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C³ Cube × Cursed × Curious 1: Raíz cúbica al cubo del cubo de Rubik

La caja de Pandora

Una chiquilla conflictiva con dificultades para integrarse a la comunidad entabla contacto (e incluso convive) con un everyman, un muchacho de medianas cualidades, quien se convierte en su compañero o socio espiritual: esta veta temática fue explorada por varias series este 2011, desde GOSICK hasta Denpa Onna to Seishun Otoko, cada cual con enfoques y desarrollos distintos. El tópico es fructífero porque asienta la trama sobre la fascinación que la mirada masculina aplica hacia lo femenino como misterio inasible que irremediablemente atrae y absorbe al protagonista. Sin embargo, aunque apenas parece una loli malcriada y fanfarrona, Fear es distinta porque su fisonomía humana es la transfiguración de un objeto, un artefacto maldito de forma cúbica que sería su aspecto original y “verdadero” (entre comillas porque su humanidad será puesta en discusión). Además, el “afortunado” Haruaki Yachi, quien asumirá la denodada labor de anfitrión y benefactor, se encuentra tan acostumbrado a las anomalías y fuerzas psíquicas que la existencia de una criatura como Fear, antes que sorpresa, le provoca curiosidad. Estas características permite que la pareja protagónica entable de inmediato un diálogo fluido, una complicidad que resume la primera pregunta provocadora de la serie: ¿cuán perfecta es la equivalencia entre Humanidad y ser humano?

La reacción de Haruaki se justifica porque su padre tiene el hábito de enviarle objetos exóticos desde el extranjero y la energía positiva del área se concentra en su solar. El muchacho también se describe como inmune a las maldiciones, por tanto, debemos asumir que desde joven, ha tenido conocimiento de ciertas nociones allegadas a la mística o la espiritualidad, pero excluidas de cualquier discurso religioso estandarizado. En efecto, a diferencia de otros anime que relatan situaciones similares, Haruaki no es monje ni sacerdote ni pertenece a una familia dedicada a custodiar un templo sintoísta. Sus creencias son compatibles con la religiosidad oriental, pero no pertenecen a un sistema específico: su seguridad para expresarlas indican que habría tenido experiencias que comprobarían esas ideas. Nadie afirma con tanta convicción que está vacunado contra las maldiciones sin antes haberlo ratificado. Se asume de manera implícita que Haruaki tuvo vivencias pasadas que lo familiarizaron con determinados sucesos que otros observadores calificarían de maravillosos. Suele analizarse el paradigma de verosimilitud de un relato de acuerdo al horizonte de expectativas del público, es decir, la clase de eventos que encuentra coherentes con cada tipo de historia. C3 se define como fantástica desde el momento que Fear declara su identidad y aceptamos que una caja misteriosa puede adoptar aspecto de persona y hablarnos. En adelante, cualquier otra circunstancia extraordinaria no “desentonará” con la narración, siempre y cuando se trate de fantasía “mítica” o “milagrosa”. De modo similar, también valdría que examinásemos los criterios de realidad que cada personaje está dispuesto a aceptar, es decir, qué consideran “congruente” o “normal”. Haruaki asimila rápido la naturaleza cúbica de Fear, no muestra pavor ante un espíritu capaz de metamorfosearse: estos fenómenos inusuales son admisibles en su panorama de posibilidades (y bastante porque se impone a Fear como si fuera una niña común). No significa que Haruaki sea demasiado crédulo, capaz de admitir con naturalidad cualquier locura, sino que esta aceptación está condicionada por los términos empleados en su conversación con la loli: las coordenadas relativas al terreno de lo milagroso. Esta actitud frente a lo fantástico era necesaria para comprender el papel que jugaría el muchacho en los próximos episodios como “educador”, como compañero de aprendizaje que ayude a Fear a reformular su vida bajo el cometido de “curarla” de la energía perniciosa. En otras palabras, una especie de hermano mayor que vigile y corrija sus actos con cariño. No podemos reprocharle ninguna tara típica del lead masculino, al menos durante este primer capítulo, pues elige no desentenderse del problema, sino comprometerse con madurez y generosidad, preocupándose por proceder de manera adecuada y teniendo en consideración los sentimientos de una chiquilla a quien recién conoce y cuyo background no garantiza tardes serenas sino mucha agitación y algunos enojos que deberá perdonar. Haruaki sabe incluso cómo lidiar cuando una catfight amenaza con estallar en su comedor.

