Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Nichijou 9-10: Alien invencible

The simple life

Cosas raras ocurren en Nichijou: hemos insistido en describir la cotidianeidad que estructura su concepto de humor. Sobre la base del ritmo habitual de la vida diaria se estampan situaciones excepcionales, exageradas o surreales, pero tan sencillas y alucinantes como no poder entrar al salón de clases porque tu mejor amiga colocó trampas ridículas en todos los accesos o transformar tus meditaciones sobre el futuro en motivo para que mamá te ejecute una llave de lucha libre. Como ciertos extranjeros incautos en 2ch, me pregunto qué reverenda idiosincrasia simbólica obliga a los japoneses a utilizar el check para marcar los errores y cómo rayos el dibujo más amaneradamente yaoi concebido por las depravadas alucinaciones de una fuyoshi puede representar la palabra “man”. Lo primero queda como anécdota para soliviantar nuestro multiculturalismo: cuando cumplan su anhelo imposible de estudiar en Japón, no celebren por adelantado ni anuncien que se casarán después del examen de Literatura. ¿Te sientes tan “wienner”?

La plétora de situaciones jocosas en Nichijou es consustancial a la variedad del elenco, una diversidad caracterizada por remarcar justamente lo distinto. En palabras simples: existen muchos personajes y cada uno, además de poseer su propia particularidad, es “diferente” porque detenta una cualidad fuera de lo común. Es “distinto” en relación al resto del elenco, pero también respecto de la Realidad del espectador. Quizá la única cercana al average de normalidad sea nuestra maniática del periódico, Mio, aunque ello también la convierte en la menos divertida. Yuuko destaca por su suprema y épica idiotez, mientras que Mai pwnea a cualquiera con sus superpoderes trolleros. Esta falta de recursos convierte a Mio en víctima ideal para las endiabladas intrigas de su onee-chan. Esta secuencia, sin embargo, me encantó porque, aunque carece de desproporción explosiva, me recuerda mucho la dinámica de conflicto entre hermanas que Minami-ke convirtió en un clásico del slice-of-life. La rutina tiene otro tipo de desenlace porque el autor opta por divertirse torturando a Mio, pero es idéntica del Kana vs Chiaki donde la idiota hermana mayor intenta hacerle la vida a cuadritos a la imouto racional y responsable y termina siendo disciplinada. Por desgracia, Mio tiene menos cabeza fría que Chiaki-sama y castigar físicamente a su hermana solo incentiva su malicia. Pero quienes no sean hijos únicos comprenderán mejor el éxito de este humor de jugarretas porque, cuando la diferencia de edades es escasa, los hermanos se reconocen como pares, como iguales dentro de la estructura familiar (donde mandan los padres), por tanto, se sienten en derecho de hacerse bromas pesadas. Además, la madre de ambas siempre está ausente, practicando un deporte extravagante: existe esa figura referencial, aunque nunca se muestre y pareciera que la familia de Mio conspirase para atraerla al lado oscuro de la excentricidad pues esa cadena jerárquica termina enviándola al purgatorio del patetismo convertida en mascota de un pastelillo tradicional o, mejor dicho, de su “esencia”, su filosofía. La chiquilla de coletas sobrevive de milagro al absurdo de convivir con ese estrambótico entorno, quizá porque ella reconoce, oculto en sus fantasías, un enorme cúmulo de rareza. Yuuko no reprime su inaudita estupidez y Mai es extraña por antonomasia: ellas son ontológicamente extravagantes, su Ser es la extrañeza. Pero Mio solamente tiene momentos donde sale a flote su pasión vergonzosa. Le afecta con mayor inquietud quedar en ridículo porque es más consciente. A Yuuko no parece interesarle porque es una auténtica payasa mientras que Mai desconoce los principios que evalúan la ridiculez, pues ella impone sus propias reglas. Mio también sería la única en quejarse del absurdo que suele envolverla por implicarse en asuntos ajenos (Yuuko también se asombra ante lo insólito, e.g. Director vs Alce, pero luego lo asimila discursivamente a la normalidad): un signo de cómo la Realidad se torna surreal para Mio cuando la convierten en Mr. Rice Cake sería ese fondo distorsionado de colores vivaces como un viaje en ácido lisérgico. Siendo estrictos, la situación no se vuelve alucinatoria, pues de antemano esta cotidianeidad de lo extraño parece envolver a personajes como Mio o Annaka (la chica del listón rojo) sin posibilidad de oponérseles porque es imposible dialogar con esa extrañeza pues habla un lenguaje distinto. Aunque suene inadmisible, muchas de las personas que transfiguran con sus locuras el mundo son gente adulta, como la mujer que prepara Nagashi soumen o el vendedor de pasteles de arroz.

