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[C]: The Money of Soul and Possibility Control 7: La existencia cotidiana en un mundo de dinero

Caminamos hacia el futuro

Después de ver el último episodio y regresar sobre los anteriores, [C] se ha convertido, desde varias perspectivas, en un animé provocador en muchos sentidos: sus constantes observaciones sociológicas y cotidianas, su modo poco convencional de presentar la historia, la exposición de puntos de vista contradictorios y el desarrollo psicológico de los personajes, hacen de esta serie, poco popular, la más interesante de esta temporada. He visto Ao no Exorcist y Ano hi Mita, pero [C] nos revela facetas de la vida humana que pocas series tratan de forma tan explícita y nos hace darnos cuenta de la forma en que vivimos nuestras vidas. Aun nos faltan cuatro episodios para el final, pero hasta el momento ha desarrollado una trama interesante que vale la pena analizar con profundidad. Por todo esto me concentraré principalmente en un recuento de todo lo que la serie ha traído a colación hasta el momento en lugar de concentrarme solamente en los eventos particulares del episodio. Pido perdón de antemano por hacer esta reseña tan larga.

Comencemos por los eventos de este episodio, que se desenvuelven alrededor de Mikuni y Msyu. Conocimos la historia de Mikuni, el hecho de que perdió a su hermana y no fue capaz de cumplir su sueño de ser músico. “Solo pocos pueden volver sus sueños realidad. Yo no soy uno de ellos. Yo tengo que vivir en esta desagradable realidad.” Algo que es común en el mundo real, no todos cumplen sus metas, ni hacen lo que desean, aun cuando posean el dinero para hacerlo, luego el dinero no es la llave de la felicidad, pues, por no tenerlo o no usarlo de forma adecuada, Mikuni no pudo curar a su hermana. El padre de Mikuni, quien en su egoísmo terminó por negarle a su hija su futuro, se convierte en el catalizador que desencadena la furia de Souchiro frente a un mundo que le niega las posibilidades de existencia a sus propios individuos. Frente a los sentimientos de amor fraternal y protección de los allegados, el padre de Mikuni prefiere la protección de su empresa y la colectividad, sacrificando los futuros individuales en nombre de uno colectivo, igualmente el deseo de mantener el prestigio asociado a su firma (las últimas palabras de Takako a Souchiro fueron conmovedoras, en ellas renuncia al futuro, con el deseo de quedar congelada en ese instante, y poder vivir de ese modo en sus recuerdos o en la eternidad del momento).

My love

Y sin duda se hicieron más claros sus objetivos: el deseo de usar el D.F. para proteger el mundo real es su forma de proteger el futuro de los demás, esos futuros que no existen por problemas financieros. Msyu no se queda atrás, conocer sus opiniones acerca de Kimimaru, el hecho de que lo acecha todo el tiempo (cuando se lava los dientes o está en el baño), que le explique qué es besar y que la bese para probar qué se siente – ¡no sabia que el dinero podía ser tan moe! – o el hecho de que aprenda muchas cosas de él, hace que su personalidad ya no sea tan plana, sino que tome un aspecto diferente, madurando como personaje que desea tranquilidad y estar con su entre, que no la trata como un simple objeto. La gran pregunta, que ni siguiera Msyu puede responder, es qué futuro representan los assets de cada entre. “Las posesiones (assets) son los futuros perdidos de los entres dados forma real”, lo cual no es muy claro: Msyu no lo entiende, tampoco nosotros. Hemos visto, sin embargo, por los personajes que mejor conocemos, que sus assets sí tienen una relación con ellos: Q de Mikuni posee un parecido muy grande al de su hermana Takako, el futuro que se evaporó en este episodio; Karma (termino budista que hace referencia al destino) de Sennouza es un “ángel de la guarda” que protege el futuro de los niños a su cuidado; Georges de Jennifer es un perro o un lobo que revela su preocupación por descubrir qué está pasando (rastrear los indicios y problemas que sufre el mundo real en relación al D.F.) y como asegurar que el futuro de la humanidad no sea tomado por el Banco Midas.

