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Fate/Zero 11: Iskander. Unlimited Army Work

“Como rey, tienes que tener deseos más fuertes que nadie. Tienes que ser magnificente. ¡Más fácil de enojar que cualquiera! Él tiene que ser ambos, puro y caótico, un hombre que es más real que cualquier otro hombre. Sólo a través de esto, pueden tus súbditos ser impresionados por el rey”
Urobuchi Gen, Fate/Zero, Vol. II, Acto VIII, Sexta parte

Un réquiem por el “Anciano de la montaña” hace eco en las planicies interminables. Decapitados, pisoteados, empalados, destajados, los cuerpos de asesinos profesionales son dejados a la intemperie. Carroña para las aves rapaces. Un milagro deforma la realidad,  algo más allá de la posibilidad de un ser humano solitario. “La razón por la cual este mundo existe nuevamente… es porque está grabada en todos nuestros corazones”. Grita el tirano. El ruge con la potencia de miles de bestias salvajes y detrás de él se manifiestan sus amigos incondicionales: “Sus cuerpos podrán haberse vuelto cenizas, pero sus espíritus aun escucharan mi llamado… son mi más grande tesoro, son mi derecho a gobernar” (Fate/Zero, Vol. II, Acto VIII, Sexta parte). Esta reseña la dedico a uno de los protagonistas más célebres y admirados por los seguidores de Fate/Zero: entre todos los héroes, es el más carismático y por eso se ha ganado la lealtad de sus soldados. En su conjunto reúne una serie de cualidades extrañas que lo hacen tan contradictorio como su contraparte histórica. Aclamado y a la vez temido, alabado y al mismo tiempo despreciado, este héroe es el icono nacional de Grecia y el Rey de los Conquistadores de una novela ligera. Seguiremos el hilo conductor del segundo de los reyes de la Cuarta Guerra del Santo Grial, el hombre que fue adorado por sus contemporáneos casi como un dios, discípulo de Aristóteles, hijo de Filipo de Macedonia, el segundo Aquiles: Alejandro Magno.

Crítica desmedida:

“Comida, sexo, sueño y guerra. Lo que sea que hagas, disfrútalo al máximo. Ese es el secreto de la vida”
Iskander, Fate/Zero, Vol. I, Acto II, Cuarta parte.

Tal vez se trate de una tendencia general del anime actual, pero siento con pesar una falta de calidad, de realidad, en los personajes masculinos. Es verdad que en muchas ocasiones flaquean sus personalidades, convertidos la mayoría de las veces en pervertidos incorregibles (todos los somos) o en bufones algo miserables (todos hemos sido payasos en algún momento de nuestras vidas). Sin embargo muchos carecen de atributos y cualidades dignas. Son casi repertorio de segunda frente a personajes femeninos con más carácter: en la mayoría de las ocasiones, estas últimas están mejor estructuradas, dejando a sus contrapartes en posiciones secundarias. 

Oh yeah

Únicamente en su servicialidad o en su capacidad de actuar como lead obtienen alguna relevancia, ya sea que aglutinen un harem a su alrededor o conquisten el amor de una mujer. Esto mismo se aplica a los shonen interminables: por más que intenten crear historias dignas de contar y ganen popularidad, los personajes que presentan son bastante simples. Aunque exhiben valores nobles y despliegan lazos de amistad,  dejan un sabor amargo por ser planos y en la mayor parte aburridos después de un rato, pues nunca llegan a mostrar otros matices. Son claros como el cristal. En otras ocasiones se les da poderes extraordinarios, fuerzas ocultas que resaltan su lado oscuro, eso los hace un poco más interesantes (Naruto e Ichigo, por poner ejemplos), pero no lo suficiente. Sus antagonistas los superan en firmeza y en complejidad, al menos yo lo veo así. Es sintomático que incluso el género shonen escasea en este sentido: aunque el seinen ha obtenido mejores resultados (Light y L de Death Note son de los pocos que me han gustado en los últimos años), sigue bastante atrás en la producción y creación de buenos personajes masculinos. Este fenómeno que parece haberse agudizado desde inicios de la última década me parece un poco preocupante en cuanto a la construcción de la trama de la historia. Estoy seguro que el drama del hombre contemporáneo es el de no tener cualidades, pero llevado al extremo produce protagonistas que no son dignos del nombre y que ganan sus batallas, la mayoría de las veces, simplemente por ser los héroes de sus series. Está crítica la hago después de haber leído principalmente mangas mainstream. Tal vez sea por una especie de preeminencia del público al cual son dirigidos estos productos, la causa que genera tal vacío; no obstante, lo considero exagerado cuando la industria lo convierte en una inclinación general. Por eso, antes de entrar en materia, quisiera dejar constancia de este descontento, y más aún porque este artículo versa sobre un personaje que considero que va a contracorriente de esta tendencia, aunque comparta muchas características con el resto de los arquetipos del género de acción. Pocos logran destacar en este sentido la especie de conmoción y alienación que produce. Glotones, valientes, siempre dispuestos al combate, pero esas etiquetas resultan postizas. Iskander de Fate/Zero es uno de los pocos personajes, que a pesar de compartir estás características generales con el resto de sus predecesores, me ha fascinado, pues se articulan de un modo que no veía desde hace tiempo, cuyo nombre significa tanto el que “espanta hombres” como también su “protector”. Entonces, he aquí, pues, mi reseña.

