Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Denpa Onna to Seishun Otoko 12 (FINAL): Degustando el infinito

Hasta las estrellas

Ignoramos si después del fantástico home run bateado por Makoto, el vapuleado Barrio Comercial mantuvo su ventaja y derrotó a su clásico oponente, la Ciudad. Quiero creer que conquistaron la hazaña luego de quebrarle la moral a la invencible pitcher Hanazawa, pues en adelante, cambió el panorama anímico, se imprimió al partido un giro crucial gracias al simbólico golpe de confianza que propinara Niwa-kun. Nada más demoledor que gestar un milagro, pues es inexplicable y contundente para quienes lo perciben o experimentan su ejecución. Se transfigura la atmósfera y, pese a la escasa trascendencia épica del momento en que Makoto sale a batear (no será de vida o muerte, matemáticamente hablando, ni tampoco el clásico two outs, bases llenas), la circunstancia se carga de una sublimidad heroica tan agónica como alucinante. Porque además de voltear el partido con una pitcher principiante y una coach desquiciada, el equipo recobraba la esperanza, incontrovertible al grado que solamente quedaría ganar. O mejor dicho, cualquier resultado, incluso los adversos, se considerarán una victoria. Al parecer, Maekawa sí asistirá al festival.

Pues independiente del marcador, la sensación de triunfo le habrá correspondido al Distrito Comercial, ese montón de excéntricos con dudosas credenciales deportivas que enfrentaban con mediano esfuerzo y demasiados titubeos al mismo rival que siempre los mandaba a limpiar la cancha, pero que después de librarse de sus miedos, puede creer en imposibles, depositar sus ilusiones en una probabilidad, un deseo, una chance. Ese futuro pertenece al terreno de la imaginación: quizás errada, desproporcionada, crédula, pero viva, porque ella constituye la semilla de cualquier gesta. El hito de Makoto se contagia al grupo de losers, marginales o seres grises cuya moral había aminorado cuando huyó su capitán y referente, el señor Maekawa. El muchacho consiguió, además de persuadir al fortachón y traerlo de vuelta, iluminarlo con su inspirador porrazo que escalaba sin cesar al Cielo, tentando esa frontera insondable que atrae la curiosidad de Erio. Como sus compañeros de equipo, Mako-kun comprenderá la emoción y satisfacción que provee la bendita ingenuidad de soñar con insensateces, con locuras, con concretar cualquier desvarío, y recién entonces puede hermanarse en sentimientos con su electromagnética prima, como se sugiere cuando ambos rostros contemplan juntos, en paralelo, unidos por la misma expectación, compartiendo el mismo resplandor, el ascenso imparable de la pelota. Esa sensación de ganador llena de contentamiento, de compensación, de manera que incluso perdiendo, les corresponderá un triunfo moral, la dicha de haber sacudido los cimientos, avivado el juego, haberlo sacado del acostumbrado letargo de los partidos de práctica, dominados por una misma tónica. Perder a diario sin quedar ni siquiera tranquilos por haber entregado el máximo estaba convirtiéndose para este equipo en una regularidad pesarosa. El batazo de Makoto propicia una ruptura. Ahora los losers de siempre pueden marcharse alegres porque dejarán hasta la última gota de sudor en el campo. Se tornarán brillantes, como el chico saludable durante la escena inicial del episodio que, dependiendo de nuestra interpretación, podría juzgarse cronológicamente como la última, es decir, ubicada por anticipado para generar la intriga (¿por qué Mako-kun recoge una pelota de adentro del río?, ¿por qué Erio experimenta esa placidez sentimental?, ¿por qué “relumbra” su adorado primo?). Este recurso narrativo se conoce como prolepsis (o flashforward, en caso sea breve) y consiste en adelantar sucesos del relato para desplazar el interés del espectador del “qué” hacia el “cómo” o “por qué”. Que Denpa Onna emplease esta figura como prólogo de su episodio final es sintomático: si reconstruimos el orden natural de los acontecimientos, todo culmina en calma, con Erio al atardecer, reflexionando con ternura y parquedad sobre el “brillo”; sin embargo, colocada al inicio, esa serenidad, aunque no funja como indicio para especular un triunfo o derrota, sugiere, mediante los placenteros gestos de Erio, que alguien alcanzó cierta plenitud emocional. Este capítulo, por tanto, relatará ese proceso de rehabilitación de Makoto como soñador, como humano. Nos contará de dónde provienen esos centelleos que creíamos exclusivos de Erio y Yashiro. El equipo a la deriva será una extensión simbólica de su personalidad: cuando el protagonista recupere su espíritu romántico (instintivo, imaginativo, absurdo, poético), sentirá la confianza necesaria para actuar y dará el paso adelante, sin importar cuán mínima fuese la posibilidad. El padre de Maekawa lo comprende de inmediato.

