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Ano hi Mita Hana no Namae o Bokutachi wa Mada Shiranai 9-10: El infierno del eterno retorno

Alta tensión

“I know. It’s the sort of love where you want to marry me, right?”

Tras disolverse las dudas que pendían sobre el testimonio de Jintan, los antiguos amigos se abocan, guiados por pretensiones diferentes (algunas poco honestas) al plan de “tránsito” de Menma al Cielo, que ella enuncia bajo el concepto de “reencarnación” y guardaría relación con las confidencias y lecciones de vida que le proporcionara cuando niña la madre de Jintan. Ano Hana ingresa en un ritmo trepidante: los personajes comienzan a enredarse en las redes que ellos mismos han tendido con su deshonestidad e incómodos silencios. La virtud del guión, la plataforma que organiza la relación entre personajes, radica justamente en ocultar información antes que revelarla, en colocar los silencios entre tantas palabras: Ano Hana podría, sin reparos, caracterizarse como una serie de vacíos comunicativos que continuamente se estrellan contra una pared de omisiones y disimulos que entierran un amasijo de resentimientos y miedos egoístas.

El grupo parece trabajar unido por la misma causa, pero es falso: cada quien posee su propia agenda y actúa de acuerdo a sus intereses que, como ocurre con frecuencia entre los adolescentes, gira alrededor de su desmesurado ego antes que el supuesto propósito que afirman defender. El único dedicado a Menma por propia convicción parecería ser Jintan, dada la conexión emotiva, de carácter, ahora sí, declaradamente romántico, que comparten. Sin embargo, incluso podríamos desconfiar del convencimiento pleno de nuestro despeinado protagonista, quien parece dejarse arrastrar por la situación sin aclarar sus sentimientos hasta terminar debatiéndose entre su deseo particular de mantener a Menma en este mundo y el imperativo moral (la ley de vida) que ordena ayudarla a ascender al Cielo. Su quietud y humildad es virtuosa cuando la contrastamos con la arrogancia y obcecación de Yukiatsu, sin embargo, se torna un defecto grave cuando degenera en indecisión y aplaza con sus actitudes permisivas y voluntariosas la hora de confesar sus verdades almacenadas con temor durante diez años. Solo conseguirá curarse cuando le impidan escapar de nuevo después de reproducir la escena trágica de “aquel día”. No obstante, el muchacho desgarbado todavía se debate entre lo conveniente (individual) y lo correcto (el orden natural). El resto actúa de manera menos vacilante, pero esa determinación es egocéntrica y pretende disfrazarse de solidaridad con Meiko. En otras palabras, al menos Jintan todavía considera (aunque le desagrade) la necesidad de darse el trabajo por Menma y no solamente excusarse bajo su nombre. Teniendo en consideración ese aspecto, que contradice su deseo y voluntad, parece menos deshonesto que sus compañeros del grupo, encapsulados en su propia burbuja de compunciones, odios y miedos. No percibimos en ningún momento la sensación de labor colectiva, aunque en teoría todos colaboran y ello aumenta la sospecha de tensa falsedad que enerva y enrarece el ambiente. El proceso conoce dos puntos extremos de tensión: 1. un foso, es decir, un momento donde el entrampamiento se torna notorio, brota a la superficie, pero se evita tornarlo manifiesto, no genera una respuesta conflictiva; y 2. un pico, un instante de resolución, del cual deberá emerger un giro argumental o una respuesta que redefina la situación de los personajes (la tensión implica un grado de incertidumbre). El primero ocurre cuando Anaru no soporta el abatimiento de verse desplazada sin remedio por Menma, huye llorando y Yukiatsu la confronta exasperándola con su desafortunado intento de consolación. La escena transcurre, a pesar de la hosquedad de Naruko, en una tónica depresiva. Lo segundo sucede durante la reunión de despedida de Menma en la base secreta. En complicidad con Anjou, Yukiatsu realiza su única buena acción en diez episodios: forzar a Yadomi a confrontar sus demonios y contestar con propiedad la pregunta del día nefasto de verano. Todos se transforman o deforman e incluso Tsuruko sale de sus sobrios márgenes para increpar lastimeramente a su compañero de clases. Un oportuno grito de Popo evita que Jintan vuelva a condenar a sus amigos al peor de los infiernos: la eternidad de la culpa. Mientras nuestro héroe continúe evadiendo esa responsabilidad, sus antiguos cómplices de juego seguirán escenificando con sus traumas esa tragedia. El retorno constante sobre esa vivencia dolorosa frustra cualquier posibilidad de sanación, de recuperación espiritual. Aunque sobre la realidad inmediata los personajes crecen, asumen una rutina y cambian de personalidad, en el fondo, todos permanecen estancados y regresan sin cesar sobre esa escena, como si su personalidad no conociera otro principio ni final que aquellos pecados pendientes.

