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Blood-C 7: Investigaciones de un perro

I'm so thirsty

Olfato agudo, ojos pensativos y tamaño diminuto, descripción exacta de un hechicero convertido en un canino para cumplir una promesa desconocida a un cliente anónimo. El perro misterioso que aparece en cada episodio para ser perseguido, abrazado y admirado por su ternura, convertido después en animal de compañía que hace preguntas inquisitoriales a su interrogada favorita. No sabemos nada, no entendemos nada. El perro habla y contesta con preguntas. Es dueño de una tienda a la que van seres anormales – perros, humanos, quién sabe –. Hace promesas a extraños cobrando un precio, un precio igual a la dificultad de cumplir el deseo que se le ha encargado. El perro habla de reglas, reglas mágicas que limitan sus jugadas, convirtiéndolo en un cuadrúpedo domestico con una misión exacta: sacar a la pequeña Alicia de su país de fantasías. Qué lindo sería que este pequeño animal no fuera más que un simple chiste, pero él es en realidad un personaje conocido (sin duda) de otro mundo antiguo. El conejo blanco que guía a nuestra protagonista en su camino de regreso a su anterior estado de vida, se involucra con cautela en el despertar de la princesa. Sus ladridos, convertidos en palabras, causan dolores de cabeza a la guerrera sagrada, degradada hasta convertirse en una mentira, pues ni es sacerdotiza que empuña una espada divina…

Un mundo de mentiras:

All this is false

Siendo sincero me he sentido un tanto decepcionado de Blood-C en muchos aspectos, en especial de los relativos al desarrollo de la serie. Esperaba una historia más fluida, sin embargo, ha quedado anquilosada, atada a una estructura de significaciones contrarias, esperaba más y quizás eso le ha quitado atractivo a lo largo del camino, estoy seguro que más de uno la ha dejado de seguir cada semana. Muchos hemos continuado observando el desenvolvimiento de los acontecimientos, que si bien se ha acelerado en los últimos tres episodios, continua sin establecer un rumbo fijo. Esta decepción es mitigada por la emoción que me causa la sangre derramada. Toda la historia ha girado alrededor de un secreto que jamás ha sido enunciado y por más que queramos sigue eludiendo la conciencia de la protagonista, seguimos dándole vueltas y vueltas al mismo asunto desde el comienzo hasta el fin y en la circularidad de la trama el mundo permanece sellado tal y como el pueblo en que vive Saya. Estas quejas parecen pasajeras, pero tal vez sea bastante tarde después de que todo ha comenzado a funcionar. Quizás esta serie se parezca a la enfermedad de un neurótico, de un maniaco deprimido o una histérica incapaz de encontrar su problema, de enunciar en palabras su autentico deseo, por eso Saya sigue reprimiendo lo relacionado con sus recuerdos, permanece atrapada en una especie de trauma que la continúa sumergiendo en un pozo de porquerías: tripas y sesos que llenan las calles, los bosques y parques, festines para seres sobrenaturales que se deleitan con los manjares que son esos monos bípedos arrogantes. En realidad, aunque pensamos que todo lo que sucede tiene un principio de misterio y revelación de lo oculto, nada soluciona las jaquecas de Saya y hablar con otros empeora su condición clínica. La personalidad y el estado anímico de la chica se deterioran rápidamente: quítenle a Saya su sonrisa y el resto se vendrá abajo por reacción en cadena: en estos momentos la identidad y personalidad de la joven guerrera es puesta en duda, convertida en un signo de interrogación y burla – el enemigo de hoy ríe como loco frente a los enunciados sin sentido que nuestra protagonista despliega frente a un verdadero oponente. Los engranajes que conforman las trampillas del escenario se han puesto en marcha para contarnos una historia terrible, donde los asesinatos son diarios. Quizás estas muertes sean lo único significante dentro de este juego de simulacros que parece extenderse por todas partes: el pueblo fantasma  parece que fue abandonado hace tiempo, suficiente para que un auto se convirtiera en un montón de chatarra oxidada, la visión nubosa de Saya en su caminata urbana nos deja ver lugares desiertos, espacios no habitados por hombres y mujeres cuerdos. Se han marchado hace mucho tiempo las personas que viven en este recinto humano, caparazones vacios y cascaras rotas es lo único que han dejado.

El secreto que se mantiene como el gran misterio de la serie me ha impedido hablar de forma positiva, pues lo no dicho es precisamente lo ‘‘no-dicho’’; el argumento principal de toda la historia permanece escondido, enterrado o guardado en un closet en lo más profundo de un desorden. Capas y capas de tierra aprisionan una verdad que quiere gritar con todas sus fuerzas. Parece inminente su revelación, aunque se retrasa su aparición. Es un silencio que carcome a los personajes, especialmente a Saya. El escarabajo samurái de múltiples brazos se muestra confundido ante las respuestas de su oponente. ¿Madre? ¿Promesa? ¿Espada sagrada? Todas esas verdades que salen de la boca de Tadayoshi no son más que mentiras. Las palabras no dicen las cosas, Saya se aferra a ídolos establecidos para su control y transformación. Pensemos en la escena en que Saya se desmaya en el templo, el padre y la hija repiten las mismas oraciones que antes utilizaran en el episodio dos. Esa repetición calma la angustia de la chica, mientras que ella está fracturada en lo profundo de su existencia. Quiere creer lo que los demás le dicen, pero resulta que con el tiempo esa existencia se hace más falsa. Han quedado confirmadas las sospechas del experimento, además de haberse convertido en una apuesta para probar quién tiene razón, quién posee mayor acercamiento a la verdad convertida en mentira, a la noche en día, al hogar que se hace campo de batalla. La esencia pasa a segundo plano para hacerse una nada sin fundamento. El pesado monstruo del día convierte en comedia los gestos de la heroína. Acusa a los humanos de ser malditos, de incumplir pactos, de tener doble rostro, etc… Él le dice a Saya que descubra la verdad por sí misma. Ademas de que esta mole maciza acusa a la pequeña luchadora de haberse debilitado y ser engañada por los humanos, mira con sarcasmo a la jovencita de trenzas con la que parece haberse encontrado en otro tiempo y espacio. La antigua Saya (de ojos rojos) es una asesina despiadada, especializada en clavar su espada en la garganta de sus oponentes y verlos desangrar hasta el momento de su muerte. Máquina de matar que elimina sin cesar, incluso el samurái que se mostraba escéptico al principio, se emocionó cuando sintió incrementarse las destrezas de la sanguinaria cazadora…

