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The World God Only Knows II 7: Singing in the rain

No more tears

Que Chihiro me supiese antipática (pero atractiva) en los anteriores episodios y ahora saltase en trampolín al segundo lugar de mi ranking de conquistas de Keima (debajo de Shiori) evidencia su crecimiento gradual como personaje dramático, desarrollo que explota finalmente cuando ella constata su soledad y falta de respuestas, cuán llana y descolorida es su vida “normal”. Keima admite un error en su enfoque estratégico y como blogger, aunque preví que Chihiro sería la chica target con problemas más auténticos y delicados, más cercanos a la Realidad de cualquier adolescente, nunca imaginé que esta configuración de perfil la convertiría en una heroína adorable, al menos para los estándares de Kaminomi donde abunda la excepcionalidad. Incluso, sin forzar un formulismo ni encajar en ningún arquetipo, resulta atractiva como ícono 2D. Si Keima no fuese un 3D-ista radical, Chihiro sería la waifu ideal, porque la lengua hosca que maneja le serviría para disciplinarlo al estilo de su madre.

Chihiro no será admirable en su lucha ni destacará por sus talentos artísticos o deportivos. Pero tampoco calificaría como una persona sosa, por debajo del promedio, ni inferior en cualidades o personalidad (¡Elsie tenía razón!), y menos aun de apariencia desdeñable. Antes de cruzarse con Keima, su desencanto del mundo se había agravado hasta perder la esperanza en su propia capacidad de cambiar su suerte, en otras palabras, hasta minar la confianza en su futuro. La única en ponerse límites obstaculizantes y rebajarse de nivel era ella, por ejemplo, cuando justificaba sus fugaces frustraciones amorosas “admitiendo” que había aspirado muy alto pretendiendo galanes inalcanzables, pero en realidad, estaba focalizando sus energías en empresas equivocadas para ocultar o soslayar el desolador vacío de su rutina cotidiana. Ante sus amigas, como Elsie o Ayumi, aparentaba una engañosa seguridad de carácter, su línea de defensa contra el fracaso, el hastío, la simpleza. Sin embargo, continuaba siendo la típica chica normal del salón que jamás se atreve a brillar por cuenta propia (sino como satélite), que reivindica su normalidad, que únicamente resalta gracias a sus esporádicos instantes de chispa. Conocer mejor a Katsuragi desbarata ese falso optimismo. Entrar en contacto con alguien que, como ella, había perdido la voluntad de creer en el mundo, le permite humanizar a Keima, reconocer en el misántropo dios del galge a un igual, un semejante, una especie de hermano espiritual. Incluso se enamora del nerd repugnante que tanto despreciaba cuando descubre lo ilusorio y volátil de sus quimeras románticas con los chicos guapos e interpreta, también guiada por un espejismo, que Keima comprendería sus sentimientos y ambos podrían vivir de espaldas a cualquier compromiso. El evento que marca su cambio sería el encuentro en cuclillas al final del episodio anterior cuando Chihiro intenta congeniar con Katsuragi y recibe en respuesta una seca admonición. En adelante, el muchacho se instala en su mente y desplaza por completo el proyecto de confesión. Este plan sostenía endeblemente el simulacro de fortaleza que escondía su verdadero interior: una mezcla de desconcierto, abulia y marasmo. Al desmoronarse los motivos para perseguir ese objetivo, su soledad y carencia de propósitos se tornan patentes hasta la pesadumbre y la secuencia de camino al colegio retrata esa subjetividad con bastante éxito: el desinterés, la falta de ambiciones se cierne como una sombra sobre una chica que camina con rumbo fijo (el colegio), pero sin metas. La secuencia funciona también como medida para evaluar el cambio porque será reescrita al final del episodio cuando Chihiro haya recuperado su espíritu soñador y trazara sus primeros propósitos de superación.

