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WORKING’!! 10: Te llama Yamada

Mándale un e-mail. Ella responderá al instante

Yamada dice que Yamada quiere un celular porque Yamada se siente excluida mientras las demás chicas enrostran en las narices de Yamada sus modernos blackberries. Yamada quiere mensajear, googlear, spamear, facebookear, tuitear, bloggear y mandar estúpidas cadenas. Pero, mientras Yamada ahorra algunos centavos del mísero sueldo que paga Kyouko para comprar su primer móvil, Yamada se satisface con usar la pizarra como message board, a menos que Satou trollee a Yamada, porque entonces Yamada no tendrá más remedio que encerrar a Popura dentro del frigorífico pues Yamada no soporta que la comida perecible se descongele. Yamada sabe economizar recursos porque Yamada es una mesera ejemplar: la gente comprendería mejor a Yamada si se comunicaran con Yamada enviándole sms con muchos emoticones, Yamada adora el 13n9u4j3 d31 <h@t ^_^. Además, Yamada invoca a la solidaridad del lector para contribuir a la campaña pro-celular de Yamada para que Yamada adquiera su primer prepago y luego Yamada se apodere de la serie, como ordena la lógica.

La androfobia de Mahiru y el potencial erótico de acariciarle la cabeza a una doncella mientras duerme constituyen los ejes del episodio. Siguiendo los típicos patrones del slice-of-life, en WORKING’!!, por necesidad estructural, el elemento romántico sigue unos lineamientos particulares. Muchos aficionados a este género del anime deben haberlo notado, pero cuando se narra esta “porción de vida”, el conflicto amoroso no sigue un desarrollo evolutivo, sino que establece una rutina. Esto ocurre incluso si los personajes muestran un leve acercamiento y mejoran su relación: siempre habrá un conjunto de eventos repetitivos que posponen eternamente todo cambio radical. En anteriores posts, expliqué los motivos detrás de esta inmovilidad: los personajes del slice-of-life, antes que personas, son funciones, o mejor dicho, coordenadas de conducta, o arquetipos, que serán invariables porque el humor depende de la interacción entre estas personalidades disímiles. Poplar está acomplejada con su estatura, Katanashi es un chibi-con, Yachiyo tiene una peculiar noción de la lealtad, y aunque cada cierto tiempo aprendan a convivir mejor, mantendrán una continuidad con su esquema de comportamiento. Mahiru es andrófoba y nunca se curará porque perdería su identidad dentro del elenco (que funciona como una maquinaria donde cada pieza realiza un trabajo distinto). Esto funciona para cualquier serie que se adscriba a este género. En cuanto al romance, esto impide cualquier avance significativo: si existe una mayor familiaridad o ciertos indicios de intimidad, suelen preservarse en el terreno de lo ambiguo, lo incompleto, lo indefinido. Mahiru existe para su confrontación con Takanashi y sobre la base de este conflicto, pueden construirse distintas historias, pero Inami-san terminará, por alguna razón, aplicando la violencia y Souta asumirá la responsabilidad de ayudarla: entre ambos media una tensión sentimental fácil de identificar, sin embargo, si ese deseo llegara a concretarse o profundizarse, se acaba la historia pues no habría lugar para la dinámica de atracción mutua y empleo de la fuerza bruta. En otras palabras, no habría chiste. WORKING’!! es una comedia: necesita prolongar esas rutinas porque describe los avatares de un grupo de empleados en un restaurante familiar, una circunstancia donde abunda lo rutinario. Otra manera de resaltar estos “hábitos” consiste en anularlos temporalmente. Esto ocurre cuando Souta, por partida doble, consigue neutralizar a Mahiru mediante el pánico, aunque causarle un shock no figurara entre sus propósitos. Para colmo, estos éxitos casuales solo le ocasionan vergüenza y complican su frágil relación con Inami. Katanashi-kun sobrevive a la masacre porque en ambos casos lleva a la delicada mente de Mahiru hasta el ápice máximo del terror, un pánico tan grande que pierde su capacidad de reacción y prefiere desmayarse o huir. Las sugestiones eróticas la confunden: se debate entre el pudor y sus miedos. Acorralarla contra las cajas era como provocarle un cortocircuito por sobrecarga a su psiquis: temores irracionales o instinto de supervivencia.

