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YAMAKING’!! 11-12: Daisy debe morir

Slender!!!

Yamada dice que según Yamada, en el universo de Yamada y acorde con las leyes de Yamada, es coherente con Yamada que Yamada afirme que Daisy es fruto del amor de Yamada y Souma-san. Puesto que Yamada jamás estará sola mientras Daisy acompañe a Yamada en las oscuras noches que Yamada pasa dentro del ático, Yamada se siente autorizada (porque Yamada es Yamada) a instituir los Yamada Guiness para certificar las legítimas curaciones de androfobia. Esta facultad demuestra la inteligencia de Yamada y la agudeza perceptiva de Yamada, aunque Yamada no acostumbre vanagloriarse de las virtudes de Yamada, porque Yamada prefiere resaltar la humildad de Yamada para comprobar que Yamada tiene otros temas de conversación aparte de Yamada, por ejemplo, el shambelileh, los trámites de adopción o Daisy. Son asuntos trascendentales para Yamada porque comprometen la estabilidad del mundo donde Yamada ejerce la voluntad de Yamada contra un destino cruel empeñado en perjudicar a inocentes osos de felpa. Por generosidad propia de Yamada, es factible que Yamada ceda el preciado airtime de Yamada para narrar el melodrama de Satou-kun y Yachiyo, siempre que utilicen la perspectiva de Yamada y Yamada aporte los efectos de sonido. Descuiden: Yamada ha practicado, Yamada ha prometido esforzarse y nadie está autorizado a sustituir a Yamada sin permiso de Yamada. Solo Daisy.

Pocos personajes humorísticos reúnen las características de Yamada, una figura sui generis en sentido literal, pues ella misma constituye su propio género. A comienzos de abril pasado, Aoi-chan profetizó que WORKING’!! sería rebautizado como YAMAKING’!! y, aunque su predicción fallara, la floja mesera cumplió su advertencia impregnando la segunda temporada con sus intervenciones intempestivas y comentarios imprudentes. No exageraríamos si calificáramos a Yamada como motor de comedia: aunque no protagonice los enredos, siempre se involucra como generadora, como provocadora de circunstancias que alteran el apacible ritmo de trabajo abriendo, con alguna frase absurda o impertinente, las compuertas del humor instantáneo. Los parámetros de la genki girl son incompatibles con la originalidad de Yamada: si bien comparte su naturaleza impredecible, Aoi-chan no es bulliciosa ni hiperactiva, sino una chiquilla engreída, irreflexiva y poco afortunada para expresarse. Sin embargo, la campeona en romper vajillas destaca por su ambigüedad: Yamada es torpe y bastante cabeza hueca, pero ignoramos si su impertinencia es producto de una mentalidad infantil, librada a su inocencia, o manifiestan unas ganas conscientes de importunar. Quizá haya un punto intermedio: un deseo socarrón de jugar y divertirse mortificando a otros, pero sin intención de lastimarlos. Sus palabras, aunque pronunciadas con ingenuidad, tienen un aire sarcástico o cachaciento. Se inicia una dinámica de boke y tsukkomi donde se castiga una opinión descarada o insensata, que causa enojo por su estupidez. Sin duda, una idiotez ligera, simpática, muy graciosa porque suele darse en el momento más inadecuado. El timing de Yamada para incurrir en equívocos o burradas es preciso e incluso creo que manipula el doble sentido de algunas frases solo para molestar, o porque esas sandeces son su manera particular de expresar cariño. Su actividad principal es evadirse del trabajo y holgazanear en algún rincón distrayéndose de sus obligaciones o cometiendo desastrosos errores de donde derivan muchos sketches que ponen en alerta al resto del staff de Wagnaria. La desaparición de Daisy provocó que Katanashi encendiera el fuego de sus manías chibi-con, defendiendo con ardor el valor insustituible de cada objeto pequeño (incluso llegan a sospechar de Takanashi como probable secuestrador): estos arranques de ridícula obsesión no hubieran ocurrido si Yamada no fuese tan aleatoria, porque cuanto más caótica y descuidada, resulta más irresistible. El humor de WORKING’!! puede funcionar sin Aoi-chan, pero su presencia le impone otro ritmo. Popura es demasiado bienintencionada: su función es recibir las burlas o infundir ternura. Mahiru es monotemática: su único motivo recurrente es su androfobia. Ninguna tendría el descaro de sugerirle a Kyouko que se disfrazara de hombre o pavonearse porque “vive sola”, sin embargo, el efecto cómico estaría incompleto sin los escarmientos que recibe porque entonces se potencia su lado más enternecedor, de chiquilla llorona, acorde con su simpatía cómica. Aunque los coscorrones sean rutinarios, las justificaciones suelen variar porque Yamada no tiene un patrón fijo de comportamiento. Además, la diversión se duplica si sumamos al idiota redomado de su hermano. Ambos parecen interpretar la realidad según su caprichosa voluntad, como si vivir consistiera en jugar a perpetuidad.

