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Usagi Drop 3: Sueños líquidos

Te amo, aunque mojes la cama

“I want to tell you something from my heart, I’m hurt a little bit too much, but I’ll still be on time. I love you from my heart, I want to wipe all of the pain away that falls on you”

(Luna Sea – I For You)

De vez en cuando aparecen en nuestras pantallas producciones que intentar ir más allá de los límites tradicionales del anime, proponiendo una nueva perspectiva dentro de ciertos géneros y llevándolos por derroteros poco convencionales; series las cuales suelen calificarse de “innovadoras”, “bizarras” o “transgresoras”. Para ganarse estos calificativos, suele valerse del torcimiento moral y el cuestionamiento ético, o a la presentación de situaciones descomunalmente asombrosas de forma verosímil. Sin apoyarse en estas premisas, Usagi Drop expone una trama rara vez abordada en el anime, apelando a conceptos casi desconocidos para el consumidor estándar, permitiendo explorar en un entorno cotidiano y de fácil identificación no sólo la paternidad, sino la esencia misma de lo que en realidad significa ser humanos. Visto desde ese ángulo, estamos ante una verdadera producción “innovadora”, un genuino milestone en lo que respecta al josei, y de hecho, al anime en general.

A estas alturas, ya todos sabemos de qué va la historia, y los diferentes escenarios propuestos. Lo que causa admiración en esta serie es el desarrollo de los personajes, su desenvolvimiento emocional de acuerdo a cada acontecimiento ocurrido, que tienen de cotidiano y radical por igual. Como si de actores se tratase, la performance de cada uno termina siendo conmovedora al final de cada episodio, exponiendo sentimientos simples pero intensos, pocas veces vistos por el otaku asiduo. Mientras más nos adentramos en la serie, se nos hace más claro que los protagonistas carecen en su totalidad de las características básicas de los personajes populares en la animación (belleza física, sensualidad, rasgos corporales resaltados y preciosistas), pero abundan en cualidades y actitudes más propias del mundo real. Las palabras tsundere  o dojikko rara vez serán mencionadas en cualquier reseña que se haga de esta serie, si acaso alguna vez. Y es que pocas veces se nos ha expuesto el mundo desde la óptica de una pequeña niña, huérfana y desamparada, enfrentándose a realidades como la soledad o la muerte con tan sólo seis años. Al ser un producto dirigido a un mercado compuesto por personas entre los 15 y 40 años, el argumento dista de ser infantil aunque la protagonista lo sea; por el contrario, nos ofrece una delicada visión de las vicisitudes que implica la convivencia familiar, y en el caso de este episodio 3, la necesidad del sacrificio personal a favor de otros.

Es interesante cómo se desenvuelve la historia a partir de personas con pocos puntos resaltantes a su favor. Nuestro protagonista, Daikichi, no es un ser brillante, tierno o delicado, como se esperaría del apoderado de una pequeñita; por el contrario, es torpe, un poco gruñón, y además denota cierta inseguridad en sí mismo. Vemos que ante su poca confianza en sus habilidades paternales, está presto para pedir ayuda y consejo de otros con más experiencia en el campo; pero son estos puntos los que, de forma camuflada, nos pintan una perspectiva distinta de él, ya que en lugar de caracterizarse por la mediocridad e inactividad de otros personajes dubitativos, notamos su humildad, su disposición a aprender más acerca de su nueva responsabilidad, y valga la redundancia, la responsabilidad que demuestra en lo que respecta a la crianza de Rin. Daikichi no muestra signos de arrepentimiento sobre su decisión de criar a la rubiecita, y a pesar de que cada nuevo día presenta circunstancias inusitadas para un soltero, vemos que su progreso como padre es notorio.  No se muestra indiferente al sufrimiento de su protegida, y es más, intenta con torpeza alegrarla y demostrarle afecto, cosas que no le salen con tanta naturalidad como debiera, pero que a la larga van ganándole la confianza de Rin, la cual libra una lucha aparte con sus propios temores.

