Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Denpa Onna to Seishun Otoko 9: Aliens, béisbol y telescopios

My simple life

Siempre que Mako-kun parece acomodarse mejor a su ideal de vida corriente, sin otras agitaciones que las hormonales como debería corresponderle a un adolescente saludable, aparece alguna chica desquiciada que amenaza con alterar su merecida calma. Las vacaciones de verano lo alejan del colegio, donde se concentra en buena cuenta lo rutinario, mientras en casa de Meme o acompañando a Maekawa suele acontecer lo extraordinario y aparecer esa clase de gente excéntrica que puebla de mitología urbana esa ciudad de encuentros cercanos del quincuagésimo tipo. La dinámica común a los anteriores arcos de Denpa Onna se reitera durante este capítulo: en apariencia, las actividades de los personajes (jugar béisbol amateur o avistar las estrellas) se insertarían en una especie de ritmo cotidiano similar al modelo del género slice-of-life, o cercanos a la comedia romántica de asuntos comunes. En resumen, un filler, un relleno. Sin embargo, no vale confiarse y estas situaciones que parecen dispersas confluirán, como adelantan algunos indicios, en una rotunda unidad. Estas estructuras no conocen el azar.

El alejamiento del colegio implica también el opacamiento de Ryuuko, un cambio de aires que muchos fans de Erio y Maekawa aguardaban no sin malicia contra la chica del colmillo travieso. El arribo de la misteriosa jovencita del traje especial y la urgencia del equipo del Barrio Comercial por incorporar a Hanazawa agravan la cuesta arriba veraniega para Ryuushi, quien parecía demasiado esperanzada en su estrategia de sms y promesas basquetbolísticas. Como indican algunos lectores, dentro del esquema de desbordante extroversión que exhibe la mayoría de personajes, desde la abuela hasta el acosador espacial, Ryuuko no encuentra otra función sino como complemento por oposición, en otras palabras, por ser “normal” mientras el grueso del elenco protagónico se caracteriza por su propensión hacia la extravagancia. Nada despreciable perfil, pues Makoto suele argumentar con ironía en favor de determinados parámetros de “normalidad” que considera recomendables y saludables. Ryuushi tiene posibilidades aunque la enunciación de semejante discurso no presuponga que Niwa-kun actúe en consecuencia. Como sucede con Kyon, el espíritu aventurero que intentan reprimir con su logicidad y sarcasmo se filtra y rebalsa sin control porque una fémina excepcional los arrastra en sus locuras y Makoto, por simple aritmética, está rodeado por tres o presumiblemente cuatro mujeres de insólito comportamiento que acabaron por eclipsar, si hablamos en términos astronómicos, al lucero matutino. Sin embargo, rescato varios aspectos de esta relagada Ryuuko: en principio, que conozcamos un detalle inquietante de su pasado (su vínculo con Nakajima). En segundo lugar, la graciosa y deliciosa secuencia inicial del intercambio de números telefónicos que sirve para reforzar mi teoría sobre la gestualidad del moe-ness. Esos minutos de exuberancia gesticulante demuestran que la capacidad de transmitir vibras intensas de enternecimiento y adorabilidad radica en la composición del gesto: el movimiento que describe una emoción. Como afirma Maekawa, una chica deportista se enciende con facilidad cuando percibe un escenario de competencia: la condición de muchacha hiperactiva, dotada de inagotable energía y cuya potencia no alcanza a medirse en caballos de fuerza, permite explotar esas actitudes debido a la espontaneidad con que brotan casi inconscientemente.

