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Blood-C 4: Ich alle vergesst meine Leben habe (He olvidado toda mi vida)

Saya, the original

Hay veces en que el mundo se vuelve borroso, convirtiéndose en una especie de película antigua, llena de rayones, de calidad mediocre y colores sin brillo. Mi espíritu es arrastrado fuera del presente y de repente se encuentra en otro lado, en un recuerdo lejano, cuando yo era otra persona. A veces me pregunto qué debo sentir por los otros, por mis amigos, por las personas que protejo. Por más que lo intento no logro comprender mis sentimientos. Mi corazón experimenta emociones que mi inteligencia no comprende. ¿Qué debo sentir por los muertos? No logro entender las conversaciones de los otros y aunque me incomodan, me hacen sentir un tanto preocupada. Al final no se convierten en nada, parecen no surtir ningún efecto, no ser lo suficientemente fuertes y penetrantes, son más bien como el viento que acaricia mis oídos y mi cabello, levantan mi falda y me causa una molestia que no logro asimilar. Prefiero escuchar las palabras de los monstruos, me causan mucha más curiosidad. Ellas se dirigen directamente a un objetivo desconocido, a un propósito escondido. Por más que no intente pensar, no dejo de cuestionar la realidad: todos saben mucho más de lo que están dispuestos a confesar.

Creo que no soy el único que no ha dejado de pensar, desde que comenzó el primer episodio de Blood-C, que algo no está bien, algo no encaja, algo no está en su lugar, por lo tanto, todo lo demás se siente extraño, preocupante, una causa de angustia completa y total. Sería una experiencia parecida a la de observar una muñeca que estuviera mirándonos con sus enormes ojos azules y sintiéramos que esa muñeca estuviera a punto de atacarnos y devorarnos los los globos oculares. Es demasiado espeluznante para bajar la guardia, por más que lo intentemos no podemos relajarnos. Si lo hacemos terminaremos en un cementerio. Con los eventos que han ocurrido en este capítulo, las sospechas se incrementan con mayor fuerza, no sólo porque Kanako-sensei afirma, sin motivo de duda, que nada ha cambiado en el pueblo y que todos viven un día feliz e imperturbable, sino también porque las palabras misteriosas, pronunciadas por el elenco de la serie, se hacen más y más extrañas. Unos pescadores en medio de la noche son carnada para bestias de las profundidades de los mares, en el momento en que abren la boca, pronuncian sin elegancia unas palabras extrañas, quejándose de haber sido engañados por quienes los contrataron. Aquí es donde Blood-C establece su secreto, secreto que no deja de perturbarnos. Hay demasiados espacios en blanco como para tranquilizarnos. Los discursos de los demás, que debían consolarnos, más bien alteran el delicado balance de nuestras preocupaciones. Por más que Fumito parezca preocupado, intuimos que sus intenciones están por debajo. Hay una jaula de pájaro vacía en el negocio del joven comprensivo por quien Saya expresa un gran afecto (confesando incluso sentir amor). Esa jaula vacía es un signo, un signo de un ave atrapada que es forzada a pasar por alguna clase de experimento. El chico acaricia con cuidado la cara del pájaro enjaulado, la alimenta con comida procesada por su propia mano, dulces y golosinas rosas que son una receta secreta (tal vez sean una mezcla de rojo y blanco, pero creo que son más rojos que blancos), café preparado con agua caliente y grano fresco, almuerzos exquisitos, hechos con esmero, es, en cierta forma, un modo de control, quizás haya drogas mezcladas con toda esa comida que Saya devora con alegría: “Si tienes hambre, estarás triste,” esta frase tendría un doble significado que no hemos pensado. Tal vez sea por haber visto algunas series de Clamp que he aprendido a desconfiar con todo mi espíritu de lo que me presentan, pues muchas de sus historias dan, cuando ya están muy avanzadas, un giro de 180º que te deja con la boca abierta. El ejemplo más notable ha sido, hasta ahora,  Tsubasa Recervoir Chronicles donde, después de seguido 52 episodios con el protagonista y haber leído quince volúmenes del manga sin haber sucedido mucho, con historias predecibles y arcos aburridos, de repente, sin previo aviso, toda la trama se hace pedazos y lo que todos pensamos se volvió añicos después de unos dos capítulos.