Unstoppable

Historia de un conquistador:

 “¿Dónde está Alejandro Magno? Alejandro Magno vive y reina.”
Dicho popular griego

 “Deseo ser humano.”
Iskander, Fate/Zero, Vol. II, Acto VIII, Quinta parte.

Él era un chicho precoz, deseaba llegar a los confines de la tierra. “Mi objetivo es el fin del Mundo. Mi destino es uno aún más lejano que las fronteras de oriente. Quiero ver Oceanus con mis propios ojos. Quiero dejar mis huellas en la playa junto a ese mar sin fin” (Fate/Zero, Vol. III, Acto XI, Cuarta parte). Ese era su sueño, ese era su deseo. Ese hombre cabalgó por las praderas infinitas de Asia y escaló las más altas montañas, se enfrentó a peligros inimaginables y a climas ásperos. Pocos hombres atravesaron tantas adversidades durante su vida: junto a sus compañeros, luchó durante trece años desde su tierra natal hasta los confines del Imperio Persa. Una vez tuvo una epifanía en una noche de campamento en Anatolia. En ella vio un enorme océano y desde entonces siguió el sendero que lo llevaría al fin del mundo, a la orilla del mar que se extiende más allá de cualquier continente. Ese hombre, desde pequeño, guardaba debajo de su cama un antiguo poema griego que, aunque era muy largo y pesado, siempre leí con entusiasmo: “La Ilíada es bastante profunda, según las dimensiones de la batalla podría de pronto necesitar leer un verso de poesía” (Fate/Zero, Vol. I, Acto III, Tercera parte). No importaba cuantas veces acariciara ese libro (en su época un pergamino), él adoraba esas líneas escritas por un aedo ciego. El camino a la conquista, el camino a la gloria, estaba narrado en esas líneas. Una banda de guerreros nómadas salían de sus tierras y se internaban en Asia Menor, sus héroes realizaban grandes hazañas y conseguían inmensos botines, sus nombres son cantados por los siglos y nunca podrán ser olvidados. Esos guerreros nómadas soportaban el peligro, se endurecían a sí mismos con el valor de sus vínculos. Este rey creía en sus palabras y por eso el también se volvió un nómada, avanzando por el mundo, siguió su camino hasta llegar a ese reino exótico y distante: la India. Él nunca se detuvo y nunca vaciló. Quienes lo observaban quedaban consternados ante tal entusiasmo. ¿Por qué seguían a este loco tantas personas? Él continuaba hacia adelante y jamás daba marcha atrás. La gente susurraba: “– ¡Qué pena por los soldados que dejaron sus riquezas, su honor y su patria para seguirle! –. Al principio se sintieron indignados. Y pensaron que era inútil luchar por un objetivo tan tonto. Pero todo eso, muy pronto, se perdió en sus pensamientos. ¿Qué verían detrás de esa montaña? ¿Cómo sería el cielo del otro lado? Explorar una tierra desconocida. ¿No es el sueño que todo hombre tuvo en su juventud?” (Fate/Zero, Vol. III, Acto XI, Cuarta parte). Pero ese sueño era infantil, cuando la gente crece debe seguir otro camino, adaptarse a la sociedad y consolidar su posición en ella. Todos eran sedentarios, no podían aceptar las acciones de un nómada que creaba un espacio liso mientras avanzaba. Él pisoteaba las ciudades y los reinos, esos campos estriados, esos lugares delimitados por fronteras y líneas. Él prefería trazar una transversal y difuminar los límites impuestos por los Estados. Aún así en sus palabras había algo que cautivaba.

