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[C]: The Money of Soul and Possibility Control 11 (Parte I): El Mal o el drama de la libertad

Man without God

En una entrevista reciente Oosaka Naoki, vice-director en jefe de la revista semanal de economía Toyo Keizai, expresó que “[C] no es un anime donde tu puedas estudiar cómo funciona el dinero. Más que nada, fue creado con la esperanza de llevar a los espectadores a que consideraran por sí mismos que es el dinero. Me gustaría pensar que al menos tuvo éxito en una forma extensa.” [C] es de entrada un anime problemático. Quizás eso hizo que la serie fuera tan poco aclamada y terminara por ser desechada, negada y hasta considerada una mala pasada. Como la serie va a contracorriente de las principales tendencias del anime contemporáneo (el fan-service, la temática del harem, la heroicidad, el slice-of-life, lo moe, etc…) todo eso causa que el experimento sea entendido como un fracaso. Yo, por el contrario, creo que [C] es la serie trágica por excelencia y las preguntas que aborda tocan demasiado profundo como para ser ignoradas. La tragedia es un silencio, algo que ya sabíamos, algo que ya pensábamos, pero que no hablamos. De vez en cuando toma la palabra y preferiríamos no escucharla.

El optimismo y el pesimismo:

Cuenta una antigua leyenda que el rey Midas, antes de conocer a Dionisos, había perseguido en el bosque, sin poder atraparlo, al sabio Sileno, acompañante de Dionisos (antiguo maestro y protector del joven mortal que se convirtió en dios). Cuando el sátiro finalmente cayó en sus manos, le preguntó qué es lo mejor y más conveniente para el hombre. El daimón, taciturno, permaneció en silencio, hasta que obligado por el rey, respondió entre carcajadas a la pregunta de Midas: “¡Mísera estirpe efímera, hijo del azar y del esfuerzo! ¿Por qué me preguntas algo que para ti seria mejor no saber? Lo mejor y más conveniente para el hombre está por completo fuera de tu alcance: sería no haber nacido, no ser, ser nada. Pero lo segundo mejor es…morir pronto.” Estas duras palabras pronunciadas por el espíritu griego revelan algo más, una pregunta que no cesa de emerger a lo largo de la serie: la libertad como una tragedia, libertad expresada en la apuesta, la elección de la negación y la afirmación de la existencia. En el fondo hay una carga fuertemente nihilista en todo [C]. Me gustaría explorar esta tragedia de la elección que golpea a los protagonistas. Aunque es algo que ya he planteado en otras reseñas, es hora de darle una forma más esquemática a estos puntos. Ahora que [C] ha culminado, puedo interpretar con más soltura todo lo que ha sucedido. Es interesante, que en una serie como esta, emergen de la crítica respuestas contradictorias: a favor y en contra del mal (D.F.). [C] ha dejado al descubierto un problema antropológico complejo, así como Madoka Magica también lo hizo en la temporada pasada. En esta ocasión creo que la paradoja ha sido más pronunciada y la justificación se ha hecho más débil. El problema del sufrimiento humano reviste la mayor parte de las obras literarias, religiosas y filosóficas que se han creado. No es sorprendente, por tanto descubrirlo nuevamente. Las palabras de Sileno no son únicas, aparecen una y otra vez en el libro de Job o en el Eclesiastés, tratados nihilistas. Este nihilismo habita al ser humano, desgarrado por el mal contra el que se enfrenta. La conciencia esta desgajada en su existencia, pues debe reconocer su propia finitud e impotencia, destrucción constante de todo lo que le rodea.

La gran pregunta del judeo-cristianismo es: ¿por qué existe el mal? A lo largo de la historia se le han dado múltiples respuestas, mas el problema sigue molestando en el fondo de nuestros corazones. Volvamos al principio de razón suficiente: todo lo que ocurre tiene una razón para ser así y no de otra manera, existe por una causa y no por otra, de modo que todo lo que sucede tiene una justificación. Por medio de ese principio se construye todo el aparato de racionalidad científica que ha dominado Occidente. Hay, por un lado, una justificación ontológica: el ser posee un orden, una jerarquía, unas reglas; esto permite la explicación de los fenómenos naturales como sucesos posibles de analizar a través de la razón, pues partimos del principio de que el mundo esta ordenado, que existen leyes invariables del universo y ni siquiera Dios podría cambiarlas. Hay, también, una justificación teleológica del mundo: al conocer estas leyes de un mundo ordenado podríamos por lo tanto ser más felices.