Pero además, para alargar los paralelos entre Makoto y el equipo, ambos se hubieran hundido en su mezquindad y opacidad si no fuera porque están rodeados de mujeres dispuestas a salirse del margen y quebrantar cualquier clase de comportamiento convencional, cualquier locura providencial que sirva para salvar al héroe de su rutinaria filosofía racionalista que anquilosaba sus reacciones reduciéndolas a la ironía, el pesimismo, la medianía, esa complaciente pretensión de normalidad. Esas chicas también mantendrán con vida al equipo del Barrio Comercial: Maekawa tomará sus previsiones en caso su padre escapara y contactó a Meme que, como estratega, acertó en todas sus decisiones cruciales, como designar a Erio en posición de pitcher. La secuencia del primer strike de nuestra denpa onna es una delicia beisbolística y moestática que recuerda otro momento de CLANNAD ~AFTER STORY~ donde Nagisa suplanta a su padre en idéntica función: la sabiduría táctica de Akio Furukawa es aplicada con Erio, obteniendo similares dividendos. Desde la banca, Ryuushi destacó menos salvo su intervención megafónica al alentar a Niwa-kun hasta perforar el aire con sus ondas sonoras. Todas las integrantes del harén, incluida la sensual cuarentona, se decidieron a transgredir el marco, a exagerar, a subvertir con humor carnavalesco toda situación de tensión o liberar sus energías más extravagantes. Como discutíamos con anterioridad, durante el período de maduración, de descubrimiento del mundo, de formación sentimental que comprende la adolescencia, para el sujeto masculino, la mujer, en general, lo femenino, cumple un papel de elemento agitador, convulsionante, que perturba la tranquilidad del sujeto obligándolo a reorganizar su concepción del mundo, forzándolo mediante su misterio, su belleza, sus arcanos incomprensibles, a hurgar en ese conocimiento esquivo que mezcla la curiosidad y la pulsión erótica. Esta búsqueda manifestaba un afán irresistible por vivir una experiencia prodigiosa, por hallar una respuesta, una revelación. Erio representaría la arista más exquisita, pues suele relacionarse con los momentos de grandiosidad poética. Maekawa ocuparía el rol de provocadora intelectual, mientras que Ryuuko encarnaría la vertiente más cursi y Meme la intensidad del estímulo carnal. Aunque el arco se concentraba en Makoto, todas tuvieron su oportunidad para colaborar y empujar a Niwa-kun hacia su desfogue. Pareciera que los eventos complotaron para sacudir en definitiva al muchacho, pero nuevamente, cuando interviene la diosa Meme, ningún elemento puede calificarse de casual y seguro aprovechó la situación para darle el puntillazo final con su sagacidad de cuatro décadas. El diálogo con Mr. Maekawa fue instructivo para el protagonista: pudo verse reflejado en otra persona, pudo confrontar sus propios temores y reconocer sus contradicciones. Pero, sobre todo, se encontró joven frente a un sujeto mayor, ambos afectados por un discurso derrotista, en apariencia sustentado en una lógica irreductible, cuando en realidad es una excusa para evadirse de la obligación de actuar o reprimir su potencial por temor a parecer “extraño” o tonto.

