Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Kill me baby ~Baby, please kill me~ 1: Assim você me mata

Ai se eu te pego, ai

Quien busque esta temporada una alternativa de entretenimiento inmediato y eficaz, podrá saciar sus requerimientos de humor ligero y deliciosamente insustancial con esta divertida adaptación del yon-koma de Kadzuho, el infeliz que andaba medio chalado cuando concibió esta historia. Le agradecemos su demencia. Podíamos augurar un ágil festival de sketches raudos y concisos cuando la protagonista es fracturada del cuello y muñeca por su ¿mejor amiga? antes que explote el opening. Aunque la premisa sea extravagante y desafía nuestra tolerancia a lo inverosímil, se ejecuta con sencillez, con la facilidad del absurdo: Sonya, una loli asesina a sueldo, comparte sus nada comunes días de colegio con su estúpida compañera de clases Yumina. Más adelante, aparece una ninja despreocupada y burlona que vende los secretos de su oficio por algunos yenes. La apariencia infantil de los personajes ayuda a generar un ambiente de ingenuidad carnavalesca, donde cualquier asunto serio es sometido a la ridiculización, atenuándose y enterneciéndose. La supuesta sicaria resulta una enana de trenzas que no consigue ahuyentar del salón a un terco perro callejero y utiliza sus habilidades homicidas para abrir botellas de refresco. Su diseño moeblob (de monigote tierno) anula toda sensación de peligrosidad, reduciéndola a la condición de chiquilla malhumorada, a quien Yumina parrandea con sus idóticas ocurrencias.

Sin embargo, para que funcione la parodia debemos admitir que Sonya continúa siendo, pese al ridículo, una asesina, justamente porque lo divertido consiste en la mezcla contradictoria entre un tema grave (la profesión de matar) y una imagen burlesca y adorable. Es capaz de estrangular a Yumina cuando se pone latosa, pero huye ante el acecho de una miserable cucaracha. Esta incongruencia cómica forma parte de la atmósfera de indeterminación que transmite este primer episodio, introduciendo risueñas dudas sobre los personajes. Durante su primera intervención, Yumina se presenta como “Probablemente una alumna de preparatoria”, después sugiere que “Hay 9 u 8 chances de 10”. Nunca se confirma el dato con certeza absoluta, porque se pretende mantener la incógnita, dejando a los personajes en un espacio intermedio, nebuloso: podrían ser colegialas de primaria fingiendo ser matones o verdaderas asesinas infiltradas en un high school. Mantener esa incertidumbre sirve para procurar un ambiente juguetón, donde las reglas están trastocadas y, siendo dudosa toda circunstancia, nada es digno de tomarse en serio. En efecto, Kill me baby nos invita a suspender nuestra sensatez, que fluya la ligereza. Volvernos cabezahuecas como Yumina por veinte minutos, porque sonreírnos con alguna taradez nos alivia las tensiones. En términos estructurales, la serie se sujeta con suma obediencia al modelo 4-koma, acondicionándolo al anime. Esta forma de microrrelato es ideal para los objetivos del slice of life, pues permite enhebrar las experiencias cotidianas en grupos de cuatro viñetas que desarrollan una unidad temática. Pero el esquema no termina allí: cada cuarteta se encuentra ligada al resto de cuartetas que componen un capítulo, de manera que también constituyen pasos dentro de una narración más extensa. Para explicarlo mejor, las viñetas serían átomos que forman moléculas (los chistes o gags), las cuales se unen para forjar un cuerpo (el episodio completo). Podemos observar con claridad la aplicación de este patrón en formato animado. La primera sección introduce la dinámica de pareja, haciendo énfasis en las destrezas como sicaria de Sonya, que Yumina utiliza para divertirse. Este segmento alcanza su cumbre cuando intentan expulsar al perro, pero se divide en sucesivas fracciones donde cada final de chiste marca el inicio de otro ciclo (los cortes de botellas conducen sucesivamente al refresco gorreado, la pistola de agua, el yakisoba pan). Cada paso añade un nuevo elemento. Este sistema establece una normalidad contagiada de anormalidad, o mejor dicho, un contexto donde un elemento anómalo ha pasado a considerarse cotidiano. Cuando el perro se cuela al aula, los alumnos le solicitan a Sonya que dome al animal. Al parecer, su membrete de asesina es vox populi y exigen que manifieste sus dotes antes que asustarse por su presencia. Un pobre perro hambriento causa más miedo que una chata con ojos huraños. Para reforzar la impresión de unidad estructural, cada sección abarca un día de escuela, que inicia con Yumina saludando con alguna frase en alemán (demasiado bien pronunciada) y se clausura con una escena de retorno a casa bajo el ocaso.

