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Senhime Zesshou Symphogear 1: Tsubasa wo kudasai

Zwei Wing te da alas

La música ejerce su función curativa o purificadora mediante tres caminos distintos: la relajación (el individuo se suspende del resto de pensamientos sumergiéndose en una corriente de pacíficos estímulos sonoros), la catarsis (el sujeto es sometido a bombardeos auditivos que incitan emociones intensas) y la crisis (sonidos o letras que expanden nuestra capacidad de percepción incentivando una actitud reflexiva). Como cualquier arte, puede servirnos para evadirnos o luchar: tiene el poder de influir sobre nuestra sensibilidad y quizá, debido a esta fuerza, el músico era considerado, desde la Antigüedad, una especie de mago, de hechicero, de taumaturgo. De Orfeo cuentan las leyendas que tañendo su lira domaba las bestias y conmovía a los árboles. Los pitagóricos basan su cosmología en nociones musicales como la armonía de las esferas. En ambos casos, la música está compenetrada con la religiosidad, es sagrada y mística. Incluso un famoso cuento medieval, “El flautista de Hamelin”, advierte sobre sus cualidades hipnóticas. Al evolucionar el oficio, el virtuoso pasó de profeta, hacedor de milagros o héroe cultural, a la condición de ídolo (o idol), título que mantiene una acepción religiosa, manifiesta en la adoración y fanatismo que cultivan los seguidores de determinados artistas o la reverencia piadosa que profesa el público durante un concierto. Senhime Zesshou Symphogear apela a esta dimensión legendaria agregándole un reverso épico: música para combatir.

Una canción salva a la Humanidad: para sagas como Macross, en sus diversas encarnaciones, este elemento es un leit motif. Se plantea un agudo contraste con el entorno futurista, pues en un contexto de vigoroso desarrollo tecnológico, cúspide del progreso y la racionalidad, sorprende que la música, un asunto tan ancestral, tan subjetivo, tan instintivo, continúe influyendo sobre las mentes y espíritus. En Symphogear, incluso los mecha, las máquinas de guerra, los grandes misiles, los ejércitos, son inútiles ante un arte convertido en el recurso bélico más valioso. Las canciones se convierten en recetas de salvación para los hombres, en única protección frente a enemigos infames cuya naturaleza ni siquiera se detalla, salvo mediante un nombre sintomático: Noise. Esta denominación es bastante reveladora, pues cosifica al invasor. Reconocerlos como raza extraterrestre significaría admitir que obedecen a criterios racionales, a planes malignos o propósitos de conquista, en suma, implica asumir que enfrentamos a seres inteligentes con objetivos definidos. Pero calificar a estas extrañas criaturas como “ruido” los sitúa al nivel de “cosas” o, mejor dicho, anti-cosas, porque el ruido es la negación de la armonía, la proporción, el ritmo orgánico de la música. Aunque el término Noise se emplee en sentido metafórico, puede interpretarse a estos monstruos como cacofonías ontológicas, alteraciones, anomalías, desperfectos en nuestra noción del Ser. Para eliminar estas disonancias, debe oponérseles la energía contraria, que involucra la materialización y apropiación de conceptos estéticos: voces bellas, coordinadas con equilibrio y emotividad. Siendo la música el arma definitiva, le corresponde al ejecutor (al intérprete, al cantante) ocupar una posición de vanguardia en este combate, contraer una responsabilidad con el destino colectivo, adquirir un compromiso con la Historia y transformar su talento para plasmar la belleza en un instrumento de acción sobre el presente que construya y cimente el futuro. Una adolescente jamás se encontrará preparada para soportar tamaña presión: Tsubasa duda de sus facultades minutos antes de ingresar al escenario, pero es confortada por Kanade, su compañera de dueto, más audaz y resuelta, pero también más convencida del voto de sacrificio que comporta esta fama obtenida con Zwei Wing. Son reinas del pop, son objeto de idolatría para millones de fans que participan de esa misa profana bajo los bombazos electrónicos y los efectos de luces, y aplauden sus coreografías como un lenguaje santo y liberador, pero esta gratitud del público, esta elevación al rango de divinidad está condicionada por otra labor menos glamorosa y festiva: de aquel fatídico concierto, donde mueren varios espectadores y Kanade sacrifica su vida para erradicar a los Noise, pendía la esperanza de un grupo de científicos cuya finalidad al experimentar con una misterioso organismo no queda claro, pero brindaría una posible solución en la ofensiva contra los engendros cacofónicos. No parece prudente organizar un espectáculo donde asistirán millares de personas a pocos metros de donde se realiza un experimento que entraña riesgos mortales, pues se desvirtúa su objetivo benéfico poniendo en peligro la vida de quienes se desea defender. Aunque no se esclarece cómo funciona esta tecnología de la música, el éxito en el laboratorio estaba sujeto quizá a la capacidad de Tsubasa y Kanade de producir energía cantando o recabarla del público. Cualquiera sea la causa, esta negligencia les cuesta caro, provocando un desenlace calamitoso y paradójico.