Yachiyo es un personaje pintoresco (como sus demás colegas) pero pese al interesante fondo emocional que posee, es también la figura más esquemática del elenco: servir y adorar a Kyouko, hablar con Satou-kun, intervenir con diálogos tibios. Sin embargo, este impasse con el cocinero la saca del molde habitual, mostrándola bajo la angustia y naufragando en sentimientos contradictorios. Salvo su devoción por la administradora, Yachiyo es una chica mesurada, de trato blando y afable, perfil que contrasta con su enorme katana: comparte con Takanashi la curiosa mezcla de sensatez y manías. Mientras no haya “pequeñeces” en debate, Souta se forma moderada e inteligente. Ocurre igual con Yachiyo hasta que Kyouko le solicita que prepare un parfait. Por contaste, Satou-kun no pierde nunca su semblante grave o indiferente de sujeto cool que pareciera imposible de derretir. Las únicas emociones que exhibe, aparte de su acostumbrada neutralidad, serían el enojo y la resignación, pero con parquedad. Todos estos términos están vinculados con el campo semántico de la seriedad, pero Satou-kun practica otra forma de comicidad, no explosiva, sino implosiva, hacia adentro. Le gusta ensañárselas con Poplar, pero nunca sonríe ni manifiesta regocijo por sus jugarretas. Típico personaje deadpan, llevado al extremo de la apatía, Satou no cambia de registro ni siquiera cuando Yachiyo lo acosa con sus relatos de fanatismo por Kyouko. Dadas sus características, esta pareja sería inviable, no tendría mucho futuro: tendrían serias deficiencias para comunicar con honestidad sus sentimientos. Sin embargo, el malentendido que provoca el cocinero cuando se cuela su discusión con Mitsuki, permite que emerjan los sentimientos más confusos en Yachiyo y aunque no tome conciencia de sus auténticos motivos, cabría suponer que esa incomodidad delata un interés por Satou (todavía en etapa germinal). Por desgracia, sus diálogos son demasiado difusos y generales, como si evitaran entrar de lleno al problema: el rubio asume su responsabilidad tomando la iniciativa para conversar con Yachiyo, pero la plática redunda en imprecisiones, las razones que originaron el verdadero inconveniente apenas se mencionan. No obstante, la escena no carece de ternura gracias a la delicadeza y timidez de la mesera. Sus ojos cerrados suscitan un efecto distinto cuando se avergüenza. Aparte, siendo una chica poco acostumbrada a expresar emociones intensas, cuando se apena y angustia, se convierte en un special feature, un obsequio al público que alegra y amplía nuestra percepción del personaje: observar cómo reaccionan en situaciones límite le añade matices y favorecen la identificación, pues alguien por entero despreocupada puede resultar notable en materia de humor, pero en cuanto a cercanía espiritual, siempre se requiere una breve cuota de melodrama para capturar la sensibilidad del espectador. Una regla implícita de la comedia (al menos, en anime) parece establecer que, cuando alguien se ruboriza, se vuelve más adorable. No solemos preguntarnos el motivo, pero presumo que el sonrojo, como marca visual, implica que esta persona alberga sentimientos nobles, es humana. Un cínico desfachatado nunca expone su vergüenza. Aunque Satou-kun no exteriorice su incomodidad mediante su rostro, deja que fluya en sus actos. Souma puede detectarlos, pero se tornó muy evidente cuando Poplar lo vivió en cabello propio. Le quedó lindo el Mami style, reconózcanlo.

Como WORKING’!! se fundamenta sobre la simbiosis entre sujetos-tipo con campos de acción específicos, cualquier pequeña crisis debe resolverse con un retorno al punto cero con la intención de reforzar la cotidianeidad. Por ejemplo, Mahiru pudo haber superado su propio récord de continencia pero su androfobia continúa vigente y cuando se somete a pruebas para demostrar lo contrario (a instancias de Yamada, que funge de réferi de boxeo), reincide en su violencia porque está condenada a retroceder y mantenerse en su patrón. Aunque haya un progreso, la forma original se conserva. La solución del conflicto de Yachiyo solo cambia aspectos secundarios, no las condiciones esenciales: para salvar el escollo debe regresarse a la normalidad, a la intangible estabilidad de la rutina. Satou-kun le sugiere que vuelva a hablarle maravillas de Kyouko, simbolizando esta vuelta al esquema. En WORKING’!!, los vínculos no pueden evolucionar de forma brusca, porque el humor deriva de rasgos medianamente repetitivos. Sin embargo, es divertido contemplar a los personajes luchando contra esas tendencias casi inalterables. Poplar grita: “Slender!” igual como reclama cuando alguien se burla de su tamaño, pero también se propone retos inconsistentes como abandonar su comida preferida mientras no crezca. Inami hace el esfuerzo por encontrar algún método para curarse, pero mientras ensaya más alternativas, más ridículas se tornan estas recetas. Al menos, supo neutralizar el reverse trap al verse al espejo y descubrir que, antes que disfrazarse de chico, solamente era ella vestida con pantalones. No obstante, como el amor altera el sentido común, cuando descubre que usaba la ropa de Takanashi (de nuevo, merced a las argucias de Yamada), cree haberse convertido en Souta, engendrando en su cerebro un caos ontológico porque, si fuera ella un hombre, ¿tendría que odiarse a sí misma?, ¿aborrecer su cuerpo? No quisiera imaginarme las contradicciones laberínticas que brotaron en su mente, aunque se complica el enredo si consideramos que Takanashi es objeto de fobia y deseo en simultáneo. WORKING’!! ha incidido con énfasis en narrar las incidencia de esta pareja incongruente: Inami es una muchacha simpática por su mezcla desproporcionada de retraimiento y rudeza, pero dado su excesivo protagonismo alrededor de mismo tema que, sabemos de antemano, jamás se solucionará, corre el peligro de agotar su gracia. Esta ocasión, la “muerte” de Daisy y la lastimera exclamación de Yamada después que el peluche salvara la vida de Souma fueron la nota aparte que introdujo una variación. Redondeando nuestras anteriores observaciones sobre Aoi-chan, el asunto de aplicarle retos a Mahiru nace de su instigación, curiosamente acertada e inteligente: Inami estaba engañándose si medía sus progresos según el índice de maltrato físico contra Katanashi. Además, evadir al objeto perturbador para evitar golpearlo no está contemplado en las normas del Yamada Guiness, es hacer trampa. Aunque esta impugnación esté enunciada en el lenguaje travieso y juguetón de Aoi-chan, no falta verdad porque en Yamada seriedad y broma están íntimamente soldadas: tiene el propósito de convertir un tema de gravedad en aventura (el Doki Doki Tour de Hombres de Wagnaria), pero es más desopilante que Popura y Mahiru se plieguen con facilidad a sus planes. Buscarle explicación es ocioso: el liderazgo de Yamada es incontrovertible.