Cuando Katanashi le toca el cabello, ha propasado la frontera absoluta: un chico, el objeto de su fobias, ha quebrantado la distancia sagrada. En su psicología, los hombres representan lo más sucio y atroz: cuando un muchacho se encontraba cerca, Mahiru todavía se sentía capacitada para reaccionar y golpearlo. Pero es diferente la cercanía y el contacto, porque tocar a alguien implica vulnerar su espacio personal, acceder a su cuerpo. Entonces no cabe defensa alguna porque el horror deja de ser una posibilidad para transformarse en realidad. Esta situación es dramática y causa lástima, pero es ocasionado por un hecho tan ridículo y estúpido que se torna motivo de burla. Nadie entiende qué peregrina idea pululaba por la conciencia de Souta al momento de animarse a acariciar y cachorrear a Inami: las “cosas” grandes lo repelen y para satisfacer sus ilusiones de mini-con le basta con manosearle el cráneo a Poplar. Antes que sorprenderse de la decisión de Mahiru, los colegas se quedan perplejos porque sobarle la cabeza suena absurdo, no tiene pretexto ni justificación, es un impulso disparatado, una idiotez digna de escarnio. Takanashi ha iniciado el lento camino sin retorno para graduarse como pervertido accidental. La curiosidad estética es un pésimo pretexto para toquetear a una adolescente dormida, incluso suena más depravado. Souta merece sufrir la humillación del papanatas puesto al descubierto después de cometer un error incomprensible. No obstante, como en WORKING’!! prevalece el ambiente laboral, el movimiento en Wagnaria no puede cesar ni alterarse: las ausencias de una empleada no generan una crisis. Popura y Yachiyo manifiestan su preocupación por Inami, pero no dramatizan porque el negocio, sin Mahiru, continúa operando con normalidad. Aquí, la “rutina” tiene dos acepciones (como ritmo de trabajo y como pautas de comedia), y ambas se mantienen sin mayor alteración: nada detiene el servicio al cliente y nada perturba las situaciones humorísticas. Las inasistencias de Mahiru generan un vacío que inclusive aprovecha el guión para facilitar el lucimiento de otros personajes, en especial Yamada, la infalible. Una jovencita sin celular es una noticia insólita en pleno paraíso tecnológico, sin embargo, me parece razonable en Aoi-chan, porque no desea ser “encontrada”. Su habilidad para mostrarse adorable e impertinente con los asuntos más simples es el mayor encanto de Yamada: ella habita otro universo paralelo donde los eventos siguen otra cadencia y poseen otro significado. Mientras el resto de chicas se inquietan por las desventuras de Mahiru, la loca del ático irrumpe con una inesperada reflexión sobre su carencia de teléfono móvil y cómo esta miseria la aísla de una compleja red comunicativa que congrega a las adolescentes en un lenguaje posmoderno que redefine la condición discursiva del sujeto. En otras palabras, quiere enviar e-mails por cualquier tontería. Yachiyo demuestra que la mensajería instantánea es asunto de perspectiva y cualquier superficie donde pueda escribirse suplanta al más sofisticado smartphone. La fascinación infantil de Yamada es incomparable: está descubriendo un universo novedoso de oportunidades para socializar… hasta que Satou desmorona sus fantasías. Pero Aoi-chan nunca pierde: voltea la tabla para convertir a los cocineros en objeto de su lástima. Una winner de nacimiento.

Satou-san brilló con su genial indiferencia, de nuevo en complemento con la candidez inerme de Popura-chan. Aunque la pequeña camarera es la imagen de fachada de WORKING’!! desde su primera temporada, no acapara demasiado las secuencias e incluso protagoniza menos tramas que Inami. Poplar es utilizada con mayor frecuencia en gags de corta duración, siendo agasajada por Katanashi o burlada por el staff de cocina. Su tamaño la condena, precisamente porque es una chata adorable tan laboriosa y bienintencionada que tienta jugarle alguna broma pesada. La limitada participación de Poplar podría indicar que WORKING’!! no requiere abusar de su moeblob residente para provocar empatía, pero tampoco la descuida porque le garantiza esa sensación de calidez y dulzura, necesaria para idealizar la vida cotidiana. Gracias a Popura, podemos reírnos un poco de la crueldad sin considerarnos malévolos porque la enana es sometida a comentarios y jugarretas para el deleite despiadado de quienes disfrutan (-amos) viendo chicas lindas e indefensas siendo mofadas sin misericordia. Siendo la mascota del restaurant, es natural que sirva para ablandarnos el corazón o para manipularla y molestarla como haríamos, por ejemplo, con un hámster. El slice-of-life, como derivado de la comedia, suaviza y aligera las situaciones violentas o maliciosas, como la humillación. Puesto que Poplar es incapaz de incurrir en maldades, Yamada redondeó su genial performance ofreciéndole a Takanashi la peluca de Kotori para transformarse en la masculina amiga de Inami y pedirle disculpas a la fugitiva antes que degenerase en hikkikomori. La apelación al travestismo como recurso de urgencia es otra manera de ridiculizar una situación extrema de amor imposible (o inviable): para dialogar con tranquilidad, Souta debe abandonar su identidad, emplear un disfraz que distorsione la realidad para crear una “apariencia”. Mahiru sabe que bajo esos senos falsos se encuentra su compañero de trabajo, pero es capaz de controlar a medias su fobia mientras el objeto del miedo se manifieste oculto. Sin embargo, llegamos al paroxismo del disparate: para soportar la presencia de una persona querida, esta debe fingir que cambia su sexo. El asunto es absurdo aunque la situación sea grave, porque el acto de travestirse es presentado como una solución de emergencia que finalmente salva la jornada, casi como un acto heroico y -para colmo- varonil y romántico. Pero la vida está llena de incoherencias: chamba es chamba, caballero.

Una respuesta

  1. davidvfx

    creo que apesar de que todos tubieron su buen tiempo de escena Yamada tubo las mejores situaciones en comedia; con respeto a Poplar ella tanto en manga art oficial ella es la cara por delante de la serie, increible su poco destacamiento aun que las pocas son geniales, y a pesar de que el romance no es algo importante en el manga aqui quieren crearnos una imagen de de emparejamientos algunos descabellados como yamada x Sōma y un sutil Satō x Popura que a pesar de no tener el sentimiento hay demasiado contacto yacercamiento, con los constantes raites de llevarla a casa…. el director es muy sutil al inducir esta idea carente en el manga

    17 diciembre 2011 en 19:56

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