Mención aparte merecen los valores de animación en escenas donde las destrezas fílmicas del equipo de Encourage Filmes se vieron requeridas. En este apartado, resulta gravitante el apoyo de Satelight. Hablamos del mismo estudio a cargo de Earth Girl Arjuna, Basquash, Kiddy Girl-and y Macross Frontier: no sorprende que el despliegue coreográfico durante la secuencia del concierto y las batallas fuera sobresaliente. Ambas situaciones se caracterizan por exigir movimientos veloces y coordinar el encuentro de cuerpos con precisión y verismo. Sin embargo, es imposible disociar la acción del musical, pues ambos registros convergen por obligación: cada pelea se empareja con alguna canción que establece una cadencia para los giros de artes marciales. El detalle es primordial para una performance lujosa: la entrada de Zwei Wing al escenario se rodea de un glamour simbólico bajo esa lluvia de plumas blancas (que recalcan la analogía entre las aves canoras y nuestras heroínas) para luego proceder con estallidos de colores y un océano de glowsticks amarillos destellando sobre la oscuridad del público. Entonces, se despliegan las compuertas del techo para que ingresen los últimos resplandores del ocaso. Contribuye a crear este ambiente de excitación los vuelcos de cámara, engañosos porque no establecen un punto de mira fijo, sino que pareciera volar por distintos sitios iniciando y terminando en extremos opuestos. Aunque las acrobacias pugilísticas sean genéricas, se desprende un aire de grandeza épica, en especial, cuando Kanade se lanza al ataque, la imagen se congela y el arte rinde homenaje al cómic de superhéroes y sus onomatopeyas de golpes (que incluso me recuerdan la sesentera serie de Batman), ahora resaltando los espectaculares nombres de sus técnicas Stardust∞Foton y Last∞Meteor. Aunque la pelirroja realiza los vuelcos más aguerridos y fastuosos en términos de impacto destructivo, Tsubasa ejecuta las piruetas más elaboradas: asociadas, constituyen una pareja complementaria de opuestos, balance manifiesto en sus personalidades, pero también en el contraste de estilos de combate: uno intrépido y rudo, el otro elegante y atlético. En ambos casos, la danza describe esos rasgos de personalidad. Symphogear cuenta con la colaboración del compositor de Elements Garden: por necesidad, la serie requerirá explotar en explosivos j-pop las cualidades como cantantes de Nana Mizuki y Aoi Yuuki, pero sus personajes en 2D deberán corresponder transformando la batalla en baile. Podemos aguardar una cantidad excepcional de insert songs, justificadas porque la historia tematiza la música y porque las canciones marcan la pauta en momentos cumbres del relato.

