Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Denpa Onna to Seishun Otoko 10: You can’t fly, but you can swim

Solo me interesan las espers aliens viajeras del tiempo

Hasta ahora, Erio Touwa había debido soportar con entereza, buen humor e imaginación muchas adversidades que obstaculizaban su desenvolvimiento social: la envidia de chicas menos agraciadas, la pérdida de la memoria, el distanciamiento de su madre, su propio encierro sobre un discurso calcado de sus utópicas fuentes de la ciencia ficción, la aparición de una contrincante romántica, la dificultad de hallar empleo, etcétera. Sin embargo, jamás había lidiado con nadie similar a ella en tantos rasgos, desde su particular apariencia (de una belleza resplandeciente, pero perturbadora) hasta sus excéntricas reivindicaciones de naturaleza alienígena. Yashiro Hoshimiya pretende robarle el título de denpa onna local, aunque quizá Erio se sienta más preocupada del acoso incesante y antipático de su descarada congénere o del acercamiento con su adorado primo. De nuevo, pareciera que volvemos a desplazarnos al terreno de la love comedy, pero la experiencia del arco de Meme nos invita a desconfiar de esta aparente frivolidad. Muchas pistas referidas al festival, el partido de béisbol y la huida de casa de Yashiro pronostican un desenlace poco convencional.

Sin duda, el acontecimiento culminante será el susodicho matsuri, motivo de discordia entre los habitantes del Barrio Comercial y la Ciudad. El relato se burla con ironía de esta separación puesto que ambos sectores se solapan, no pueden considerarse compartimentos estancos, sino espacios en constante interacción, de manera que Makoto, un citadino, defiende los colores del bando contrario e incluso arrastra a Erio, otrora la apestada del pueblo, para integrarla al evento trascendental del verano, que definirá, quizá, absurdas cuestiones de orgullo y honor. Maekawa es un sujeto híbrido, no porque apareciese modelando un siniestro disfraz de alien (que encontré tan amenazador como atractivo y estrafalario), sino porque pertenece a ambos sitios. La supuesta enemistad que divide a los adultos parece difuminarse cuando se traslada al terreno juvenil, para quienes estas delimitaciones identitarias carecen de significado: Nakajima le había comentado a Makoto que el béisbol servía como válvula de escape para solucionar fricciones poco deportivas, pero lo explicaba sin emoción, casi con disimulo. Hanazawa tampoco luce comprometida de corazón, como el padre de Maekawa, y ciertamente, si alguien llevó a Yashiro vestida de astronauta al partido de práctica, se infiere que pocos participantes siguen considerando el partido como cosa seria, que aquella minoría que mantiene la tradición no recibe una atención recíproca de su comunidad (pues participan muchos “outsiders”), que  nadie presta el mínimo interés a actividades tan periféricas, tan desdeñadas que se realizan a orillas del río (de todas maneras, la intensidad del color verde y los destellos del sol sobre las aguas sirven para destacar la belleza de Erio en distintas escenas), incluso cuando compromete la celebración del festival a donde todos asisten para divertirse. Esto revela una atmósfera de apatía y gris normalidad sobre la cual nuestros personajes reaccionan de manera distinta. La crítica velada contra una mentalidad sino burguesa, aburguesada, o que renuncia a sus sueños para aferrarse a la tierra firme y segura de la rutina, las certezas científicas o la mediocridad inofensiva es el eje que enhebra los tres arcos que comprenderá esta serie. En primera instancia, pareciera que Makoto se impone mediante su racionalidad al delirio discursivo de Erio ayudándola a superar los escollos que ella misma sembraba para poder reinsertarse al mundo y rehabilitarse como parte de la sociedad. Sin embargo, este triunfo es efímero, pues en adelante, se cuestionarán, de manera gradual, los presupuestos, en apariencia sensatos, del pensamiento que defiende Mako-kun y sus correlatos pragmáticos. Ello no implica que actuara de buena voluntad al intentar “rescatar” a Erio y continúe haciéndolo al desvivirse por su prima (de manera poco usual entre los adolescentes), pues nuestra denpa onna, al encerrarse en sus fantasías protectoras, también aislaba su corazón del contacto gregario (y, digámoslo, del amor como vivencia estimulante). Aunque la Erio de elucubraciones y diálogos pintorescos era entretenida y cautivadora por su amalgama intensa de extrañeza y belleza, Makoto convirtió a esa rebelde Madame Bovary del sci-fi en una tierna astrónoma veraniega que clama a pasitos lentos una chance romántica. Sin embargo, aunque no se discute los beneficios de esta “domesticación”, los recientes eventos ponen en entredicho que Niwa-kun tenga el monopolio de la razón. Quizá represente el sentido común, pero no implica que su postura sea incontrovertible. En cambio, se sugiere -con mayor énfasis a partir del episodio anterior- que aquella ética del everyman cotidiano, resignado y sarcástico podría estar equivocada. El arribo de Yashiro, que reactiva el ciclo que “sufriera” con Erio, desestabiliza, le quita “estabilidad” a su ideal de vida saludable, común y corriente. El arco previo lo relegó por instantes del control del relato, insertando voces alternativas. Ahora recupera el protagonismo vocal, pero sus afirmaciones, en teoría sólidas, son sometidas a prueba. Tras “rescatar” a Erio y mientras regresaban del partido de baseball, nuestro protagonista medita:

That esper should grab a bike and fly up into the sky too. Of course, she can’t. All these guys are just self-proclaimed aliens. And they’ll stay like that forever”

La secuencia del telescopio estuvo, de nuevo, maravillosa. Si antes Makoto sucumbía a la sublimidad de su misteriosa prima, ahora es Erio quien se descontrola en timidez porque, como mencionaba, intenta acercarse a “Itoko” con intereses nada cosmológicos. La escena es cómica pero posee una ternura demoledora que únicamente Erio es capaz de dispensar en las recientes temporadas: no hablamos de una pureza torpe, aunque quizá lírica sería un exceso. La chica del futón es presentado bajo un halo distinto, una bondad sin connotaciones moralizantes ni tampoco filosóficas. Existen personajes idealizados hasta el extremo de divinizar su efigie, pero Erio, aunque luzca por momentos como un hada o un ángel, encarna un ideal de pureza adolescente, libre de intoxicaciones de la moda o demás condicionamientos sociales, que disfruta sus aficiones con dulzura y busca vivir cada experiencia como un acontecimiento único y especial. En ella, no existe impostación. Volviendo sobre las contradicciones del primo, hasta ahora poco se debatía su punto de vista, su perspectiva por momentos socarrona, pesimista, hipercrítica del prójimo, en especial, cuando estos insisten en salirse del marco habitual. Maekawa puso el dedo en la llaga al introducir la duda sobre la practicidad de su pensamiento: la desconfianza crítica es una actitud madura y útil para sobrevivir en un mundo sin ideales, pero corres el riesgo de condenarte a la inacción cuando te impide no solo proyectar tus sueños con ilusión, sino cuando reprime tu propia capacidad de soñar y creer en la posibilidad de lo imposible. Antes había mencionado que Makoto podría envejecer prematuramente, volverse un joven viejo cascarrabias y, aunque tenía la razón al correr a Yashiro de casa de Meme por perturbar la tranquilidad de Erio y buscar pendencia, su manera de referirse a “la gente como ella” suena a ogro renegón que detesta a los espíritus libres porque, quizá en el fondo, los envidia, o porque, en cierto momento, vio frustradas sus fantasías infantiles. Es preferible “mantenerse lejos” de personas como la chica astronauta porque perturban sus esquemas. Probablemente tolere a Maekawa porque ella suele superarlo como razonadora y ejerce una cierta autoridad con su actitud y sus palabras, pero ante Yashiro, Makoto se asume superior y autorizado a despreciarla. Por desgracia, su inconsciente lo traiciona porque de inmediato, cuando la muchachita descubre su rostro, deja escapar un comentario sobre su innegable lindura, que resplandece y escruta a quienes la observan. Por tanto, Makoto posee la sensibilidad suficiente para captar la esplendidez de lo extraordinario, pero opta por defenderse de ello (porque también le genera miedo) escondiéndose en su ociosidad y su alabada mediocridad. Como Kyon en su célebre plática con Haruhi, admira el orden y la racionalidad de los postulados científicos que proveen de verdades universales y definitivas, y destruyen supersticiones. Sin embargo, se escuda en ese racionalismo para limitar su acción, no arriesgarse ni someterse al ridículo de ambicionar algo diferente. Porque ser un individuo autónomo cuesta demasiado esfuerzo, más aún cuando la sociedad te ofrece un croquis prediseñado para amoldarte a su cuadrícula, digamos, su aparato productivo. Solo en compañía de Erio (y luego provocado por las incitaciones de Yashiro), Makoto consigue liberarse por breves instantes y saborear una satisfacción distinta.