Chihiro alcanza sus picos de ternura cuando intenta aferrarse a su remota posibilidad de ganarse la amistad de Keima. Los pastelillos de Lawson que compra para comer en compañía del dios de la conquista y el entusiasmo con que llega a saludarlo (y esa sonrisa honesta) son signos de un cambio drástico de actitud, un anhelo sincero, pero también reflejan un giro desesperado: busca intimar con Keima porque lo considera su último tronco de salvación, el único capaz de compatibilizar con su desafecto por la Realidad y las responsabilidades que impone la maduración. Pretende proyectar ese vacío espiritual en alguien a quien juzga análogo. Puede parecernos contradictorio en muchos aspectos, por ejemplo, que Chihiro descienda hasta sus peores niveles de postración emotiva, pero al instante se empeñe en prolongar esa mediocritas ilusionándose con un flechazo que, como nunca, tiene visos de parecer legítimo. Sin embargo, la sensibilidad adolescente es discordante por necesidad, está plagada de paradojas porque de estas disyuntivas deben surgir las determinaciones que forjan la identidad del sujeto. Chihiro solo rehuía a estos deberes como escapaba de los trances de participar en algún taller o plantearse un mejor futuro. Pero esos momentos de frágil esperanza traslucen a la verdadera everygirl con fantasías truncas, pero que todavía no renuncia por completo a amar con emoción, es decir, que continúa depositando su fe en algún resquicio de ilusión. Esta franqueza la embellece mucho porque afloran sus sentimientos reales por Keima, en especial, cuando renuncia a confesarse al galancete ocasional porque si empezaba una relación, dejaría de frecuentar al cuatroojos, aunque este empecinamiento por Katsuragi esté acompañado por una lamentable resignación que ella misma argumenta como defensa ante las increpaciones del maestro del galge: ese punto de hermosura se desluce ante la propia degradación, el discurso de menosprecio que enuncia hacia su propia persona. Keima se había esforzado por trazar un escenario de conquista poniendo a Chihiro en el lugar del jugador (es decir, situándola artificialmente en la posición que Katsuragi suele ocupar), sin embargo, nunca, ni por asomo, adoptó la posición particular de chica común y corriente ni evaluó su desarrollo emocional. Todo ese proceso fue ignorado: una información valiosa porque hubiese ahorrado un desgaste innecesario. Keima adoptó como hipótesis de trabajo que Chihiro sufría un vacío por falta de afecto debido a su inestable idea de romance. Que simplemente necesitaba alcanzar su objeto de deseo para curar esa inseguridad. Sin embargo, no puede construirse una terapia adecuada si el diagnóstico es superficial y está cargado de prejuicios. Como buena heroína, Chihiro detentaba sus propios parámetros, aunque su descubrimiento fuera arduo: la chiquilla necesitaba un remezón moral para recobrar la confianza perdida y liberar ese potencial que clamaba por luchar contra la corriente del mundo.

Partiendo del supuesto básico que pensaba aplicar Keima, la propuesta, sin embargo, era coherente. Por desgracia, estaba sustentada en su desprecio y resentimiento por Chihiro (no cuenta solamente su condición de background character, que representa el estándar de simpleza 3D, sino también la humillación que ella le propinara); pero -insisto- era consecuente con las estructuras que constituyen la visión del mundo según los bishoujo games. No resulta sorprendente que, habiendo considerado a Chihiro una chica sin cualidades destacables, invirtiese el orden de género y la colocase en posición de player. Por consenso y practicidad, los protagonistas de esta clase de juegos, incluso muchos de visual novels (excluyendo, por ejemplo, a los leads masculinos de Jun Maeda), son everymen, adolescentes sin atributos dignos de resaltar (en aspectos que valdrían convertirlo en la estrella del colegio: pinta, habilidades artísticas, deportivas, liderazgo), que llaman poco la atención de sus pares y viven una existencia bastante average. Su gran virtud radica en los valores sentimentales que defienden, su capacidad de solidarizarse emocionalmente con las heroínas. Me sorprende que Keima obviara esta situación, dada su vasta experiencia en el nicho galge y la identificación, al menos a nivel formal, que existe entre el jugador y el personaje principal de estos juegos. El perfil llano, ordinario, sin rasgos excepcionales permite al consumidor compenetrarse con el personaje, pues es alguien simple y cotidiano, sin demasiados atributos específicos porque pretende asimilar a una mayor cantidad de público. Mientras más estandarizado y menos peculiar sea, dos personas totalmente distintas pueden verse reflejados en ese “muchacho x” donde caben muchas variables. Sin embargo, si Keima intentaba trazar una analogía con Chihiro, falló al negarle su dimensión sentimental. Si hubiese reaccionado a tiempo ante los indicios de un cambio de actitud, aprovechándolos para sondear mejor en la personalidad de esa “chica normal”, habría descubierto el flanco vulnerable de su teoría: Keima realizó una especie de genderbending al modelo del eroge. El sujeto masculino pasa a convertirse en objeto de conquista, mientras que la heroína asume las funciones activas de “captura”. Katsuragi se convierte en el tramoyista creador de settings. Sin embargo, en cualquier juego, los escenarios son planteados por el target mientras el jugador debe atinarle a la respuesta correcta para sembrar una flag. Aquí Chihiro es quien traza el rumbo, no tiene libertad de decisión hasta que opta por abortar la sesión de juego y mandar al traste el trabajo de Keima. Por suerte, el dios del date sim acertó en corregir su yerro, pero deberá aguzar su mirada para próximos casos que entrañen cierto grado de dificultad. Las banderas que obtuvo fueron casualidad, como tampoco fuera completamente obra suya la captura de la loose soul de Kusunoki Kasuga y el gran mérito en el arco de Haqua recae sobre Elsie. No recuerdo una captura impecable en esta segunda temporada: todavía sigo aguardando ese despliegue maravilloso de racionalidad demencial.

2 comentarios

  1. No hiciste captura de este momento

    THE FUCK IS THIS SHIT!?

    2 junio 2011 en 08:20

  2. Ryugan

    ami me gusto mucho la parte final donde keima comienza a pensar en como las demas personas luchan contra los standares que la realidad impone y su frase “en ese caso yo……” no da a pensar que toda esta experiencia de acercarse al mundo real poco a poco esta haciendo aunque sea una pequeña muesca en su dura pared del mundo del 2D de que pasara en su futuro o almenos asi lo veo yo

    5 junio 2011 en 18:52

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