Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Mai Minakami. Ars trolleandi

Chúpate esa mandarina, Ovidio

Como crítico literario, me complace presentar y recomendar esta sugerente mezcla de poesía narrativa y didáctica con provocativo título latinizante, obra de la debutante autora japonesa Mai Minakami, quien gracias a este lanzamiento se convirtió en best seller mundial. Con suma maestría para la versificación clásica y una profusa erudición —quizá demasiada para la tierna edad de dieciséis años— esta poetisa high school relata en tono autobiográfico sus enriquecedoras experiencias practicando el trolling contra sus compañeras de preparatoria y ofrece pautas para convertirnos en infalibles jodones. Sus detractores sostienen que Minakami ha publicado un libro repugnante e inmoral, que hace apología del abuso contra el prójimo, que pretende humanizar la maldad. Según sus enemigos, la chiquilla de lentes propugna una ética perversa que enarbola la superioridad absoluta del intelectual sobre el resto de personas, reivindicando toda clase de maltratos y vejaciones como manifestación de un orden jerárquico natural donde los inteligentes siempre se reirán de los idiotas. Reseñaremos en este artículo algunos fragmentos memorables de este polémico texto dedicado (como muestra del humor socarrón de Minakami) “a la memoria del primer Buda Maitreya”.

Ars trolleandi no está escrito en orden cronológico, sino sentimental, según la autora recuerda los eventos. Se inicia con “Adulescentia meae iucundius tempus” (“El momento más grato de mi adolescencia”), donde narra su encuentro con un personaje recurrente en sus evocaciones, a quien disfraza bajo el pseudónimo de Yukko y representa la naturaleza común y corriente de las grandes masas humanas: estúpidas, atolondradas, crédulas, temerosas y fáciles de engañar. Ella será el receptáculo de la mayoría de bromas pesadas que Minakami pone como ejemplos de grandeza trollera. Yukko es ridícula y gritona, se cree ingeniosa porque aprendió algunas cuantas cosas en televisión, pierde rápido la confianza en sus escasas capacidades y luce tan indefensa que provoca mortificarla para que sufra. La misma narradora admite que, quizá al comienzo, sintió una leve excitación lésbica por la idiotez de Yukko, pero descubrió de inmediato que fingir ser lesbiana para trollear a su amiga le procuraba más placer, porque haciendo escarnio de otros no tendría que compartir su gozo. Minakami declara que el trolleo perfecto nunca es espontáneo ni debe encomendarse nada a la inspiración. Todo detalle se planifica: el mejor momento (el atardecer, pues es romántico), el lugar idóneo (la orilla del riachuelo, porque asegura cierto grado de privacidad y poeticidad) y un guión preciso que prevenga las posibles reacciones de la persona burlada. La estrategia consiste en manipularla mediante una retahíla de proposiciones contradictorias que conduzcan a la idiota a perder la calma y no poder diferenciar cuándo le están tomando el pelo. Cada vez que Yukko llegaba a una conclusión, la narradora derrumbaba sus certezas aclarándole que estaba bromeando: la convence de volverse “hermanas”, le confiesa su amor, lo niega, luego la obliga a acusarse de mentirosa para después forzarla a pedirle disculpas… y vuelve a decirle cayó en su chiste. Puede declararse ganadora a la trollera cuando su víctima se arroja con impotencia boca abajo en señal de negación pues su escasez de sesos le impide responder. La desesperación del ignorante, afirma Minakami, es presea dorada para el intelectual. El idiota debe sentirse, además de dominado, atrapado sin salidas y tratando con desdén. Su opinión no importa, el mundo entero debe parecerle conjurado para torturarlo. El secreto para mantener sujeta a Yukko, a pesar de humillarla constantemente, consiste en nunca reírse en su cara, sino gozar hacia adentro, disfrutar con frugalidad y serenidad, en armonía espiritual, porque exagerar, hacer muecas, alharaca y carcajearse delante del vulgo implica que el trollero sigue amarrado al “seclum”, a lo mundano, cuando debe ridiculizarlo para liberarse y trascenderlo. Muchos sostienen que Minakami habría inventado una corriente denominada budismo troll.