Los hombres que finalmente lo entendieron, tomaron sus armas y los siguieron… Los corazones a los cuales el orgullo y la fuerza habían abandonado, se recuperaron con un golpe que les llegó hasta el fondo en ese momento, y fueron detrás del Rey para viajar hacia el lejano Este…todos caminaban juntos, hombro a hombro, con la misma sonrisa en sus caras, y el mismo brillo deslumbrante en sus ojos… Innumerables soldados murieron en tierras extranjeras. Con las miradas dispersas mientras caminaban detrás de  su Rey, seguían adelante.” (Fate/Zero, Vol. III, Acto XI, Cuarta parte).

Ellos realmente eran hetaroi (compañeros), jamás le dieron la espalda a Alejandro y jamás lo traicionaron. Él era su inspiración. Otros lo llamaron un tirano, un hombre megalománico, un guerrero con interminables apetitos que condujo a su pueblo a miles de conflictos. Al final de su vida exclamó que su reino le pertenecía “al más fuerte” y todos sus generales se lanzaron sobre su cadáver, intentando hacerse con una parte de sus conquistas. Pero quienes siguieron al fundador de muchas dinastías, al Maharaorajah (el señor de la guerra), no se arrepentían de nada, este sueño los había liberado. “El sonido de sus oídos se desvanecía mientras escuchaban la marea  de las aguas de oriente… Allí no existía otro sonido que no sea el de las olas golpeando la costa sin parar; un mar lejano y distante cuyo fin no puede ser visto. Esa escena describía el Rey  para ellos, pero nunca la llegaron a ver ni una vez en sus vidas. Por lo tanto esta escena no existe más que en su imaginación… Un joven pareció escuchar una marea ondulante… Ese sonido ondulante, tal vez siempre hizo eco en su corazón” (Fate/Zero, Vol. III, Acto XI, Cuarta parte). Esos fueron los pensamientos de todos quienes lo siguieron. No importa si enfrentaban salvajes, elefantes o gente desconocida, mientras ese sonido continúe llegando a sus oídos, seguirán adelante. Los soldados se convirtieron en cajas de resonancia, la acústica que los rodeaba los seguirá a donde vayan. “Las palabras de un rey deben ser oídas por todos” ( Fate/Zero, Vol. II, Acto VIII, Sexta parte), esas palabras siempre los embriagan. El rey conquistaba, pero no buscaba tierras, él quería los corazones de la gente. “Victoria sin ruina, dominación sin desgracia. ¡Esas son verdaderas conquistas!” (Fate/Zero, Vol. I, Acto III, Tercera parte). Y por eso él fue recompensado con la lealtad y la amistad de sus seguidores. Ese rey era humano, demasiado humano, un rey que entendía los sentimientos de los otros, de ahí su inclinación por la diplomacia (eso explica la relación de Iskander con el resto de los espíritus heroicos, prefiriendo que se unan a su armada, antes que vencerlos, forjando alianzas y también lazos de hierro) . Él sabia que no existe la justicia, los Estados se basan sobre el derecho, sobre una relación de fuerza excepcional, una pacificación de la voluntad. Él no pacificó, sino que liberó esa voluntad, porque la justicia no es una relación fuerte, sino algo muy débil, que no puede ser medido ni tampoco proclamado. Sus súbditos comprendieron que ese era su destino. Ahora este tirano Alejandro se prepara para hacer su viaje de regreso, el viaje que nunca completó en vida, para mostrarle a su pueblo que él ha vuelto: la segunda parte de la Ilíada. El libro que robó tiene su nombre: la Odisea.

Basileo:

“No es el rey quién se sacrifica por su nación. Es la nación y el pueblo quienes sacrifican sus vidas por el rey…Somos tiranos, por lo tanto somos héroes”
Urobuchi Gen, Fate/Zero, Vol. II, Acto VIII, Sexta parte

