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Love GetChu -Miracle Seiyuu Hakusho- 17: Workaholics

Las cotidianas zancadillas

Los lectores se preguntarán, con justa razón, qué sentido tiene reseñar una irrelevante serie de 2006, tan desdeñada que, hasta la fecha, no disponemos ni siquiera de RAWs decentes, solo se conoce una versión en formato 4:3, y ningún grupo de fansubbers se animó a terminar de subtitularla (hasta que Oyatsu Fansubs decidió recoger la posta abandonada por otros equipos). A simple vista, podría desanimarnos su animación rudimentaria y barata, con sabor inequívoco a principios de la década pasada, pero Love GetChu es un relato metatextual: un anime que cuenta cómo se hacen los anime, que traza una descripción cómica y melodramática del capital humano involucrado en la producción. Al optar por una perspectiva idealista antes que realista, traslada los esquemas del drama romántico al contexto de seiyuus, idols, animadores, managers. Si series como Nogizaka Haruka no Himitsu ofrecían una imagen amable y sentimental del entorno otaku, Love GetChu realiza una operación análoga con aquellos lugares que constituyen ese “otro” espacio del imaginario territorial del anime: cabinas de doblaje, agencias de talentos, estudios de animación, academias.

Aunque luzca poco atractiva, la combinación resulta entretenida gracias a la confluencia del típico triángulo amoroso de la love comedy y una versión light del cuento vocacional, una forma de relato de aprendizaje donde el sujeto ingresa o reconoce su entorno de trabajo, se tropieza, paga derecho de piso, colecta experiencias y asciende al reconciliar su identidad individual con sus responsabilidades y aspiraciones. Todo, configurado dentro de una atmósfera amical, pese a desarrollarse en paralelo con una corriente de competitividad que contamina otras facetas del quehacer cotidiano. El argumento es sencillo, pues se apela a simplificar todo aspecto conflictivo reduciéndolo a alguna categoría del melodrama con sus tonos de comedia ridícula y sus exagerados sobresaltos trágicos. Momoko Ichihara, nuestra heroína, es una veinteañera con espíritu de colegiala, torpe y atolondrada, pero capaz de esforzarse con mucho esmero para mejorar y sobresalir gracias a su buena voluntad y desbordante vitalidad que, como podrán adivinar, deriva en genialidades o desastres. Desde su primera irrupción, podemos reconocer este tópico de chica atarantada y cándida que “conversa” con su peluche amuleto. Momoko pretende convertirse en seiyuu inspirada por cierto drama deportivo (sobre una patinadora principiante) cuyos episodios suelen coincidir de manera demasiado oportuna con las etapas del crecimiento profesional de Ichihara. Aunque comienzan detestándose mutuamente, Momoko forja una relación sentimental con Atari-kun, un aspirante a animador que ingresa a trabajar (pobre muchacho) a un estudio de animación (y durante este episodio se desmaya por anemia y fatiga causada por stress laboral). También este personaje está modelado según algunos patrones arquetípicos que continúan vigentes: un chico común y corriente, sin atractivo varonil, incluso con un aire flagrante de nerd y escaso tacto para sus relaciones sociales, de manera que, cuando lidie al inicio con Momoko, ambos se repelerán con terquedad tsunderesca. Entonces, existen dos niveles de metaliterariedad: la primera, la puesta en escena de aquello que ocurre tras bambalinas al fabricar un anime. Una escena importante de la serie transcurre durante la primera grabación en serio de nuestra protagonista. Se explica cómo los actores se posicionan en determinados micrófonos, obedeciendo a la regla tácita de retirarse apenas terminen sus líneas y cómo los seiyuus, a falta de episodios completos, deben utilizar como referencia únicamente los storyboards. Esta situación confusa aturde emocionalmente a Ichihara-san, que sucumbe a la depresión por sentirse culpable de entorpecer el trabajo de sus senpai. Esta será la tónica que define la narrativa de Love GetChu: cada evento relacionado al oficio se corresponde con una crisis emocional que debe superar la heroína. El mito del progreso es un asunto sentimental.