My sister

[C] no es la típica serie shonen de batallas, a diferencia de Naruto o Bleach, y las más clásicas como Dragón Ball o los Caballeros del Zodiaco, donde la acción es el problema central en el que se desenvuelve el contenido de los programas, [C] introduce elementos psicológicos y sociológicos ajenos a estos mundos conflictivos en que luchan dos bandos que chocan porque poseen intereses opuestos considerados justos o injustos desde el punto de vista de los protagonistas o espectadores. También es completamente ajeno al estilo de Pokemon y Yugi-Oh, donde los concursos y batallas involucran que se es un buen criador de mascotas o un excelente jugador que posee estrategias invencibles. El hecho de que las batallas sean secundarias y marcan puntos de inflexión para los protagonistas, nos hace entrar en un mundo extraño y desconcertante que no comprendemos muy bien. También es diferente a series como Code Geass, donde las acciones de los personajes se desenvuelven en un mundo codificado por reglas estrictas, estilo ajedrez, en donde las acciones terminan desembocando en resultados terribles o llevando a grandes victorias, en que los personajes logran sus propósitos de forma exitosa, existe un orden que se pretende restablecer o se desea destruir para establecer sobre este un nuevo orden. Esta historia, por el contrario, introduce el azar, el caos y el desorden como sus temas centrales, por lo tanto no podemos esperar encontrar un orden subyacente a su trama, no tenemos antagonistas definidos y los participantes no se guardan rencor al terminar sus luchas, a pesar de que el ganador, en algunas ocasiones, carga con la culpa de ser el victorioso (Kimimaru es el mejor ejemplo), tampoco parece haber un mecanismo definido de como sus acciones afectan el mundo en que viven, porque lo que ganan o pierden varia demasiado de una situación a otra.

A great man, with a great plan

Difiere, igualmente, de Madoka Magica, donde existe un orden – defectuoso, pero al fin y al cabo un orden – del mundo que la protagonista pretende cambiar para humanizar la existencia de sus habitantes; aquí no hay orden, los protagonistas luchan, según la filosofía de Mikuni, antes que nada por establecer un orden, tener un control del universo circundante que es completamente caótico y sin propósito. De ahí, que el D.F. no posea un principio teleológico (un fin o un plan maestro, como los Incubadores de Madoka), sino que es únicamente un espacio de apuestas, donde la suerte (azar) se convierte en el verdadero dispositivo de acción de toda la red de sucesos, donde unos ganan, otros pierden, sin posibilidad de predecir que es lo que sucederá. El 666 que aparece cuando los entre entran en un duelo hace referencia a tres cosas: 1) la marca de la bestia en el Apocalipsis que destruye para siempre el futuro de la humanidad al producir el fin del mundo, por lo tanto el fin de la historia en que se salvan los justos y los impíos son condenados a muerte, 2) el tiempo estipulado para un trato (deal) son once minutos y seis segundos (666 segundos) de lucha, 3) la suma de todos los números naturales de la ruleta desde el 1 hasta el 36. Como podemos ver, elementos que giran alrededor de los juegos, el futuro y la apuesta. Este no es un mundo estático, donde podamos encontrar una polarización de bandos o una tranquilidad apaciguadora que resultaría de las decisiones de los personajes centrales, sino un mundo en flujo que cambia constantemente, siempre refractándose y multiplicando sus formas, tanto que ni los protagonistas se dan cuenta de los cambios de forma consciente, sólo en un momento de letargo u observación prolongada comprenden que algo ha pasado.

