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Morita-san wa Mukuchi 5-8: Motto motto

Silencio en la sala

Mayu Morita fue eliminada de Saimoe, pero alcanzó un porcentaje respetable, motivo para repasar sus brevísimas pero sustanciosas apariciones de agosto. Entre lluvias, helados, calorías, sudor, romances de verano, yutakas y el infaltable festival nocturno transcurre la fabulosa vida cotidiana de una chica común y corriente bajo la única premisa excepcional del perpetuo silencio.

Lo mejor del formato de Morita-san es administrar el humor en pocos pasos sin desperdiciar segundos. Cada secuencia me recuerda no necesariamente al yonkoma, sino al comic strip americano tipo gag-a-day que suelen publicar los periódicos: la “tira cómica” de número variado de paneles que resuelve un chiste independiente de forma instantánea o alargando el tempo. El paso del 4-koma a la animación provocaría este efecto de aceleración o dilatación difícil de conseguir si restringes la publicación a un esquema de cuatro pasos. Una alegre consecuencia es la feliz combinación de encanto y sobriedad.

Studio Gram es una empresa primeriza y Morita-san wa Mukuchi podría considerarse su opera prima en televisión. Es probable que todavía no cuenten con presupuesto suficiente para afrontar una serie regular de veinticinco minutos por episodio (el empleo elemental de recursos de animación y diseño lo demostraría), pero necesitan abrirse un espacio en la industria de manera independiente y este breve slot semanal es valioso para presentarse en sociedad, cada microrrelato está obligado a enganchar al público con contundencia. Hasta el momento, consiguieron su propósito al trazar con eficiencia las personalidades de cada integrante del elenco, en particular el cuarteto protagónico de amigas recurrentes. No confundamos el “trazo” con la profundidad porque hablamos de categorías diferentes. Para ahondar en las particularidades de cada personaje se requiere mayor tiempo para inspeccionar su trasfondo, como ocurre, por ejemplo, en A Channel. Sin embargo, cuando mencionaba la definición del trazado, aludía a la capacidad de transmitir un patrón de comportamiento, un arquetipo o rasgos distintivos. Por ejemplo, sabemos desde el inicio que Morita-san es taciturna y prefiere la comunicación gestual o conductual antes que expresarse con palabras. Nos acostumbramos, además, a la locuacidad y espontaneidad de Miki y sus ligereza para enamorarse. También diferenciamos a Chihiro por su carácter pragmático y algo superficial, y esperamos de Hana una actitud más tímida y lady-like. El trazado consiste en ubicar correctamente a los personajes en coordenadas que permiten al público tener expectativas coherentes acerca del perfil de un personaje. Por ello, aunque no exista un parentezco con el comic strip, mi experiencia como consumidor es cercana. Cuando leemos Peanuts o Mafalda, no necesitamos sumergirnos en profundidad en la vida de Linus o Manolito. En determinado momento, aprendimos a aguardar que ellos cumplan determinadas funciones, pues ellas son las premisas del humor. Otro ingrediente valioso es la cuestión lingüística o comunicacional. Como indicaba líneas arriba, se relata la rutina ordinaria de un grupo de amigas como cualquiera que hayamos conocido en situaciones tan banales y frecuentes como muchos las habremos vivido (el festival de verano podría sustituirse por algún evento o feria local) y en entornos familiares como la escuela. La única singularidad, que tampoco calificaría como “anomalía”, es la incompetencia verbal de Mayu, porque ni siquiera es discapacidad física (mudez). Varios chistes se originan sea porque Morita es incomprensible y provoca malentendidos, sea porque alguien milagrosamente puede adivinar o leer entrelíneas su razonamiento. Suena chistoso, pero cuando recuerdas que Miki ha sido compañera inseparable de Mayu desde inicial, resulta incluso conmovedor: un rayo de optimismo nos entibia el espíritu cuando concebimos, aunque sea desde la ficción, que cultivando la amistad puede alcanzarse semejante grado de comprensibilidad inmediata. La serie aprovecha esta instancia para introducir un chiste yuri en plan de joda, pero vinculado nuevamente con el aspecto comunicativo: Morita-san y Miki forman una pareja funcional porque mientras una representa el derroche, la otra encarna el déficit; mientras una es experta en hablar (demás), la otra está habituada a escuchar. Mentiríamos si denomináramos a esta dinámica “circuito comunicativo” porque la función de Mayu es receptiva de manera casi exclusiva, pero sí cabría llamarla “maquinaria de la expresividad”. Entre ambas, existe una interdependencia que establece un balance. Además, Miki suele fungir de intérprete, de traductora -al universo del lenguaje- de la vocación expresiva de Morita-san. El desafío del parfait nace del interés de nuestra silenciosa protagonista. Esa misma habilidad se proyecta a la calle donde le inventa un diálogo a una pareja de peatones que discuten. Miki necesita coparlo todo de actos de habla.