El escenario propuesto para Rin esta ocasión resulta complicado de abordar. ¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a hablar sobre si alguna vez mojamos la cama cuando niños, o quizás no tan niños? Por lo general, los padres suelen culpar a los pequeños cuando ocurre, como si se tratara de una malcriadez. Pocas veces se repara en las causas reales de esta situación, y hasta se llega a someter al niño a castigos o burlas cada vez que tiene este tipo de accidentes caseros, peor aún si sucede con frecuencia. Incluso mostrando mucha bondad, se intenta atacar el problema, mas no la raíz. Este episodio nos hace pensar en cuán difícil le es para el nene lidiar con este embarazoso inconveniente, y nos invita a razonar en cuánta importancia le damos a la mentalidad de un niño. Es fácil concluir que no tienen ni preocupaciones ni remordimientos, y en su inocencia sus únicas preocupaciones son el juguete y el biberón; pero esta teoría se viene a tierra viendo a Rin inquietarse sobremanera tan sólo con ver un programa televisivo sobre enfermedades. Reacciones así no son raras. Recuerdo claramente una ocasión en la que mi primito de cuatro años veía la película de Godzilla y pedía que cambie de canal para que el monstruo deje de destruir. Situaciones así provocan risa al principio, pero revelan que para un chiquillo cosas como la destrucción o la muerte son sumamente reales; no existe un mundo imaginario, todo es real. Al verse frente a la muerte de un ser querido, el niño queda completamente inseguro, indefenso ante la inevitabilidad de la pérdida; y el trauma posterior puede durar mucho tiempo trayendo consecuencias emocionales. Rin no manifiesta su desconsuelo y temor de forma espontánea, sino que estos pensamientos siguen atacándola en su subconsciente creándole ideas atormentadoras sobre la posibilidad de volver a perder a la persona de la que ahora depende, y a la que ha llegado a querer.

En esta circunstancia Daikichi tiene la oportunidad de mostrar su empatía hacia ella, evitando el común y normal regaño por lo ocurrido, y por el contrario, pensando constantemente sobre la posible causa de que esta niña esté aquejada de enuresis. A lo largo del episodio, además de pensar en esta afección, el hombre piensa en la posibilidad de que todavía haya mayores cambios que hacer a favor de la niña. Las conversaciones con Gotou-san y con su propia familia le sugieren un probable rumbo el cual pueda seguir, pero primero debe establecer para sí mismo la idea sobre la que esta decisión puede ser tomada: ¿está dispuesto a hacer el sacrificio? Más aun, ¿verdaderamente es un sacrificio dedicarle más tiempo a Rin del que ya le está dedicando? La visita a su familia le sirve en doble forma, ya que halla pistas que le pueden llevar a desentrañar el misterio de la madre de Rin, pero principalmente le sirven para hallar respuestas reafirmando los lazos sanguíneos entre la niña y su “hermana”, la madre de Dai-chan. Ya en el primer episodio nos formamos un mal concepto de los familiares de Daikichi, pero esta ocasión sirve para que obtengan su redención ante nosotros, demostrando que no se puede odiar a una niña por algo que no es su culpa. Las situaciones acontecidas en el hogar de los padres son muy tiernas, pero destacaremos el hecho de que Dai-chan vuelve a hallar el mismo concepto expuesto por Gotou-san en el ejemplo de su propia madre, que sacrificó su trabajo seglar por cuidar de sus retoños.  Debemos señalar adicionalmente, que Gotou-san dejó muy claro que para ella no fue ningún sacrificio abocarse a su niño, y de hecho lo lleva con alegría y muchas ganas. El empuje final para Daikichi lo encuentra en la misma Rin, al llegar a comprender los muchos temores que le aquejan y que han estado encerrados en ella, ya que no son cosas insignificantes. Lejos de regañarla por mojar la cama, le reafirma su apoyo y amor, y consecuentemente, está listo para hacer los sacrificios que sean necesarios para cuidar de ella de una mejor forma, cueste lo que cueste. Esta disposición al sacrificio personal es algo en lo que pocas veces reparamos en nuestros propios padres; los cuales posiblemente tuvieron que abandonar carreras y trabajos cuando supieron que estábamos en camino. Aún si ese no fue el caso, llevar la carga y responsabilidad de criar y educar a un niño por alrededor de 20 años es sin duda un gran sacrificio digno de agradecimiento.

La vida está llena de sacrificios. Todos en algún momento tendremos que ser abnegados y ceder parte de nuestros privilegios por alguna razón, pero la clave está en realizar esos sacrificios de forma voluntaria. La mayor motivación que podríamos tener para el sacrificio es sin duda el amor por la persona beneficiada. Con todo y su torpeza, Daikichi está aprendiendo a mostrar su amor por una mujer; un amor no idealista, sino realista: un amor real.

4 comentarios

  1. Definitivamente te dan ganas de ser mama viendo la serie. A veces no puedo entender a otras mujeres que piensan que tener a un hijo o hija les va a arruinar la vida, porque les destrozan el cuerpo, porque no les permitiran salir mas o trabajar mas etc, etc. Claro decir estas cosas no es mas que un reflejo de que aun no se esta listo del todo para serlo, pero aun asi, no entiendo porque menospreciar algo tan lindo de todos modos, aun si se elije vivir de otra manera, porque despreciarlo?

    Me gustan tus reseñas de esta serie Benjammin porque sabes seguirle el ritmo perfectamente, es decir se sienten como extenciones del argumento del capitulo. Muy buen trabajo! Ojala pueda ser tan buena algun dia!

