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Yuru Yuri 3: Mi casa, tu casa

Durmiendo con el enemigo

Si somos sobrios, maduros y metódicos, como Yui Funami, eecibir una visita sorpresa de nuestros mejores amigos -quienes suelen creerse con prerrogativas para invadir con impunidad nuestro espacio- puede causar alarmas y enojo, en particular, cuando tratamos con gente confianzuda que interviene sin permiso, con desfachatez de intruso, sobre la intimidad intangible, y el orden milimétrico que pretendíamos infundirle a nuestra casa y que llegan a hurgar en nuestros rincones secretos. Peor aún cuando esa compinche intratable es hiperactiva, dispersa, descarada y… bueno, pervertida como Kyouko. Podemos solidarizarnos con Yui (aunque la mañosería lésbica sea un aspecto privativo del anime), porque todos hemos transado una amistad incomprensible (o racionalmente insostenible) con alguien igual de impertinente, pues, a pesar de sus locuras, tomaduras de pelo y descocada frescura que sufrimos como víctimas, apreciamos su fidelidad y honestidad y quizá (como la paciente Yui), hemos aprendido a domesticarla cual mascota.

Como protagonista, Akari es un fracaso y, curiosamente, esta deficiencia fue capitalizada por la serie integrándola como elemento de humor. La pelirroja no destaca, es tapada y arrinconada, es ignorada por el encuadre, que prefiere perseguir a un ovni, e incluso es ninguneada por la narración, pues la perspectiva huye de su punto de vista apenas aparece Kyouko por la ventanilla dejando su relato incompleto porque cualquier ocurrencia de la rubia divierte mejor que los pensamientos pubescentes de la moñuda. Pobre muchacha, pero excelente estratagema de parte del estudio de jugar con su condición protagónica como gag, porque le confiere una identidad, a pesar del pretendido juego de menospreciarla. En efecto, Akari no participa de la mayoría de chistes, cuya iniciativa es casi monopolizada por Kyouko, pero cuando se trata de discutir cuán imperceptible y poco sobresaliente es la pelirroja, entonces -paradojas del destino- la chiquilla salta al primer plano y llama la atención gracias a sus fallidos intentos por descollar. Su veta humorística particular podría describirse como la pretensión desesperada de ser menos secundaria a pesar de tener la conciencia (y quizá la obligación) de ser protagónica. Lo disfruto porque, hasta cierto punto, es subversivo respecto del modelo frecuente de slice-of-life, cuya fórmula usual del cuarteto es parodiada: estos grupos suelen estar conformados por la suma de dos parejas de amigas que comparten espacios de cotidianeidad y experiencias diarias y suelen centrarse en su componente más ingenuo e inexperto, una chica torpe de buen corazón, una dojikko tierna, de apariencia vulnerable o poco hábil para socializar , o quizá una adolescente medianamente talentosa (la muchachita promedio, una every-girl) que descubre el mundo mientras estrecha sus vínculos con compañeras disímiles o excéntricas. Pero Akari, a pesar de cumplir con varios de estos requisitos, es burlada con crueldad, como si Yuru Yuri se burlara, en realidad, del arquetipo y su funcionalidad en el género. Quizá Yuno, en Hidamari Sketch, fuese la plasmación perfecta de este ideal y ciertamente la torpeza de Yui Hirasawa es fuente inagotable de enternecimiento en K-ON!, sin embargo, estas series se sostenían sobre un principio básico positivo antes que destructivo: las experiencias diarias, la vida en común eran siempre recogidas en un epílogo tierno y esperanzador, aún cuando predominaran las sonrisas. Yuru Yuri no pretende esa clase de humor que provoque calidez, sino carcajadas, por eso, legitima con humor la irreverencia, el irrespeto, la sexualidad rampante e incluso la amistad imperfecta. No necesita una protagonista aniñada y meliflua, salvo para devastarla con su sarcasmo. Funciona como elemento distractor, como factor sorpresa metatextual, haciendo alusión a cómo debería funcionar un típico slice-of-life para luego zurrarse en esas supuestas reglas. Porque, a final de cuentas, el espíritu de Kyouko domina esta serie, la contamina (felizmente) con su traviesa perversidad (le decepciona que Yui no tenga lencería negra en su armario) y sus pulsiones tendientes al placer extremo ordenan “Prohibido prohibir”.