Otra faceta del humor comunicacional son los frecuentes malentendidos, en especial, aquellos que generan “ilusiones” o “wishful thinking”, en particular, cuando los chicos pretenden adaptar a la semántica de sus efusiones hormonales el sentido de conversaciones o gestos inocentes que podrían prestarse al equívoco siempre que el intérprete fuerce esta lectura de manera tendenciosa. Ellos son conscientes de estar comprendiendo la situación de forma errada, la única manera de imponer su interpretación sería negar la realidad que tienen al frente, pero para complacer sus vaporosas fantasías masculinas, optan por imaginar cómo sería si ocurriese según sus deseos de pubertad. La conversación acerca de pañuelos (comenzando porque sus elecciones son congruentes con sus personalidades, pero demasiado cercanas a la descripción de una pantaleta) alude a estas pícaras esperanzas y mediante un juego de perspectivas, manipula al espectador colocándolo al mismo nivel que el dueto de muchachos calenturientos del salón. No obstante, la serie aborda incluso estos guiños provocativos con finura, de manera apacible y amigable, con espíritu sano y travieso, sin pizca alguna de perversidad. Pocas veces puede aplaudirse la sobriedad en el humor, pero en Morita-san wa Mukuchi prevalece esa inocencia juvenil sin perder un ápice la frescura que caracteriza a la adolescencia. Las relaciones entre chicos y chicas son fuente inagotable de sonrisas. Miki tiene una pésima suerte para escoger sus prospectos, pues se enfrasca en la búsqueda de un ideal romántico, mientras que Chihiro, ni abstracta ni sentimental, apegada a su talante pragmático, prioriza las virtudes económicas. Antes que acusarlas de cándidas o avariciosas, se trata de diversificar el mapa de caracteres: a cada personaje, de acuerdo a sus rasgos, le corresponde una actitud hacia el emparejamiento. Hina juega el papel de chica simple, su pañuelo es blanco, siempre opta por escoger el camino más simple y quizá la solución más aburrida. Para completar el cuadro, si Mayu se caracteriza por la receptividad, antes que manifestarse, ese mismo atributo se aplica al juego del amor: en lugar de verbalizar sus preferencias, Morita-san será objeto del interés o afecto de personajes secundarios, por coincidencia, ambos cuatroojos. Según esta fórmula, el plano del lenguaje sería la base del resto de analogías: no hablar se corresponde con la ausencia de iniciativa romántica, mientras que desempeñarse como escucha o receptora equivaldría a recibir o hacerse beneficiario del sentimiento o deseo de otra persona. Encuentro obvio que Mayu concite la atención incluso de una stalker lésbica (y anónima pues su nombre oficial es Megane Musume): además de guapa, es misteriosa y sus raptos de ternura son irresistibles. Sin embargo, esta atracción que ejerce sobre sus colegas de clase parecería contravenir los tópicos adjuntos al arquetipo de chica reservada. Aunque al principio algunos confundían su mirada penetrante y consideraban a Morita una suerte de antisocial, la conformación del cuarteto ha disipado esa imagen negativa. Dentro del entorno ficticio, al parecer, todos parecen haber descubierto la clave de su personalidad. Como cualquier chica normal, Mayu se preocupa porque su cuerpo no huela cuando suda o siente vergüenza porque, debido a su inexperiencia y torpeza, no logra retribuir al talento yamato nadeshiko de su madre. Como muchas jovencitas, le encantan los dulces y helados, hasta alborozarse de placer probando un enorme parfait. Esa normalidad contrasta con su mutismo, pero la mayoría ha descubierto que en lugar de callar por miedo, se demora justamente porque ansía comunicarse y ese afán termina convirtiéndose en obstáculo. Sin embargo, el intercambio lingüístico no agota el verdadero significado de la amistad. Quizá ni siquiera sea requisito indispensable para divertirse. El auténtico cariño consiste en compartir instantes memorables de alegría y permitir que fluyan los sentimientos con naturalidad y comprensibilidad, como cuando las chicas, antes que quedarse a divisar los fuegos artificiales desde un mirador, prefieren pasar un rato juntas encendiendo bengalas para no abandonar a Morita. Esta clase de amigas valen más que mil palabras.

3 comentarios

  1. Mas que falta de presupuesto, diria falta de oportunidad para darle tiempo lo que es comun como ultimamente surgio el espacio Yuruani para exponer cortos en flash, el ultimo es Double-J que resulta muy interesante sino fuera su poca extención. Una cosa que es reutilizan algunos segmentos del ova, lo que lleva a creer que si logra su serie regular van a reutilizarlos, no es un problema ya que estarian para un publico mayoritario y diferente

    15 septiembre 2011 en 06:45

  2. Morita-san!! no importa si solo duran 3 min cada capítulo, siempre logra sacarme una sonrisa. Mayu es adorable en su silencio, se parece mucho a Shiori (y graciosamente es la misma seiyuu xD) donde la mayoría de lo que quiere decir se queda en su cabeza pero tal vez sea por eso: que la falta de palabras implique una profundidad de pensamiento.

    15 septiembre 2011 en 08:42

  3. En el caso de Morita-san, se he reutilizado casi todo lo que se plasmó en la priemra OVA (hasta la broma de los ojos de calamar).
    Me encantó esta reseña explicativa de la brevísima serie. Tienes razón al identificar los detalles de comprensión entre las muchachas, y los arrebatos de los compañeros de clase, que aunados con todo e insinuaciones, no llegan a demostrar nadita de preversión. La serie aunque cortísima se siente fresca y vital, cotidiana pero no aburrida, graciosa pero no desternillante. Una vez más tus palabras hallan la manera de hacerle honor a una pequeña obra de arte
    Gracias por tus esfuerzos

    16 septiembre 2011 en 18:02

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