Aunque la tipología de personaje torna predecible el comportamiento básico de Fear, su objetivo es mucho más profundo, problemático y atrae la curiosidad, ese tercer rasgo que la caracteriza. Ella describe su condición como objeto maldito apelando a argumentos lógicos dentro de la discursividad mítica: las emociones, la psiquis, son energía y pueden afectar a la materia, no solamente de modo físico, sino además, cuando se supera cierto tope, provocar que brote conciencia y espíritu. Un objeto empleado para transmitir maldiciones, empieza a acumular los sentimientos negativos de quienes utilizaron esa herramienta y, por ende, comienza a adquirir características humanas. Sin embargo, aunque Fear sea consciente de la diferencia entre Bondad y Maldad, también reconoce el origen maligno de la materia prima que creó su “personalidad”. El único propósito expreso de su estancia en casa de Haruaki sería librarse de la maldición, es decir, limpiar esas energías, purificarlas. Sin embargo, su anfitrión le propone un método más activo y gratificante: hacer buenas acciones ayudando a otros para neutralizar la energía dañina por, digámosle, good vibrations. La forma de cubo, que Fear aborrece porque la vincula a un pasado nefasto, no permite interactuar con la gente, por tanto, si desea abordar esta segunda ruta hacia la sanación, la pequeña latosa deberá asumir apariencia humana y mezclarse con la sociedad, participar en sus ritmos y solidarizarse con sus vivencias. Fear no está preparada para esta eventualidad, aunque no le falta vocación ni buena voluntad. Por desgracia, no basta con tomar la iniciativa: sin duda, es digno de elogio que estuviera dispuesta a intentarlo y pensara en agradecer con obras la hospitalidad de Haruaki, pero ese entusiasmo sin sentido común, aunque sea enternecedor, no ayuda. Tuvo suerte de arribar donde una persona benévola que, además de ofrecerle su confianza, esté dispuesto a guiarla con paciencia y comprensividad. Nadie, al menos los creyentes, se animaría a acoger en casa una herramienta de maldición o cualquier adminículo que fuese manipulado para realizar prácticas maléficas porque la negatividad del objeto podría volcarse hacia sus dueños. Haruaki no manifiesta temor hacia lo paranormal, en cambio, su principal inquietud respecto de Fear es cómo enfocar su tarea de enseñarle a vivir entre los humanos, pues a determinada edad es labor demasiado engorrosa hacerse cargo del desarrollo de otros. Fear es desastrosa y testaruda, pero siendo orientada con amor (como parece sugerirse cuando cocina la cena con Haruaki), puede adaptarse y ganarse el aprecio de quienes la rodean. No obstante, aunque consiga liberarse de su onerosa carga, dudo que Fear pretenda regresar a su forma de cubo, sino integrarse por completo entre la gente, haciéndose también humana. Este proceso de humanización, que apenas ha iniciado con la antropomorfización y la toma de conciencia, será complicado y doloroso porque supone la interiorización de una serie de costumbres, sobrentendidos, esquemas de pensamiento, incluso una sensibilidad que también está ceñida a normas, en suma, un conjunto de hábitos y formas que generarían a cualquier ser pensante un hondo conflicto interior. La posibilidad de transformar un objeto en persona, de quebrar por completo el orden natural que divide a seres animados e inanimados, conlleva una segunda discusión hipotética no sobre el estatuto de aquello que denominamos “cosas” (y muchas de ellas suelen rodearnos, dotadas de valor emocional). Respecto de los objetos, la religiosidad occidental tiene una actitud representativa (los iconos e imágenes no son objeto de adoración o veneración sino de intermediación entre el creyente y lo representado), mientras que en Japón perviven más vestigios de animismo y personificación de la divinidad. Quizá para un espectador nipón, esta fluctuación entre humanidad y sobrehumanidad se resuelva de manera sincrética, sin entrañar ninguna contradicción, pero incluso bajo ese supuesto, el concepto de Humanidad como esencia entra en debate, una polémica similar a la planteada por los relatos sobre inteligencia artificial. Usualmente designamos como “humano” a quien tiene naturaleza humana (aunque sea redundante), es decir, a quien nace como persona, de acuerdo a criterios biológicos. El problema radica en definir cuán precisa o inexacta es la ecuación entre esta naturaleza y el ideal de Humanidad (sentimientos, razonamiento, valores, conciencia).

