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Blood-C 3: Saya en el mundo de lo incongruente

I feel so good

Estaba sentado frente a una ventana que ésta dentro de una caja mágica que me deja ver otros mundos posibles, con emoción o sin ella. Observaba a un panadero caminar hacia una estación de tren abandonada. Obviamente algo iba a suceder, algo horrible. La cazadora rastreaba a este sonámbulo por la calle, dejándose guiar hasta su presa más preciada. Yo sentía algo de tedio y aburrimiento: aburrimiento por costumbre, tedio por repetición. Una vez más todo seguía su curso, el mismo curso que ha seguido desde sus comienzos. De repente, el panadero entró en un vagón de tren fantasma y, sin previo aviso, fue hecho picadillo. Su mano golpeó con fuerza la ventanilla de una puerta y sus órganos internos se desparramaron por el suelo. Fue engullido, con deleite y ansias, por la criatura que estaba en su interior, si es que ella no era el mismo vagón. Qué asombroso, qué crueldad. La protectora del pueblo, de su hogar, se quedó mirando, contemplando, sin moverse, sin pestañar, como uno de sus “protegidos” moría delante de ella; simplemente lo dejó, lo abandonó. Cuando vi lo que sucedió, pensé en mis adentros: definitivamente veré esta serie hasta el final.

Twins' synchronicity

Después de ver el último episodio de Blood-C sentía como si me hubiera atropellado un bus a alta velocidad: completamente desorientado después de que una mole de metal llena de pasajeros me pasara por encima. Ver las actuaciones teatrales de las gemelas Motoe me llevo a tomarles cariño, una vez que toda la acción se había desarrollado: ellas de verdad sincronizan sus movimientos basándose en las telenovelas y series que disfrutan en su tiempo libre La sincronía de las gemelas es una actuación dramática, una sonrisa de dicha, una conversación intercalada que establece pautas. Por otro lado este cariño nace de mi propia confusión hacia todo lo que sucede . La trama tiene algo de abstruso, de desordenada. La increíble insensibilidad de Saya hacia la violencia no se explica – como a muchos críticos les gustaría pensar – por el exceso de voyerismo que involucra el género de terror. Saya es una psicópata, incapaz de sentir remordimiento, incapaz de ser afectada por el horror que llena su espacio personal; lleva una doble vida. La colegiala despreocupada que cambia la letra de sus canciones a diario y acaricia un perrito en su camino a la secundaria; la chica que se queda quieta, con sangre fría, ante un asesinato en progreso a unos cuantos metros. Hay una disociación que se manifiesta a la hora en que Saya actúa por su propia cuenta. Sus sentimientos se hacen inexplicables, opacos, un cristal muy negro a través del que no podemos observar nada. La ingenuidad de su personalidad diurna es confundida con la impenetrabilidad de su corazón. Corazón que no comprende el amor y el dolor que causa: Itsuki es ignorado sistemáticamente, los Furukimono son eliminados drásticamente. No obstante, en el aire, se siente la atracción, atracción de tipo homosexual, o más bien homoerótica, propia de las producciones que llevan el sello de Clamp, atracción que hace vibrar a los personajes, que se acercan constantemente al borde la confesión, su atracción no conoce las fronteras del sexo o la edad, las fronteras definidas de la sociedad. Atracción que no necesariamente pasa por lo amoroso, pero que incluye el sonrojo y la vergüenza ante las insinuaciones de los otros, que se aproximan sin cuidado, mostrando interés, estableciendo simpatía entre actores disímiles. La profesora de Saya, Kanako-sensei, levanta con su índice el mentón de su estudiante, quien se muestra un tanto desconcertada ante las proposiciones de su maestra de química (hay reacciones violentas, reacciones químicas que se propagan en el aire). Si es que realmente es una maestra de química, porque Kanako-sensei se ha convertido en un nuevo misterio añadido al ya misterioso ambiente que reina en la atmósfera general de la existencia de Saya. Investigadora dispuesta a desenmarañar los enigmas que le llaman la atención, continúa sus experimentos con nuevos “conejillos de indias” que tal vez no son conscientes de su papel o función.

En la secuencia de eventos que se han ido construyendo alrededor de lo sucedido en los primeros episodios, lo único que sigue causando una gran confusión es la hibridación de una trama normal, de vida común en la secundaria, junto a un mundo de pesadillas lleno de monstruos come-carne. Sin embargo, esto no es sino así más que en apariencia. Por debajo todo es muy diferente. La vida de Saya y sus compañeros no es la vida de unos adolecentes normales. El mundo a su alrededor es aburrido, plano, incluso más de lo usual. Hay algo de misterioso en eso, algo que no cuadra, que no encaja en toda la trama. A diferencia de lo que sucede en la mayor parte de los slice-of-life, los jóvenes representados en Blood-C se mueren de acidia. Normalmente, las producciones que se enfocan en la vida normal de los jóvenes, tienden a tomar la comedia como su eje principal de narración, mostrando momentos asombrosos de ruptura de la cotidianidad representada, en ellos se producen acontecimientos, momentos de cambio, momentos de encuentro que rompen la monotonía de sus protagonistas. Para eso, y más actualmente, los sujetos se conectan con su mundo a partir de lugares, de dispositivos electrónicos que los hacen entrar y hacerse parte del universo, de la sociedad; lugares de ocio, de juego, son comunes en este tipo de representaciones, convertidas en vivencias donde se aprende a crecer o en espacios cerrados de existencia en los cuales el movimiento circular de la trama vuelve a empezar todos los días, marcando espacios de inocencia, de burla, de sarcasmo, de vida plena lejos de la tragedia. Aquí, por el contrario, los personajes parecen casi inmóviles, amnésicos, aburridos. La vida carece de color, falta mucho, faltan lugares, falta tecnología: no hay parques de diversión, centros comerciales, medios de comunicación masivos… no hay moda o vida activa, no hay personas, no hay transeúntes ni automóviles. Este pequeño pueblo está perdido en medio de la nada. Los compañeros de Saya se sorprenden de que ella no tenga un televisor, pero lo sorprendente es que ellos estén conectados, que tengan acceso a un dispositivo electrónico contemporáneo. Aquí no hay celulares, ni computadores, ni siquiera una radio, es como retroceder en el tiempo, a un mundo anterior a todo lo moderno: 1920.

