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Nazo no Kanojo X 58: Los principios de Arquímedes

Una combinación poco recomendable

Después de experimentar varios meses con el modelo de arcos y oponentes, a modo de descanso, Riichi Ueshiba retomó la usual estructura episódica de Nazo No Kanojo X, consistente en narrar, en historias cortas, sencillas y cotidianas, la exploración, la curiosidad, el descubrimiento del placer y los sentimientos que experimentan sus protagonistas por medio de su extraño y envidiable vínculo somático. Aunque las críticas al esquema de cliffhangers (que cabría atribuirse a la excesiva duración del arco de Momoka) son comprensibles para un manga que se propone cómico antes que melodramático, el balance final es positivo pues mediante un giro enriquecedor, transfirió la responsabilidad narrativa al punto de vista de Mikoto Urabe, develando al público un amplio registro de actitudes y emociones, que humanizaron a la entonces inaccesible e intachable novia misteriosa. Enfrentarla a una contrincante no mermó su genialidad: la potenció al convertirla en heroína romántica sin perder su gesto cool de draconiana antisocial. La aparición, hace unos meses, de una tercera rival, vuelve a introducir la angustia y el desencuentro en nuestra peculiar pareja, y podría alcanzar un pico de tensión, si acaso lo fomentan la casualidad y los malentendidos…

Cuídate de las aguas mansas...

Ryouko Suwano puede resultar miles de veces más peligrosa y malévola que Aika Hayakawa o Momoka Imai. Tanto el primer amor de secundaria de Tsubaki-kun como la idol doppelgänger eran chicas confundidas, que buscaban satisfacer una carencia emotiva con su comportamiento errático. Urabe superaba en inteligencia y carácter a la primera, incluso permitiéndose darle una lección y derrotándola con dignidad. En cambio, la cantante le trajo problemas por su incontrolable audacia y descaro, pero Mikoto también supo vencerla en su propio juego (la música). Suwano es distinta porque nada serio le falta y porque, respecto del amor, es descaradamente frívola, una femme fatale de preparatoria, cuyos acercamientos a Akira son atrevidos, tentadores, intempestivos, pero también traviesos e inciertos, como si jugara a manipular el equilibrio entre hormonas y fidelidad. Sus antecedentes la condenan, pues durante su primera intervención en el manga utiliza a Tsubaki para fingir que salía con alguien y desalentar a su molestoso ex-novio. El arquetipo de mujer que sugiere Ueshiba se perfila con picardía: una adolescente consciente de su habilidad para manipular a los hombres, que desecha viejos amores sin manifestar ningún desconsuelo y emplea a otros como marionetas sin importarle sus emociones. Tras la ruptura, no parece albergar ninguna pena, solo incomodarse por la obstinación del despechado que insiste en buscarla cuando ella ya tomó una determinación concluyente. Luego, sorprendida por la honestidad de Tsubaki, insinúa haberse “interesado” en nuestro héroe simplón, a sabiendas que tiene novia. La amenaza potencial de Suwano radica justamente en la insinuación, el método que practica con eficiencia para cristalizar su coqueteo. Es complicado definir cuán cierto es su interés por Akira, pues su conducta elude los conceptos de verdad o mentira y transita siempre por puntos intermedios que Ueshiba mantuvo para dotarla de una poderosa ambigüedad, una figura que escapa, mediante el jugueteo, a definiciones serias y certeras. Si retomamos el principio de homo ludens y aplicamos al romance la dinámica del juego, Mikoto representaría la dimensión reglamentaria y refinada del erotismo (con reglas y rituales) mientras que Ryouko encarnaría sus aspectos más espontáneos y desaforados. En defensa de Suwano, puede argüirse que juzgarla como una villana egocéntrica (que únicamente persigue su placer y diversión) sea un prejuicio derivado de asumir una postura patriarcal, que condenamos toda actitud femenina que reniegue del control masculino o intente invertir las jerarquías. Suwano es subversiva porque influye sobre los varones, es decir, porque le importa un bledo la pasividad de la yamato nadeshiko y se avienta sin pudor a la acción. Es moderna: su idea del amor es ligar, seducir, participar en un juego donde no existen los compromisos o, cuando los haya, sean efímeros y nadie persigue la platónica eternidad. Es individualista, no supedita su sentimientos sino a su propio criterio y concibe el goce como una experiencia egoísta donde se plantea cierto control sobre el otro, como si coquetear fuera una suerte de bullying deleitoso (véase la escena cuando muerde la llave de Tsubaki). Una hija de su tiempo: independiente, que toma la iniciativa, que parece incapaz de dudar.