El Infierno no es un lugar, es una condición: la imposibilidad de acceder a la Gracia, la Redención, la remisión de las faltas. Los amigos de Menma no pueden reemprender sus vidas con suficiente tranquilidad de conciencia. Una muerte que involucra a cada componente de los Super Peace Busters los fuerza a reprimir sus culpas particulares orientándose hacia nuevos intereses o renunciando a convivir en sociedad (esto último, en el caso de Jintan), pero nunca enfrentan la necesidad de sanarse, de confrontar sus demonios y aceptarlos. Además, el Infierno es eterno: no importan los castigos, sino la perpetuidad del ciclo sin salida. La temporalidad de la mayoría de culturas premodernas es circular, la Historia es la reactualización del mito fundacional. Sin embargo, para el hombre moderno (con especial énfasis en las sociedades industrializadas), para quien cada momento es único y cada decisión individual determina su futuro, el eterno retorno representa una maldición, un estancamiento, su anulación como sujetos activos, pues son negados de su autonomía. El ciclo interminable de Jintan y compañía comenzó con el deceso de Meiko: ese fragmento de niñez que tiene su evento medular en el accidente mortal se convierte para los muchachos en una suerte de mito macabro a donde regresan constantemente para reprocharse por sus oportunidades perdidas o torturarse en sus errores. Incluso Poppo, quien parecía entusiasmado con la presencia de Menma y comprometido de corazón con su paso al nirvana, cobija una herida cicatrizada a medias: su dedicación obstinada, aunque tierna y relativamente pura, es justificada como respuesta a su inacción del pasado, la carga de quienes pecan por omisión, a diferencia de Naruko y Tsuruko que suponen haber pecado por pensamiento, y Yukiatsu por palabra y obra. Durante la reunión, Poppo experimenta un trastorno terrorífico, como si aquella reconstrucción de los hechos, esa segunda puesta en escena, quebrara su débil resistencia y destapara su subconsciente, que ordena exigirle a Jintan con desesperación psicótica que confiese su verdad para absolverlo de su aflicción. El infierno del resto está teñido de deseo triangular o mimético y, aunque su función dependa de la circunstancia, Menma siempre se encuentra en una arista, como si hubiera fallecido la piedra de toque o la viga mayor de toda la combinatoria de relaciones entre integrantes del grupo. El caso de Tsuruko es emblemático por la complicación que entraña el desarrollo de la mediación. En un primer nivel, la fría y calculadora Chiriko desea a Yukiatsu, pero entre ambos se interpone la figura de Menma, quien -como ocurre con Naruko- habría sido considerada una rival. Sin embargo, Tsurumi-san anula esta posibilidad alegando dos razones: primero, idealizando a su modelo. La bondad y dulzura de Meiko es inalcanzable, insuperable, inponderable por ninguna de sus amigas. Ningún ser humano inteligente podría odiarla, sino elevarla al pináculo de cierta admiración. En segundo lugar, que Menma jamás accedería a los acercamientos de Yukiatsu porque estaba enamorada de Yadomi. Por tanto, Tsuruko no opone ninguna resistencia contra su mediadora (pues su relación con Yukiatsu se encuentra completamente condicionada por la presencia de Meiko) pues reconoce su indefensión, su carencia de recursos. El sujeto deseante nunca se enfrenta contra un mediador ideal o idealizado, pero puede hacerlo contra alguien que pertenece a su mismo plano o nivel. Chiriko prefiere librar una batalla real para adelantarse a Anaru, en quien encuentra una contendora más asequible no porque sea débil, sino porque es todo menos perfecta.