El canto del cisne. La cultura popular adjudica a esta aristocrática ave la peculiaridad del romper su acostumbrado mutismo momentos antes de morir, como si consumara un último gran esfuerzo, una performance maravillosa que sobrepasa sus capacidades. Las aves son empleadas como imágenes metafóricas en instantes cruciales del primer episodio, siempre en tono luctuoso, simbolizando la fragilidad de la belleza, su carácter efímero y trágico. Estos conceptos orbitan alrededor de una idea medular: la muerte, una presencia que irrumpe con violencia en ocasiones donde parecía predominar la esperanza y la alegría para quebrantarlas extirpando los rezagos de inocencia juvenil. Incluso se inicia informando y lamentando la muerte de la propia protagonista: debemos interpretar, entonces, que Symphogear relatará cómo ocurrió esta catástrofe, cómo Hibiki se convierte en heroína ofrendando un sacrificio que Miku refiere con una alusión poética y musical (tres versos que forman una especie de haiku). “Con ocho mil lágrimas, la lengua sanguinolenta del cuco, cantando como una flama” e informa que esta pequeña ave continúa cantando hasta toser su sangre. La imagen es impactante porque reúne tres elementos crudos: el llanto que alude al dolor, el fuego que indicaría una inmolación y la sangre que remite directamente a un desenlace fatal. Miku indica que tanto Hibiki como ella “cantaron” en esa guerra hasta el final. Sin embargo –he allí la tragedia- solo una sobrevivió. Este inicio proléptico (después de ocurrida la acción principal) es inquietante: la serie servirá como explicación para rellenar esos vacíos, pero desde el comienzo, esta evolución está signada por la destrucción y el tormento. La siguiente intersección entre música y muerte ocurre cuando Kanade dedica su “canto del cisne” para salvar a Hibiki. Durante la actuación de Zwei Wing fueron adelantándose una serie de alusiones al simbolismo aviar: las cantantes descienden entre plumas al escenario, el nombre del dueto es una mezcla anglo-germana que significa “dos alas”, un ademán en su coreografía sugiere un movimiento semejante al aleteo, el peinado de Kanade se asemeja a una cresta, y para salir a combatir se emplea la palabra “volar”. Existe además, una significación dramática y sacramental en el acto de reservar el canto más hermoso para la hora del sacrificio, pero en este contexto bélico, se trata de la canción más poderosa, que exige entregar como ofrenda todas las energías restantes. El discurso de Kanade, además de validar su actitud, la glorifica y consagra como demostración radical de heroísmo, pues, según explica, “solía cantar con un alma y cuerpo vacíos”. Todas sus vivencias desembocarían en este gesto de desprendimiento, otorgándole sentido y justificación a una vida que juzgaba “vacía”. Hibiki, malherida, logra escuchar el canto que extinguirá la existencia de Kanade y durante unos breves segundos, entablan una conexión espiritual (o telepática), que años después adquirirá un valor más funcional que lírico, al insinuarse una suerte de herencia trasmitida mágicamente mediante la impronta de una memoria musical que brota cuando la voluntariosa Hibiki revive la angustia de confrontar a la muerte y revive el mandato, la súplica encomendada por Kanade, que luche por sobrevivir.

La elección de ciertos personajes para cumplir roles heroicos obedece al designio de un destino teleológicamente coherente: el héroe es escogido cumpliendo una orden que trasciende a la voluntad humana, pero esta providencia no es caprichosa, porque elige al sujeto correcto para influir con sus actos sobre la Historia. Llamaremos a este tópico de la heroicidad, predestinación épica. El héroe no puede escapar de esa responsabilidad superior: aunque intente escapar, la suerte saldrá a buscarlo mediante coincidencias que parecen casualidades, una cadena que eventos que derivan en un encuentro fatídico. La abuela de Miku sufre un accidente, la chiquilla deberá plantar a Hibiki, pero nuestra protagonista toma la decisión fundamental de ingresar al concierto aunque no conozca a Zwei Wing, y cuando se desencadena la masacre, decide quedarse paralizada, observando a Kanade en lugar de huir. La trama de Symphogear depende de esta concatenación de hechos fortuitos, esta suma de concomitancias. La predestinación, como elemento argumental, no requiere de una concepción fatalista o religiosa del Destino, sino de la pertinente ubicación del personaje en situaciones clave. El héroe asiste a sucesos específicos (Hibiki corre a comprar el disco de Tsubasa, pero se estrella con un espectáculo sombrío de cadáveres corroídos por los Noise), donde se involucra poniendo en escena sus virtudes y cualidades heroicas (defiende a una niña, la carga sobre su espalda, muestra su fortaleza y carácter, antes había mencionado su tendencia a ayudar al necesitado) y donde se infunden o despiertan sus poderes (entona la canción de Kanade, monta en estado berserk y activa una armadura robótica que transforma sus células). Hibiki estuvo donde debía, actuó según lo conveniente, defendió los valores propicios. El momento preciso, el lugar indicado, inclusive si arriba a esta cúspide como producto, de nuevo, de casualidades y decisiones inmediatas: casi olvida el asunto del compact-disc, será la persona adecuada para atender al clamor de auxilio de una inocente, y optará por salvarla, como después, se arrogará la obligación de pelear sin claudicar por su supervivencia. Esta amalgama de heroísmo, animación fluida y vistosa, combates musicales y seriedad para abordar la muerte como temática nos autorizan a elevar nuestras expectativas para los próximos capítulos.