Esta magnífica escena de ruptura donde Makoto se atreve a romper con su propio discurso cediendo a la provocación de Yashiro es maravillosa desde su concepción: la chica del casco actúa según su antojo, le importan un rábano los juicios ajenos. Ni siquiera tiene hogar “conocido” porque jamás llegan a su supuesta casa temporal y, según se comenta, se fugó de donde sus padres: cada rasgo de esta historia de huidas implica un grado de quiebre. Ruptura con la familia, la renuncia al espacio particular, limitado, racionalizado, para sustituirlo por uno general, sin límites y cuyas únicas leyes le impone ella misma. Para explicarlo mejor, Yashiro no solo habría elegido desligarse de su familia adoptando otra identidad (de alien esper): también habría dejado su condición de “señorita de su casa” para disfrutar las dichas del trotamundos, que supone aventurarse en la vastedad, incertidumbre y constante impredictibilidad del mundo abierto, al cual convierte en su nueva casa. A diferencia de Erio, a Yashiro le sobra fuerza de voluntad para responder con malcriadez, ofender, amenazar, centrar el universo en ella misma. Sin dudas, un cotejo entre ambas, la denpa onna original y esta advenediza, es inevitable. Ambas tienen en común una belleza arrolladora (y disculpen que emplee el mismo sustantivo para describir la experiencia estética, pero pocos personajes pueden congregar sobre sí ese nivel de sublimidad) y Yashiro necesitó apenas un episodio y una genial secuencia de piscina, donde pudo lucir mejor su actitud que cuando andaba disfrazada de cosmonauta, para demostrar su temple retórico y poner en apuros a Makoto. Erio, insisto, ha renunciado a autodenominarse un alien, pero continúa creyendo en aquella imaginería que su primo (y muchos de nosotros) considera falsa, ficticia, sin bases científicas, fruto de una afiebrada imaginación, en fin, producto de la irracionalidad. Erio no ha renunciado al cielo, a un ideal inalcanzable de majestuosidad inconmensurable que genera fascinación, intriga, que alimenta los sueños. Yashiro, quizá por razones distintas, también ha optado por un sendero similar, aunque más cercano al trazado por Haruhi Suzumiya, una adolescente díscola, en apariencia egoísta, que reclama, con justeza, la posibilidad del milagro ante una sociedad incrédula y vulgar. Aquí radica, seguramente, la principal diferencia entre las “chicas raras” del elenco. Erio reacciona ante un trauma, pero asume la viabilidad de una salida intermedia. No abandona su esencia, su adoración por el misterioso cosmos, pero quiere compaginarlo con otras actividades, buscando la protección de su primo. En cambio, Yashiro parece más terca, imbuida de mayor convencimiento y consciente de representar, en lugar de “ser”, un personaje (por momentos, su forma de hablar cambia, mientras que Erio se había realmente mimetizado con su propio habla). Gracias a ello, puede juzgar de manera más crítica a quienes llaman su atención y logra captar de inmediato las contradicciones de Makoto. Se percata de cuánto ansía el muchacho tener la habilidad de ilusionarse y perseguir con dignidad un deseo imposible, lanzarse a la aventura, no avergonzarse de sus ganas de hacer o decir algo. Paparruchea cosas absurdas, es una Erio wannabe, pero sabe entrar en debate e hincar con la frase precisa y una mirada colosal. Todavía continúa inquietándome el chorro de agua inconcebible que descarga sobre Mako-kun, porque -dependiendo de cómo se desenvuelva el personaje- podría interpretarse de distintas formas: o Yashiro es ciertamente una esper y la extrañeza, en realidad, es la norma, o la pequeñuela es bastante fuerte, o estamos ante la aplicación del discurso contrario a Makoto, la capacidad de gestar milagros mediante la voluntad. En cualquier caso, Niwa-kun sale perdiendo: su racionalismo se desbarata moralmente cuando se sentía más persuadido de su propia filosofía de vida. SHAFT y su maravillosa costumbre de aplicar giros estructurales, sutil en este caso.