Para culminar con Ryuushi (pobrecilla), resulta sintomático que ella misma percibiera su desplazamiento fuera del foco de atención y cómo no cuadra en aquel mosaico beisbolístico donde todos parecen haber confabulado para excluirla y borrarla del mapa haremístico. Su ausencia es necesaria para resaltar justamente el ambiente de extrañeza, hibridez, mezcolanza en que transcurren los partidos de base~, como diría Erio. Una atractiva capitana del club de sóftbol, burócratas varios, un señor intimidante incapaz de lanzar a la zona de strike, una chica disfrazada de pescado, un soltero maduro aficionado a lanzar cohetes de agua, una denpa onna, un jugador de básquet, y una chiquilla en traje de astronauta. ¿Qué rayos pinta Ryuushi en aquella híbrida pantomima de evento deportivo? No cabría en ningún lugar, su modalidad de genki girl privilegia el entusiasmo antes que la rareza, por tanto, su única opción es desaparecer de escena dejándole el camino libre a una fantástica Maekawa, cuya mirada ácida, socarrona y aguda, sazonada por sus absurdos disfraces, no ocultan la belleza que trasciende a una personalidad compleja. Mientras que Ryuushi plantea su relación con Erio de manera confrontacional, Maekawa es atraída hacia la denpa onna por una curiosidad entomológica, vale decir, porque la estimula su aura de bicho raro. Que llamara a Makoto para reclutarlo al equipo refuerza mis sospechas acerca de cuánto tolera Maekawa las consecuencias de su excentricidad, pues el estudiante de intercambio sería su único amigo, aunque su fortaleza de talante le habría permitido sobrevivir mejor a las miradas inquisidoras. Junto a nuestra campeona local del cosplay, las apariciones de Meme resaltaron con magnificencia y pomposidad calamitosas; en otras palabras, destacaron de forma memorable, aunque fueran, o porque fueron, pocas y cortas (lo bueno en frasco chico), e incluso dentro de la acertada imaginación de Makoto, donde se construye una visión paródica pero certera de Meme, pues al regresar a casa se confirma la ridiculez de su conducta “normalmente anormal”, predecible en su impredectibilidad y propensa a prodigar sensualidad con inflexiones grotescas. Mientras Maekawa es cerebral y perspicaz para bordear (y evadir) la coquetería con su sarcasmo, Meme es corporal, física, erótica aunque en sentido burlesco: ambas circundan a Makoto con estímulos secundarios, aunque tienen en común la sagacidad suficiente para penetrar y escrutar con tino la personalidad del protagonista. “You’re the type who’s practical to the point of being critical”, afirma Maekawa resumiendo la esencia del temperamento de Makoto, pero lo enuncia en parte con sorna, en parte con gravedad porque identificó correctamente el defecto del estudiante transferido poniendo de cabeza su supuesta virtud: la practicidad del muchacho saludable, paradójicamente, le impide actuar, lo está paralizando, está menguando su capacidad de ilusionarse, amenazando con tornarlo un niño-viejo cascarrabias.

La única capaz de impedir que Mako-kun naufrague en su deseada monotonía es Erio, a costa de bombazos de ternura difíciles de superar en cuanto resta de temporada. Hemos recalcado con insistencia la naturaleza kyonesca de Makoto: un everyman, un tipo común, con ideales nobles e intereses mediocres, pero poco adepto al hot-blood, muy afincado en su férrea racionalidad y objetivismo, y atento a captar la ironía. Sin embargo, Erio dista del modelo haruhiesco: en efecto, ella comparte con Suzumiya esa extrañeza, sino divina, colindante con referentes asociados a lo misterioso, lo incomprensible, lo inaprehensible mediante el discurso científico que propugna Kyon/Makoto, sino a través de otro lenguaje, otro léxico, otras definiciones de la Realidad extraídas de relatos de ciencia ficción, es decir, de un género de escritura ficticia que pretende asumir ciertas características discursivas de la cientificidad, allí donde la ciencia admite sus limitaciones descriptivas. Erio continúa disconforme con las versiones oficiales de la Realidad, porque continúa creyendo en la existencia de extraterrestres aunque la opinión prestigiosa los considere un mito urbano o producto de febriles actos imaginativos de escritores muy ingeniosos. Solamente ha renunciado a proclamarse un alien asumiendo su aburrida condición humana, pero los secretos del espacio siguen apasionándole con notoria dedicación (observa los astros con su telescopio y anota los resultados), como si propendiera hacia el cielo, en distintos sentidos, elevándose de manera poética debido a su hermosura en un contexto de sublimidad inconmensurable cuando hurga en el firmamento mientras, sin quizá proponérselo, ejerce una intensa fuerza gravitatoria sobre su amado primo. Una escena notable desde su concepción formal: el propósito de base es concentrar sobre la belleza de Erio otros conceptos estéticos vinculados a las estrellas, su armonía, sus relaciones simétricas, la inquietud del hombre por confrontarse con grandes preguntas que superan su capacidad de respuesta y, sin embargo, esas mismas interrogantes provienen de vivencias corrientes, universales: todos hemos percibido el cielo nocturno, pero ¿acaso todos nos formulamos cuestionamientos similares? Erio no requiere de estrategias para convencer a Makoto de cumplir sus deseos, engreírla o acompañarla en sus excentricidades, porque Niwa-kun parece rendido: intuye que la belleza singularísima de su prima misteriosa no emana únicamente de su aspecto y comportamiento (que suele provocarle sonrojos) sino porque durante ciertos instantes de sublimidad, Erio representa con su mirada profunda, esa misma fascinación que anda rastreando en la bóveda celeste o mejor dicho, esas respuestas inefables e indescriptibles, pero que están allí, presentes, causando conmoción. Para redondear la perfecta combinación, Akiyuki Shinbo prefiere traducir esta experiencia de preciosismo y deslumbramiento a vehículos visuales asociados al moe-ness en lugar de optar por otros estilos de apariencia “seria”. En otras palabras, la sublimidad debe convivir y mezclarse con el enternecimiento. Erio, como personaje, debe parecernos adorable e insondable. Si conseguí elaborarlo en oraciones, fue gracias a esta escena cósmica de soterrada e inocente seducción.

