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Yuru Yuri 12: Bésame mucho

Como si fuera este episodio la última vez...

Entre afrodisíacas ingestas de chocolate, pijamas de animales y vegetales, incómodos cosplay, fogosos desafíos auspiciados por la cajita mágica, erupciones sanguíneas en homenaje velado al gore y desfachatados estupros bucales, Yuru Yuri hizo gala de su artillería pesada para cerrar su explosivo episodio final, puliendo su demencial estilo, superando sus propios estándares de festín lésbico combinado con ingenuas calenturas de colegialas, demasiado desquiciadas para tener catorce años. Aunque deben su celebridad al trasfondo homoerótico —explotado con curiosa mezcla de desfachatez y mesura—, el auténtico mérito narrativo de Kyouko y sus amigas radica en revitalizar la travesura como unidad básica del relato. Otros slice-of-life se estructuran alrededor del enternecimiento gestual, del transcurrir cotidiano, de la acumulación de comentarios, e incluso de la extrañeza (por ejemplo, Nichijou): la fórmula de Akkarin~ y compañía consiste en recopilar, dentro de esa rutina escolar o amical, aquellos instantes de ruptura, de desacato, de libertad.

Reservaron para el finale un episodio síntesis, reuniendo a la totalidad del elenco estudiantil para ejercer la práctica por excelencia del slice-of-life colegial: convivir entre cuatro paredes. Los detractores del género suelen fundarse en este esquema de cronotopo (puede tratarse de una pijamada o sentarse a tomar el té con bocadillos o sesionar con el Consejo Estudiantil) para blandir sus acusaciones habituales: pobreza de recursos, carencia de plot, argumento insustancial, etcétera. Sin embargo, idear una historia que transcurra al interior de un habitáculo es cientos de veces más complicado: dentro de un salón cualquiera (con mayor razón, uno desprovisto de decoración como el local del Club de Entretenimiento), la cantidad de objetos disponibles es limitada, como también el rango de movimiento y la variedad de actividades que pueda realizarse. En consecuencia, la capacidad de generar humor dependerá de tres elementos: las dinámicas o chistes recurrentes (por ejemplo, burlarse siempre de cuán imperceptible es Akari pese a figurar como “protagonista” nominal); las posibilidades combinatorias entre acciones, sucesos y cosas (la famosa caja rosada ha servido para múltiples usos); y la riqueza del guión. Pareciera que nadie quiso percatarse, pero para sostener un buen slice-of-life cómico, el ritmo de la conversación marca la pauta. Ninguna situación más frecuente en esta clase de series que sentarse alrededor de una mesa. De nuevo, el valor reside en transformar lo insustancial en excepcional y revestir de belleza las circunstancias banales que todos hemos vivido. Las pijamadas suelen verse como “asunto de chicas”, pero incluso los varones hemos compartido experiencias similares en grupo, en especial cuando niños porque nos atraía la idea de quedarnos más tarde de lo normal y compartir la noche entre amigos jugando o bromeando. Este sustrato de inocencia infantil se complementa, como acabo de mencionar, con el entusiasmo o adrenalina que suscita librarse del rígido control de las normas. Kyouko encarna el extremo máximo porque, para la rubia, este comportamiento no es excepcional (no restringido a determinado momento y lugar), sino constante y, aunque suene raro, perseverante en su incongruencia. Incluso la sexualidad, ese filón tan destacado (con justa razón, pues se dirige a un público adepto al yuri humorístico), es asumida con la ligereza de quien comete una palomillada, una joda sin consecuencias dolorosas que todas aceptan como una circunstancia anecdótica y digna de recordarse entre risas. Por ejemplo, incluso cuando el producto original proviene de una revista dedicada al manga lésbico, la conducta de Kyouko respecto de su identidad sexual sigue engendrándome dudas: no termina de quedarme claro si acosa a Chinatsu o acepta gustosa el beso de Chitose porque es una bisexual o lesbiana plena o porque antes que guiarse por sus deseos, prevalecen sus ganas de fregar, chonguear, molestar, o como decimos en Lima, meter chacota. La ambigüedad me conduce por una solución intermedia: para Kyouko, el placer es inseparable del juego, de la travesura altisonante. Pero la rubia se sustrae de cualquier regla, incluso de aquellas sugeridas por su propio ingenio disperso. Para comenzar, regala pijamas animales, pero la suya es de tomate. Y cuando propone usarlas toda la tarde, es la primera en quitársela. Se transgrede incluso el moe como recurso, porque luego de ataviar de lindura a sus amigas, ella rompe la atmósfera.