En Clamp son unas maestras de la máscara, hasta el punto en que nos preguntamos si el verdadero rostro de sus historias es aquel que está bajo el disfraz o aquel que cubre su cara. La máscara que Clamp pone sobre sus personajes y los constantes silencios entre ellos son un elemento típico en sus producciones, que les ha ayudado a narrar algunos de sus éxitos. Una referencia a la fiesta de disfraces que se entreteje alrededor de Saya fue la conversación unidireccional que estableció con el águila gigante: Shrovetide es una palabra inglesa usada para nombrar las fiestas anteriores a la cuaresma, lo que es conocido, en los países del sur de Europa (y quienes estuvimos bajo su influencia), como el Carnaval. Quienes lo han experimentado de primera mano saben que los carnavales son momentos de exceso, de pérdida de identidad, lugar de apariencias, de doble significado, reflejos dentro de reflejos que se prolongan hasta el infinito; en la fiesta completa a la que se somete el cuerpo social, la vida se transmuta y el mundo se pone de cabeza, en esa celebración, donde el alcohol, el semen y la sangre se derraman en la tierra, se reconstruyen los fundamentos de todo un pueblo. El pacto de los Furukimono está basado sobre esta palabra, que proviene del inglés to shrive, es decir confesar. Quizás sea un festival el cazar humanos y devorarlos, incluso devorar tu propia carne y sangre (los Elder Bairns de este episodio llegaron a practicar el canibalismo y el auto-consumo). El águila marina que controlaba esas ranas tóxicas, estaba más interesada en comer que en luchar con Saya, por otro lado le explicó a Saya que ella era igual a las ranas que eran controladas por las campanas que son sus alas. Mientras la historia avanza, el peligro inminente se acerca cada vez más al pueblo, a la civilización humana. En los primeros episodios, las luchas de Saya ocurrían en lugares remotos, ahora la guerra se encuentra a la esquina, al frente de una casa, de una bahía, en medio de una construcción.  Los Furukimono empiezan a avanzar poco a poco, entran con más confianza en el territorio que Saya protege. Además, las peleas intensifican su duración, se hacen más largas y más sangrientas, más difíciles y peligrosas. En esta ocasión, se convirtió en un reto eliminar al enemigo. Sin embargo, las verdaderas habilidades de pelea de Saya no emergen sino cuando sus ojos azul grisáceo se tornan de un hermoso rojo sangre intenso. Cuando esos preciosos ojos localizan a su víctima, la adrenalina liberada por la fisiología de nuestra heroína llega al máximo: en ese momento parece que el mundo se hunde en las tinieblas y se tiñe de rojo, se llena de hierro, de liquido vital convertido en ofrenda a la furia de la Ménade incontrolable por el trance en que se encuentra. Cualquier sacrificio es permisible, incluyendo las vidas de sus supuestos defendidos. Saya es una gran guerrera, eso quedó demostrado cuando esta amazona permitió que el águila gigante la golpeara de frente para así cortarle con facilidad una de sus piernas, al tiempo que destajaba a sus lacayos y degollaba al amo malherido. Hay un punto en que pareciera que es capaz de superar cualquier cosa, de ver más allá del presente y calcular sus daños y pérdidas. Saya de verdad parece entrar en un trance profundo que ella misma es incapaz de explicar, aunque mantiene sus recuerdos, no posee la misma personalidad. Al llegar al templo, Saya se muestra desconcertada, como si hubiera salido de su cama siendo una sonámbula y regresado sin percatarse de quién era.