DAIIIISYYY!!!

3 comentarios

  1. Cosa rara en tus artículos (decirles de otra forma sería un sacrilegio, y por cuestiones de exención no son ensayos) has tocado un tema central y que todo el mundo da por sentado: el rubor.
    Creo que la cualidad moe del sonrojo se debe a que nosotros nos sonrojamos cuando estamos felices, emocionados, avergonzados; cuando algo nos gusta demasiado. En fin, cuando nuestras emociones surgen a flor de piel: cuando somos vulnerables. Y en el anime se explota esa cualidad por dos razones: en primer lugar no es muy fácil sacarle un sonrojo a una actriz o actor en la pantalla o escenario; y la segunda sería porque en una sociedad tan rígida como la japonesa es difícil encontrar esa cercanía de la imagen publica de las personas con sus propias emociones. Siendo así, necesitan un lugar para contrastar esta frialdad y dar escape a esos deseos de intimidad.
    Aceptemoslo, salvo contadas excepciones, los animes son el reflejo de las fantasías de los japoneses, hombres y mujeres (solo falta ver los harenes, comedias románticas y shoujos).

    7 enero 2012 en 23:54

  2. Muy cierto.

    8 enero 2012 en 00:01

  3. davidvfx

    YAMAKING’!! 11-12: Daisy debe morir
    me hizo reflecinar tu articulo de lo inmobible (la mayor veces del tiempo) que son los estereotipos ó funcion que realizan cada uno de los protagosnistas enla historia de Working!!, en especial yamada que a pesar de no ser la cara emblematica de la serie (Poplar) ó el verdadero protagonista (Takanashi) y el no protagonizar la mayoria de los skesch en que sale, ellá es el motor y fuerza de las pequeñas tramas donde destaca totalmente. la pequeña niña, que no creo tenga la misma edad que Takanashi, como dijo en su aparicion en la 1ra temporada y mas demostrado cuando muestra su modalida “okasa!!!”, es capas un personaje de apoyo llamar tanto la atencion y destacar tanto; y mas a hora que el director de esta temporada decidio, corrretamente, darle protagonismo equitativos en pantalla a cada uno y no relegarlos a personajes auxiliares, esto le dio mas fuerza a nuestra pequeña Yamada.

    una cosa curiosa a mi ver es que en este universo donde Takanashi es amante de todo lo chiquito incluyendo moscas y pulgas, siendo el unico “minicon” en este universo del anime (no conosco otro personaje con un fetiche tan marcado como este) su devocion a lo pequeño se ponga entre dicho al no considerar a Yamada que es pequeña, linda, y como dije de una edad menor; en constrastes al fevor de Takanashi por kerer seguir biendo a su imoto como algo lindo a pesar de que ya lo arrebaso la estatura haciendolo caer en una paradoja emocional, nunca pudo y ni creo que lo vaya a hacer en un futuro desde que conocio a Yamada le es IMPOSIBLE ver la linda. Y no creo que sea por todo lo problemática o flojita que es, esto tiene raiz a algo que muchos llaman “Quimica” que es cuando por ninguna razon sentimon antipatia por una persona, a pesar de que no tiene razon alguna, y es que como dije Yamadacumple todos las requisitos fisicos de las, manías del renombrado minicon, pero le hacen desaparecer sus pupilas de los ojos haciendolo entrar en mudo de repudio con un risa de despresio cuando la paqueña, linda, moe, problematica Yamada le pide mimos por que es su derecho tambien.

    10 enero 2012 en 10:38

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