Volviendo al sentido de “síntesis”, el gran logro del episodio fue condensar la esencia del estilo Yuru Yuri: además de las características antes mencionadas, la conjunción de personalidades extravagantes enredándose en situaciones comunes donde cualquier acto aparentemente malintencionado (como Ayano cuando intenta frustrar los planes de diversión de -ejem- TOSHINO KYOOOUKO), pervertido (el coqueteo de Kyouko con Chinatsu), malévolo (los agravios mutuos entre Himawari y Sakurako) o cruel (el desprecio constante sobre Akkarin~ y su pésima suerte), es olvidado o perdonado de inmediato, como si en lugar de desunir, propiciara la amistad. Cualquiera con mínimo dos dedos de frente rompería su amistad con una chiquilla tan lúgubre de pensamiento como Chinachu-chan, de quien cabría sospechar oscuras intenciones y cierta pizca de hipocresía (sus propias amigas la llaman “oscura, excesiva y ácida”, pero su sujeción incondicional y fanática por Yui la tornan vulnerable y domesticable. La dinámica de insultos, golpes bajos y mala onda entre Himawari y Sakurako solo consigue estrechar su interdependencia, e incluso su sospechado romance, como si requiriesen de ese lenguaje para mantener el vínculo porque temen que expresar sus verdaderos sentimientos solo entorpezca su intensa relación. Dudo que ningún personaje en Yuru Yuri alcance este grado de razonamiento, pues se condice mejor con el melodrama o la love comedy, pero una comedia del absurdo puede (o quizá, le conviene) prescindir de la secuencialidad evolutiva, es decir, del progreso o desarrollo de las relaciones entre personajes, pues estos son eficientes en cuanto cumplen una función dentro de la estructura. Por ello, este capítulo deja en rienda suelta a cada chica para ser ellas mismas en sus rasgos más peculiares y característicos. Chizuru babeando y respondiendo con hostilidad, Chitose sonriendo con su inconcebible combinación de perversidad y candidez, Ayano irrumpiendo con sus arrebatos tsunderescos, Akari siendo víctima del bullying amical pese a su inocencia y la Presidenta irradiando su ternura con su imperceptible voz. Por allí captamos una probable alusión a -Saki- cuando Akkarin~ emplea involuntariamente su escasa perceptibilidad para contagiársela a sus fichas de othello como hacía Momoko Touyoko con sus movimientos de mahjong: los atributos burlescos del personaje son reutilizados como fuente de broma, casi de forma metatextual. El clímax humorístico se alcanza mediante esta misma fórmula, cuando Ayano se encuentra forzada a recurrir a las obsesiones fantasiosas de Chitose para ponerle freno a su rampage besuqueiro, como si dentro del propio mundo de la serie le encontraran una utilidad práctica a las rutinas cómicas. Mejor dicho, aprovechan el chiste para darle otro empleo con consecuencias igual de jocosas. Por ejemplo, el salón salpicado de sangre me recuerda una escena de Elfen Lied y, quién sabe, podría tratarse de un homenaje burlesco.