Esta ocasión, Momoko intenta compaginar dos agendas: la íntima (su acercamiento y posible romance con Atari-kun) y la profesional (como actriz debutante y probable celebridad menor, pues integra un grupo de idols junto a sus compañeras de la academia Λambda 8), pero fracasa, como se evidencia en el cliffhanger del desenlace echando por tierra sus ilusiones de crecimiento. Los enamorados habían acordado almorzar en un restaurant, el muchacho pierde el conocimiento por el surmenage y falta a la cita. Momoko tiene pautada una aparición en radio en Nagoya y aunque le preocupa el estado de salud de Atari, su maestra le reprende exigiéndole que actúe con profesionalismo: debe separar el amor de las obligaciones y honrarlas con dignidad. El relato articula teniendo a Momoko como punto focal dos tipos de rivalidades. La primera, de corte laboral, la encarna Yuumi, una joven revelación entre las seiyuus, la estrella preferida del público y cuyo talento monstruoso es únicamente comparable con su petulancia. La rubia representa el referente que derrotar. No una imagen odiosa, sino un ideal de éxito al cual ambicionar: sus opiniones o desdenes afectan a Momoko comprometiéndola a la acción. Por ejemplo, un insulto durante su encuentro, antes de entrar a la cabina radial, hace despertar a la novata de sus preocupaciones: cuando asume las palabras despectivas de Yuumi como un desafío, Momoko logra desplegar sus cualidades y recuperar la energía perdida. La competitividad es un tónico, pero también un veneno. Si franquea el obstáculo laboral y no permite que su oponente la amilane, un conjunto de casualidades conspira contra su realización amorosa. Se acumula una serie de tópicos que los latinoamericanos calificaríamos como telenovelescos, como salidos del cajón de sastre de algún guionista de Televisa, pero hilados alrededor de la temática del anime como trasfondo. La segunda contrincante, en el plano romántico, es Yurika, una pelirrosada, prima de Atari, compañera de trabajo de Momoko y también integrante del grupo Sister×Sisters. Además, Momoko vive en la misma pensión que el cuatrojos. Las líneas se cierran por todas partes para asegurar por todos los medios una experiencia dolorosa. Para un jovenzuelo sin gracia y desastroso con el sexo opuesto, Yurika es una especie de osana najimi con varios plus: es linda, una idol en potencia (una fantasía masculina puesta en bandeja) y solícita para complacer o agasajar a Atari-kun. Rechazarla de tajo significaría herir a quien se empeñar por ayudarle y agradarle con sus atenciones. Sin embargo, compensar estos méritos con amor sería deshonesto si ello supusiera alejarse de Momoko, porque entonces lastimaría a “esa persona especial” (el eufemismo preferido del melodrama en anime). Aunque construir esta clase de laberintos sentimentales no resulte complejo, la serie se caracteriza por alargar mediante reincidencias esta clase de callejones sin salida. Love Hina sería el precedente fundacional: la indecisión del lead masculino funcionaría como un freno argumental que impide el agotamiento rápido del melodrama y permite extender el suspenso. Cuando el hombre toma un determinación definitiva (con sinceridad, no cuando miente como ocurre en este capítulo), se acelera el avance hacia el desenlace final.

Yurika aprovecha que Atari regresa borracho esa noche para llevarlo hasta su cuarto, acostarse a su lado semidesnuda y fingir, al despertarse, que habían tenido relaciones, forzándolo, de manera tácita, a iniciar una relación. El muchacho no recuerda una pizca de lo ocurrido. Porque confía en Yurika y quizá por prejuicio, prefiere asumir su culpa y alimentar las ilusiones de su prima mientras se hunde en frustración. La pelirrosada utiliza una estrategia traicionera digna de un culebrón venezolano: una borrachera oportuna, la incomunicación entre los amantes (Atari pierde su celular en el taller), las tretas puntuales de la enemiga (se escapa de la agencia aduciendo una fiebre, lo aguarda en el momento preciso, permite que su primo la confunda con Momoka) y, aunque suene retorcido, una variante de la clásica “amnesia melodramática”, el dispositivo narrativo más abusado por la ficción romántica para crear malentendidos convenientes. La decisión de Yurika es riesgosa porque se condena sola a mayores embrollos: su romance con Atari depende de una mentira y cuando se descubra perderá soga y cabra, pues podría granjearse el odio de quien ama. Además, ha cometido una serie de traiciones contra Momoko. Ichihara-san le había confesado sus sentimientos por Atari a modo de aclaración y lanzándole un reto, por tanto, esperaba que ambas compitiesen con limpieza, no valiéndose de falsedades. Yurika y Momoko habían trasladado su enemistad romántica al plano profesional en otras ocasiones, pero siempre manteniendo un lazo de amistad. Ahora se quiebra ese código bajo el peligro de crear desunión en el grupo de idols. Para finalizar, había mencionado otro nivel de metaliterariedad que no alcanzaremos a exponer en este artículo porque el capítulo no provee de ejemplos. Hablamos del esquema de cajas chinas o matrioskas (muñecas rusas): ficción dentro de otra ficción. Este es un rasgo frecuente para esta clase de historias que iluminen sobre el mundillo del anime sea desde el ángulo del productor o desde la perspectiva del consumidor (otaku), por ejemplo, Genshiken (y Kujibiki Unbalance) o Nogizaka Haruka (y Nocturne Girls’ School Lacross Club). El anime sobre patinaje no aparece por casualidad sino como fuente de inspiración o correlato de las vivencias de Momoko: ella retorna a sus inicios regresando a su posición como consumidora y cerrando el círculo que no diferencia entre espectadores y productores.

Una respuesta

  1. davidvfx

    Serius ya tenias un analisis de estas serie hace tiempo’ es por que empiesas por el ep 17…. solo la duda

    18 agosto 2011 en 23:56

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