Nuestra reseña del undécimo episodio subrayaba la funcionalidad del relato deportivo como fórmula épica. El caso del básquetbol es infrecuente en anime (si comparamos su presencia mediática, por ejemplo, en la ficción norteamericana), quizá porque es complicado individualizar la proeza y consignar a una figura descollante cuando el juego privilegia el trabajo colectivo. El béisbol, en cambio, es casi omnipresente cada temporada (como las aguas termales y los sukumizu), porque además de su popularidad, es un deporte de equipo cuya mecánica, paradójicamente, privilegia el duelo entre dos individuos, pues aunque haya una decena de personas alrededor, todo parece reducirse al intercambio entre pitcher y bateador, cual reto del Lejano Oeste. Se construye en torno de Makoto una epopeya. Fijémonos en el manejo de tópicos: se tiende una expectativa por la supuesta desigualdad entre las habilidades del muchacho saludable y Hanazawa para incrementar el valor de la gesta. Meme no prorrumpe en un largo discurso sacado de un libro de autoyuda, pero fiel a su estilo sabe apuntar al corazón para infundir de responsabilidad a Mako-kun. El héroe parte iluminado por el resplandor solar y enfocado desde abajo como una especie de figura excelsa. El hecho es narrado de manera anacrónica: el tiempo del relato (lo contado) es distinto al tiempo de la narración (la forma de contar), pues para aumentar la angustia unos cuantos segundos duran minutos. La lentitud es épica, pues el momento glorioso merece disfrutarse largamente, aunque se alargue la incertidumbre. Es significativo que esta serie alcance su punto culminante (aunque no su cierre) cuando el narrador privilegiado realice su mayor hazaña particular y disfrute una pizca de heroísmo porque, recalcamos, el tema preponderante es el camino correcto hacia una madurez sensible, que preserve parte del idealismo juvenil. Aunque Makoto no luzca demasiado convencido, ha comenzado a ceder, su viejo pensamiento se agotó, es capaz de agacharse y rogar a la suerte con toda devoción para forjar un milagro. Aquel viento glorioso que irrumpe en pleno verano sin brisas simboliza (aunque suceda en la realidad) el poder que emana de su voluntad. Ese momento indescriptible e imposible de contener en explicaciones científicas le permite al personaje deshacerse de las primeras trabas que le impiden anhelar o aspirar a esos ideales inabarcables. No tanto el home run (que sería una incidencia del partido), sino el vuelo ambicioso de la pelota le resultó como degustar el infinito. Porque Makoto no derrota a la Ciudad. Probablemente no sepamos cómo terminó el match (hasta que estrenen el episodio extra en BD/DVD), pero el personaje consigue vencerse a sí mismo, o mejor dicho, al Niwa-kun de fachada que amenazaba con apoderarse permanentemente de su identidad, de consolidarse bajo la excusa del pasaje a la adultez, como si crecer consistiera en renunciar con resignación a las supremas aspiraciones. Es probable que debamos volvernos desconfiados, sarcásticos, desmotivados, porque lo exige la supervivencia o porque el tiempo nos apremia, pero constatar una situación no implica justificarla. Al cuestionar al Makoto descreído y sin proyectos, se repite el caso de Erio, pero a la inversa: el sanador es curado del exceso de pragmatismo y racionalismo mal encaminados por una razón que venía quedándose sin corazón. Cerrando el paralelo entre héroe y equipo, podríamos inferir que debido al instante de heroicidad que estremece al grupo, cambian algunas cosas. Quisiera suponer que Maekawa padre acudirá al festival sin importar quién gane, pues se desbaratan sus motivos para escapar de la derrota: la organización o la posesión de las tradiciones pasan al segundo plano, otro es el objetivo del juego.