Entiendo. No todos amamos a Ryuushi, pero incluso su desafortunado y controversial comentario sobre Erio es comprensible si ponderamos su función de pretendiente antagónica a la protagonista. No actúa con maldad, sino con celos e inexperiencia porque es hiperactiva y sentimental, ha entrado en competencia y, vale reconocérselo, se esfuerza con constancia por propiciar un acercamiento más romántico (aunque casto) con Makoto, mientras que Maekawa propone un contacto más amical y cerebral. Ryuuko ha jugado sus cartas con relativa eficiencia, habida cuenta del escaso tiempo que comparte con Niwa-kun durante el verano y estos afanes, conjugados con su lindura registrada y su calurosa personalidad, con la explosividad desenfadada típica de toda genki girl, componen la fórmula para una incalculable simpatía. Por desgracia, aunque Makoto parece sentirse físicamente atraído por Ryuushi, la pobre comparte el mismo plano espaciotemporal con chicas como Erio y Yashiro que alimentan mejor los reprimidos anhelos del muchacho. La escena del diálogo telefónico sirvió para mantener vivas las chances de la basquetbolista en el juego de ofertas del harem, pero también para introducir casi de contrabando esos datos que inducen a conjeturar un desenlace menos simple para la temática del béisbol. Makoto descubre la “trascendencia” del match oficial, a nivel de ciudad, llenándose algunos vacíos y silencios narrativos alrededor de estos partidos “de prácticas”, pero queda por solucionar la principal duda: ¿por qué tanta tensión alrededor del evento? Los habitantes conocen la tradición, pero no intervienen, a pesar de existir una rivalidad que necesitó suavizarse, regularse en forma de deporte. Fuera del valor informativo, la secuencia de Ryuushi tuvo un doble valor estético: el primero, sin dudas, resaltar gráficamente desde distintos ángulos su cualidad de objeto de deseo carnal (en contraste con Erio, más etérea). El segundo, lucir en acción la propuesta estética que SHAFT y Shinbo han madurado al diseñar sus ambientes, decorados, vestuarios y ostentarlo desde diversos puntos de focalización, resumiendo los lineamientos base de su apuesta visual. En principio, el empleo de constantes geométricas que definen el orden y trazado de los espacios: los maderos del piso, las líneas del sofá (imitando las combinaciones tipo mural), la mesa de centro sobre el tapete recto y, sobre todo, la cama de Ryuushi, con esa agradable combinación de círculos que replica el diseño de su pijama. Cunde una armonía colorida, un equilibrio de matices, un toque muy femenino, acorde con los rasgos girly (fíjense en el enorme peluche que reposa como adorno), pero también modernos (el juego de cajones polícromos) del personaje. Influenciada por el pop-art, este estilo había alcanzado su madurez en Hidamari Sketch, pero esta escena lo resucita y explota su potencial. SHAFT realizó un trabajo técnico casi impecable y, en términos de disfrute, este capítulo añade una nueva joyita a su palmarés.

6 comentarios

  1. De verdad que me impresion tu forma de abstraer las cosas. Honestamente la serie se me viene haciendo aburrida, sobretodo porque a mi personaje favorito siento como que la han puesto demasiado de lado para contar las historias de las chicas que forman el elenco. Me diste un punto de vista interesante, la verdad que no se me hubiera pasado por la cabeza ninguna de las palabras que utilizaste. Debo decir que tu forma de interpretar Denpa Onna es parte del interes por seguirla viendo.

    Y bueno ciertamente Makoto es un gruñon, creo que se toma muy a pecho la independencia personal de cada persona de actuar como mejor le parezca, el tiene ideas muy fijas de como debe ser la gente, pero se le olvida que la gente es gente y que por lo tanto ninguno es igual a otro! Si alguien no te cae bien no lo tengas como amigo, sin embargo respetale el hecho de ser como es y tratalo con la misma dignidad como cualquier otro. Despues de todo a el no le gusta cuando hablan mal de su prima, sin embargo deberia, en mi opinion defenderla un poco con palabras sobretodo por que es consiente de que ha sido tratada con dureza e injusticia.

    2 julio 2011 en 04:27

    • A ver, escuchando “Love is all” versión sinfónica, me provocó secundar las palabras de Konopikyu. La actitud de Makoto es “normal” en el sentido de que la mayoría de las personas se vuelven intolerantes con las diferencias de personalidad (si no fuera así todos viviríamos en armonía, “Love is all” dice “all you need is love and understanding, love your neighbor like you love your brother”, etc). La paleta de personalidades con las que el joven saludable está lidiando es harto variada, una prima soñadora, una tía aniñada, una genki girl coqueta y enamorada, una compañera de clases pragmática y cosplayera (y también enamorada), y ahora una astronauta alucinada. Dejando la belleza a un lado, con las únicas con las que no se hace bolas al hablar es con las dos chicas “normales”, Maekawa y Ryuuko, que no hablan de cosas salidas de lugar o jaladas de los cabellos, sino dan su propia interpretación de los asuntos, pero sin perder ese espíritu de libertad. Ryuuko ya demostró que halla cosas sorprendentes hasta en lo más cotidiano y corriente, y Maekawa hace gala de verbosidad al hablar de cosas simples; demostrando que sin saberlo, ellas ya han encontrado lo maravilloso y y extraordinario de vivir el día a día a tu manera, sin que te importe la opinión de los demás. Al vivir no de esa manera, sino con esa actitud, los demás terminan por aceptarte así como eres. Erio como que se encuentra en eso, de tanta excentricidad prefiere mantenerse encerrada o aislada, ya no socializaba con nadie, y eso actúa en su contra. La verdad es que la aceptación va de ambos lados.
      Yo quería comentar sobre “otros” aspectos que ví en este magnífico episodio, pero el análisis de Serious me abstrajo. Esperaré la finalización de la reseña, y otros comentarios, para continuar con los spoilers, digo, con mi opinión

