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Nisemonogatari 1: El crecimiento de un harem en progresión geométrica

Una vieja película casera...

Después de dos años de espera, nos encontramos con la continuación de una de las historias más fantásticas, más suculentas y visualmente experimentales del anime: Nisemonogatari, la historia de las hermanas de fuego. Volvemos a acompañar a Araragi-kun en sus bizarras aventuras mientras salva mujeres que han sido maldecidas por espíritus, dioses o demonios (las “rarezas”) que provocan que sus vidas sufran cambios anormales. Nos sumergimos en ese mundo imaginario pintado por el estudio Shaft, una vez más encargado de animar una de las obras más emblemáticas de Nisio Isin. Hace un año, ayer, se estrenó Puella Magi Madoka Magica, una de las series más polémicas, aclamada y saboteada por igual, también producida por este mismo estudio, y como una especie de ofrenda en su recuerdo, el equipo de Akiyuki Shinbo nos ofrece este nuevo espectáculo, marcado por su emblemático sello. Por eso, este post está escrito en honor de esa serie que ha influenciado la opinión de muchos, para bien o para mal, y que trajo una bocanada de aire fresco en una industria anquilosada por su propio peso. Hasta donde llega mi japonés (que no es mucho, y si alguien puede ayudarme con estos juegos de palabras, le estaría agradecido), intentare señalar las características relevantes en esas especies de contrasentidos que crea la historia a nivel óptico y dialógico.

Uno de los elementos que más atención despierta de esta producción de Shaft, junto con Hidamari Sketch, es su atractivo visual y su superficialidad narrativa (luego aclararé esto) que permite un verdadero juego semiótico que pocas series despliegan, llegando a una verdadera madurez en el diseño y la elaboración del manejo del volumen de las figuras utilizadas en la presentación de esta red imaginaria que compone el producto final del que somos testigos. El año anterior, Shaft, en producciones como Madoka o Denpa Onna tendía principalmente a un realismo visual que atemperaba con una narración neofantástica y la irrupción violenta de lo sobrenatural en la escena. El campo de las brujas de Madoka desbarataba de un golpe cualquier indicio de un acercamiento fáctico al mundo, usando una explosión barroca de imágenes que amalgamaba el espacio en un collage increíble. La repentina luminosidad de Erio, y demás personajes extravagantes, los convertía, de súbito, en luciérnagas brillantes. Bakemonogatari, por el contrario, nunca aspiró a mostrar alguna semejanza con la realidad. A pesar de las apariencias arquitectónicas construidas con perspectiva renacentista usada para la elaboración de los edificios, el espacio se encuentra tan geometrizado y organizado que resulta irreal, acercándose más a una especie de juego de fractales, donde progresivamente se van reproduciendo y alterando las figuras hasta tomar apariencias sutiles de sombras, de luces, de señales de tráfico reproducidas ad infinitum. Crea un verdadero universo fragmentario en el que los personajes hacen saltos espaciales. En lugar de moverse por rectas, parecen más bien torcer el ambiente en que se desplazan, una imagen-movimiento que despliega una geometría riemanniana antes que euclidiana. Así Araragi y Mayoi son capaces de pasar de una cafetería a un juzgado, pasando por un parque infantil, una carretera abandonada o una plataforma de subida. El espacio se encuentra tan matematizado que recuerda a las teorías cosmológicas de los físicos que claman que existen múltiples dimensiones, además de las cuatro que experimentamos. En realidad la ciudad de Araragi se asemeja más a un cuadro surrealista que a la jungla de asfalto en que vivimos. Cada elemento visual funciona como un elemento asignificante que deconstruye  el espacio, al igual que los cuadros negros de [C]: aquí se insertan caracteres chino-japoneses en los ojos, los letreros y estanterías. Un verdadero universo textual que no considera que el gran libro del mundo sea una metáfora, sino un lugar privilegiado en que flotan la escritura ideográfica, trazando líneas que se entrecruzan con el fonetismo de sus protagonistas. Hitagi abre sus ojos y estos se convierten en mariposas para luego sobre-escribirse como abejas al dar un parpadeo. En ese sentido, ha continuado con el legado de su antecesora e incluso lo ha radicalizado en ciertos puntos, al construir nuevos escenarios e insertar textos de modo más agresivo. Solamente hay que ver la forma en que reemplazan la conversación de Araragi y Hachikuji por un diálogo entre señales de tránsito que dibujan, junto con las palabras, el rumbo indeterminado de su conversación. Hablan de direcciones, de miembros de un grupo “inexistente”, de chicos mayores que les gustan las niñas menores y la casilla en blanco nacida de una despedida inesperada. El enriquecimiento implícito logrado por esas señalizaciones consigue de verdad conmover y atraer al ojo del observador…