En el fondo creo que el mundo que habitaba Saya en los primeros episodios se desmoronó bajo su propio peso. Estoy seguro de que ella vive en un mundo prefabricado, especie de Show de Truman, donde su vida ha sido definida de antemano, un rol que Saya ha desempeñado a la perfección, aunque en estos momentos los últimos sucesos le hayan sustraído parte de la fe que tenía por el espacio que protegía.  En estos momentos el experimento parece estar fracasando. En Blood-C ya se eliminaron todas las escenas de slice-of-life, se incrementaron el tiempo de las batallas y las conversaciones misteriosas con los amigos y vecinos. Si este mundo es una simulación real o espiritual (un sueño muy largo), eso explica por qué Saya es incapaz de salvar a las personas que la rodean, quienes mueren en todos los episodios de uno o varios. Nada más alejado del prototipo de héroe ideal. Drogada y carente de habilidades para ayudar a los otros de forma eficaz, no sorprende que en todos los capítulos alguien muera. De todos modos, no es la misión de Saya proteger este pueblo y sus habitantes, si el perro tiene razón, entonces la vida de Saya esta tejida alrededor de mentiras y experiencias simuladas, conejillo de indias en una jaula. Cuando este perro pregunta a quién le hizo su promesa, intenta despertar a la joven cubierta por un velo de maya, habitando un mundo del cual no se puede decir que exista o no, simplemente es lo que aparece frente a los ojos, o más bien el cerebro, utilizado en el experimento. Saber quién tiene razón ha costado la vida de muchos…

Otro problema es la auto-presentación del perro: si alguna vez vieron xxxHolic se acordarán que el concepto central de la serie, paralela a Tsubasa, era la de una tienda que concedía los deseos de los viajeros, fueran interdimensionales o personas comunes. Posteriormente a la muerte de Yuko, Watanuki toma posesión de la tienda, por lo que pensar que el perro es éste último no resulta descabellado y menos aun cuando el mismo seiyuu, Jun Fukuyama, hace la voz del canino. Sus ojos azules tienen los mismos rasgos de Watanuki. Clamp tiende a conectar todas sus series por medio de un multiverso que relaciona a todos sus personajes, involucrándolos en un espacio conjunto. Que los diseños de cada uno de los protagonistas de sus series se parezcan no es una coincidencia, pues facilita la interrelación que establecen los diferentes mundos que se encuentran en algunas de sus series, esto permite una especie de cameo que ayuda a narrar historias. Por otro lado, la franquicia de Blood también fue definida, desde sus inicios, como un multiverso donde sus creadores exploran diferentes posibilidades de narración de los diferentes personajes. Teniendo en cuenta que estas realidades se entremezclan en este anime, debo decir que es un producto conjunto en el que se hace sentir con mucha fuerza la intervención de Clamp, y más aún si conectan la trama con xxxHolic. Si el deseo era sacar a Saya del frasco en que se encuentra atrapada, el perro que fue por ella se convierte en una variable indeseada que mete su hocico donde no debería olfatear lo que no le importa. El pequeño animal habla sobre maldad, le advierte a la joven chica que no siempre puedes fiarte de las intenciones de los demás, algunas veces la maldad no se filtra de frente y, si eres cuidadoso, los demás no se molestaran en verte. Saya recupera su alegría al comer con Fumito, no obstante las advertencias del perro son más escalofriantes. Si su objetivo es despertar a la vampiro que hay en ella, entonces es cuestión de tiempo para que eso suceda. Parada sobre sus cuatro extremidades, el anhelo de sangre se apodera de la joven que acerca su boca al charco carmesí en el que se refleja por completo, detenida en el último momento por un conocido que la llama desde atrás. Saya se encuentra en una encrucijada, el camino que siga depende del desarrollo subsiguiente de la trama, sin embargo, ahora queda claro que en ella late una interioridad modificada por los humanos. Los hilos que la han aprisionado comienzan a romperse, la verdad sobre la vida que Saya ha experimentado comienza a vislumbrase…

Una respuesta

  1. Kabuto Sugata C-Alpha

    excelentes concluciones aun hay esperar la verdad no dicha y la razon de los ojos rojos de saya asi como su frialdad y la activacion de su instinto asesino la aparicion de Watanuki como un perro con anuncios escalofriantes solo seran el preludio de las masacres y el baño de sangres que se avecinan en al serie…

    29 agosto 2011 en 19:46

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