Agiri marca la pauta del segundo segmento y como la mayoría de personajes con ojos cerrados, muestra una actitud despreocupada pero marrullera, fantástica para producir enredos cómicos. El público de anime está acostumbrado a este particular atributo (en especial, cuando las grandes pupilas son un rasgo estilístico asociado al manga casi por default), pero pocas veces se reflexiona sobre los significados y connotaciones que aglutina un determinado aspecto del diseño. Quizá el referente cultural inmediato sean los kitsune, los zorros, en concreto, la imagen tradicional de este canino, vinculado al acervo mítico japonés como yokai que asumen forma humana. Incluso fuera de Oriente, el zorro es juzgado como un animal astuto, taimado, engañador, que esconde bajo un semblante sosegado sus maquinaciones tramposas. Otra interpretación sería considerar “adormecidos” esta clase de ojos. El correlato semántico tendería hacia otros sentidos: una personalidad sosegada, poco atenta al entorno, descuidada o indiferente, que vive alegre sin interesarse demasiado en cosas complicadas, como si anduviera constantemente soñando, con una mentalidad onírica. Ambas lecturas son complementarias: Agiri, como un kitsune, gusta de jugarretas y estafas, pero también posee un lado misterioso, pues otra particularidad de estos espíritus míticos son su impenetrabilidad. No puede adivinarse qué piensan porque en raras ocasiones accedemos a sus pensamientos o conciencia. Su sonrisa perpetua no funge como signo de amistad, sino como barrera para impedir que conozcamos los recovecos de su mente. Son espíritus traviesos y juegan con espejismos o alterando la lógica: Agiri tiene el inútil talento de pararse bocabajo en el techo sin que caigan sus cabellos ni tampoco su falda (¿ninjutsu contra el pantyshot?), pero esta técnica superflua contrasta con sus asombrosas habilidades para desconcertar a Sonya por mero placer de dejarla perpleja. La perspicacia del zorro se corresponde con las virtudes del ninja, que requiere actuar con disimulo para confundir al enemigo. Sin embargo los engaños, aunque divertidos, son evocados bajo juicios negativos: la persona es descubierta en su imbecilidad, mientras el zorro saca provecho de esta candidez supina. Agiri le vende a Yumina rollos con poderes inservibles y gana dinero mientras disfruta aturdiendo a Sonya, y aunque se encuentra lejos del inventivo trolling de otros genios del humor malintencionado, sabe engatusar fingiéndose inofensiva. Aunque los estafados debían sufrir un escarmiento como moraleja, la escasez de neuronas impide que Yumina descubra el fraude. Al final, se redunda el tema de la indeterminación: nada seguro, solo vaguedades.

2 comentarios

  1. Tengo la impresión de que gracias al opening, en algun momento tendran momentos de fantasia, algo similar a que ocurria en Sorademo que parecia un Slice of life comico y posteriormente mostraba un aspecto sobrenatural.
    El titulo, esa musica es una de las mas populares de Brasil, me sorprendio encontrarla aqui

    9 enero 2012 en 03:32

  2. Jajaja, yo la vi el sábado y de inmediato me dieron ganas de hacer un preview-review (eso sono muy Yumina); y habia pensado en ponerle de título “Mátame suavemente” pero tu título esta para revolcarse de risa, aunque esa canción me tiene hasta el copete.
    Me gustó el planteamiento “juvenil” de las protagonistas. Aunque está en duda su edad, si fueran de preparatoria, darles esa personalidad de niñas traviesas me parece perfecto, ya que por lo general en el anime los chicos de 14 o 15 años son presentados con personalidades serias y hasta aburridas, nada propio de esa edad, en la que los adolescentes son todavía inocentones y bromistas, en especial las chicas. Sonya no se porta como una Kirika Yumura (Noir), sino que dejando de lado su parquedad, participa de las bromas de su amiga, como lo de esquivar el chorro de la pistola de agua y responderle con un “fallaste”. Es como si se esforzara por ser seria, a la altura de su empleo, pero no puede dejar de ser niña.
    Las bromas son simples pero efectivas. Es como si ya se supiera qué es lo que van a hacer, pero igual de ganas de ver sus caras después de los sucesos. Y aunque en algunas páginas leí que el ending le desagradó a muchos, a mi me pareció divertido, me hizo recordar al Hare Hare Yukai. Quyien sabe si de repente la serie pega en el Japon y de aqui a poco el Youtube se inunda con videos de gente haciendo el pasito de Kill me Baby…

    9 enero 2012 en 15:06

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