Colorful painting

Las formas geométricas de Shaft se hacen sentir con fuerza nuevamente. La casa de Araragi está construida en un estilo minimalista parecido a un set de filmación que ubica a una estrella en el centro de la acción. Las imágenes de la pared son especies de negativos tomados por una cámara fotográfica que siguen a esos ídolos en pantalla que son Karen y Tsukihi, arte pop basado en una abeja en ropa atlética y en un fénix que constantemente renueva sus plumas, cambiando su estilo de cabello y su ropa. De cada imagen hace que la repetición del mismo modelo adquiera una diferencia en cada cuadro. Intercambiables pero no de manera exacta, crean una cadena de sustituciones interesantes y complejas, con un mínimo de diferencias. Esa exposición creativa de signos hace difícil, y bastante pesado, capturar a simple vistazo las sutilezas que hay en Nisemonogatari. De hecho, para disfrutar al máximo del episodio es necesario verlo varias veces y volver sobre las escenas: sólo así se consigue penetrar en su estilo único. No hay nada mejor que ver el mechón de cabello de Koyomi (el rasgo más distintivo que comparte con sus dos hermanas), un apéndice extra que se mueve ante las emociones de su dueño y que expresa su sorpresa, pereza, duda, vergüenza. Pasa de ser un tubo de sangre a punto de explotar al retorcerse lo suficiente para dibujar el carácter de amor, o a dejarse llevar por el viento en forma placida. Es realmente un segundo rostro que merece todos los acercamientos posibles hechos a las larga del pequeño cortometraje animado.