No porque la rubia manifieste algún ímpetu revolucionario, sino porque su improvisada pijamada con Yui me recordó la canción “Enemigos íntimos” de Páez y Sabina, tanto porque Kyouko es enemiga del cálculo y la norma, y porque me imagino que pasaría los controles de alcoholemia a los dieciocho, como por la intimidad disonante entre ambas amigas. Solo les falta la barra libre, yerba y la orquesta, aunque hubo pudín y gaseosa en su reemplazo. La gran diferencia entre Chitose y Kyouko es justamente la distancia que media entre la fantasía desbordada y la acción incontenible. La primera tiene su origen en algún proceso lisérgico-hormonal en el cerebro de la meganekko, mientras la segunda es efecto del impulso instintivo liberado por la curiosidad, que Kyouko es incapaz de contener porque sus energías más profundas, más animales, más irracionales, la superan. No llama la atención que Yui supiera contenerlas y encauzarlas para ejercer el control sobre la cachorra que habita el subconsciente de su mejor amiga, que desprovista del celo del amo, no sabría comportarse. La metáfora es graciosa porque es cierta: Kyouko es irrefrenable como un mamífero hambriento y necesita un contrapeso, alguien que encarne el extremo contrario para instaurar de vuelta el equilibrio con algún cocacho correctivo. No obstante, como notamos, el balance se produce por la interacción violenta o tajante, nunca por mutua influencia entre sus caracteres, es decir, que jamás vemos a Yui teniendo un gesto “kyoukesco” o Kyouko con mesura o parsimonia “yuiana”, como si ambas conocieran bien el papel que deben cumplir dentro de la estructura de caracteres y la ebullición sanguínea de la rubia necesitase de la flemática madurez de Yui para tener sentido por oposición. Sin embargo, además de la suma de polos contrarios (¿con resultado cero?) por necesidad semántica (la desproporción no existe sin la cordura), también se sugiere que entre ambas existe una tácita comprensibilidad. No solo Yui se esfuerza por entender a su pervertida comadre y tolerar sus derrapes conductuales a toda velocidad (e incluso le ayuda a completar su tarea), sino también Kyouko tiene un detalle considerado al irrumpir voluntariamente con su juguetona descortesía y sinvergüencería para alegrarle la tarde porque -se imagina- debe sentirse muy sola viviendo en ese apartamento. Aunque le cause incomodidad, Kyouko sabe o intuye que ese desorden, esa baraúnda que origina su presencia le otorga a Yui una raison d’être, una función en el mundo, sacándola de la inercia melancólica que la rodeaba y devolviéndole la sensación de vivir. Para generar electricidad, debe reunirse esa coincidentia oppositorum, esa conjunción de opuestos complementarios, la célula más elemental de la dinámica de personajes en anime.

Tampoco negaré la obviedad más promocionada de Yuru Yuri: el contenido homoerótico, o mejor dicho, la mañosería lésbica como motivo de comicidad. En cualquier otra circunstancia, Kyouko no sería celebrada ni siquiera por el espectador, sino censurada por su comportamiento indecoroso (no porque sea bisexual o lesbiana, sino porque acosa sin cesar a una kouhai) y sus amigas optarían por apartarla o neutralizarla con su desprecio. Sin embargo, la rubia continúa siendo el alma del reventón y nadie podrá negarle ese sitial gracias a su propensión a acaparar los reflectores y monopolizar los chistes. Como Kyouko es demasiado impetuosa, nadie puede impedir que cada cinco minutos arribe con una nueva ocurrencia como aguardar a Chinatsu-chan desnuda en la tina o difundir falsos rumores sobre su infancia con Yui. Si Akari fuese suprimida del show, es probable que nadie acusase su ausencia (la notaríamos pero quizá no extrañaríamos sus disfuerzos); sin embargo, si Kyouko se convirtiese en la chica de portada oficial de Yuru Yuri, ningún televidente se sorprendería, pues hasta ahora viene actuando como la protagonista de facto. Desde el primer episodio le hizo un golpe de estado moestático a Akari sin mayor empacho e imprimió su personalidad a la serie, que depende de ella para echar a andar los argumentos de cada capítulo. Yuru Yuri es reflejo del estado de ánimo de Kyouko: ella dirige hacia donde caminan sus compañeras. Sin la rubia, Yui no tendría a quien resondrar, Chinatsu no sería molestada, la Presidenta del Consejo no rivalizaría tsunderescamente contra nadie, Chitose no tendría alucinaciones sáficas y ¿olvido a alguien?… En ausencia de Kyouko, quedaría un enorme forado de comicidad: tanto dependía de su intervención este episodio que cualquiera podía despedirse de casa de Yui menos ella. Epic win del humor, heroica en sus abracadabras de la perversión, en consonancia con el carácter paródico de la serie, concentra los rasgos del personaje carnavalesco, del sujeto grotesco pero divertido que vive por y para satisfacer sus placeres del estómago y del bajo vientre. Ese demonio goloso y lujurioso que solemos reprimir.

4 comentarios

  1. Kyouko mañosa! jajaja aunque considero que este capítulo 3 ha sido el más flojito de los transmitidos hasta ahora, no hay que negar que igual fue divertido… sobre todo ver lo abusiva que puede llegar a ser, aunque con la segunda intensión de hacerle compañía a Yui que aunque ella no lo admita le gusta tener a la rubia cerquita.

    5 agosto 2011 en 18:51

  2. Kyouko es un arlequín de colores contrastantes que se mueve con lujuria a través de todo el teatro que conforma su vida. Su existencia esta marcada por los impulsos más primitivos, no refrenados por las normas de conducta impuestas al individuo: modales, costumbres, represión,etc… esas palabras están vacías para la rubia desenfrenada que libera su libido a toda potencia, estallando como un volcán cada vez que puede. En los últimos episodios se ha sentido con más fuerza su influencia, sobretodo en su relación con la presidenta (Ayano-Kyoko, la pareja favorita de todos).

    5 agosto 2011 en 19:29

  3. Como proviene de las pocas revistas dedicadas totalmente al yuri, Yurihime, yuruyuri no puede presentar personajes no puede presentar sus personajes con interes al genero opuesto, por lo que presencia masculina es apenas tolerada, ya sea por puritanismo o apenas celos, una prueba de eso es que Akari tenia un hermano en el primer capitulo del manga pero tanto fue el desprecio del publico que cambiaron por una hermana mayor incestuosa, seguro fue un error feo para la coherencia en el manga pero es algo que la mayoria acepto sin mas quejas.

    5 agosto 2011 en 20:26

    • Pues me alegra que lo cambiaran XD Akane (la hermana mayor de Akari~n) verla con los pantsus en al cabeza es muy hilarante y más agradable que un hermano O.o (Yuri Powah!)

      6 agosto 2011 en 09:43

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