“Desde el inicio, el alma de Weaver fue sobrepasada por sus afilados ojos que brillaban como una espada… La abrumadora presencia del gigante obstaculizaba su visión. A causa del olor de su cuerpo, Weaver comprendió que se trataba de un cuerpo con una gran musculatura y de grandes dimensiones… no tardaría en aplastar una roca con el apretón de sus puños y hacerla pedazos… ‘Así que tú debes ser mi Master, ¿no es así?’… [habló con] una voz tan fuerte que podría sacudir la tierra. Sus sentidos se rindieron ante la primera pregunta que hizo con una voz que era difícil no escuchar”. (Fate/Zero, Vol. I, Acto II, Primera parte), así describe Weaver Velvet su primer encuentro con Rider. Y así es como Iskander entra en escena. La versión arabizada de su nombre (Al-Iskandar), la versión oriental de memoria, es la que Urobuchi Gen usa para denominarlo, para señalar al hombre que ha servido de inspiración a los grandes conquistadores (Julio Cesar, Napoleón). Será en Asia donde se desarrollará, y continuará, su historia, un legado que marco a Oriente y Occidente por igual, un príncipe que fundió culturas, que destruyó ciudades, que asesinó a muchos. Al otro lado del mundo, al final de las tierras que jamás pudo ver, vuelve este general de la muerte, convocado por un trozo de su capa, capturado por un artefacto mágico: él es resucitado, usando una camiseta que tiene estampado el mapa de la tierra. No conoce la moderación y ríe causando un fuerte estrépito que hace temblar hasta los cimientos con mayor resistencia. Alejandro no se oculta, se anuncia, ya sea que robe los libros de una biblioteca o interrumpa un duelo a muerte, el conquistador da la cara a quien quiera que lo rete. Este Heroic Spirit es la manifestación de los deseos humanos, incluso ganándose el respeto del Rey de los Héroes por eso. Sus dos Noble Phantasm son la encarnación de la vida, del rugido de las olas, de la voluntad de poder. La Rueda de Gordius: la Rueda de la Autoridad Celestial. El nudo gordiano que declara el derecho a gobernar Asia, deshecho por la espada Chipriota que lleva en su mano, corta el espacio dejando salir el poderoso carro de guerra, de los toros ofrecidos a Zeus y que arrasan con todo a su paso: esa es la fuerza de la Via Expugnatio (El camino de la conquista). Esa es la fuerza de la creatividad, de la ingenuidad y de la pureza, pues es una solución inesperada para el nudo más complicado de la historia. Ionioi Hetaroi: el Ejercito del Rey. Hemos visto la producción masiva de armas en muchas ocasiones, en algunos casos espadas, en otros mosquetes y pistolas, pero nunca antes la creación de soldados. En los primeros dos casos se trataban de artefactos inorgánicos, metálicos, pasivos. Aquí lo que surge es un ejército aguerrido, de seres vivos que piensan y sienten. Fanatizados, vitorean a su rey, estarían dispuestos a dar hasta el último suspiro por aquel que los convocó.

“¡Él reunió los deseos de cada valeroso ser! ¡Él marchó hacia ese sueño e inició su larga conquista! ¡Ese es nuestro rey! Y por eso… ¡El rey nunca estará sólo! ¡Porque sus deseos son nuestros deseos!” (Fate/Zero, Vol. II, Acto VIII, Sexta parte).

Hay grupos-sometidos: la iglesia, el ejército. Buscan un fin trascendente que supera con creces a los individuos, por eso se cristalizan y conforman un núcleo duro con reglas y disciplina. Cuando se hace parte de un grupo-sometido, uno está muerto. La vida termina cuando los sueños han sido rendidos. Pero estos soldados son de otra clase: son un grupo-sujeto, uno que se da a sí mismo una ley autónoma de existencia, la siguen y la cumplen. Su deseo es el deseo del rey, el deseo de vida que impulsa el anhelo de lo desconocido, es el instante finito que es conducido por la húbris de las emociones, este grupo se pone un objetivo y este lo hace andar. Su meta es perecedera y su sentimiento es fuerte. Como una banda de hermanos recorren la tierra, ese cielo que se extiende por el globo terrestre. Los fenomenólogos dicen que el mundo es un horizonte, y este Reality Marble prueba ese punto, es la sublimación de los sentimientos de quienes vagan hacia el ocaso, hacia el punto donde surge el sol cada mañana. Sus soldados no luchan por él, luchan junto a él. En cierta forma, Alejandro ejemplifica el potencial que hay en todos nosotros, el potencial de alcanzar los sueños distantes. Entre este reinado y el de Saber hay un verdadero abismo.”El rey que suprimió el caos de la guerra y el rey que agitó el caos de la guerra, no había forma de que sus ideales fueran los mismos”. Frente al Rey de los Caballeros, quien se elevó en una colina inalcanzable para sus súbditos, se opone el camino del Rey de los Conquistadores quien descendió al nivel de los otros. El reinado de Saber fue vertical, ella tomó posesión de una cima. Claro, no hay nada más vulnerable que una cima, nada más hermoso y más frágil que una posición tan alta. Iskander, por el contrario, eligió otro sendero, uno de descenso. Frente a la verticalidad, él busca la horizontalidad. “Solo alguien lo suficientemente valiente como para montar conmigo a mí lado puede ser mi Master” (Fate/Zero, Vol. I, Acto IV, Primer parte). La diferencia es fundamental. El reino de Saber “no es de este mundo”, su reino es algo demasiado distante para conmover los sentimientos de los otros, eso es Ávalon, eso es Excálibur. Iskander es distinto, él busca la carnalidad, la corporalidad, el embriagarse en sus sentidos, es la mundanidad y el afán de mundanizar-se lo que constituye esa existencia: “Poseer un cuerpo, marchar hasta los confines de la tierra, llevando a cabo mi conquista – ese es verdaderamente mi camino de realeza”  (Fate/Zero,Vol. II, Acto VIII, Quinta parte). Eso también explica su renuencia a mantener una forma espiritual propia de los demás sirvientes. Los soldados griegos y persas se unen bajo su bandera. Frente al camino del mártir cristiano que cumple el “niégate a ti mismo” artúrico, se puede escuchar la doble afirmación del filósofo griego, no la negación de la carnalidad, sino su aceptación y transformación a través de técnicas, morales, éticas. Epicureísmo y estoicismo, búsqueda de la felicidad que los seres humanos podemos esperar alcanzar. De ahí algo muy importante: “Si mis acciones y las de mis generales resultaron en la eventual caída de toda mi nación, ¡entonces lo aceptare por lo que es! Sí, lo lamentaré. Sí, derramaré lágrimas por ella. ¡Pero nunca me arrepentiré!” (Fate/Zero, Vol. II, Acto VIII, Sexta parte). Algunos dirán que su inspiración provoca tragedias, el es un Hitler de la antigüedad, un hombre obsesionado con la gloria, mas no debemos olvidar que es la memoria de las grandes hazañas la que hace avanzar a su armada. Este rey, a diferencia de Arturia, no desea borrar las huellas de su historia. Tal vez eso hace tan llamativa esta voluntad de poder desplegada por Alejandro: fascismo, sin duda, pero por eso mismo el fascismo es la única corriente política interesante del siglo XX, pues es un poder que se asume como tal, un poder que está dispuesto a dar el máximo, hasta la destrucción de sí mismo y de sus propios gobernados. No importa qué camino siga un rey, únicamente puede acumular montañas de cadáveres del mismo modo en que acumula masas de seguidores. Por eso, de todos los caballeros no había nadie que matara más personas que Saber. Por eso, Alejandro era un tirano.