Como si hubiésemos llegado a mitad de una película que lleva mucho tiempo de haber empezado, Nisemonogatari empieza con una abertura luminosa en medio de un océano negro que se abre a la luz de una conciencia que empieza a despertarse. Koyomi, encadenado en el anterior hotel (escuela abandonada) de su maestro, se encuentra inmovilizado ante los avances violentos de su amor veraniego. Dominando por completo, la conversación y la escena, Senjougahara hace una entrada de reina que no es menos digna de su nombre. Una muchacha mandona y fuerte, que toma la iniciativa. Una mujer proactiva cuya presencia se apodera de la pantalla, escurriendo y arrinconando a los demás que estén en su camino. En el cuadro zoológico, que los eruditos y colaboradores de nuestro blog han realizado con paciencia y esfuerzo a lo largo de los años, Serious Man describe, este raro espécimen, del siguiente modo: “En Hitagi, todas esas actitudes se suscitan al mismo instante y, para colmo, son complementarias y terminan temperándose, aunque sea 95% desesperanza. Gracias a este equilibrio, enojada o agradecida nunca abandona su frescura. Senjougahara no pertenece a la fauna tsunderesca que pueblan las historias harem: Hitagi es sui géneris, literalmente, un género en sí misma. La muchacha posee un humor inglés a veces demasiado complicado: no gesticula, apenas cambia de modulación como espetándole su aburrimiento al mundo” (en Bakemonogatari 2: Hitagi al desnudo). Un animal muy  valioso, descubierto por nuestro fundador. Ese bipolar cangrejo que usa engrapadoras, lapiceros, cinta adhesiva y bisturís para amenazar a sus víctimas, se ha convertido en la amante exclusiva de nuestro lead masculino al final de la última temporada. Una dominatrix verdaderamente sádica que insulta y controla hasta los más mínimos detalles de su compañero amoroso: desde los estudios, pasando por la vida social, hasta la defecación y la ingestión de alimentos, su amor es de verdad extremo. Un sentido posesivo que raya con la manía, susurrando al viento la pertenencia en entrañas, piel y heces de su objeto amoroso. Todo líquido derramado por Koyomi, toda función vital, es aceptada por completo por ese crustáceo que se ha encarnado en una forma agradable a la estética del anime. En el encuentro entre Senjougahara y Araragi la luz cambia de índigo a violeta y luego a un amarillo más normal, dependiendo de la escena y de la clase de acción que se lleva a cabo, se desplaza en intercambios esenciales: pasa de la fosforescencia de la lámpara a la necesidad del agua hasta centrarse en la punta de un dedo y  luego, a la manera de una pelota que rebota, vuelve a la lámpara. Estos juegos visuales se siguen con un juego de palabras. Bakemonogatari establecía una guerra discursiva antes que un duelo de pistolas. Gahara-san era una filósofa experta que sometía a Koyomi. Esta ocasión no hace sino citar y citar frases famosas : “Vuela como una mariposa, pica como una mariposa (abeja, equivocación de Hitagi)” (Muhamed Ali).“Si no tienes pan para comer, entonces puedes comer pastel” (María Antonieta). Referencias a Evangelion y al sistema de educación nipón se leen entre líneas de forma explícita e implícita, convirtiendo el lenguaje en un artefacto de producción literario que no deja de hacer alusiones y de recrearse con torcer el significado de lo dicho. A nivel discursivo se crea un meta-texto que no deja de remitir a personajes históricos y frases célebres, como si intentara conectar todo el subtexto de la serie con un universo más rico en referencias y problemas, actuando como un verdadero dispositivo dialógico que nos encamina por ideologías, contrasentidos, ironías y trabalenguas. Un ejemplo: Mayoi llama a Araragi Shuraragi, shura significa pelea, pero en la forma en que es mencionado hace referencia a lo sobrenatural, es decir a los kaii de los que trata la historia. Estos conforman una constelación que se alza en los cielos, una verdadera influencia de las estrellas se hace sentir en nuestras chicas, cuyo horóscopo se compone no de los animales establecidos por el zodiaco chino, sino de una serie de especies autóctonas que le dan a Monogatari su toque único: caracoles, serpientes, cangrejos, gatos, monos… Esas creaturas alternas se alzan sobre el cielo alumbrando, con su luz, el camino de nuestro lead, de quien seguimos sus pasos en conquista de mujeres conocidas y desconocidas. Koyomi realmente resulta entretenido y verlo molestar a Mayoi, al bañarla de besos tanto en la cara como en el pecho fue hilarante. No solo eso, la participación del humor negro y las constantes metáforas que la novela ligera utiliza le dan un sentido de comicidad bastante bueno, que pocas series realmente saben manejar y menos aún de un modo visualmente entretenido. Las conversaciones entre nuestro protagonistas y las distintas señoritas que conforman su grupo de fenómenos sobrenaturales pasan por todos los niveles: chistes perversos, reflexiones sobre las peleas, sometimientos verbales humillantes. Debo admitir que una de las pocas series haremnescas que considero bien hechas, cuyo fanservice se compagina a la perfección con la historia, es Bakemonogatari, donde la temática permite realmente experimentar esos sentimientos de amor, odio, celos y gustos que atraviesan cada uno de los personajes, y tiende a concentrarse de un modo gravitacional sobre ellos en la medida en que la historia prescinde de cualquier otra subjetividad que no sean las principales: las calles, almacenes y cafeterías se encuentran deshabitadas, solamente una vez vimos al padre de Senjougahara del cual no conocemos su rostro. Dejando de lado lo arriba expuesto, debemos decir que la participación de las estrellas de esta nueva temporada fue casi inexistente. A pesar de que el título habla de Karen, apenas la vimos en un corto flashback y se hizo alusión a ella de un modo explicito en la conversación entre Araragi y Tsukihi. Del resto, resulto más bien un olvido, casi prematuro, de las acciones que se desenvolverán en esta historia.