Además de referencias veladas (hipotéticas, podrían ser casualidades) a otros registros, Yuru Yuri gusta de autorreferenciarse: los labios de Akari son violados en dos capítulos distintos y termina igual de knock-out, la escena de transformación de Mirakurun es imitada primero por Kyouko (episodio 1) y reutilizada para Chinatsu, quien después de tantas humillaciones, termina admitiendo en su fuero interno su parecido físico con la heroína mágica pero termina perdiendo el concurso de imitaciones y provocando desagrado por sobreactuar cuando todas conocen su auténtica personalidad, truculenta y algo psicótica. Sintetizar el modelo también implica recopilar las mejores rutinas de comedia o hábitos grotescos y reinterpretarlos llevándolos al exceso más inconcebible. El sangrado de Chitose nunca alcanzó dimensiones volcánicas tan sanguinolentas, pero después de quedar embarradas de chorros de sangre ajena, se voltea la página, sus amigas olvidan ese suceso tan macabro, asqueroso y antihigiénico, la vida continúa y nadie parecería guardarle rencor a Chitose, a quien todas consideran una buena chica aquejada por una incómoda extravagancia. Opera una suerte de reseteo sentimental en la estructura. Para no perder la costumbre, la profesora de ciencias prepara una bomba como despertador y Akkarin~ decide superar a Yukko Aioi por el trofeo de chica más odiada por las fuerzas rectoras del Universo quedándose dormida mientras las demás salen a cepillarse los dientes: siguiendo el patrón habitual, a nadie le interesa rescatarla sino declararla muerta de antemano y rendirle homenaje a su sacrificio. De nuevo, una situación supuestamente penosa es reducida al ridículo: Akari ha sobrevivido pero su presencia es tan prescindible que prefieren declararla fallecida: después que Chinatsu la dejara rodar por el bosque sin partir a rescatarla sino luego de varios minutos, creí que la insensibilidad hacia el sufrimiento de Akkarin~ había alcanzado un pico, pero nada supera al sarcasmo de juzgarla muerta en vida porque, a final de cuentas, nadie se preocupa por sus cuitas. Honrarla con tamaña solemnidad mientras visten sus coloridas pijamas añade una nota paródica que redondea este resumen “in a nutshell” del original molde de humor que pretendía vendernos Yuru Yuri. Enmarcada en la reescritura del yuri dirigida al público masculino (con predominio del moe-ness y la picardía erótica sobre la idealización dramática propia del shoujo), quizá el mejor legado de su adaptación televisiva se concentre en su cualidad para hallar ocasión de transformar en una aventura traviesa cualquier circunstancia donde las chicas se sientan libres de desobedecer las normas. Porque si Kyouko y Yui fundaron el Club del Entretenimiento y se colaron como okupas en un salón deshabilitado, alguna propensión al desacato debió haberlas inspirado.

4 comentarios

  1. Un punto es como el yuri afecta los arquetipos de personajes, como el tsunderismo de Ayano que no se manifiesta en violencia o celos hacia la persona de su deseo, sino en rivalidad, Chinatsu de una chica inicialmente dulce a una muchacha acida y oscura, que Chitose como meganeko muestre mas su libido que su conocimiento, etc.
    Como aqui el yuri es tomado como natural, sin dilemas existenciales o dudas, eso hace que las chicas no se sorprendan cuando Chitose las besa en sentido que fuera su primer beso, de ahi hay gente preguntando si acaso las chicas ya besaron antes para no mencionar ese detalle, pero es solo por que se toma con naturalidad del cual publico yurista prefiere.
    Con Chizuru serian dos chicas con complejo de hermana en la serie, la otra seria Akane, la Nee-san de Akarin que por esta vez no aparecio y eso que el fandom ella es muy popular.

    25 septiembre 2011 en 22:22

  2. La personalidad de las chicas no puede ser alterada debido a su incidencia estructural en el relato. En el penúltimo episodio esto quedo demostrado cuando Kyouko cambio de personalidad y el club y toda la serie estuvo a punto de desmoronarse. De hecho todos los personajes colaboraron para mantener la trama tal cual es (pobre Akarin, siendo golpeada por todas sus amigas), y eso se hizo sentir con mucha fuerza en este capítulo, cuando todas se reunieron para pasarla bien y dejar sueltos sus propias personalidades…

    26 septiembre 2011 en 07:23

  3. danyami

    Segunel autor, Kyoko es bisexual, aunque no se si eso se diferencie de ser lesbiana, ya que en este yuruyuriland, los hombres no exsiten o son más desapercibidos que Akarin.
    Tambien pienso lo mismo de Yui,en el primer cap. cuando le dice al grupo de que tema hablar y ella dice sobre el amor, se estaba refiriendo a una relacion entre chicas??

    28 diciembre 2011 en 23:21

  4. Comento un año después— la verdad es que esta serie yuri rompe un poco los estereotipos yuri hasta ahora, sea del tipo: escondidito (si lo ves, te felicito si no, no importa) romantico (se gustan, terminan siendo parejita feliz, fin.) entre otras cosas. En cuestion, realmente, llegue a considerarlo (sin tener en cuenta que muchas son algo exageradas) un entorno bastante realista. En fin, a lo que voy, son un grupo de amigas les (o cualsea la orientación, bi tri, pan, bla) tonteando y perdiendo el tiempo, sin problemas existenciales ni amorosos. Se rien de sus amigas y siguen en lo suyo.

    13 abril 2012 en 18:25

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