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Senhime Zesshou Symphogear 2: And I’ll try not to sing out of key…

With a little help from my friends?

Las elucidaciones teóricas acerca del poder conferido por las reliquias ancestrales confirman el vínculo entre música (o canto ritual) y religión (entiéndase como magia o circulación de la energía cósmica): aunque el planteamiento es ligero pues no abunda en definiciones acerca de la procedencia de esta fuerza mítica ni plantea qué lugar ocupan dentro de determinada cosmología, teología o cualquier discurso que sistematice el orden del universo. Sin embargo, Ryouko menciona algunos datos reveladores acerca de estos artilugios prodigiosos: se trataría de “cristales documentados en leyendas alrededor del mundo”, ubicados “en ruinas antiguas” y “creados por herejes”. Además, son imposibles de reproducir, incluso empleando la tecnología moderna. Apoyándonos en esta información, podemos ensayar un primer esbozo del sistema “religioso” que opera en la ficción. El principio elemental sería la energía, una fuerza de carácter divino, supraterrenal, que constituye el núcleo de las creencias universales, quizá como una especie de panteísmo. Se manifestó en varias culturas alrededor de planeta, probablemente aquellas calificadas de paganas o heréticas. El procedimiento para producir reliquias era considerado un conocimiento secreto, conservado entre sacerdotes o magos, como ocurría en los cultos mistéricos. Cuando estas creencias se extinguieron o fueron arrasadas se perdió esa sabiduría superior, cuya fuente se ignora, pero habría servido para combatir al Noise que –dentro del gran drama cósmico inherente a muchas religiones- sería una manifestación perversa de este poder. Música y ruido son ambos sonidos, están hechos de la misma sustancia. Una tiende al caos, otra a la armonía. Una representa el funcionamiento perfecto, la otra genera la disfunción.

La función del canto de combate en Symphogear sería análoga al himno religioso en cuanto pretende reflejar la consonancia, el equilibrio ideal de los elementos en la Creación, el orbe, etc. Los científicos de esta sociedad futurista donde habitan Hibiki y sus amigas solo consiguieron canalizar la energía de estos artefactos ancestrales para materializarla y proyectarla a la batalla mediante armaduras. Ryouko proclama haber elaborado una teoría que explica la extracción del poder contenido en estos objetos, sin embargo, reconoce su incapacidad para replicarlos porque se desconoce cómo fueron forjados. Aunque la serie plantea un escenario donde la ciencia ha alcanzado un alto desarrollo técnico práctico, entramos en una situación paradójica: Hibiki es convocada a la base de operaciones (vale decir fortín cibernético) de una organización militar, para asistir a una reunión donde se revelarán los resultados de sus exámenes de laboratorio. Hasta aquí, se describe un contexto vinculado semánticamente al terreno de la racionalidad cartesiana, al cientificismo, el género de ciencia-ficción. Incluso encontramos una meganekko con bata blanca y pinta de bióloga, física o ingeniera y una pantalla atiborrada de información estadística y diagramas. De pronto, el tema de exposición se decanta hacia la magia, hacia un poder de origen sobrenatural o místico. ¿Cómo conciliar un discurso narrativo del sci-fi (que pretende fundar su verosimilitud en una apariencia de cientificidad) y elementos de fantasía folklórica? Ningún académico respetable se atrevería a mezclar elucubraciones científicas (sostenidas por el método hipotético-deductivo) con nociones cuyo único asidero sería la fe, y suele calificarse como supersticiones. Muchos científicos son ateos o arreligiosos, y gran parte del público fanático del sci-fi hard consideraría grosera esta combinación. Sin embargo, el anime es propenso a consumar con éxito estas fusiones contradictorias. Recordemos el caso de Toaru Majutsu no Index, donde la premisa medular del argumento consiste en la dicotomía entre magia y ciencia, entre proyectos experimentales de neurofisiología y conjuros, hechizos o adminículos sagrados. No existe incongruencia porque cada universo ficcional procede según sus propias reglas: los personajes asumen la coexistencia entre ambas formas de procesar la Realidad. A nivel estructural, cabría denominar esta variante como ciencia-ficción mágica, un escenario narrativo donde se juzga coherente la presencia simultánea de poderes míticos y un discurso tecnológico. Sin embargo, para adoptar esta definición debemos aflojar nuestra concepción de sci-fi, hacerla más flexible, o quizá traicionarla, porque toda circunstancia donde la lógica racionalista, materialista, mecanicista, admita no solamente el estatuto de verdad, sino también cohabitar con fenómenos explicables únicamente a través de otro paradigma de pensamiento, habrá claudicado. No cometamos el error de equiparar ciencia y conocimiento: Ryouko ha formulado un modelo eficiente y acorde al método científico. La única diferencia sería que, para certificar esas hipótesis, debía concederse el título de verdad a elementos mágicos. Los poderes activados por la música serían mitos o leyendas si nunca llegaran a corroborarse, pero Hibiki, Tsubasa y Kanade son pruebas vivas. Esa energía es real. No obstante, hay otro elemento del entorno ficcional de Symphogear que entronca con la religiosidad: el Noise. Esos monstruos no tienen una consistencia biológica: son la encarnación (e incluso esta palabra sería inadecuada) de la disonancia. Los próximos episodios podrían complementar o negar estas mis suposiciones, pero desde So.Ra.No.Wo.To, el speculah se convirtió en hábito indispensable para disfrutar al máximo las producciones originales.