Antes del comentario final, ensayaré mi último elogio de Erio, el personaje femenino más precioso y exquisito de los últimos años, aunque esta afirmación me inmiscuya en una polémica inacabable. Sin embargo, el título de este blog sugiere dos dimensiones para nuestro enfoque crítico, el lado serious y la fascinación por el moe-ness y Erio Touwa conjuga ambos aspectos sumando gestualidad enternecedora, delicia visual, conducta pintoresca y gravedad estética. Nuestra denpa onna es tanto la muchacha extravagante que engullía pizza desde dentro de un futón, como la chiquilla agreste y pura que deambula con la ingenuidad de sus pies descalzos por un territorio que intentaba rediseñar según su imaginación o la jovencita timorata pero voluntariosa que aprende a desplegar su enorme corazón a pasos lentos y torpes, aunque sinceros. Y también esa figura casi divina que cada cierto tiempo destella con ademanes de magnificencia lírica. Erio es el vórtice estético de Denpa Onna: los arcanos de la belleza se concentran en ella, el objeto de deseo no dirigido a las pulsiones eróticas (como ocurriría con Ryuushi o Meme), sino a la sensibilidad. La prima misteriosa continúa siendo una incógnita, como cuando Makoto le pregunta por qué juega béisbol y ella responde a viva voz: “¡Es un secreto!” Esa incapacidad de penetrar por completo en su conducta, la imposibilidad de abarcarla mediante la razón o descubrir sus motivos, constituye su atractivo. Aunque quienes la juzguen de manera superficial consideren a Erio otra encarnación de estructuras arquetípicas, mecanismo construido ex profeso para seducir a la platea masculina, nos faltaría la mitad del análisis que comprende la delicada composición del personaje como efigie de lo femenino como fuerza incomprensible, inasible, que constantemente desafía el entendimiento del adolescente. Los espectadores son confrontados con una experiencia similar: no podemos dilucidar si Erio es una chica ordinaria con características extraordinarias o viceversa, una muchacha fuera de lo normal con hobbies, pasiones o creencias como cualquier peatón. No necesitamos aclararlo porque traicionaríamos el espíritu de nuestra heroína como lo plantea la serie, pues entonces la encasillaríamos en nociones lógicas cuando en realidad, todo transcurre en un terreno vivencial: Erio inspira con su presencia polifacética, con su ternura o profundidad, como niña cándida o musa astronómica, el afán por elevarnos hacia un conocimiento superior a través de la belleza. O bien a derretirnos el corazón

Balance final

Cuando debo responder a las insoslayables preguntas acerca del mejor anime de cada temporada, me cuido de establecer la distinción entre el juicio crítico y la opinión particular. El primero pretende ceñirse a determinados criterios de objetividad, la segunda no oculta su cariz subjetivo y asume las caprichosas debilidades del espectador. Es probable que AnoHana o [C] fuesen series más densas y categóricas, desde sus distintas propuestas. Sin embargo, para mi fuero privado, escogería a Denpa Onna sin vacilaciones porque reúne los elementos formales que mejor coinciden con mis peculiares gustos y porque somete a discusión temáticas que concitan mi interés como comentarista a nivel académico. Lo primero no abarca únicamente la hermosura del elenco femenino, el primoroso y pulcro diseño de ambientes o aquellas escenas plásticamente obnubilantes donde Erio descollaba en un éxtasis de fulgor estético. El vanguardismo compositivo del estudio, en cuanto respecta a visualidad y narratividad, también colabora engalanando esta serie con una pretensión constante de declarar su artisticidad, como si cada episodio fuese un arte poética disfrazada de comedia. No obstante, el modelo Shinbo se aplicó de manera menos barroca para optar por una ejecución conceptual. La serie se sostiene sobre el carisma de sus personajes y los procesos que afrontan. La influencia del original literario supuso, como en Bakemonogatari, una preponderancia del diálogo ingenioso y el sarcasmo como claves para la estructuración de cada arco antes del momento definitorio caracterizado, en cambio, por acciones determinantes (el salto en bicicleta, el lanzamiento de cohetes, el partido de béisbol). Entre los temas recurrentes, podríamos enumerar la mayoría de mis inclinaciones críticas al hablar de anime: metatextualidad, cuestionamiento de los discursos estandarizantes, el relato de aprendizaje, los contrastes entre lo extraordinario y lo cotidiano, el estatuto (¿realista o fantástico?) de la historia, y obviamente, la comedia romántica y la crítica de sus implicancias ideológicas. Esta serie me procuró un universo de reflexiones mientras incitaba mi sensorialidad. Como los buenos libros, merecen evaluarse por la coherencia de sus planteamientos estructurales. Denpa Onna propuso tres arcos impecables para quienes tengan paciencia y sepan hilar acontecimientos en redes de felices coincidencias.