Notas sobre la comunicación:

No hay momento en la historia de la humanidad en que más se hable de comunicación que en este mundo digitalizado y dominado por los mass-media contemporáneos. Sin duda, las reflexiones y utilizaciones de este término se han multiplicado y aumentado en los últimos años, pero aquí deseamos decir tres cosas sobre lo que significan la creación de lenguajes artificiales que comunican algo. 1) Primer axioma. Partamos de una pregunta: ¿qué es el lenguaje? Un sistema artificial de signos que se compone de dos series de oposiciones (significante y significado) que se encuentran. Ahora bien, este encuentro no es rígido y se mantiene en movimiento. El lenguaje no es una obra, un diccionario que corresponda cada una de sus palabras a un código preestablecido, es, antes que nada, una actividad, un proceso creativo. En este sentido, habría que ver las discusiones lingüísticas de Nisio Isin como especies de luchas, de combates cuerpo a cuerpo con seres efímeros que se escapan al amanecer. Una lucha con una palabra es igual al duelo que Jacob tuvo con un ángel, en donde algo se pierde y se gana. Cuando los personajes se sumergen en esos juegos de sutilezas de su lengua materna, parecen lanzarse a una competencia gramatical que los supera y los hace entrar en un meta-humor extraño tanto como el que experimenta el observador en la exposición visual casi onírica (obsérvese con cuidado los ejemplos utilizados por Senjougahara). 2) Segundo axioma. Este primer punto nos lleva afirmar la complejidad de un sistema comunicativo, multívoco y polémico. Las palabras no dicen las cosas, el lenguaje tiene su propio modo de expresar el mundo. El lenguaje no dice el ser, sino que más bien el ser es producto del decir. En Nisemonogatari la pelea entre Mayoi y Koyomi es un excelente punto de partida, donde la loli-caracol le demuestra a su contrincante como jugar con el sentido, ella es como los personajes del país de las maravillas que tanto exasperaban a Alicia, mostrándole que el sentido no es fijo. Agregas una palabra a una frase y esta adquiere un significado distinto (la gramática del japonés resulta muy simple en este sentido, como la de cualquier idioma), le pones valor a las acciones más tramposas y condenables y obtienes un aria que celebra el virtuosismo de las más detestables formas del ser humano. Lo mismo sucede cuando el ingenuo lead intenta mostrar que hay valores incorruptibles, como el amor, que no pueden ser degradados al nivel del simple intercambio monetario, con lo que ella le responde que lo venden en una estantería de un supermercado junto a otros productos como telas y mercancías baratas. Koyomi se rinde ante la pequeña niña que conoce la clave del lenguaje, para hacerla suya y derrotarla con su propio truco. Ante la pregunta: ¿qué es la semiótica? Respondemos: “una teoría sobre la mentira” (Umberto Eco). 3) Tercer axioma. Después de aceptar los otros dos puntos podemos concluir que el lenguaje crea la realidad y le da un valor distinto, pero no nos confundamos, no es para nada claro, en verdad es muy opaco. Se trata de una lente empañada que no deja de ensuciarse y empantanarse mientras más la utilizan. Lo que nos hace proponer nuestras últimas dos afirmaciones: a) ¿Qué es la comunicación? “Una sucesión de malentendidos” (Algirdas Greimas). Solamente hay que ver lo despistado que es Araragi para darnos cuenta de ello: no entiende las indirectas de Tsukihi de no querer ir a la casa de su amiga, ni tampoco la alegría de Nadeko de tenerlo en su poder. El lenguaje es el lugar de las mentiras y los secretos, nada más. Conclusión: la gente solamente se malentiende hablando. Si no lo creen miren un foro o las noticias nocturnas de su país. En este sentido Tsukihi tiene toda la razón cuando dice que pelear es una forma de comunicar, aunque la gente no sepa como hacerlo. b) “Lo más profundo es la superficie” (Valery). No hay sentidos profundos que necesiten ser buscados, sino más bien juegos florales que necesitan ser incubados y explotados. No buscar códigos fijos, sino jugar con ellos, de ahí la superficialidad de la que hablábamos al comienzo. No buscamos reflexiones ocultas, únicamente trazos sueltos. De hecho esa es la intención de la serie y por eso juega de un modo increíble con los signos, permitiendo una lectura semiótica extensa. Todo lo anterior se concreta en esa belleza que presenciamos con suculencia.