3 comentarios

  1. Al ser salva por Kanade, Hibiki pasa a querer hacer honor a su sacrificio y eso la convirtio en una chica altruista heroica. Por otro lado, esta como manejan la escala del tiempo ya que al inicio se ve la amiga de Hibiki, Miku, llorando por su muerte luego viniendo el flashback y el tiempo despues del masacre, lleva a preguntar si esa escena es un equivoco de Miku o el anuncio de los resultados tragicos del final.

    11 enero 2012 en 03:40

  2. Sí, también pensé en Batman cuando aparecieron todas esas viñetas en la pantalla. Siendo sincero no considero sobre saliente el primer episodio, pero me gusto la música. Pienso que le falta mucha tela por cortar para conseguir articularse, aunque como comienzo no esta mal. Pero se parece mucho al argumento de Macross… Bueno, dejando eso de lado, debo decir que la música juega un papel psicoactivo en la vida humana, permite la sublimación de los sentimientos, una verdadera transgresión de nuestra forma de ser. Sus ritmos acompañan nuestra vida y nos convierten en cajas de resonancia que se inspiran en sus ritmos y valores. La verdad es que usar música para la guerra no es nada nuevo (las legiones romanas avanzaban al ritmo de tambores y trompetas y las sociedades militaristas cantan durante el combate), sin música no hay guerra. Tampoco hay vida. No se ustedes, pero un anime que no introduzca en sus escenas (y eso a para cualquier producción visual) un ritmo adecuado para cada una, no resalta el impacto que nos causa observarla. De hecho la música coordina nuestras emociones en cada caso, diciéndonos como debemos sentirnos (si la escena es de acción o de melancolía). Y hablando como los pitagóricos, la música es la prueba del orden del cosmos…

    11 enero 2012 en 09:02

  3. davidvfx

    Debo decir que me encanto tu introducion al tema con respecto, ni yo me puse a buscar similitudes entre la historia y mitologia de la cancion; y lo digo siendo fan de macross desde el 87, solo lo sente como un hecho dentro de la realida de macross. Me encanta leer este blog por que siempre aprendo algo nuevo.

    Algo que si me gustaria mencioar es la forma inteligente intrigar al auditorio desde los primeros minutos, y es que aunque no es nuevo aun que no es nuevo pocos guionistas y directores lo logran muy bien, es que esta es la razon de por que la vere al final. Me refiero al revelar el espectador el fatidico destino que le espera a Hibiki; y por defaul a Tsubasa ya que asimilamos que solo Miku queda ademas de insinuar en sus palabras al espectador que tambien se convertira en compañera mas adelante de Hibiki, este es otro dato mas que nmos adelantan… Todo esto causa, creo yo, un efecto como en Puella magical madoka donde Todos deseabamos ver a madoka transformarse en magical girl, igual estaremos clavados cn la ansiedad de ver que esos sucesos se realizen y claro un interes por ver el desarrollo de los personjes con la intencion de ver “no se arrepintieron en su sacrificio? Sufrio mucho? Logro la felicidad antes de morir?” aun que no lo hemos pensado nuestro Yó interior ya desea esto.

    Otra cosa que casi se me olvidava fue lo engañoso de la publicidad y el poster para darnos el primer Wtf! Que fue la muerte de Kanade y es que mi primera impresiones con las pv es que Hibiki y Miku se transformaban al mas estilo duo Prery Cure, por lo que me al inciar el anime me confundi bastante a lo que me imaginaba y mas la ver morir Kanade,… no creo que el efecto sea tan impactante como la muerte de Mami, pero creo que fue para remarcar mas el estado kuo de la muerte en la serie, ahi te mueres y ninguna maga milagrosa te resucita, ademas de nos dan pista la forma en que Hibiki habra de encontrar su destino.

    17 enero 2012 en 14:37

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