Moe metaliterario en acción (ocultamos el rostro de la amiga mangaka para preservar su identidad)

Otro momento glorioso y divertido en Ars trolleandi ocurre cuando la narradora emplea sus dotes destructivas para criticar con acidez el trabajo de una amiga mangaka, a quien llama por el risueño apodo de Naganohara-sensei (suponemos que sería su pen-name, porque ¿quién tendría ese apellido tan extravagante?). La dibujante necesitaba ayuda para darle los acabados a su primera obra maestra del yaoi y pidió el apoyo de sus compañeras. Le encarga a Minakami una tarea menor, pero 1. nuestra narradora tiene un monstruoso orgullo de artista, se niega a seguir las indicaciones y opta por obedecer a sus principios y darle rienda suelta a su creatividad; 2. como es una escritora de tendencias barrocas, sufre de horror vacui u “horror al vacío”, e intenta embellecer la porquería de relato que -sin decoro estético- pretendía publicar Naganohara-sensei; y finalmente 3. al percatarse, con dolor, que esa historia era insalvable por aburrida y vomitiva, decide decírselo a secas a su autora e insiste en continuar interviniendo cuando le propone un argumento más interesante, una adaptación shounen y GAR del Taketori Monogatari. La mangaka sucumbre presa de la exasperación, cree vivir el peor día de su vida y cada intromisión de Minakami sobre sus dibujos hunden sus esperanzas y le provocan un desasosiego porque la Realidad parece tornarse surreal. Una aspiración del troll, según la autora, es sumir al idiota en una suerte de pesadilla prolongada. El estilo de trolling que divulga no consiste en comportarse como un bufón, porque entonces te perderán el respeto, ni tampoco en hacer breves chistosadas, sino en trazar un plan extenso y acumulativo: el estúpido debe ir hundiéndose progresivamente en un torbellino de zozobra mental. La joda debe ser de largo aliento y desarrollarse in crescendo para desatar la locura. Naganohara-sensei decide huir de la hiriente Realidad y, en lugar de admitir su mediocridad, “expulsa” con amabilidad a Minakami, es decir, al elemento perturbador que pone en peligro su falaz tranquilidad, ese erróneo convencimiento de su falso talento, para sentirse más segura con sus mentiras. La narradora nos demuestra con esta divertida viñeta, donde vemos a la mangaka retorcerse de confusión, que trollear es un método de búsqueda de la Verdad. La fórmula más eficaz para poner en acción estos postulados es mantener una expresión monocorde, eliminando las emociones, los matices del lenguaje, pues así se acentúa el contraste con la víctima, que lleva lo contrario al extremo. Hablando con monotonía, la persona trolleada tampoco podrá encolerizarse con el burlador, porque le resultará complicado acusarla de mala intención (no habiendo un goce abiertamiente manifiesto) y porque su conciencia le será inaccesible, impenetrable. Nadie podrá ni intentará siquiera leer su mente, colocándola a ella, el intelecto supremo, por encima de las idiotas, con sus instintos desbocados.

Este debut en imprenta nos deja un magnífico sabor. La filosofía de Minakami es maliciosa y maquiavélica, pero persigue fines trascendentes y dignos, accesibles a la aristocracia del pensamiento, no apto para gentes de mentalidad simple y ligera. La joven ha logrado domar los ímpetus de adolescencia y mirar el mundo no con angustia juvenil, sino con sorna. Esperamos más historias entretenidas y reflexivas en próximas publicaciones de esta enfant terrible de las letras japonesas contemporáneas.

Ars trolleandi
155 páginas.
Helvetica Standard Editores.

4 comentarios

  1. KasugaKyosuke

    Notable, simplemente maestro. Mai es una diosa en el arte del troll, y sin temor a equivocarme ocupa un lugar de prestigio en el Trollimpo, junto a Kyuubei, Troll-dad y un selecto grupo de deidades. Gracias Serious por darnos el placer de conocer la obra de Minakami, y espero poder disfrutar de un nuevo texto de la gran y joven autrolla. Best Seller

    22 agosto 2011 en 18:43

  2. …Y donde lo compro???
    Muy buena, me hizo reir un montón.
    Selamat malam!

    22 agosto 2011 en 20:36

  3. Excelente libro, a pesar de la intelectualidad del libro, la autora le da un aire juvenil y de actualidad, que le da al mundo literario un cambio con respecto a los comúnmente visto, a demostrado ser una genio, que logra desbocar su sapiencia literaria, pero añadiendo un indiscutible toque personal, todo un descubrimiento el mundo que logra desarrollar, siento que esboza una critica cultural acerca de la juventud actual, una falta en la búsqueda del significado de ser joven, dejándose llevar por la liviandades de la vida, excelente, espero ver pronto la siguiente obra de Minakami que promete mucho.

    23 agosto 2011 en 10:32

  4. Pingback: Anime Girl: Mai Minakami, Troll style life « To aru DJ no Mijogo

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