Déjà vu

Muchas personas han reaccionado negativamente hacia la serie principalmente por tres razones: 1) la indecisión del protagonista, la cual ya hemos discutido en la reseña pasada; 2) el hecho de que se salten las batallas, cortando las luchas en sus momentos más excitantes, pero las peleas no son el elemento central, como ya se expuso arriba; 3) el modo de narración de la historia, que no es lineal. Profundicemos en el último aspecto: la forma de contar la historia en [C] es bastante atípica para las series de animé que trabajan temas serios. En la comedia es más común no seguir una trama lineal, porque parte del absurdo de toda la serie se expresa en su forma de contarla. En [C] es común que haya recortes, no todas las escenas se muestran, sino que saltamos repentinamente de una acción a otra, así, los personajes aparecen comiendo algo en un momento, al siguiente repiten la acción o dejan de mostrar lo que estaban haciendo, o pasan a una acción posterior que no es simultánea en el tiempo de la narración. Se insertan escenas de historias paralelas durante los conflictos de los personajes o sus momentos de reflexión (recuerdos fragmentarios, donde tratan asuntos fuera de lugar o relacionados con cierta experiencia que los asocia a lo que sucede en el presente). Comienzan narrando la historia por el final para luego empezar a desenredar los eventos que llevaron a que se diera lo sucedido. Además de que los assets hablan por medio de subtitulos, algo que no es muy común. Todo esto es más propio de las películas o series experimentales, que este animé parece retomar. Además la narración no se enfoca en un personaje central, más bien tiende a dispersarse en múltiples puntos de vista, exponiendo una polifonía de principios, opciones, valores o reflexiones que no son ni verdaderos ni falsos (no se puede aplicar un criterio de determinación moral), sino que simplemente son formas de ver el mundo válidas para cada personaje y donde nos resulta imposible inclinarnos por uno u otro principio. La indecisión del protagonista es la indecisión del espectador, del ser humano común y corriente, que en un mundo caótico no encuentra orden alguno. De hecho, es sintomático que hasta el momento, en las discusiones en los foros que he visitado, nadie se haya inclinado por una tendencia u otra de ninguno de los personajes. La complejidad psicológica de los personajes se manifiesta durante los largos monólogos que tienen consigo mismos (que se dan en los episodios o en la página de la serie en japonés) o cuando dialogan con otros, exponiendo sus traumas y decisiones, sentimientos y pensamientos de forma esporádica.

Las observaciones sociológicas están a la orden del día, son constantes las alusiones al desempleo, la pobreza, la quiebra financiera, el suicidio, la natalidad, el crimen, etc. Problemas relacionados con la economía y con el modo como las personas asumen sus perdidas, pues Ebara-sensei pierde su familia al quedar en bancarrota; el futuro de los niños que protege Sennouza se transforma cuando este es derrotado, haciéndosele imposible ayudarlos de la misma manera; el padre de Kimimaru y el sujeto anónimo del primer episodio se suicidan al haber perdido todo su dinero; el anciano que es compañero de trabajo de Kimimaru le es imposible aspirar a conseguir una esposa debido a su pobreza, trabajando en una tienda nocturna y obligado a cancelar su seguro para poder obtener algo de efectivo; la riqueza de unos cuantos decididos a hacer más dinero, no importa los efectos dañinos que esto tenga sobre las compañías, familias y empleos de quienes sufren la derrota; la vida cómoda de algunos, quienes tienen suficiente dinero como para vivir bien y esforzarse en la consecución de buenos empleos (Hanabi) o los que no pueden hacer eso por problemas financieros (Kimimaru) o quienes tienen tanto dinero que pueden hacer obras de caridad con el propósito de dar algo a los demás en forma de don (Mikuni); el problema de la acumulación de capital como medio de ascenso social, etc… Es decir, no son sólo sufrimientos psicológicos los que padecen el protagonista y sus allegados, son también problemas sociales y económicos que los agobian con insistencia. En casi toda serie de animé que he visto, por alguna u otra razón, los protagonistas no se preocupan por su existencia cotidiana, pues esta ya está resuelta, ya sea porque son ricos o tienen dinero suficiente para vivir al ser parte de la clase media o poseen un medio de sustento constante que les hace innecesario pensar en el mañana con angustia. Kimimaru es pobre, huérfano, con dos empleos, no tiene suerte en el amor (Hanabi lo ignora por completo, sin embargo Msyu esta más interesada en él cada día), no es destacado en los estudios (ni esta en una universidad prestigiosa, casi como muchos de nosotros) y lo golpean y lastiman constantemente (en este episodio no le fue muy bien en la pelea que tuvo con otro entre por irrespetar a su asset, lo mismo que la golpiza que parece que le dan en todos los episodios los entres más experimentados que él en los deals), aunque posee bastante suerte o es capaz de ganar bajo las peores circunstancias, pues ninguna respuesta esta dada de antemano, él vive los vaivenes de la vida, pasando de la pobreza a la riqueza y viceversa.