7 comentarios

  1. rolo2k

    Bueno, apenas voy por el tercer episodio (me gustó mucho la secuencia del salto en bicicleta) pues he optado por ir degustando tus reseñas y la serie la encuentro realmente fascinante (aunque debo reconocer que al principio tenía mis dudas), pues más allá del típico harem y la comedia, posee matices mucho más profundos.

    Excelente reseña, espero poder ver esta serie por completo.

    14 julio 2011 en 07:12

  2. Paola

    Qué bonita reseña….se ve que la hiciste con bastante amor :).

    14 julio 2011 en 11:54

  3. Cierto Paola evoca muuuuchooooooooooooo cariño. Yo aun no he podido terminar de verla, sin embargo dudo que cale tanto en mi como en Serious Man, crea que me influye demasiado el gusto personal. Igual excelente trabajo Serious que mas que motivar a la gente a ver el anime con tus ojos para entenderlo de manera tan estructurada y profunda.

    Eso si a mi tambien me sigue gustando Erio, a cierto nivel me siento identificada con ella. Despues de todo yo era la muchacha rara de mi grupo.

    14 julio 2011 en 12:17

  4. Creo que una serie que se concentra en lo misterioso y lo sublime resulta bella y apacible. No se necesitan de grandes trastornos (guerras, luchas, cambios acelerados) para que una vida se convierta en un mundo de experiencias extraordinarias, lo cotidiano esta lleno de momentos sorprendentes, de pequeñas vivencias que se pueden convertir en obras de arte. Comparto el interés de Serious por esta clase de series porque creo que hay mucho de surrealismo que se puede ver en ellas, momentos en que la realidad plana y seca se transforma y adquiere un rostro extraño. Erio es esa belleza, como lo expreso Serious desde el principio de sus reseñas, un misterio que sólo un artista puede entrever con toda claridad…

    Por otro lado, esto me deja pensando, te debo unos artículos, voy a comenzar por estos planteamientos sobre estética…

    14 julio 2011 en 12:32

  5. Recientemente acabo de ver la OVA o episodio 13 y está excelente. Para todos aquellos que en mayor o menor medida degustamos esta magnífica producción de Shaft y sus respectivas reseñas, este episodio viene como la cereza al pastel pues cierra con broche de oro esta historia, se las recomiendo ampliamente (con sorpresa incluida, ya lo verán).

    15 febrero 2012 en 16:39

  6. Pues hoy ahora en el 2017 yo me encontré con esta maravilla y sigue siendo mucho mejor que muchos animes que comencé a ver desde el 2016 y aun Erio sigue siendo de los personajes mas hermosos que he visto en ya bastantes animes revisados, y la ova culmina de excelente manera que quisiera platicarles pero para no espoilearles les diré solo que si existen los aliens jeje… me párese que buscare si hay manga para ver como termina si no aun este es un excelente final… excelente reseña por cierto…

    2 agosto 2017 en 17:57

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s