      2 julio 2011 en 11:35

  2. ¿Sabes cual es la mayor ironia de ser normal? Que al final te das cuenta de que nadie, ni tu mismo lo es, solo hay cosas que por la epoca o la sociedad son menos o mas aceptables pero nada mas. Yo creo que nunca llegaremos a ser tan avanzados como para poder aceptar a todo el mundo como es, y lo digo por mi misma que me cuesta mucho lidiar con gente que es muy pero muy diferente a mi, por eso prefiero mantener mi distancia, pero en el caso de que vea una injusticia y que la persona implicada este en problemas le saldria en la defensa. Es como con las arañas, no me gustan y les tengo miedo, por eso no las ando ni viendo ni mucho menos tocando, pero entiendo su importancia y se que seria tragico si no existieran, de todas formas no me gusta matar bichos aunque sean la cosa mas horrible del mundo, con solo ponerme en su lugar me siento como un villano que ataca al mas debil solo por cosas superficiales estupidas.

    2 julio 2011 en 14:56

  3. Aprovechando la nueva actualización, debo decir que la escena de la piscina me descoyuntó, esta bien, la niña no parecía más creíble que Erio, pero hacer caer tremendo chorro de agua sobre el Mako es imposible desde cualquier punto de vista guiado por el raciocinio. Me hizo prever que los siguientes episodios y el final serían alucinantes e incluirían cosas fuera de este planeta. Y también sobre la escena de la piscina, me encantaron las alusiones a 5 Centímetros por segundo y Dragonball.
    Sobre Ryuuko, tiene todas las de ganar. El Mako estará pendiente de su prima, y hablará más con la cosplayera, pero esta niña es la que concita su interés romántico. Sería un bruto si no se da cuenta del “lenguaje” que está usando Ryuuko; sus indirectas son demasiado directas, y a esas alturas, tirarse para atrás es jugar con los sentimientos de una mujer. Al margen de lo que haga o no haga Makoto, para mí Ryuuko es la más decidida y centrada de la serie. Estará media loquita, y su actuar es muy empalagoso, pero ella SÍ SABE qué es lo que quiere, y va a por ello.
    Otra de las cosas que hace difícil ser “soñador” es recibir los insultos y el oprobio de parte de la gente que te rodea. En mayor o menor grado, cuando se intenta obrar con buenas cualidades, la aplastante indiferencia de la gente y su actitud aprovechadora hace que uno solo desee rendirse y devolver con la misma moneda. Vivir de forma distinta requiere mucha determinación, no es imposible, pero algo “superior” te debe motivar, para que pase lo que pase, uno no deje de ser “excéntrico” a su manera. Espero no haber dicho incoherencias, y si estoy errado, pido perdón

    2 julio 2011 en 18:01

  4. Mmm espero que mi comparacion araña-gente no haya sonado ofensiva cualquier cosa pido disculpas, no era la intension en realidad use la comparacion por cosas personales no porque quiera decir que la gente es como un insecto, estube meditando y al rato no sono tan bien como yo pensaba.

    Y sip ese chorro de agua es un misterio, a mi personalmente me gustaria creer que ella en verdad si es una esper o algun poder magico tiene. Eso me daria la respuesta de porque es tan decidida en sus ocurrencias.

    3 julio 2011 en 00:27

  5. davidvfx

    Yashiro… consivo a este personaje como un, posible, parte aguas en la trama general, y mas que una “chica mas al harem”, cosa que no creo su funcion, es la una especia de contraparte o anti-tesis de Erio en alguna forma todavia no mostrada. Cierta funcion deeste personaje no es un amorio con makoto mas lo veo el detonante en el asunto de Erio y el espacio esterior que ya lo tenina algo olvidado..

    Tal ves es no contraparte si no tal ves una meta o fin al cual Erio debera llegar, sus platicas de esper, aliniguenas, espacio, ect… creo que son simbolismo de como ve las cosas ella, y no en forma distorionada ya que capto cierta tipo de mensajes que se relacionan con los mismos potagonistas… no se tal ves una espcie de mensajero o guia sea la funcion de Yashiro ….

    6 julio 2011 en 13:47

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