All of you are so fools

De ese modo todo tiene una razón de ser, un orden que no puede ser perturbado a riesgo de destruir la trama de la existencia, lo cual resulta absurdo. Aplicado al mundo humano, e incluso al universo, las cosas se complican profundamente. El problema radica en lo siguiente: significa que las cosas, tanto buenas como malas, tienen una razón suficiente de explicación de la existencia. Me explico: la felicidad, la abundancia, el rayo o el crecimiento de las plantas tienen una causa, pero también las guerras, las muertes y las enfermedades son igualmente justificables. Este principio, que afirma la existencia de una razón trascendente que justifica el ser de todo, se ve obligado a justificar el mal. Se defiende el orden a costa de reconocer en el mundo el desorden, es decir un orden defectuoso (el problema de la entropía y el sistema de las puellae magae utilizado por los Incubadores para detener el enfriamiento del universo, y posteriormente la imposibilidad de Madoka para alterar las maldiciones que existen en el mundo). De ahí que el mejor de los mundos posibles, que tiene un orden inalterable, se convierta en el peor de los mundos posibles. El “dios” del D.F. dice: “No hay nada que exista sin ningún propósito. Sin importar el tipo de maldad, sin importar el tipo de desastre, todo existe con el propósito de guiar a la humanidad a un mejor futuro.” El mal que provoca conduce a un mundo mucho más perfecto. Estas palabras parecen fuera de contexto con respecto a lo que paso en toda la serie, parecen casi una burla, una ironía, un profundo estigma o herida que se clava en el corazón de todo lo que ha sucedido. Afirma el progreso moral y material del universo humano, mas ese progreso topa con contradicciones internas irreconciliables, luchas y conflictos que no hacen síntesis, al contrario, se refractan. Por lo que su idea de mejoramiento de la existencia no resulta lineal, sino, más bien, cíclica.

Indignación de la mayoría ante estas palabras. ¿Cómo puede ser que robarle el futuro a las personas, a los países y al mundo ayuda ha construir un mundo mejor? ¿Cómo puede ser posible que se digan estas palabras después de ver desaparecer irremediablemente a muchas personas (la familia Ebara, el compañero de trabajo de Kimimaru; a Takako, la hermana de Mikuni)? ¿Cómo puede ser el mundo un mejor lugar después de que kilómetros y kilómetros de tierra, junto con todo lo que contenían, fueron borrados del mapa, dejando enormes zonas vacías, mares inhabitables? Sin embargo, el principio de razón suficiente es la base de esta justificación. Esas palabras no son tan irreales como suenan: a lo largo de la historia este principio ha sido usado para argumentar a favor de los crímenes más inhumanos. El liberalismo económico europeo ha sido un maestro en este sentido: la colonización, exterminio y esclavización de grandes poblaciones de América, África y Asia se justifica en la medida en que constituyen la base para crear un mundo mejor, un mundo a imagen y semejanza de Europa o Norteamérica. Mientras el fin sea noble, los medios no son importantes. Esta argumentación es una parte importante del mundo capitalista contemporáneo, pues los neoliberales, que proclaman el progreso, la eliminación del hambre, la creación de un mercado globalizado, también proclaman la guerra, la paranoia y la invasión de países subdesarrollados que deben entrar dentro del maremoto de la globalización generalizada.

D.F. is inmortal

Como dice un dicho popular: “el camino al infierno esta pavimentado de buenas intenciones.” Los pesimistas parten del mismo argumento de un mundo ordenado (orden imperfecto de un mundo imperfecto), para ellos el mal es irremediable, y el mundo esta condenado a sufrirlo repetitivamente. El mal es necesario. Todos los planes que una persona haga terminan por causar males a los demás, independientemente de la intensiones de cualquiera. Los optimistas y los pesimistas no son más que las dos caras de una misma moneda, que establecen y justifican la existencia del mal. Los ateos, por ejemplo, que niegan la existencia de Dios, terminan echándole la culpa de todo lo que les sucede al “fantasma” que en primer lugar negaron, dando como resultado esa terrible paradoja del sinsentido de la vida. Paradoja total que termina por encapsular al ser humano en un mundo terrible. Los optimistas celebran el mal y los pesimistas lo denuncian. Si reconocemos que el mundo está ordenado, entonces debemos aceptar, como contrapartida, el desorden de ese mismo mundo.