Menciono a So.Ra.No.Wo.To porque Symphogear guarda muchas similitudes con esta serie, aunque en apariencia su único punto de contacto sea el heroísmo femenino. Un análisis a profundidad revela mayores coincidencias. Ambas transcurren en un futuro imaginario, aunque en modalidades distintas (progreso contra involución o distopía) y ambas plantean un atmósfera confrontacional (un estado de guerra o inseguridad) donde la música, el sonido, además de leit motif fundamental, ocupa un papel en la resolución del conflicto. Incluso, en ambos relatos, posee un poder de raigambre mítica. La religión es otra temática recurrente, el mito se transforma en Historia: las canciones mantienen una relación con su utilidad ritual pese a emplearse en coyunturas de lucha (el caso de “Amazing Grace”). El perfil arquetípico de sus protagonistas también es similar: tanto Kanata Sorami como Hibiki Tachibana están interesadas en la música debido a una experiencia del pasado y pretenden seguir el camino de una persona que marcó su vida. Ambas son principiantes, bastante torpes y poco aplicadas (a diferencia de los personajes que sirven como contrapartes, sus respectivas senpai); no obstante, su principal virtud es el entusiasmo, las ganas de superarse, la inocencia juvenil que impulsa a superar desafíos que parecerían mayúsculos para su candidez y atolondramiento. Hibiki, como muchos héroes, sigue una secuencia desordenada al adquirir la condición heroica: la explicación llega después del despertar, está forzada a aplicar sus poderes antes de comprenderlos pero sabe reaccionar ante una situación de extrema tensión, característica indispensable para una heroína, como demuestra al reaccionar con prontitud salvando a la niña en lugar de paralizarse por la sorpresa tras la aparición súbita de la armadura. No entiende qué rayos sucede, pero antes que aclarar su mente, se encuentra el imperativo moral: ello certifica que posee una actitud digna de admiración, una conducta épica. Se enfrenta al absurdo, pero encima de cualquier asombro, es capaz de percibir “su” deber. Le resulta inexplicable porque carece de muchas cualidades intelectuales, pero su acción está motivada por responsabilidades éticas, por ideales algo instintivos antes que preceptos lógicos. Su ingenuidad le permite sonreír luego de protagonizar una escena catastrófica que pudo costarle la vida. No deja de causarme gracia que Tsubasa critique esas tendencias risueñas, descalificándolas como inútiles cuando sus compañeros del second branch le prepararon a Hibiki una fiesta de bienvenida, pero además, resulta evidente que nuestra heroína extrae su fortaleza de la emotividad. La esperanza de vivir le confiere vigor, aunque también incurra en torpezas debido a sus ánimos. Quizá el pésimo genio que Tsubasa confunde como signo de madurez le impida valorar ese apasionamiento, pero también le cuesta digerir, por orgullo y fidelidad a Kanade, que deberá trabajar con una muchachita optimista cuya alegría e ilusión le suenan infantiles. Su reacción se asemeja a la postura asumida por muchos espectadores occidentales que discuten la pertinencia de esta clase de heroínas dojikko que logran capitalizar su candor y sencillez como valores heroicos. Creo comprender al público y productores japoneses pues también simpatizo con este molde de personaje femenino que favorece a la identificación inmediata. Esta empatía se suscita porque la aparente ineptitud o simpleza de estas muchachas implica una total falta de malicia, es señal inequívoca de bondad. Un villano no puede permitirse ser tonto, está obligado a actuar de manera cerebral, su malignidad es maquiavélica. Mientras más pragmático, más tenebroso. Incluso parece recomendable que supere en ingenio al héroe porque le proporciona un desafío intrincado que superar.