4 comentarios

  1. “WOW”, fue la palabra que dije al terminar de ver este episodio, Iskander es un tremendo personaje, me atrapo desde la primera vez que vi, es imposible no notarlo, como mencionaste su carisma atrapa, sun siendo alguien con un discurso politicamente incorrecto, es humanamente correcto, es asi como Fate/Zero te muestra esta variedad de personajes, por los cuales vas sintiendo cariño, tambien cualquier persona que es capaz de levantar y dirigir un gran ejercito es digna de admiracion, ademas su habilidad es fantastica haria palidecer a cualquiera, y al final cabe mencionar que la adaptacion de este anime es simplemente genial.

    17 diciembre 2011 en 23:36

    • Creo que esa es la contradicción que hace a Rider tan peligroso y fascinante, hoy en día es el mejor ejemplo de un dictador. El hecho de que se expongan puntos de vista tan opuestos entre los tres reyes hace que la participación de los Servants se muy interesante. Cada rey tiene sus propias ideas de que significa ser un gobernante, y cada una los condujo por caminos distintos. Saber queda impresionada y horrorizada ante el despliegue de semejante lealtad, ella no pudo conmover el corazón de su gente, por eso todos la rechazaron, Rider sí, por eso sus hombres responden a su llamado.

      18 diciembre 2011 en 08:57

      • Luis Manuel

        Como todo dictador es carismático… Iskander es algo así como un Fidel Castro o un Chávez. Saber sería una demócrata. Por hacer analogías jeje!

        13 marzo 2014 en 05:44

  2. Luis Manuel

    Saber e Iskander son los extremos antagónicos de una misma moneda. La justicia ciega condujo el reino de saber a la destrucción, por no ver más allá de sus ideales se convirtió en una figura fría e inalcanzable para los subditos, los cuales al perder a su máxima figura se perdieron. Por otro lado, Isakander también conminó su reino a la destrucción. Lo ideal sería un equilibrio entre ambos y si bien el fascismo es interesante dudo mucho que le pueda gustar a un fusilado de un campo de concentración o a una víctima del bombardeo de Guernica. Por supuesto, eran otros tiempos y Alejandro no era destructor de culturas, más bien favoreció a la multiculturalidad uniendo al imperio persa griego y estableciendo la ciudad de Alejandría en Egipto. De arturo puedo decir menos, porque es más leyenda y se usa para representar lo que debería ser un reinado ”justo”, de ahí a que muchos historiadores piensen que Arturo puede ser un mito desde el origen, osea que ni siquiera haya existido.

    13 marzo 2014 en 05:56

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