La controversia legal llegó al Parlamento inglés en 1774. Los Lores, entendiendo que restaurar el copyright perpetuo colocaría todo el conocimiento escrito en las manos inescrupulosas de los impresores por siempre, y advirtiendo que la falta de competencia entre los libreros monopólicos elevaría absurdamente el precio los libros, refrendaron el Estatuto de la reina Ana. Esto abrió el mercado de reimpresiones baratas de obras de Shakespeare , John Milton y Geoffrey Chaucer, obras clásicas ahora consideradas de dominio público. El número de libreros y editores de Londres aumentó tres veces (de 111 a 308) entre 1772 y 1802.

    Encarando el problema con creatividad, los impresores y sus sucesores tecnológicos lograron que posteriores legislaciones elevaran el período de protección de los derechos de autor de los originales 14 años a partir de la primera impresión, a los actuales 70 años a partir, no de la primera impresión, sino de la muerte del autor. Obviamente no se puede hablar de defender los derechos del autor, cuando en autor está muerto. Y con algunas variaciones esto vale para la mayoría de los países, es casi universal. Los plazos se han hecho tan ridículamente largos que en la práctica el derecho de autor ha degenerado en una especie de copyright perpetuo, o casi perpetuo, y casi universal.

    Así que la actual situación no deriva de un problema de respeto a los legítimos derechos del autor, que implica el reconocimiento de la autoría de su obra, el publicarla por sí mismo si así lo desea o participar en las beneficios económicos a los que pudiera dar lugar la explotación comercial de su obra si fuera publicada por otros, sino de la pretensión de los sucesores tecnológicos de los impresores de imponer ilegítimamente el copyright monopólico perpetuo universal, por la fuerza.

    27 enero 2012 en 15:27

    • Gracias por la aclaración. Es verdad que arriba confundo ambos términos. El copy-right se aplica antes que nada a obras, es decir a objetos (libros, canciones, melodías, imágenes, etc.) que han sido compradas o adquiridas por una empresa editorial, de música o de cine. El copy-right es ante todo una práctica que nace en el mundo anglosajón. En cambio, los derechos de autor tienen una genealogía que se rastrea en los movimientos filosóficos y artísticos de la Europa continental, llegando a su máxima expresión con el Romanticismo y su teoría del “genio” de un individuo que irradia en sus obras el poder de su intelecto, carisma, etc… Es verdad que el autor es antes que nada una función, es decir, un intérprete de alguna clase en una disciplina, una ciencia, un arte o la política. Este punto es importante, pues en las sociedades antiguas un “autor” era aquel que ponía en práctica los códigos narrativos de su grupo cultural. Antes que nada es un mediador, no un creador original y su función consiste en la ejecución correcta de un performance. Precisamente, la ascensión de la sociedad capitalista cambiara este proceso, al convertir las ideas en otras tantas mercancías por las que hay que pagar un buen precio. A un autor se le reconoce su actuación, su función, su capacidad de jugar y crear en base a su habilidad, incluso la posibilidad de extraer ganancias de ello, pero de ahí a convertir esos códigos compartidos en monopolio económico hay mucho espacio… Cuando “hablo” de la “muerte del autor” en el mundo moderno me refiero a ese problema de creer que las ideas son individuales, cuando en realidad son efectos de herencias y comunicaciones fluidas entre diversos grupos y sociedades, diversas historias y culturas, que se hunden en lo indefinido del tiempo histórico…

      27 enero 2012 en 16:43

  3. anonimo asiduo a smb

    Magnífica meta-entrada, felicito al autor.

    29 enero 2012 en 19:18

  4. Desde que llegue a SMB siempre he disfrutado tus reseñas, muy ricas en contenido y en referencias, pero debo decir que esta es un verdadero torrente; excelente análisis, muy adecuado el paralelismo con la actual coyuntura relativa al debate sobre propiedad y libertad de información, espero poder cumplir el reto de seguir esta serie una vez logre superar las dificultades concernientes a los capítulos recientes de ésta y otras series.

    30 enero 2012 en 17:57

  5. Pingback: Japón endurece su política antipiratería: Adiós al ripeo de BD y DVD « ŞpįÐξỵ ŢعĄM

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