Aunque cada semana me encanta más Nichijou gracias a su constante desafío por quebrar nuevas fronteras lógicas, sea mediante la inteligencia o la estupidez, la única merma progresiva que lamento es que redujeran la participación de Mai después del ciclo de super-combos continuos al autoestima de Yuuko derrotándola en cuanta competencia planteara la cabeza hueca de nuestra protagonista, en especial porque el deadpan absoluto, la cara de poker inmutable de Mai resultaban tan adorables como malévolas, una inteligencia suprema que aparentaba no disfrutar del triunfo mientras por dentro se regodeaba torturando a sus mejores amigas… o quizá no, porque la meganekko es enigmática, casi impenetrable. Sin embargo, prefirieron ahorrarse esa veta del personaje y cuando retorna, ella está ausente de la escena, aunque su aura de maestra del prank cunde en cada detalle siniestro, un plan sin fisuras para aprovecharse del inmediato bloqueo mental de Yuuko. Mai piensa por adelantado todos los escenarios valiéndose de los recursos más desesperantes para desbarrancar a su compañera hacia la desesperación, por ello, conoce de antemano el grado de torpeza de Yuuko, digamos, que jamás pensaría en espiar por la hendidura que deja la puerta atrancada con la mota porque de hacerlo se hubiese dado cuenta que nadie estaba dentro del salón; no obstante, una cosa lleva a otra y gracias a su sagacidad socarrona, Mai puede predecir esa secuencia hasta los confines de la grandiosidad estética (porque incluso chantajea la sensibilidad artística de Yuuko al cambiar las lunas del aula por vitrales). No comprendo qué motiva mi preferencia por un personaje que sojuzga de manera tan abusiva al resto: quizá porque inconscientemente defiendo la superioridad del intelecto (y Mai es lectora compulsiva), quizá porque entre nosotros, seres humanos, como decía ese comercial de Sprite, es divertida la desgracia ajena. Volviendo líneas atrás, a la supuesta impenetrabilidad del carácter de Mai-chan, estos episodios deslizan pormenores milimétricos sobre su vida fuera del colegio y su experiencia, ¿ácida o deleitosa?, comiendo una pompa de jabón.

Del lado del Laboratorio Shinonome, la denodada Nano sigue cautivándome y espero que pronto Hakase le permita asistir al colegio o entable amistad con Yuuko y compañía. Su vida gira demasiado alrededor de la Profesora y resulta cruel que carezca de otros amigos aparte de Sakamoto-san, quien para colmo no acostumbra a ofrecerle su mejor semblante y ¡rayos!, es una f…reaking mascota. Aunque Nano es una androide y fue creada para servir al hombre y supeditarse a esa función, Nichijou habitúa al espectador a percibirla como una persona, a reconocer su subjetividad. Hakase absorbe la totalidad del tiempo de Nano, impidiéndole que aderece su vida con experiencias variadas, propias de cualquier adolescente (porque parecen haberla diseñado con la mentalidad e inocencia de una quinceañera). Sin embargo, aunque su rutina esté condicionada por su labor de proteger, criar y amonestar a la Profesora, el verdadero impedimento no sería una relación de servidumbre, sino esa especie de maternidad que ejerce Nano sobre Hakase, una relación de dependencia inherente a sus responsabilidades. Me recuerda a muchas madres con hijos muy menores que apenas encuentran tiempo para dedicarse a asuntos ajenos a la crianza: sin duda, es tierno contemplar cómo Nano consagra sus robóticas energías a Hakase, pero mientras la genio en miniatura no crezca, su androide hermana mayor estará atada a su servicio. La chiquilla demostró con creces que todavía anda bastante inmadura en tareas prácticas y mientras intente comportarse como onee-chan, solamente traerá problemas a Nano y catástrofes a Sakamoto-san. Dejar a Hakase encomendada al gato, además de sonar ridículo (pero coherente si estimamos la sensatez y atinado intelecto del minino), sería peligroso para los enseres del domicilio. Nano no puede despegarse porque le corresponde imponer disciplina y ponerle coto a la irreverencia infantil. Alguien depende de sus cuidados y mimos, pero esa dependencia para la Profesora significa una atadura para la robot. Tampoco lo tomemos con gravedad, porque pese a las eventuales malcriadeces de Hakase y aquellas canas verdes que debió sacarle, Nano disfruta siendo niñera, hermana o mamá postiza, pues esa vida cotidiana que tanto anhela posee una dimensión familiar. Es contradictorio, pero coherente con los matices que componen lo cotidiano.

¿Querían fan service?

