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Bakuman II 2: Conversemos

Es mejor conversar de esas cosas

Hasta ahora, Takahama había sido una tumba. Su contacto con los demás se restringía a apenas un par de palabras. Sin embargo, durante su momento a solas con Mashiro, se desinhibe y pone de manifiesto sus sueños y gustos, mostrándose distinto a otros asistentes que trabajan con Ashirogi-muto por su falta de proyección. Miura ya comenzó a trabajar intensamente con el joven dúo de mangaka. Ellos aún tienen una imagen errática de él, no son capaces de confiar plenamente en el editor, debido a su escaso desenvolvimiento en el ambiente. Azuki se encontraba en un grave dilema: la pareja gravitante de la serie será sometida a una gran prueba que desafiará el tamaño de su amor y la solidez de su confianza. La tímida Azuki tendrá que dirimir entre continuar siendo únicamente una seiyuu o incursionar en roles propios de una idol y, aunque ambos papeles se complementan, la angustia por aquella situación, cala profundo en su persona. Mashiro tendrá que actuar pronto para fortalecer su relación.

Durante las primeras semanas de trabajo, el dúo Ashirogi-muto tenía que formarse una imagen de su editor, Miura, con el propósito de saber si realmente cumplirá su función de la manera más óptima. Su reunión para planificar el manga desde el cuarto capítulo en adelante dejó con bastantes dudas al dueto de autores, dado que Miura no actuaba con certeza: no tenía una idea clara sobre qué sería útil o correcto, solamente respondía con palabras efusivas para complementar sus frases. Como mencioné en nuestra reseña anterior, ellos lo compararán con Hattori. La diferencia en este aspecto radica en la seguridad que el antiguo editor transmitía a los chicos cuando les daba consejos. Lo hacía desde su experiencia y tomando en cuenta al público objetivo de la revista. Sabía de qué manera se tomaría en cuenta a un manga y sus posibilidades de volverse popular. Los años de trabajo en ese campo no fueron en vano, pero quizá el elemento más importante era la confianza, porque estos mangaka son jóvenes aún, además, se encuentran enfocados en su primer trabajo y su futuro todavía es incierto. Periódicamente necesitan a alguien que les indique si van por el buen camino. Porque, a diferencia de Nizuma, los muchachos fueron evolucionando bajo una estricta supervisión y sienten que necesitan seguir siendo asesorados de cerca. Miura tendrá un difícil cometido ya que los chicos le pedirán consejos con frecuencia y Mashiro se encuentra mentalizado en su objetivo de conseguir una adaptación al anime. Para alcanzar esta meta, requieren que este manga alcance un gran nivel de popularidad. Tampoco ven con buenos ojos la forma como el nuevo editor desarrolla su trabajo: los chicos son bastante metódicos, se detienen a planificar cada paso, por lo cual, le resultan insuficientes las palabras vacías de Miura, presienten que esta persona no se preocupa lo suficiente por la obra que están produciendo y no parece el indicado para guiarlos. No existen planes a largo plazo con él.

Entre los asistentes de Nizuma cunde una excelente atmósfera. Todos ellos tienen ambiciones de llegar a convertirse en mangaka: veían el trabajo de asistentes como una situación temporal que terminaría al conseguir publicar su propio manga. En cambio, en el lugar de trabajo de Ashirogi-muto, se vive otro ambiente. Kato y Ogawa no tienen intención de llevar a cabo esa evolución. Se sienten conformes con su papel secundario. No piensan arriesgarse con pretensiones de volverse mangaka, ya que, como mencionaba el tío de Mashiro, este oficio era una apuesta debido a la dificultad que conlleva poder vivir de sus frutos. Ogawa lo lleva a otro paso: transformarse en asistente profesional, manejando todo cuanto compete a esta ocupación, ascender en puestos hasta convertirse en jefe de todos los demás asistentes. Pero para especializarse hay que olvidarse del sueño de ser mangaka, puesto que el interesado debe pasar más tiempo perfeccionándose en otras funciones. Por esta razón, Kato se ha despedido de toda ambición de tener un manga propio y solo continúa en estos quehaceres porque el puesto puede ser estable, pero carece de glamour y tampoco permite obtener fama ni conquistar la admiración de los lectores por su trabajo. Cuando se reparten los créditos, solo se recuerda al artista del manga. A nadie le interesan los asistentes, ellos no son invitados a las fiestas. Takahama se siente fuera de lugar: él aun quiere evolucionar, aunque tiene una aspiración harto extraña. A pesar de encontrarse en el país del manga y el anime, el lugar donde -si tienes talento-, puedes transformarte en mangaka, Takahara, en cambio, quiere trabajar en Disney. Para ellos debe tratarse de un mundo lejano a donde parece mucho más difícil acceder. Además, no tiene canales tan abiertos de ingreso como la industria a la cual pertenece actualmente, por lo tanto, decidió seguir un camino en extremo difícil, aun cuando su objetivo sea loable, sin importar el sitio al cual desea llegar.

Miho es tímida por naturaleza. Su decisión de seguir su vocación como seiyuu se apegaba mejor a su personalidad: darles voz a personajes en un ambiente cerrado no expone a la persona implicada al público, pero Miho ha ingresado a una industria que explota la imagen. Era imposible que su trabajo se redujera solamente al doblaje, por el contrario, los productores van a intentar explotar su belleza para obtener más ganancias a través de la música o valiéndose de la simpática imagen de sus actrices. Sin embargo, como es sabido, en el negocio del entretenimiento, con menos ropa se vende más. Esta encrucijada pone en balanza su popularidad y su pudor. La presión del medio obligaba a Miho a optar por este camino. Al no encontrar en dónde apoyarse, se sumió en la desesperación y sucumbió a la depresión. La joven no tenía a quién dirigirse: se había separado de los demás hacía bastante tiempo, además, el único contacto que mantenía con Mashiro eran esos fríos mensajes de texto que no alcanzan para transmitir los sentimientos que inundan a la persona. Sin otra alternativa, es sencillo caer en la frustración y terminar encerrándose en un capullo para defenderse del mundo exterior. Entonces, Mashiro sale al rescate. Aunque tiene un sueño, Azuki es más importante. El muchacho es capaz de dejar todo botado con tal de enterarse qué le sucede. Que no pudieran conversar ni verse fue por determinación de Azuki. Aunque a Mashiro le cuesta aguantarse las ganas de hablar con ella, respeta su opinión. Por ello, en pocas ocasiones, se animó a romper este compromiso y visitarla. Sin embargo, a veces es necesario tener una plática, sentir la cercanía del otro. Quizá la relación del tío de Mashiro y la mamá de Azuki explicaba el asunto de las cartas porque era el único medio de comunicación con que contaba en esa época, pero en la actualidad, hay muchas formas de mantener el contacto. Este alejamiento impuesto solo provocaba angustia y no sirve al propósito que le adjudicaba Azuki, es decir, permanecer cada cual en la ruta que conduce a sus propias aspiraciones. Se puede mantener perfectamente una relación y esforzarse con tesón para conquistar un sueño.  No obstante, debido a esta eventualidad, lograron hablarse de nuevo, por lo tanto, puede considerársele un avance. Los chicos fueron capaces de escuchar sus voces y calmar sus preocupaciones, pero también contarse cosas acerca de ellos mismos. En realidad, no se conocen bien. Azuki ni siquiera conoce la historia del tío de Mashiro. Quizá este incidente ayude a mejorar la comunicación entre ambos.

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