Pero Saya tiene que ser también la peor heroína que haya visto. No ha salvado absolutamente a nadie. En el episodio anterior dejó morir al panadero; en este, aunque intentó proteger a los civiles, igualmente fracasó por completo, pues o fueron desgarrados y engullidos o terminaron por ser golpeados hasta morir. El objetivo de Saya no es, como podríamos pensar, proteger a las personas, pues no parece sentir remordimiento por sus muertes. Aunque esta vez desplegó mayor número de emociones durante el combate y mostró una cierta angustia, no parece que presenciar cómo son asesinados los pobladores la llene de arrepentimiento. Es decir, Saya está más triste, pero lo que resuena en su cabeza no son los gritos de los muertos: son las palabras de los Furikimono las que llaman la atención de Saya. No siente asco o náuseas, no revive en su mente los últimos momentos de quienes ve morir. Los recuerdos que salen a la luz son el movimiento de una katana de luz que corta demonios y una chica con coletas y traje de colegiala rodeada de llamas. Esta es la Saya de Blood: The last vampire (¿la madre de la actual Saya?) quien luchó en un tren y en una base militar contra los quirópteros, antes, precisamente, de la guerra de Vietnam. Es interesante observar, que muchos de los flashbacks expuestos son reminiscencias de la película. Sea como sea, eso explicaría los deseos de la voz misteriosa (Fumito) de querer cambiar el interior de Saya, de cambiar sus emociones, re-escribir su programación innata. La Saya original de la película despreciaba a los humanos (excepto a David), maldecía a Dios y detestaba el decorado religioso, estaba llena de odio, de rencor, era la última de su especie, de los verdaderos ancestros. En este caso la hipótesis de trabajo es cambiar una emoción como el odio por otra igualmente fuerte: amor y confianza. Este experimento busca la alteración de las neuronas, el lavado mental, la transformación de una cualidad. Las variables aplicadas al experimento están comenzando a tener éxito, pues las reacciones de Saya hacia las situaciones que enfrenta están deviniendo, empezando por su cambio, tan marcado, con respecto a los ataques perpetrados contra seres humanos. El hecho de que se convirtiera en sacerdotisa y en una chica torpe y alegre se encuentra a las antípodas de su contra-parte original, fría, dura y arrogante. Si experimentar con Saya es el objetivo de todo lo que ha sucedido, entonces los monólogos están comenzando a tomar sentido, intentan modificar a una vampiresa para aproximarla a una humana. Esta serie de verdad que es aterradora…

Bloods' stories

Creo que las referencias a la película original no deben ser pasadas por alto, porque además resultan una gran revelación. Aun quedan muchas preguntas que no dejan dormir en las noches de luna llena: el perrito que sólo Saya puede ver se está convirtiendo en un misterio (los perros no trepan árboles ni son invisibles). Por ahora tendremos que continuar avizorando qué nuevas sorpresas nos esperan.

2 comentarios

  1. Mike sXe

    Deben estar guardando lo bueno para la película, ya va muy lento; no es mal Anime se disfruta aunque uno quiera ver mas acción, ya deben cambiar la rutina de vida cotidiana con pelea al final y hacer todo mas dinámico.

    2 agosto 2011 en 13:11

    • Es verdad que causa una cierta impaciencia el no saber que esta pasando en realidad, mientras veo los episodios, siento que algo muy oscuro esta por emerger, pero se lo corta antes de que pueda florecer. Después de ver este capítulo siento que no falta mucho para que algo ocurra. En el avance hicieron alusión a un día negro dónde Saya se queda en la escuela junto con todos sus amigos, si algo sucede en ese lugar, creo que todo ira tomando forma. Lo que me interesa mucho es que los Furukimono están avanzando cada vez más hacia el pueblo. Antes Saya combatía en lugares desolados, ahora lucha en lugares comunes, tocados fuertemente por la mano humana. En cuento a la lentitud de la historia es típico de Clamp, se especializan en hacer historias con paso lento y cuando menos lo pensamos surge un elemento que hace encajar todos los indicios que arrojaron durante la trama. Creo que hay que tener paciencia…

      2 agosto 2011 en 13:36

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