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Usagi Drop 2: Vos Sabés

Aquí también hay amor...

Vos sabés, como te esperaba, cuanto te deseaba, no si vos sabés.

Vos sabés, que a veces hay desencuentros, pero cuando hay un encuentro de dos almas trae luz.

Vos sabés, que cuando llegaste cambiaste el olor de mis mañanas.

No si vos sabés.

(Los Fabulosos Cadillacs – Vos Sabés)

La vida cambia por completo con el arribo de la prole a la familia. El hogar se llena de alboroto y colores, y los padres se ven en la obligación de modificar sus establecidas rutinas para poder atender todas las necesidades que el nuevo miembro precisa. Cuando se planifica la llegada de un bebé, estos cambios nos son una sorpresa, y los padres no tienen mayores reparos en hacerlos. Cuando el hijo llega sin esperarlo, las reacciones son diversas, y en muchas ocasiones el retoño se convierte en una carga para sus progenitores sin tener la culpa. Para Daikichi, encarar su nueva faceta como padre soltero, resulta siendo una amalgama de sentimientos, con los que el segundo episodio de Usagi Drop nos pinta un cuadro más amplio de lo que en verdad significa ser padre.

Al asumir la responsabilidad de cuidar de la pequeña Rin, nuestro Daikichi no se sentó a pensar en todos los pormenores que la decisión implicaba. En su magnanimidad y benevolencia hacia la pobre huérfana, sólo pensó en no dejarla desamparada o convertida en un lastre para algún desamorado miembro de su familia. Las cosas se ven distintas desde su primer domingo juntos. Primero viene el detalle de no estar acostumbrado a interactuar con niños, cosa que a muchos adultos nos resulta intrincado. Los niños no tienden a conceder rápidamente su confianza a desconocidos, y suelen portarse de forma huraña y caprichosa si algo les disgusta. Debido a ello, muchos prefieren mantenerse alejados de los niños o menospreciarlos si los tienen cerca, cosa que, si nos fijamos, a los niños les molesta sobremanera. Daikichi demuestra no estar acostumbrado a andar con pequeños, al no tener cuidado de llevar a Rin de la mano cuando están en la calle. Este mínimo detalle evidencia, primero, que él no ve a Rin como una niña, sino como una persona, alguien mayor y maduro que puede cuidarse por sí misma; y segundo, que al solicitársele andar de la mano, no pone reparos como si fuera algo vergonzoso. No estará acostumbrado a las muestras de cariño, pero tampoco se hace problemas por darlas. De hecho, en su ingenuidad, cree que el andar de la mano será más seguro para él.

Después de esta breve escena en la calle, sentimos como si Daikichi fuera apabullado por una serie de circunstancias en las que no había reparado antes. Comencemos: comprar y saber escoger ropa para niñas, buscar un centro preescolar para Rin, demostrar modales en la mesa y orar por los alimentos, levantarse temprano (¡5:45 am.!), modificar su horario de salida, cambiar sus hábitos alimentarios en el trabajo, evitar socializar con compañeros, usar otro calzado y dejar de fumar. Algunas de éstas son más sencillas que otras, pero tomemos en cuenta que no tiene a nadie cerca para darle algún consejo al respecto, a excepción de su prima Haruko, que -la verdad- no puede estar las veinticuatro horas del día dándole apoyo, ya que además de sus responsabilidades como esposa, tiene que lidiar con ese terremoto de bolsillo llamado Reina. En muchas cosas, Daikichi sólo se podrá guiar por su instinto, por la lógica, por su bondad, y también imitando a otros padres. Causa mucha gracia que cuando quiere hacer esto último, ni siquiera sabe la razón por la cual se hacen las cosas. Haber tomado la decisión de ser padre o apoderado de una niña de seis le está resultando todo menos divertido, al menos por ahora. Inclusive vemos que esta abnegada labor poco a poco empieza a repercutir en su trabajo, primero con los amigos, y después con sus obligaciones, al punto de cometer pequeños errores que felizmente no le cuestan el empleo.