La actividad heroica supone asumir con entereza (y quizá con resignación) un conjunto de riesgos. A diferencia del antihéroe –renegado de la sociedad, marginalizado, en conflicto con la normatividad moral-, el héroe tiene mucho que perder, en especial, personas cercanas. Sin embargo, estos mismos factores de preocupación servirán de inspiración, de fomento a sus labores épicas: proteger a familiares, amigos, amantes, pelear por mantener vivos sus ideales o sueños. Corre el peligro de perder ese presente o futuro, pero el compromiso de protegerlo induce al héroe a actuar. Esta antítesis algo paradójica es condición ineludible porque la conducta heroica está fundamentada en emociones y valores. Para Hibiki, el único motivo que justifica arriesgar su medianamente estable vida de estudiante es Miku, su mejor amiga. Entre ambas también existe un vínculo nominal: sus nombres contienen referencias musicales, el campo semántico primordial de Symphogear. Hibiki (響) significa “sonido”, mientras que Miku (未来, “futuro”) podría aludir a la famosa cantante virtual. La primera persona en quien piensa nuestra heroína cuando Genjuro le advierte sobre la amenaza que podría cernirse sobre su entorno será –cual acto reflejo- su compañera de cuarto. No pretendo someter a discusión el componente yuri (real o potencial) en esta relación íntima. Existe un innegable circuito de afectos, comparten la cama y consienten cierto grado de skinship (contacto corporal cariñoso, a nivel amical). Recordemos, además, la conmovedora proclama de amor de Hibiki: “Kohinata Miku is the sunshine that warms me up. I’m drawn to your side. It’s the warmest spot I know”. Antes que perder saliva debatiendo la naturaleza de este sentimiento, interesa su profundidad, el hondo compromiso emotivo que entrelaza sus caminos, pues deslizaría un dato esencial sobre nuestra alegre heroína: según sugiere, Miku sería la única que podría extrañarla. Nunca menciona a sus padres ni demás parientes. Por lógica, se desprende que Hibiki es huérfana, pero en estado de absoluta soledad y desarraigo. Ello explica que enfrente sus retos con convicción y sonrisas esperanzadas, pues estando obligada a velar sola por ella misma, aprendió desde temprano que abatirse o deprimirse carece de utilidad o sentido, peor aún, resulta contraproducente. Su fervoroso apego hacia Miku adquiere otra dimensión, más insondable: no tiene a nadie ni nada, salvo el apoyo incondicional de su amiga, su único sostén sentimental, su único referente de pertenencia, su única familia. Su adhesión al equipo del Mobile Disaster Response exigirá que tienda un vínculo con Tsubasa como colega, sin embargo, en esta circunstancia también pesan los afectos extremos: la cantante se muestra reacia a cubrir el vacío dejado por Kanade y rechaza cualquier invasión que penetre ese espacio sacrosanto, ocupado simbólicamente por sus recuerdos.

8 comentarios

  1. ele-ene-ene

    También se podría intentar un análisis de esta serie como si de un planteamiento lovecraftiano se tratara, apoyándose en elementos tales como: reliquias, ruinas, mitos de las antiguas razas. Es recurrente el tema del conocimiento secreto o difícilmente accesible, técnicas olvidadas y tecnología perdida: ¿la convivencia de la ciencia y el mito en Senhime Zesshou Symphogear implica un temor a saber más, de violar el tabú de adquirir conocimientos prohibidos? Conocimientos que tal vez provocaron el colapso de la antigua civilización, y en todo caso no lo evitaron. Colocar al mito como barrera de contención para la ciencia evita que ésta avance más allá de lo considerado como seguro, y brinda una tranquilizadora ilusión: “Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas.” (Howard Phillips Lovecraft, La llamada de Cthulhu). O, en palabras de Ned Flanders: “La ciencia es un hablantín que nos arruina la película contándonos el final. Hay cosas que no queremos saber. Cosas importantes”.