Makoto reacciona de manera distinta al embrujo de Erio y los disfuerzos melindrosos de Ryuushi: estos últimos estimulan su lujuria adolescente debido al sistemático coqueteo con visos de posesión, aunque siendo consciente de los sentimientos de la basquetbolista colegial, Mako-kun no procede, como correspondería, a emprender el primer paso, quizá porque, mientras ella está enamorada, a Niwa-kun solamente le atrae o genera simpatía, por tanto, sus agendas muestran un desfase. En otro escenario, quizá el estudiante transferido se animaría a pedirle una cita e iniciar una relación, pero Makoto gravita alrededor de Erio como un satélite que anda pendiente de sus circunstancias y deseos. Acepta acompañarla en sus observaciones y consiente con llevarla al béisbol porque, a pesar de nunca declararlo, busca con insistencia pasar el tiempo con su prima en lugar de ligarse a Ryuuko. Quienes requerían pruebas del control disimulado de Erio sobre Makoto, basta con diferenciar los rubores que infunde la denpa onna, cercanos al azoramiento irresistible, del sonrojo adolescente que ocasiona su esponjosa rival. El muchacho tampoco parece tomarse demasiado en serio los esfuerzos de Ryuushi por preservar la comunicación (responde sus sms con generalidades) y pareciera que Maekawa le proporciona un contacto más sugestivo pues desafía con sorna sus actos. De nuevo, el relato parece esbozar una típica atmósfera de comedia romántica, pero tanto la irrupción de la astronauta incógnita como el partido de béisbol so serious introducen la incertidumbre sobre su supuesta “ligereza”.