En cuanto a su trabajo en sí, vemos que es un puesto de relativa responsabilidad, ya que participa de las decisiones de la junta, y los demás empleados le consultan sobre ciertas decisiones. Darse el lujo de andar desconcentrado es un peligro, pero no vemos que Daikichi se queje, o le achaque todo a Rin. De hecho, en ningún momento la describe como una carga, o le echa la culpa, o manifiesta incomodidad por ella. Sí, las circunstancias son incómodas, pero para él Rin no es la causa. Daikichi desde el principio ha tomado en cuenta sus sentimientos, aun siendo una niña. No es importante si entiende o no lo que sucede a su alrededor, lo que es importante es librarla de los sentimientos negativos que los acontecimientos le pueden hacer sentir. Daikichi intenta, no solo cuidarla, sino hacer de su vida algo divertido, ponerse a su altura si es necesario, y tomar las cosas desde el punto de vista de un infante. En todo momento le pregunta si está bien, interesado en no causarle incomodidades, aunque él mismo las esté pasando. La escena de la llegada al jardín de infancia es notoria, ya que se nota que para Daikichi este nuevo entorno es tan empalagoso y diferente de lo que está acostumbrado a ver, que es como si flotaran en el aire figuritas y juguetes. A pesar de ello, sigue preocupado en los sentimientos de Rin, y se da el tiempo de consolarla con una promesa de meñique a pesar de que ya se le ha hecho tarde para el trabajo. Detalles como estos nos dan una idea más completa de la personalidad de Daikichi Kawachi, que puede parecer un hombre común y corriente, pero que como muchos, encierra hermosas cualidades dentro de sí, las cuales sólo saldrán a la luz el momento en el que encuentre a la persona adecuada para potenciar sus virtudes. El amor puede tomar diferentes ángulos además del romántico; y en este caso tenemos una muestra de lo que es el amor filial.

La segunda mitad nos reafirma en estos conceptos, al presentar la angustiante espera de Rin para ser recogida, pero tomada desde ambos puntos de vista. Tanto Rin como Daikichi están pensando constantemente el uno en el otro, mirando el reloj esperando por la hora de volver a estar juntos. Para Daikichi, es complicado escapar de las obligaciones que su puesto le impone, y como la mayoría de empleos hoy en día, se ve obligado a hacer sobretiempo. Para Rin, sentir la angustia de la espera, y ser la última en salir del parvulario, es sentirse otra vez abandonada, relegada a un segundo plano. Ver llegar a Daikichi es sentir alivio, pero a la vez, su infantil resentimiento la hace actuar como si estuviera molesta. La reacción de Dai-chan es digna de mención, ya que le demuestra a Rin que está dispuesto a cumplir sus promesas, brindándole la seguridad de que no le va a fallar, aun si tiene que tragar 1000 agujas por ella. Al volver a casa, día tras día, poco a poco él va comprendiendo el verdadero peso de lo que significa ser padre, dudando un poco sobre qué será de la vida en adelante, pero aprendiendo el secreto de la felicidad familiar. Al interesarse por el bienestar de su protegida más que por el suyo propio, halla la satisfacción que produce hacer felices a otros. Las cosas son difíciles, regresar a tarde a casa es pesado para una niña de seis; él también esté cansado, pero no se trata de ver quién la pasa peor, sino de procurar hacerla feliz, y mostrar afecto, que es infalible, aún si no es solicitado. Ante los ojos de la niña todo cambia, todo empieza a brillar, la cuidad lóbrega se convierte en un campo de estrellas, y hasta lo que parece imposible, escapar de la luna, por una noche se convierte en una posibilidad para un hombre de treinta años. Aunque al final termine aun más cansado, pensar en ella como más importante que sus propios sentimientos, lo convierte en un ser ejemplar.

La vida de Rin y Daikichi juntos recién está empezando, y al igual que él, nos preguntamos por cuánto tiempo pueden seguir viviendo así. Conocer lo que es la paternidad sólo es el primer paso en la crianza de un niño, y para Daikichi ya está resultando algo complicado. Todavía quedan preguntas pendientes, y la serie nos tiene preparadas mayores sorpresas de aquí en adelante.

Vos sabés, todo todo todo todo es el amor.

Vos sabés, como cambia la vida.

Vos sabés, yo no me quedo nunca más solo, solo.

5 comentarios

  1. Ahora si estoy agarrando el ritmo de ver anime! Y si finalmente puedo comentar.

    Lo que me gusta de las series de este tipo es que se toman su tiempo para captar todos los detalles que van formando la relacion entre los personajes principales pero de una forma creible. Daikichi realmente es una muy buena persona, me gusta cuando los hombres sacan a relucir su mejor cualidad, es decir el amor en todo el esplendor de la palabra. Es diferente a como lo haria una mujer, pero es igual de fuerte y puro.