Todo lo anterior contribuye a que muchos se quejen de la vida sin sabor, llena de palabras vacías, que transcurre en casi la totalidad de cada episodio. Aun así, hay muchos otros elementos que no encuentran su lugar y espacio de concordancia con lo que esta pasando. No importa la perspectiva que adoptemos, el poco conocimiento que tienen los amigos de Saya de su compañera de la escuela es sorprendentemente sospechoso: o Saya se mudo al pueblo hace poco (o quizás sus compañeros son nuevos, estudiantes transferidos), o nunca habló con nadie hasta ahora, o sus amigos nunca le han hecho preguntas… y así hasta el infinito, nadie sabía que la madre de Saya estaba muerta – aun cuando el pueblo es pequeño y prácticamente desierto – ni que no había un televisor en su casa.  Además del círculo íntimo de Saya no hemos visto a nadie más (incluyendo a todos los compañeros de clase), a excepción del panadero y su esposa y el oficial de policía. Tampoco cuadra el hecho de la isla en medio del lago, que ahora no existe, pero que en algunos flashback de Saya aparece, con un cementerio o un templo en la cima. También está el problema del pacto que mencionó el Furukimono de este episodio, ese enorme elefante rosa contra el que lucho Saya y termino subyugando al contarle una pata y una parte de su costado y su vientre, para acabarlo atravesándole la sien y bañándose con sangre, mientras una sonrisa sádica se formaba en sus labios. Si una palabra describe con acierto los cambios que sufren tanto Saya como los Furukimono esa sería metamorfosis. Una estatuilla de Buda que se convierte en una mantis mortal, una flor lunar que se convierte en una planta carnívora, un vagón de tren que se convierte en un paquidermo de color pastel, una chica común que se vuelve una cazadora de demonios sanguinaria. La luz de la luna provoca que las siluetas y los comportamientos de los seres vivos se transformen. En el bosque, en el sitio remoto y olvidado, lo monstruoso adquiere un contorno definido. Anteriormente, la luz de la luna, al igual que el agua, eran relacionados con la locura, por esa razón, los seres híbridos estudiados por la teratología (estudio de lo monstruoso, fuera de lo ordinario) suelen manifestarse durante los períodos de brillo del astro nocturno: el hombre lobo, el vampiro, el súcubo, son seres nacidos de las lágrimas lunares. El medio acuoso y oscuro es el espacio propicio de la intimidad, el descenso a los infiernos, el encuentro con lo profundo que surge del interior. Esa media luna que ha brillado en la cuarta parte de esta temporada marca el punto de articulación de las secuencias hasta ahora mostradas.

Este experimento humano continua sin resolverse. Saya es su engranaje principal, engranaje que continua guardando sus secretos. En una casa o un laboratorio convertido en cámara de almacenamiento de sangre, cuelgan del techo, por medio de unos ganchos de hierro, unos termoscopios que contienen botellas llenas de un líquido color rojo. Las botellas están etiquetadas, algo propio de un termoscopio, que compara la temperatura entre dos cuerpos, midiendo su flotabilidad, dependiendo de la temperatura interna y externa del medio en donde se encuentran las botellas. Si la sangre en cada botella pertenece a una especie diferente de “animal” (incluyendo a los humanos y a los demonios) entonces este laboratorio tiene grandes planes. La voz misteriosa y filosófica que se ha empeñado en preguntarse sobre la naturaleza de lo humano ha comenzado a especular sobre la posibilidad del cambio, sobre lo que cambia y no cambia, sobre si algo fundamental puede cambiar, cambio que puede llevar a la destrucción de lo fundamental.

3 comentarios

  1. Mike sXe

    Ese tren vampiro esta bien fumado y me recordó a Shikabane Hime donde peleaban con un auto monstruo; esto no mejora, los clichés de CLAMP no le hacen bien a esto; ya solo vere por puro compromiso aun queda opurtnidad de que mejore tomando en cuenta los antecedentes de las 2 partes de este crossover ojala y no tarde tanto en mejorar; hasta ahora nos han quedado mal.

    26 julio 2011 en 12:19

    • Es verdad que la serie no ha quedado bien hasta ahora, ha usado muchos elementos vistos anteriormente y no ha desarrollado su trama de forma coherente. Hay muchos aspectos que emergen y me parecen extraños: Por ejemplo el poco conocimiento que las personas, que viven juntas, tienen los unos de los otros: Saya, a pesar de amar a su padre, no sabe mucho sobre él aparentemente: que clase de café le gusto o si le encantan los dulces. Si bien los clichés de Clamp dominan el paisaje, creo que debemos fijarnos en otros detalles…

      27 julio 2011 en 08:26

  2. Mike sXe

    Muy cierto que los clichés de CLAMP no son lo único que hay que ver, pero es lo que mas resalta; algo que me gusta mucho de Blood C es la atmósfera que da el folclor japones estaría bien que se enfoquen mas en ello; ya que le daría un gran toque muy distintivo a esta versión de Blood.

    28 julio 2011 en 12:48

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