Sin embargo, C3 también cautiva gracias a su propuesta gráfica y diseño de personajes, ambos fieles al estilo de Oonuma en ef y Baka Test, excelentes muestras del balance entre virtuosismo de vanguardia y destreza en el ejercicio narrativo. El opening (colocado al final) es precioso por la fluidez de movimientos y transiciones. Como toda serie que apele al moe-ness como fuente para el imaginario (irrefutable ante la cantidad de pantyshots y para colmo shimapan), resaltan las bishoujo sobre una cotidianeidad luminosa: si Shinbo tiene una debilidad por la geometría, sin duda el fetiche de Oonuma son los halos, espectros de luz y cielos al atardecer. Aunque Fear parece comportarse como las lolis malcriadas que abundan en ciertos harem, también posee rasgos de nobleza infantil, como proponerse  desafíos y pretender cumplirlos sin darse cuenta de estar perjudicando más que ayudando. Konoha, su contracara o rival romántica, luce como la típica osana najimi, a leguas más guapa y talentosa pero ignorada en sus anhelos amorosos por el protagonista. Otro rasgo de la amiga de infancia que destaca es su territorialidad: no suelen permitir que ninguna chica invada su feudo amical y detestan cuando esto ocurre sin haberse percatado. Además, son temibles pues poseen una fuerza insospechada que aflora únicamente cuando sus celos las empujan hasta un estado tipo hulk. Konoha destaca por su exuberancia y ternura: los lentes y trenzas redondean esa imagen. Como ordena el arquetipo, su principal ambición es concretar el “obvio” tránsito (ellas lo creen natural) de amiga/vecina/confidente a waifu. Para ganar esa plaza, emprende la ruta de persuasión más lógica: hacer méritos adelantando sus cualidades para desempeñarse como buena esposa. Konoha no comete el error garrafal de otras osana najimi que concentran sus esfuerzos en despertar al galán cada mañana (que implica quitarles el sueño), sino que aporta un plato sustancioso para el desayuno. Estrategia bien dirigida, en especial, cuando ambos se encuentran a pocos escalones del noviazgo pues viven en el mismo solar, en edificios diferentes (podía decirse que “técnicamente” en la misma casa, pero bajo diferentes techos), pero la aparición intempestiva de Fear entorpece sus lentos aunque progresivos acercamientos. Subyace la histórica rivalidad entre oppai y pettanko, un odio que emerge por instinto, una enemistad innata ante la cual es imposible contenerse porque es biológica, casi zoológica: las chicas se convierten en bestias intratables, obsesionadas por insultarse o lanzarse indirectas, olvidan el motivo inicial de su discordia y transforman su rencilla en asunto de orgullo. Si bien la guerra está declarada y Konoha apabulla a Fear enrostrándole sus mejores recursos, la meganekko también parece consciente del asunto más serio que involucra la presencia de esta nueva inquilina y cómo trastocará la vida de quienes, en adelante, formarán su círculo íntimo.

5 comentarios

  1. Fire 25

    Genial el analisis, este anime es realmente bueno y sorprendente, como fue el primer capitulo habra que ver que pasa mas adelante, me gusto mucho el tipo de animacion, la misma que usaron en baka test.
    Creo que va ha ser una muy buena serie

    13 octubre 2011 en 07:53

  2. Aunque diferente de pies a cabeza, la misma pregunta realizaba Blood-C con respecto a la naturaleza humana. Si alguien es por tener dentro una esencia incuestionable, sustancial, o si por el contrario era posible cambiar la forma de alguien, alterar por completo la conducta de un ser no humano. En Blood-C ese problema no fue resuelto y termino en una matanza, donde Saya mantiene su personalidad inalterada, aquí quizás termine en un llanto, o más exactamente en una transformación de lo inhumano.

    13 octubre 2011 en 21:43

  3. Si no lanzara los mismo brillos en el pelo qeu Erio le daría una posición más alta, lo dejo en un no sé.

    15 octubre 2011 en 16:43

  4. Silver Link tiene un estilo de animación muy semejante a Shaft en sus obras autotanas, ya que C3 es literalmente la segunda serie del estudio con excepción a BakaTest por que normalmente trabajan como estudio de apoyo. Como dije una vez en Ao no exorcist, no veo por que la palabra monstruo y humano sea automaticamente excluyentes cuando la ficción y la realidad dieron varios significados en perpectivas diferentes

    18 octubre 2011 en 18:02

  5. rolo2k

    Fear es sospechosamente parecida a Erio (¿homenaje ó plagio?) así como Haruaki y la meganeko se parecen a Towa y Ryouko respectivamente, por supuesto sin el preciocismo visual de Shaft; en todo caso me ha gustado el planteamiento primordial de la serie, en verdad espero que puedas continuar reseñándola.

    9 noviembre 2011 en 07:25

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