6 comentarios

  1. No puedo decir que Bakemonogatari tenga alguna falla en su puesta en escena, su estilo de animación o cualquier cosa que se vea en la pantalla. Pero no pude pasar del tercer o cuarto capítulo. Así que hasta que la vea completa, y si es que lo hago, no se me antoja Nisenmonogatari.

    Los dialogo son tan largo y enredados que los subtitulos nos confunden, además que en medio de la trama ponen cartelones en japones que nos deja aun peor. Es una serie poco accesible para la media.

    SHAFT se ha vuelto uno de mis estudios favoritos, pero tambien tiene sus deslices: Sayonara Sensei y Bakemonogatari. Aunque lo repito, visulamente esta ultima es exquisita.

    9 enero 2012 en 08:14

    • Es verdad que animar de este modo la serie Monogatari es realmente muy pesado y se hace casi ininteligible debido a su estilo único. Esa es la gran falla y el gran interés que esta serie despierta por igual. Pero no creas, para los japoneses también es muy difícil ver esta clase de series, una vez discutía eso en un foro, pues los letreros, señales y escenas pasan tan rápido que muchas veces se pierden sus significados y te hacen quedar en las mismas. Hay tanto texto que parece ser más bien decorativo y no necesario, una especie de adorno que tiene relación con la historia y la complementa, pero también se podría prescindir de él. Bueno, Shaft hace eso para hacer énfasis en la clase de anime que es este: un metatexto de múltiples sentidos y modos de expresión, nada más. Por eso concentrarse en los diálogos resulta complicado, pero bueno, no me quejo…

      9 enero 2012 en 08:28

  2. Leo

    Tienen mucha razón sobre lo difícil q se hace ver Monogatari, sin temor a exagerar tardaba 35 minutos mínimo en solo ver un capitulo con tantas pausas y retrocesos alos diálogos, pero eso lo hacia solo por q la historia era tan buena q no quería perderme un detalle, ahora con esta nueva entrega q ami parecer tubo un muy buen inicio y promete ponerse mejor por q según tengo entendido los problemas q aquejaran asus hermanitas no serán tan simples.
    Como siempre muy ilustrativas sus reseñas.

    9 enero 2012 en 22:12

  3. rolo2k

    Tengo que admitir que será un verdadero reto poder seguir esta serie, sobre todo porque aún no tengo ni idea de su predecesora; sin embargo espero poder seguir tu ritmo… muy buenas tus reseñas, ahora voy por la segunda!

    20 enero 2012 en 00:40

  4. - Test Type -

    Me resulta una tarea bastante complicada definir que tipo de personaje es Senjougahara según los arquetipos determinados en el anime. No logro hacer que se acople por completo en algún puesto de “la escala dere”. Su intimidante seriedad, sumada al hecho de amenazar de muerte a su novio si le es infiel, además de knockearlo para secuestrarlo, hacen de su lado tsun una característica predominante que roza incluso la frontera del yanderismo, no obstante, su dere es tan encantador como honesto; pareciera como si de la escala mencionada ocupara cada peldaño y ninguno a la vez. Pero, pese a creer haber encontrado fuera del medio que nos ocupa un perfil en el cual Hitagi puede encajar, prefiero no aventurar diagnóstico definitivo ya que mi experiencia en psicología supone tan sólo un par de lecturas breves. O, en otras palabras, si bien es algo que no asevero contundentemente, algunas de sus maneras al momento de interactuar con Koyomi hacen parecer a la chica del cabello violeta una sociópata.

    7 febrero 2012 en 14:29

  5. Gahara-san no tiene un arquetipo definido, pero si me inclinara por alguno sería el de kuu-dere más que el de tsun-dere. Lo que pasa con los arquetipos que nunca encajan por completo, sino que permiten ciertos desvíos e inflexiones, para Hitagi tiene que ver con su personalidad espinosa, combinada con una helada superficie que la hace prácticamente indescifrable, un muro de hierro que te hace temblar hasta los huesos. Aún así creo que poco a poco se va descongelando, aún así, los personajes Kuu-dere que conozco tienden a ser agresivos y fríos, rayando incluso con el sadismo a la hora de cumplir sus objetivos…

    7 febrero 2012 en 15:32

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