Yakyuu, baseball, base~ es un tópico del anime contemporáneo dada la enorme difusión del deporte nacional estadounidense en Japón y quizá porque agitar un bate guarde una vaga semejanza con las reverenciadas prácticas de la espada tradicional. Además, mejor que otros, este juego ha calzado en ciertos moldes del dramatismo elemental. La mayoría de países hispanohablantes son futboleros, por tanto, lo usaré como parangón: la representación o reformulación del fútbol en cuanto anime ha tratado este deporte siempre me pareció inadecuada para la experiencia de quien ha jugado o disfrutado un partido. Estas series transformaban una práctica grupal, en equipo, más parecido a una guerra de movimientos (con estrategias, tácticas y trampas), en una confrontación individual entre dos “virtuosos”, enfrentamiento que ocurría bajo los parámetros de las artes marciales (había que aprender la técnica más poderosa que decidiría el triunfo y para ello, el jugador se preparaba como un karateka). Aunque las exageraciones prevalecen, respecto del béisbol, la sensación es distinta porque su propia estructura permite poner el acento en duelos individuales o desafíos simbólicos entre los héroes. También hace posible trasladar el esquema clásico del dramatismo con picos de angustia para alcanzar el happy ending después de un agónico comeback. En nuestro caso, sin embargo, el béisbol amateur es una reunión de figuras de perfil gris, como empleados o cincuentones sin cualidades físicas mezclados con sujetos como Nakajima y Hanazawa que desentonan por su juventud y habilidades deportivas. Para colmo, alrededor del evento, sin concitar la menor extrañeza, se reúnen algunos freaks o individualidades sui generis que constituyen la cereza sobre el pastel de un ambiente de sosegado misterio: ¿qué clase de conflicto entre barrios ha calmado el béisbol a orillas del río? Pero al mismo tiempo que tiende una nube de incógnitas sobre el juego, la serie insiste en recalcar su inevitable normalidad, su matriz común y corriente: los enfrentamientos no alcanzan un punto épico, solo un instante de tierna belleza imprevista cuando Erio logra batear y deriva en una situación cómica (o anómala). Desde antes, los partidos culminaban con pocos puntos y escaso heroísmo para los jugadores del Barrio Comercial, que acababan limpiando la cancha. Esta combinación entre la simplicidad del everyman cotidiano y la excepcionalidad del encanto femenino le impone un ritmo particular a Denpa Onna, a medio camino entre la intriga y la rutina.

3 comentarios

  1. Permíteme disentir en esta ocasión de tu opinión y decir: PROTESTO! :p
    Este episodio me encantó, así que para mi no fue un relleno en absoluto; y en su mayor parte se debió a la actitud de Makoto hacia Ryuuko. Yo la verdad vi todo al revés. De hecho, el chico siente atracción hacia la prima, pero yo le noté más interesado en hurgar en la derrochadora coquetería de la genki girl. Quizás se deba a que para mí Makoto simplemente es como cualquier muchacho, y no tiene nada definido hacia ninguna de las chicas que lo rodean (y que claramente están atraídas hacia él, como es tipico del anime), y aunque es obvio que al final se va a quedar con la prima, siente particular interés en Ryuuko, ya que es lo mas “normal” que hay a su alrededor, y que es lo que conscientemente está buscando (inconscientemente busca otra cosa, claro). Pueda ser que veo las cosas como si se tratara de mí mismo, y aunque Maekawa ejerce gran influencia en él, y Erio lo trae de los pelos, Ryuuko simplemente es ella, y logra sacarle dialogos insinuantes; solo con ella es él el que toma la delantera (spoiler).
    Bueno, mi razonamiento es totalmente inverso al de Serious, así que sin mostrar terquedad, estoy abierto a la crítica, pues cabe la posibilidad de que esté errado.

    22 junio 2011 en 22:35

  2. Pues a mi me ilusionaron con que Ryuuko salia de escena pero la verdad la vi acaparando aunque ciertamente menos, casi la misma cantidad de tiempo al personaje principal. Y bueno yo si estoy de acuerdo en el relleno, es decir no aporta nada a la historia, nos da detalles que ya todos sabemos y ademas no me gusta el beisball tanto como a un japones! Se me esta haciendo algo aburrida la serie y ya la veo ir de picada de nuevo, pues los chistes no atrapan y que la nueva chica sea tan excentrica como lo era Erio al inicio, solo le quita importancia a ella que es el personaje femenino principal, lo cual considero un error ademas de un tedio pues parece aun mas radical resultando en una molestia mas que un chiste.
    De verdad no la dejo de ver porque ya llevo muchos capitulos, pero si me dijeran que es de 26 ahora mismo la dejo a un lado.

    Como a perdido Erio su protagonismo es que no hay justicia!

    27 junio 2011 en 14:07

    • Curioso, a mí me ha pasado lo contrario, cada vez me atrapa más (tanto que el retraso del episodio de esta semana me ha parecido una eternidad, alguien sabe a que se debe?); pero interesante que tú también notaras que Ryuuko ha tenido buena participación en el epi 9. Creo que con el 10 las cosas se vuelven más complicadas (spoiler, otra vez).
      Y, sí, a pesar de mi preferencia por Ryuuko, es una pena que Erio haya sido desfasada por una trama que ya tiene tintes de harem

      27 junio 2011 en 20:44

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s