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Blood-C 6: Una caminante y su sombra

Walking under (blood) rain

Hay momentos en que la vida se escapa entre mis dedos. No encuentro palabras, no encuentro sentido, cuando lo Real ha irrumpido dentro del mundo. No puedo hablar, no puedo enunciar, con mi canción, el dolor que siento. Los demás se han desvanecido, dejando un agujero negro sin sentido. Me es imposible llenarlo, decir algo al respecto. Mi razón y mis pensamientos fallan por completo. Ante la muerte no hay palabras, sólo lágrimas, caras deformadas por la angustia y el llanto. La sangre que cubre la superficie de la tierra conduce mi alma hacia la locura de la angustia, el torbellino oscuro, la existencia amarga. Si acaso estoy condenada a ver las muertes de todos a quienes quiero, entonces la vida se ha extraviado en una tempestad maldita. Mis espejos se han quebrado en miles de partes, rompecabezas abstracto donde las partes se desunen al mínimo contacto. La carne y los huesos se diluyen como tormento, ningún ser humano puede ser rearmado.

Podemos hablar de cualquier cosa, discutir sobre muchos eventos, sucesos, elementos. Crear juegos de palabras y danzar con mascaras, ver y comentar una obra bella y buena. Gastar nuestro tiempo en diálogos vacíos, chatear sin fin en la red mundial. Sin embargo, frente a la finitud callamos; el silencio es parte de esa incomprensión, de la imposibilidad de expresión de algo, lo más real, lo más actual. Gozamos, cantamos, reímos, nos divertimos, encontramos sentido a la vida, pero es un error creer que todo tiene un sentido, una razón de ser. El sinsentido nace de la imposibilidad del sentido de abarcar por completo lo que llamamos realidad. Más que ser el reverso del sentido, el sinsentido es la imposibilidad de uniformizar el espacio de la vida. El sentido de vez en cuando flaquea, se desmorona como un castillo de arena. La vida se enfrenta a la falta de sentido, a la incapacidad de significar el mundo. Lo Real, en el sentido lacaniano, es la imposibilidad, de recoger del fondo del barril, lo sucedido. ¿Cómo podríamos usar nuestro lenguaje para intentar expresar lo inexpresable? ¿Cómo podríamos relatar a alguien nuestra pena? Pareciera que todo está controlado, quieto, calmado; de repente, un asesinato, un desastre natural que rompe con la trama, con la historia, con la sincronía. La irrupción es violenta y ante ella callamos, nos quedamos boquiabiertos y sin enunciados. La muerte es el acontecimiento por excelencia, ante ella no podemos decir nada. Podemos hacer elucubraciones metafísicas, establecer verdades divinas, no obstante las palabras no logran más que cubrir, con una capa de barniz, lo que en el fondo ninguno es capaz de aceptar, de confrontar. Podemos hablar de lo acontecido después de la muerte o de lo que sucede antes de ella, pero sobre el acontecimiento en sí nuestras bocas permanecen cerradas. Esas palabras no pueden responder a las preguntas sinceras que un alma realiza acerca de sí misma; cuando ellas caen en el desuso, pierden su fuerza y su consuelo se vuelve inútil y poco conveniente. Ningún sistema, por completo que sea, puede  responder a las preguntas de la existencia, de ahí su inutilidad. Saya experimentó este sufrimiento de primera mano al ser incapaz de salvar a las gemelas Motoe. Doble muerte, doble perdida, doble carga, doble culpa. Un cienpiés gigante sale de lo profundo de la tierra, y como una oruga antes que él (Charlotte), devora la cabeza de una adolescente. El cuerpo se mueve sin vida frente a la trituración que sufre la indefensa víctima. Una viajera y su sombra recorren todo un pueblo buscando a su hermana. En el camino, la joven pierde la cordura, conducida a los abismos de la desesperación; la sombra susurra, muta, convierte a su dueña en una marioneta, se lanza con sus fauces abiertas para comer todo lo que le rodea: basureros y personas se vuelven sus presas, aplastadas por dientes, lanzas y una oscuridad impenetrable. El cuerpo es mutilado y hecho pedazos de formas anormales, convertido en mantequilla o en un osito de goma que se estira y devora. Frágil, delicado, el cuerpo es consumido hasta el hartazgo. Vuelan por los aires la sangre, la ropa y los miembros que no han sido digeridos por completo. Dos muertes en un solo episodio.