La presencia de mujeres fuertes, dominantes y proactivas es una constante de Nazo no Kanojo X. Las chicas, a diferencia de los muchachos, son sagaces, valientes y cautivadoras. Urabe le impone con inteligencia sus reglas a Tsubaki, Oka es desinhibida hasta el extremo de parecer pervertida, y las tres rivales de Mikoto son coquetas redomadas que actúan según su capricho sin mayor remordimiento, en particular, respecto al contacto entre géneros. Las novias dominan a los novios, la hermana mayor de Akira cumple un papel de madre y señora de la casa (incluso por encima del padre) y las temptress, las seductoras, explotan su belleza y vivacidad como dotes persuasivos y, retóricamente, son subyugantes. De Suwano, se afirma que tiene ojos tranquilizadores, sedantes (“soothing”, según la traducción de TKTranslate), que controlan el espíritu, lo doman. Women in top: las adolescentes, según Ueshiba, poseen dos armas para invertir las jerarquías culturales de una sociedad machista: su hermosura y su ingenio. No existe espacio, en este universo ficcional, para las muchachas ingenuas y tontorronas, para las pánfilas crédulas de buen corazón ni para las chicas buenas del cuento. La pureza es un valor inconsecuente e ilusorio: todos tienen algún defecto, incluso la polivalente Urabe. En comparación con sus mujeres, los varones de Ueshiba son planos, simples, avasallados por sus neuronas, everymen sin muchas luces (a veces, con poco seso), a quienes las chicas comprenden y perdonan en su idiotez. Es probable que el mangaka herede estos esquematismos del harem (aún cuando Tsubaki nunca concentre ninguno y sea extremadamente fiel), incluyendo su tópico fundamental: sin importar la llaneza y escasez de talentos del protagonista, las chicas lindas se pelearán por poseerlo (Ueshiba lo extiende al caso de Ueno y Oka). Entonces, el escenario romántico se transforma en una contienda territorial. Suwano es la invasora, aunque ignore contra quién pelea. Urabe es consciente del acercamiento de Ryouko a Tsubaki, pero le sobra dignidad para enredarse en una catfight. La tensión todavía es subterránea, la guerra no declarada. No obstante, tarde o temprano debían competir: la forma de enfrentarlas es medir sus cualidades en un campo que dominen por igual, como la natación, que asume una funcionalidad metafórica en cuanto refleja el estado sentimental de Mikoto. El lector puede captar las coincidencias, las equivalencias planteadas desde un inicio y cómo nuestra heroína termina trasladando al deporte la crisis de su relación con Tsubaki. Solo Ryouko puede rivalizar con Urabe en modalidad crawl. Según la novia misteriosa: “When I’m in the water, my body feels lighter. It feels like my heart is lighter too”, estableciendo un paralelo entre corporalidad y sentimentalidad, y empleando como punto de comparación el peso. Como en anteriores episodios, en Nazo no Kanojo X, lo metafórico tiene un correlato real. La sospecha de infidelidad sobre Tsubaki altera las emociones de Mikoto y habiendo “agravado” su corazón, siente su cuerpo más pesado y repercute sobre la otra metáfora, en la piscina. A Urabe debe resultarle humillante la condescendencia de perdonavidas con que Suwano le pregunta “Not feeling well today?” La sequedad en el rostro de Mikoto expresa su molestia, su mortificación al tener que tolerar los consuelos de su rival. Aunque ese semblante inexpresivo aparece en incontables ocasiones, al dirigirse a Ryouko, pareciera que estuviese masticando por dentro su cólera: el solo hecho de quedársela mirando es signo de antipatía. Antes, cuando estaba segura de que Tsubaki la prefería, su victoria sobre Suwano simbolizaba la fortaleza de su relación. Apenas veinticuatro horas después, su fracaso es homólogo a su incertidumbre, pero a nivel del juego de equivalencias, se sugiere que Ryouko está ganando la batalla. Si acaso, de casualidad, la chica de ojos hipnóticos se enterase quién es la incógnita novia de Akira, el peligro se duplicaría porque, al contrario de Hayakawa, quien enfrente a Urabe luego del arco de Momoka, la encontrará menos impenetrable, más humanizada, igual de épica pero menos esotérica. Los personajes han evolucionado y quizá, unas decenas de capítulos atrás, Mikoto no hubiese flaqueado víctima de una decepción o depresión.

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