    26 julio 2011 en 03:04

  2. rolo2k

    Coincido con la opinión de konopikyu, a mi también a veces me parece difícil de entender la evasión de muchos adultos jóvenes (tanto hombres como mujeres) de encarar los retos de la paternidad; sin embargo en nuestro días esto resulta muy común ya que suele dejarse en segundo plano valores como la vida en pareja y la familia, poniendo más énfasis en la independencia, la realización personal y el éxito profesional, si bien existen justificaciones válidas, también éstas también puede venir de motivaciones más frívolas y egoístas como ponerse un traje de baño y salir a divertirse con los amigos; Kazumi, la hermana de Daikichi parece ser un ejemplo de esto último.

    En tu anterior reseña mencionabas que Dai chan es un personaje ejemplar y este episodio lo confirma, pues a pesar de no encajar dentro de los cánones del protagonista y que sus actos y sus decisiones no podrían considerarse heroicos, en términos clásicos (no está salvando el mundo ni logrando la paz universal), sus acciones sí son trascendentales porque cambian la vida de una chiquilla librándola de la soledad y el estigma.

    Ya en esta reseña señalas acertadamente el sentido del sacrificio por amor: Daikichi antepone el bienestar y la felicidad de Rin a su éxito laboral y no cede ante la tentación de una salida “más fácil y conveniente” (como se lo insinuó uno de sus subordinados). Por cierto, el aprecio que le muestran tanto sus jefes como los empleados a su cargo es un ejemplo de su calidad como persona.

    Me gustó mucho la secuencia de la visita a casa de los padres de Daikichi, en especial la forma sencilla y sutil en que la madre de éste se redime ante Rin (me pareció muy simpático que se presentara a sí misma como su tía, quizá como un punto intermedio entre hermana y abuela); pero la actitud de Kazumi me pareció detestable pues no solo se mantuvo hostil ante Rin sino también cuestionó cada decisión respecto a ella (¿celos?).

    Finalmente con respecto a las angustias de Rin, las cuales son inherentes a cualquier ser humano (todos le tememos a la muerte), pero que en el caso de un niño toman tintes mucho más dramáticos, Dai chan supo ayudarle a encarar sus temores y a inyectarle la suficiente confianza para superarlos.

    Muy buenas reseñas, siempre da gusto leerlas.

    26 julio 2011 en 23:59

  3. La paternidad es un asunto que debe tomarse muy en serio, y por esa razón muchas parejas optan por no tener hijos, al menos por un tiempo. Pero definitivamente, ver a los niños como una carga que debe evitarse, como si se tratara de estorbos, es ser demasiado estrecho de miras. Ver esta serie por lo visto nos causa el mismo efecto a todos… Sería lindo si todos los niños fueran como Rin, pero aún con los más difíciles se puede disfrutar eso de ser padres. Se nota que el abuelo educó bien a la niña ya que es muy educadita y habla como grande; la forma de tratar a la mamá de Daikichi fue lo que la movió a abrirse a ella (se la ganó con eso de que no estaba tan mayor, nunca falla), y al final se llevaron muy bien. Lo de Kazumi no parece tan crítico, ya que al final cuando la niña pidió volver, tambien se sonrojó un poquito.
    En verdad, quise enfocarme más en el asunto del sacrificio, ya que no se ve muy a menudo el sacrificio desde ese ángulo. Lástima que no hallé un buen título que exprese toda la intensidad de la decisión de Dai-chan en pocas palabras. Pero tienen razón, ese fue el punto más alto de todo el capítulo. Hay ocasiones en las que aun teniendo la idea principal en la cabeza, no puedo explayarme en ella lo suficiente; y siento que me pasa eso con Usagi Drop. Sus comentarios cubren muchos de esos huecos en la reseña. Gracias por su apoyo.Tenía planeado dar la entrega de Hanairo para hoy, pero acaba de surgir un asunto…

    27 julio 2011 en 17:58

    • rolo2k

      Tienes razón Benjammmin, tal vez me excedí un poco en mi opinión sobre Kazumi, pero me incomodó su actitud, si no hostil al menos sermoneadora, pues me pareció fuera de lugar (basta ver la mirada que le dirigió Daikichi), pero es cierto, luego de que Rin prometiera volver su postura se suavizó.

      Me pareció acertada también la inclusión del personaje de Gouta san, la menuda compañera de Daikichi en su aventura como padre, pues su ejemplo y su actitud abierta contrubuyeron a su decisión.

      Sospecho que el tema inconcluso sobre la identidad de la madre de Rin seguirá gravitando como un sombra en esta historia, pero no me atrevo a conjeturar nada pues aún tenemos mucho por descubrir.

      Con respecto al episodio doble de Hanairo… tranquilo, toma tu tiempo y estaremos esperando tu reseña, pues a mi en lo personal me ha dejado muchas dudas.

      27 julio 2011 en 19:59

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