Obviously, he's jeleously

La tragedia invade el microcosmos de Saya. Ahora ese mundo es un lugar tenebroso. Se proporciona cariño, se busca apoyo en los otros, mas el amor y el auxilio no consiguen nada frente a la desesperanza. La muerte es, no se puede negar, a riesgo de creer que el espíritu se libera de la materialidad para perderse irremediablemente en la nada del infinito. Saya no puede esbozar una sonrisa de nuevo, se desmaya, suspira, no canta ni baila. En su rostro la angustia exhala su perfume inconfundible, llenando su espacio intimo de preocupación. Sus amigos se convierten en enemigos envueltos en telarañas siniestras en el fondo de cuevas, ojos sin luz que vuelan por los cielos. Saya repite dos veces la tragedia y ella se repite incansablemente, es una X que vuelve a revelarse, una nada que vuelve a develarse. Observa un zapato perdido, rodeado por un charco de sangre, zapato de una amiga muerta al instante. Se repite el sufrimiento dos veces, en el espíritu y en el mundo físico. El recuerdo causa un dolor de cabeza, la lluvia roja una provoca un grito, un desasosiego, un sentimiento de impotencia. Sería mejor que todo fuera un sueño, que nada hubiera ocurrido, que la vida hubiera transcurrido en paz; ese sueño nos quita el pensamiento, las ganas de hacer más. El café que nos trae un amigo nos quita el sufrimiento del momento, borra nuestros recuerdos y nos hace considerar que lo ocurrido fue una ilusión, un estallido de imaginación. Volvemos a clase sin alegría para encontrar puestos desocupados y despertar, golpearnos contra la pared de la verdad. Un perro nos habla, comienza a cuestionar nuestro modo de accionar, nos empieza a decir que la realidad en la que estamos es un lugar del que debemos escapar, abrir los ojos, usarlos para observar. Dejar de lado nuestra inocencia, rayar nuestra cabeza con trazos abstrusos hechos al azar, con furia, poseídos por un dolor que manifestamos con torpeza. Intentamos sacar algo del fondo de nosotros.  Los recuerdos de Saya no salen a la luz, los lugares que visita permanecen perdidos en las profundidades de un laberinto.

Saya es una pésima heroína. Las personas que protege mueren delante de ella, la gente del pueblo es consumida en el día. Quizás este es el carnaval del que nos hablaron antes, un mundo al revés que se constituye en la muerte. Si en los primeros episodios la alegría, la luz y el gozo constituían la vida de Saya, causaban repulsión a los espectadores y provocaban aburrimiento en su etapa diurna, ahora la noche se ha convertido en día, lo exterior se ha vuelto interioridad constitutiva. El carnaval es la trama misma. El mundo se ha puesto de cabeza, causando estragos en todas direcciones. Saya no rescata a nadie, las personas a su alrededor son eliminadas en formas brutales. Una heroína que no salva a los indefensos, un pueblo habitado por demonios que aparecen en cualquier parte, amigos que parecen ocultar secretos extraños, perros parlantes de tamaño diminuto. El misterio no sale a la luz, permanece escondido, evitando ser visto lo más que puede. Ahora sabemos que Tadayoshi puede controlar a su hija ordenándole dormir, que el café de Fumito provoca que Saya olvide los incidentes que vive, que Tokizane y Kanade-sensei saben del secreto de Kisaragi e Itsuki está celoso. Todos estos pequeños incidentes, basados sobre el silencio, nos muestran que lo más importante es lo que no se dice. Miradas, frases desconectadas, son indicios de algo más, algo que no tiene realidad substancial o es confusión total. Lo no dicho permanece callado, desterrado en lo profundo del inconsciente humano. Con todo esto el mundo se ha invertido: lo que una vez fue, se ha perdido, paraíso estático que se puso en movimiento hacia la pesadilla del otro extremo.

She's beautiful when she wake up

Anotaciones sobre narratología:

La estructura de un cuento, de una novela, de un libro de historia se basan sobre la búsqueda incansable de un objeto por parte de un sujeto (Propp). El objeto encierra el deseo, funciona como polo magnético. En la literatura, sea la que sea, el objeto se ha perdido, se carece de él y es él el que se desea recuperar, toda historia termina con la recuperación de lo que se ha perdido en un principio: el amor, la armonía, la salvación del mundo. Así, la historia humana, desde el relato bíblico, no es otra cosa que la expulsión del hombre del paraíso y el intento de regresar a ese estado perdido. En el momento en que este se recupera, la historia finaliza, se crea una utopía donde la vida termina, el sentido se cierra y deja de producir algo distinto. Algo falta en el mundo y ese algo abre el mundo. Si el universo estuviera completo entonces estaría cerrado, muerto, incambiable. En los primeros tres episodios de Blood-C contemplamos este problema, la utopía de Saya se encontraba cerrada. Ahora los agujeros dentro de la trama se han abierto demasiado y el contenido del recipiente a comenzado a regarse incontrolablemente. Se ha recuperado una cierta forma de vida…

Good bye

2 comentarios

  1. Me encantó tu análisis tan extenso basándote en un solo episodio, tienes una prosa realmente magnífica aunque eso seguro ya lo sabes; por otro lado deberías dejar de usar el inglés para los pies de foto… ninguno de los dos es gramaticalmente correcto. Saludos.

    6 octubre 2011 en 02:45

  2. Supongo tengo mucho que aprender…

    6 octubre 2011 en 08:28

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