Yukiatsu pretendió en vano asumir una posición de liderazgo que nunca cuajaba porque ni Tsuruko ni Anjou apoyaban por completo sus propósitos: la primera porque conocía sus intenciones ulteriores, la segunda porque su escasa fuerza de voluntad le impedía tomar una decisión. No obstante, la chica de coletas termina cediendo a los argumentos malévolos del desesperante alumno modelo, bajo la premisa de facilitar el regreso de Menma. Aunque comprendo el origen traumático de sus motivaciones, faltando un capítulo para el final, no consigo empatizar siquiera con el dolor de Yukiatsu: su hipocresía es monumental, casi tan megalítica como su resentimiento. Para colmo, aunque alega actuar por amor, en realidad, acaba por descarriarse de celos y frustración. La posesión del bien amado es imposible y tanto Jintan como Yukiatsu y la misma Meiko son conscientes del orden natural del mundo, donde a muertos y vivos les corresponde un lugar determinado o, en caso sostengamos la versión que defiende la madre de Yadomi, un proceso inexcusable: la reencarnación. Nadie puede eximirse a estas leyes cósmicas ni impedir su concreción. Sobre estas premisas, Yukiatsu podría argüir el siguiente pretexto para colaborar: el alma de Menma debe alcanzar el sosiego o la plenitud espiritual para descansar en paz, porque, mientras permanezca entre los vivos, la pequeña se encontrará en un limbo sin salida contrario a las leyes universales y no podrá acceder a -dependiendo de nuestras creencias- la Redención, la Iluminación, la Resurrección, la Gracia. Permitirle quedarse o impedir su ascenso es hacerle un daño. Su permanencia en la Tierra estorba su camino hacia la santidad: esa deuda pendiente o compromiso trunco que la mantiene atascada deberá cumplirse para devolverle su libertad. Este razonamiento es impecable pues se sostendría sobre la concesión del enamorado que, antes que retener a esa persona especial, le desea lo mejor, lo adecuado, lo justo. Pero tamaña generosidad es inconcebible en Yukiatsu, porque cuando habla de Menma, habla del agujero negro abierto por su egoísmo. Ha alcanzado esa fase de la rivalidad mimética donde el sujeto identifica su satisfacción no con alcanzar el objeto de deseo ni con arrebatárselo al oponente, ni siquiera en destruir al adversario. Obsesionado consigo mismo, solo piensa en destruir toda la estructura para que solamente sobreviva él, triunfador en solitario, saciado porque frustra el triunfo ajeno y complacido en su conciencia porque cree curarse de un sueño imposible. Antes que perder, prefiere bombardear el tablero para que nadie acceda a la prenda en disputa, en otras palabras, antes que aceptar la Realidad martirizante del amor mutuo entre Meiko y Yadomi, opta por apartar el objeto de deseo aunque ello suponga un sacrificio personal. Cuando Jintan observa que Menma no desapareció después de estallar los fuegos artificiales, la desesperación invade a Yukiatsu pues entiende que su subordinación psicológica al protagonista y el fantasma del rechazo seguirán persiguiéndolo mientras ese adorable monstruo del verano persista como una “posibilidad”.

2 comentarios

  1. Muy cierto y acertado comparar el sufrimiento con el infierno, yo tambien opino que mas que un lugar fisico es un estado del alma con su determinada cuota de consiencia. A veces me parece Menma mas que una victima, como un pequeño angel que tiene la facultad de transformar toda aquella oscuridad en la luz que guie a sus compañeros a travez del perdon, pues ella no guarda rencores, defiende lo que necesita defender siendo el ser puro que es, un punto de redencion ejemplificado como ser humano. Este personaje me hace encariñarme tanto porque me recuerda lo buena que pueden llegar a ser las personas cuando dejan de un lado sus egoismos para enfocarse en algo noble que les de una perspectiva mas grande en la vida. Ella lucha contra el infierno de la unica manera posible, mediante el amor que sostienen hacian Jintan y sus amigos.

    Como si no fuera suficiente sencillamente con crecer, la vida te pone a cuestas pruebas que te ponen a sacar todos tus atributos bueno o malos para superarlas, perder para engrandecer de alguna forma tu existencia es quiza la mas dificil, pues hay cosas que siempre resentiremos perder, ya sea una persona o valores que creiamos inalterbles. Perder o dejar ir sencillamente porque es lo mejor, lo correcto, lo que beneficia a otra persona es quiza lo mas dificil, pues te obliga a ver el mundo con ojos diferentes. Siempre queremos dar la vuelta y ver en el pasado que aquellas cosas no se han ido cuando ya el futuro con su eterno caminar nos lo ha dejada tan atras para convertirlas en una ilusion, memorias que hay que soltar para poder seguirle el paso.

    Yo estoy haciendo algo de trampa pues ya vi el final jejeje pero enserio que vale la pena. Espero con ansias la reseña del ultimo capitulo! Porque me ha encantado!

    27 junio 2011 en 15:12

  2. Me has inspirado Serious, mi próxima reseña de [C] será una respuesta a este bello artículo. Esta serie es una tragedia, una tragedia enfocada en el pasado.

    27 junio 2011 en 15:14

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