    Yo espero ser mama algun dia, espero no muy lejano jejeje, y bueno a pesar de su cuota de trabajo creo que es algo que te hace crecer como persona y ser humano, te hace mejor y mas maduro. Los niños poseen su propia sabiduria en su inocencia de alguna manera te guian aunque una cree que es al revez. Lo se porque he tenido hermanos pequeños desde bebes y son super entretenidos.

    18 julio 2011 en 02:09

  2. Si!!! es cosa seria querer llevarle el ritmo al anime nuevo…
    Usagi Drop tiene como obvio referente a Aishiteruze Baby, pero las diferencias son grandes. En Usagi Drop hay muy poco diseño estético “moetizado”, y la razón por la que uno se engancharía a verlo sería principalmente la trama. Esto presenta un reto para el consumidor promedio, así que es un placer ver que lo estás disfrutnado como yo.
    Pero vieras que me considero de las personas que difícilmente se llevan bien con los niños. Me encantaría, pero parece que les doy miedo… lo he intentado, y lo sigo intentando, algunas veces con éxito, pero otras no tanto. Sí, me encantan los niños, y por eso a esta serie le eché el ojo hace mucho

    18 julio 2011 en 17:49

  3. Es como andar en bicicleta Benjammin no mas le pierdes el miedo y vieras lo mucho que se disfruta!!! Y bueno no todos los niños son iguales, hay unos con los que te conectas y otros no pero igual, son lindos.

    Por cierto eso de las guarderias de emergencia es una cosa maravillosa, increible, ya hubieran cosas asi en mi pais lo mucho que ayudarian a la gente soltera o viuda con hijos. De verdad que por algo son paises desarrollados…. sigh…

    19 julio 2011 en 00:59

  4. rolo2k

    Ciertamente ser padre es un trabajo a tiempo completo y que requiere el máximo de nosotros mismos, no hay vacaciones ni recesos y sí muuuchas horas extras; y es que enfrentar todos los cambios que la paternidad produce (como cambiar los horarios, la alimentación, renunciar a fumar, alejarse de los amigos) en la vida adulta es algo para lo que nadie está preparado y se tiene que aprender sobre la marcha.

    Para Daikichi el esfuerzo es doble porque además de aprender a cuidar de Rin e insertarla dentro de su vida, debe además sobre todo aprender a entenderla y respetarla como lo que es: una niña de seis años, a quien no puede pretender tratar como adulta, pero a quien tampoco debe subestimar.

    A pesar del gran esfuerzo que representa esta adapatación y el consiguiente cansancio, Daikichi también logra sacar provecho de pequeños detalles para infundirle seguridad a Rin y ayudarle a superar el estigma familiar, tomando en cuenta sobre todo sus sentimientos, ya que detalles como los que vemos en este episodio (cumplir una promesa de meñique, correr huyendo de la luna) son los que poco a poco van creando lazos de afecto y cariño que perdurarán toda la vida.

    Por su parte Rin, quien debido a las circunstancias ha tenido que madurar quizá un poco más de lo normal para su edad y ha tenido que soportar el recelo y hostilidad de todos aquellos que la han considerado un estorbo, un error e incluso una “mala jugada del destino”, también tendrá que aprender poco a poco a abrirse y a confiar en Daisuke y a disfrutar su niñez.

    Creo que la escena del pequeño “accidente” del futón con la que cierra este episodio ilustra mucho los retos que tendrán que enfrentar ambos en su vida como nueva familia.

    Yo también espero llegar un día a ser padre y aquí también puedo aprender un poco.

    21 julio 2011 en 06:42

  5. Si!!! Son detalles tan chiquitos, pero de tan profundo significado… cuando te pones a pensar, la mente de un infante está tan abierta a todo lo que pasa a su alrededor, y detalles así van formando la personalidad y la autoestima. Para Rin, encontrar a Daikichi es lo mejor que le ha podido pasar en la vida. Me causa mucha sorpresa que la niña teniendo solo 6 años ya sea tan madurita como para despertarse temprano sin rechistar, o saber alguito de cocina (onigiris, aún si no tuvieran buen sabor, de su manito comería todo).
    Me agrada la manera en cómo cierra cada episodio, en lugar de un avance, una vivencia más a la que Dai-chan tendrá que aprender a sobrellevar.
    Gracias por tus comentarios, siempre aportan cosas sobresalientes.

    (A propo, alguien escuchó “Vos sabés” de LFC?)

    21 julio 2011 en 22:45

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