Lo mejor para el final. Aunque Yuuko sea escasa de seso, no encuentro mejor “protagonista” para Nichijou. Esa idiotez exacerbada facilita una explosión de ridiculeces que alcanzan picos de hilarante epicidad, por ejemplo, cuando intenta erradicar a los incómodos mosquitos con técnicas de artes marciales. Lo genial de esta solución es ver cómo Yuuko va “evolucionando” desde las reacciones usuales como querer atrapar al insecto cerrando el puño, pasando por otras más “razonables” como matarlos a palmazos hasta que culmina en kihon kumite y otras tantas posturas de karate. Quienes vivimos en países con climas tropicales estamos familiarizados con esta práctica enojosa, salvo los animalistas extremos. Basta con colocar esos insecticidas que vienen con una plataforma eléctrica. Los infelices chuapasangre parecen haberse inmunizado contra los venenos para quemar tipo espiral: Yuuko confía en estos recursos convencionales, pero luego, como buena japonesa, recupera el honor de su estirpe milenaria y emplea las sagradas artes de la guerra para derrotar al enemigo más infausto del verano. Las vicisitudes nocturnas de Aioi-san instituyen también la broma recurrente del castigo que recibe de su madre por alterar el descanso de su familia, primero a cachetadón limpio, luego con una volantinesca llave de pro-wrestling. Como indicaba líneas arriba, lo gracioso de Yuuko es verla sufrir, pasarla mal, hacerlas de loser después de pretender elevarse hasta picos insospechados de encubramiento heroico o filosófico, como cuando somete a examen su futuro para descubrir que está atrapada en un laberinto de dudas e indefiniciones. No puede hacer su tarea, pero si decide no entrar a la universidad, deberá buscar un trabajo y según las noticias, pues en Japón hay recesión desde hace varios años (y, sin duda, es culpa de K-ON!), por tanto, las únicas respuestas son convertirse en un reptil exótico o volverse patrimonio nacional viviente y ambas opciones son inviables, la primera porque nadie ha descubierto la manera de transmutar personas en animales y la segunda porque el concepto no existe ni tiene asidero lógico, de donde regresamos al entrampamiento sobre el futuro mediato hasta que mamá venga y sacuda la alfombra con Yuuko. El remate es gracioso porque todo se origina del desánimo para afrontar el futuro más inmediato, hacer la tarea no debería demorar mucho, salvo que falten ganas y sobren ímpetus de procrastinación, aunque si no fuera gracias a estos impulsos desorientadores, jamás habría iniciado un blog: volviendo a Yuuko, aunque en otras secuencias sus adversidades son producto 50% de la mala suerte, 25% de la malevolencia de Mai, 25% de su propia necedad, esta ocasión, ella es culpable absoluta. Cuando la mala ventura le arruina, digamos, un almuerzo, cualquiera la autorizaría a molestarse y comprendería que monte en cólera en cualquier momento ante el injusto trato de Fortuna, pero apenas tiene la oportunidad de desatar su bronca con el mundo, apenas el Destino le ofrece la chance de descargar sus frustraciones sobre otro inocente, unas lágrimas la conmueven. Quizá Mai y Mio hubiesen reaccionado de otra forma contra la mesera, aún cuando sobre ella no recayese ninguna responsabilidad (habría que reclamarle al dueño). Muchas veces evitamos enojarnos contra los camareros y emprendemos contra el cocinero o el gerente porque los meseros son el hilo débil del restaurante, pero sospecho que esta señora se aprovechó de la indulgencia de Yuuko, herida en orgullo de gourmet o porque incurrió en la hybris de saborear su momento de superioridad dándosela de exquisita y sibarita en un establecimiento nada exclusivo, vamos, una chingana.

5 comentarios

  1. Nichijou es una serie humorística divertida. En cuanto a reírse de la desgracia ajena, lo hacemos en la medida en que nos damos cuenta de que esa misma desgracia nos ha saltado por ahora, pues también sabemos que en algún momento seremos nosotros los desgraciados.

    Pst: Bonito banner de Erio.

    9 junio 2011 en 11:42

  2. Sabes, en el japón si existe la categoría de patrimonio humano vivo, aplicada a los artesanos o iniciados en oficios que hoy en día nadie realiza, con la intensión de preservar ese conocimiento antiguo: herrreros, alfareros, etc…

    10 junio 2011 en 11:11

  3. Sabes, en el japón si existe la categoría de patrimonio humano vivo, aplicada a los practicantes de un arte casi perdido como la herrería o la artesanía.

    10 junio 2011 en 11:13

  4. davidvfx

    eeeeeeeeeeehhhhhhhh ….. uuuuuaaaaeeeeeehhhhhhh!!!! EEEEEEEEEEEEEHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    10 junio 2011 en 14:09

  5. - Test Type -

    Yoshino, al igual que Mai, logra explotar la idiotez e ingenuidad de terceros gracias a su sagacidad para divertirse. Nichijou no debería finalizar sin antes mostrar un duelo entre ambas.

    12 junio 2011 en 03:46

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