    Pero el equilibrio ciencia-mito es inestable, y se puede tambalear si se lo presiona. La guerra contra Noise ya ha producido el Teorema de Sakurai, que es una cuña de la ciencia en el territorio del mito. Inquietantes conclusiones podrían surgir si la serie insiste por ese camino. Por ejemplo, del hecho que también los Noise, cuando son destruidos, se transforman en carbón al igual que los humanos.

    22 enero 2012 en 16:58

  2. El nombre de Miku se escribe en kanji así: 未来, futuro. El que has puesto en la entrada es Kohinata (小日向), su apellido. Por otro lado me parece que Symphogear ha mejorado con respecto a su primer episodio. En cuanto a las canciones, son increíbles. No creo que el relato tome un aspecto más lovecraftiano, más bien se construye alrededor de una sinfonía músical de convivencia con lo sagrado, de la vida que triunfa sobre la muerte y del ave sacrificada que salva al mundo…

    22 enero 2012 en 20:49

    • Corregido (discúlpese el incorrecto copy-paste).

      Concuerdo con tu opinión sobre el probable desarrollo de la serie, aunque un cierto toque lovecraftiano no le vendría mal (sin embargo, tendrían que oscurecer la historia).

      22 enero 2012 en 21:10

      • Bueno eso sería lo ideal, pero no es algo a lo que tengan que tender todas las series, y aún no sabemos lo suficiente para hacer esas afirmaciones. Por otra parte me interesa más el conflicto entre Tsubasa y Hibiki, es más interesante y profundo, especialmente como continúa en el tercer episodio…

        P.D.: Ahora nuestro blog tendrá que hacer frente a la nueva ley O.P.E.N… esto es un infierno…

        22 enero 2012 en 21:40

  3. Una curiosidad bastante popular, es que los nombres Kanade e Hibiki son las protagonistas de la saga Suite Precure donde Noise es el Final Boss, donde tambien tiene como tema central la musica como fuente de poder.

    23 enero 2012 en 03:29

    • davidvfx

      homenaje tal ves?…. nah es mas que obio

      24 enero 2012 en 12:04

  4. davidvfx

    debo decir que la verdad el episodio me hizo decir ¡Fabulux max!…. el segundo me dejo buenas sensaciones pero creo que ya se a perdido el elemneto sorpresa del inicio, ahora es cuando la serie se acentua en una linea… que determinara si gusta o njo al mercado…. por lo pronto a los amantes dela musica pop y el genero idol, y de los fan de Precure se han ganado la atencion y seguimiento.

    Yo por mi parte todavia tiene linea interesante ( ya ando por el 3ro) veremos como llegaran al fatidico final

    24 enero 2012 en 12:14

  5. Espero que lo de “fatídico” no sea un spoiler… bueno, yendo al comentario, lo del skinship entre Hibiki y Miku (nombre que de por sí evoca a la vocaloid) a mi me pareció tierno más que yurístico; como menciona Serious, algo digamos que potencial si en algún momento quisieran trastocar la historia para irse por las ramas del shoujo-ai. Ya que Hibiki aparenta ser solo una muchachita, no interpretaría su gran afecto por Miku como “atracción” sino como ternura, lo que podría estar de acuerdo si la teoría de la orfandad fuera cierta y dada su carencia de vínculos familiares se le haría necesario expresar su cariño al encontrar alguien de su confianza. La reacción de Miku, por otro lado, obedecería a la sorpresa que las caricias causan en un espectador japonés, de cultura poco afectiva como la latinoamericana. Me refiero a que si en este lado del mundo viéramos a dos niñas caminando cogidas de la mano no concluiríamos inmediatamente que se trata de una relación yurística, cosa que tampoco creo que los japoneses concluyan precipitadamente de ver la misma escena, solo les llamaría la atención y los abochornaría. Como siempre, las ideas que tenía al respecto no creo haberlas expuesto correctamente, pero estoy de acuerdo con las palabras de Serious y la profunda relación que existe entre las jóvenes. Ya tengo el 3 a la mano, y espero salir sorprendido (hmm, en medio de la World War Web, podremos tener el 4?)

    25 enero 2012 en 15:36

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