Este nihilismo de fondo lo encontramos en todo [C]. Las acciones de los protagonistas los conducen a quitarles, a la larga, el futuro a todos sus contendientes, incluso a sí mismos. Aun cuando Kimimaru haya ganado para regresarle el futuro a todo Japón, termino por quitarle el Takako, futuro perdido desde antes del comienzo de la serie, sin embrago ahora se hace irremediable su recuperación. Por otro lado, el futuro que Kimimaru se suponía que recuperara para sí mismo, parece desvanecerse como si se tratara de un sueño, su futuro sigue siendo incierto y su regreso al Japón lo ha convertido en un nómada, un fantasma. La opción de Sennouza de no realizar un deal, sino de saltarlos al pagar la mitad del dinero del contendiente, no resulta ahora tan descabellada. Esta medida, que cancelaba toda acción, parece ser más conveniente que todo lo que ha transcurrido hasta ahora. No encontramos ninguna explicación en un mundo desordenado. Bastaría para confirmar muchos de los aspectos de esta serie el simplemente prender el televisor o revisar en internet las noticias del día para ver que el mundo en que vivimos no es precisamente un lugar lleno de armonía. Este universo regido por el azar es el infierno según Pascal, un mundo sin dios. Mikuni: “No importa lo que yo haga… no importa lo que tú hagas… algún día la humanidad caerá en la ruina. Por eso estoy dando todo como si fuera mi último día. No me importa lo que pase en el futuro” Kimimaru: “Y si el mañana es peor que el día anterior, ¿qué harás?” M: “Sólo se volverá un nuevo día.” Como vemos este no es un discurso optimista y por más que Kimimaru ganara el  deal, el infierno en que se encuentra permanece irremediable: Masakaki regresa y el D.F. continúa existiendo, como si después de todo lo sucedido no hubiera pasado nada. Masakaki: “El futuro es también un colateral (deuda). Mientras exista el futuro, yo también.” Ese orden del mundo que se pretendía destruir es indestructible, no porque sea un orden irremediable, por el contrario, no hay orden posible que destruir porque el D.F. no es un sistema, es el caos. De ahí la inutilidad de la acción, que no es otra cosa que una entre muchas otras acciones, mínimas e igualmente importantes (aquí no hay un gran acontecimiento que cambie el rumbo de la historia, solo pequeños acontecimientos que marcan inflexiones): incluso aunque desapareciera el D.F. japonés, existirían otros muchos que causarían desastres. Como el D.F. es el universo de todas las posibilidades, todas las formas de existencia aparecen en él, abarcando todo el catalogo de posibilidades del ser y por lo tanto permitiendo que todo sea realizable, que todos se reúnan, confronten y se conozcan sin importar cuáles intenciones e ideales. Las palabras de Sileno parecen resonar en la negativa de Mikuni a no existir sino en el presente, al igual que en la perspectiva de Kimimaru de no vivir en un mundo sin futuro. Él hubiera preferido que todos hubieran desaparecido antes que dejarlos seguir existiendo en un mundo sin propósito. “No hay respuesta correcta,” es la conclusión de ese “dios” infernal del D.F.

La historia de Job (en la que se basaría Goethe para escribir el Fausto) comienza con un prólogo en el cielo: Dios hace una apuesta con Satán, uno de sus ángeles, para probar al mejor de los hombres, Job, hombre que se apartaba de todos lo males. Ante esta provocación Dios permite la muerte de los hijos de Job, la destrucción de sus cultivos, el robo de su ganado y la enfermedad misma del protagonista, que termina por ser despreciado por su esposa y amigos. Todos consideran que Job es culpable, pero él se alza sobre los desastres de su vida y observa a su alrededor para únicamente ver ruinas. Sufren tanto el pecador como el justo, el bueno como el malo. El mundo no puede tener un orden. Job se queja de lo sucedido y sus palabras se convierten en un ataque a Dios; si Dios permite que el bueno sufra, entonces, como dicen los amigos de Job, es necesario reconocer que Dios es injusto. Dios termina por responder a las quejas de Job exponiendo su poder de haber creado todo lo que existe, no obstante este Dios no es un Dios compasivo, sino una reunión del conjunto de las fuerzas contradictorias de la vida, dios demoniaco que reúne lo claro y lo oscuro, lo destructivo y lo salvaje, lo sublime y lo creativo. El mundo en que vive Job es violento. Ante el mal el hombre no tiene repuesta, porque el mal no es un concepto es un nombre para lo amenazador e inexplicable. El D.F. es de la misma clase. Mikuni dijo en el episodio siete: “Al parecer el Distrito no tiene propósito. Ellos simplemente juegan con los destinos de la gente… ellos sólo miran hacia abajo y se ríen de nosotros.” Esta afirmación de Mikuni parece más acorde con todo la serie. El D.F. no es un lugar gobernado por principios, aun cuando hay leyes (se tiene que realizar un trato cada semana), este mundo no esta gobernado por la razón. No tiene un principio de explicación. Parece estar dispuesto para anonadar el mundo, para robar hasta el último de los futuros que existen en la tierra, en este sentido es (como Madoka) un dios que se autodestruye o un abismo insondable del que sería mejor apartar la mirada.

Quizás AnoHana nos conduzca al suicidio (y por los comentarios que he leído parece probable). Mientras que esta serie de noitaminA exploró la tragedia dirigida al pasado, [C] exploró la tragedia del hombre dirigida al futuro. Pero esta tragedia no tiene curación. Kimimaru es un ser humano paradójico, como todos nosotros. Existe en medio de una interrelación de fuerzas temporales que se sujetan y forcejean: un pasado opresivo marcado por la pobreza y la muerte de sus padres; un presente huidizo que no cesa de cambiar y escurrirse entre sus dedos; un futuro que puede convertirse en un bastidor amenazante, capaz de despertar la preocupación y la angustia. La conciencia se precipita en ese vacío. Creo que por esta razón [C] termina dejando un mal sabor de boca para todos los que la vieron. El ciclo simplemente vuelve a empezar. La serie hace énfasis en la elección y la libertad de los protagonistas, sus elecciones los conducen por caminos truculentos de los que salen o terminan por hundirse. La libertad es de cada uno, libertad que los confronta con su propia debilidad, incapacidad o el hecho de su negación,  porque cada uno puede decir no y sí a su propia existencia y a la de los demás. Este drama de la libertad se extiende por todas partes, tragedia que no tiene principio y final.

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