Work together

 Por otra parte es uno de los pocos personajes al que he visto trabajar con dureza para ganarse el sustento de todos los días (en el segundo episodio el dinero que ganó en su primer deal lo uso para comprar más comida en el almuerzo). O también, como pudimos ver en este episodio, las redes corporativas que se tejen alrededor del poder y el dinero, usados tanto de forma directa como indirecta para  cumplir unos objetivos(enunciada por la metáfora del hormiguero, en que un conjunto de personas o insectos se unen para hacer funcionar un conjunto más basto y en que cada elemento debe cumplir su papel a riesgo de provocar una crisis en cadena dentro del sistema).

Por otro lado, me interesan mucho los paralelismos de [C] con la realidad, creo que Kimimaru es la representación del sujeto postmoderno, desencantado de cualquier discurso que parezca prometer el cielo, incapaz de encontrar en el horizonte un futuro seguro. Las grandes ideologías de la Modernidad, como el liberalismo o el marxismo, se basaron en grandes metarrelatos (discursos explicativos de la existencia) que aseguraban un destino manifiesto, una teleología (una finalidad última), de la humanidad que estaba dada por las leyes de la Historia y que prometían una utopía donde las sociedades alcanzaran un grado de desarrollo que finalizaría todo padecimiento humano, así el enriquecimiento, la igualdad de la educación y la libre circulación de capital y mano de obra aseguraría la paz y la felicidad de los sujetos. Esto se expresaría en un sujeto de deseo (lleno de pulsiones, como dirían los psicoanalistas) que esta dentro de un sistema de producción que lo provee de los objetos que desea (el capitalismo como utopía del consumo, dirían los marxistas) y en esta doble compenetración se conseguiría acabar los padecimientos de la sociedad. Ahora bien, esas grandes ideologías explicativas del rumbo último de la humanidad terminarían siendo cuestionadas o incapaces de cumplir la utopía que habían prometido, debido a la caída del socialismo real (disolución de la U.R.S.S.) o de la imposibilidad de acabar con la pobreza y el hambre del mundo (el liberalismo no ha eliminado las guerras y la riqueza se concentra alrededor de unos pocos). Kimimaru es un sujeto postmoderno en la medida en que vive pequeños microrrelatos, cambios constantes de opinión o de expresión, no estando seguro de que camino o futuro seguir, debido a que no hay una gran ideología a la cual adherirse y que constituiría su modo de pensar el mundo o a sí mismo, él no esta sumergido en tales sistemas explicativos, simplemente vive un mundo presente donde el futuro esta ausente – es un espacio en blanco (o negro en este caso) desconocido para todos. Kimimaru, por lo tanto, se ve obligado a crear su pequeño nicho de existencia de acuerdo a unos sueños particulares y un modo de pensar que cambia de acuerdo a la situación en la que se encuentra.

Aun nos esperan varios capítulos por ver, sin embargo esta serie ha demostrado ir más allá de los estándares convencionales.

2 comentarios

  1. mijogo

    Hasta ahora el punto débil de esta serie, era que no hacia una crítica profunda al sistema financiero mundial, había algunas, pero se centraban mucho en motivos personales, en este capítulo pudimos ver una relación directa, que es la relación de poder que se maneja a través del dinero, el poder económico que despliega sus brazos sobre los demás poderes de una nación, a través de estas redes, la incapacidad de reconocer claramente donde comienza uno y termina otro, ha llevado a que los países se tomen decisiones tomando en cuenta a la economía, por sobre otras ciencia ,dejando en un status de ideología el sistema actual, que sería el capitalismo, viéndose también en el comportamiento de la sociedad, el consumismo creciente dentro de esta , a significado a la pérdida de identidad dentro de la cultura interna debido al exceso de estímulos y al simple objetivo de acumular objetos materiales, pero el mayor problema de este sistema, es la incapacidad de llegar a todos, esto se muestra en un ejemplo bastante claro en el capitulo, que es el caso de la hermana menor, es ahí cuando se privilegia la economía por sobre el bien social y así comienza una espiral de descontento que termina peleando una sociedad con la cúpula reinante.

    4 junio 2011 en 17:52

    • Sí, tienes razón. El padre de Mikuni es la encarnación de una sociedad preocupada por la ganancia y las apariencias sobre el bien de su propia familia. Aun así, creo que hay otros elementos de la trama que hacen referencia a ese problema, pues los problemas individuales de cada uno de los personajes también estan conectados con la ideología de conseguir dinero a cualquier costo para mantener los estándares de vida propios: el caso de Ebara (que he usado tanto) es muy diciente, también lo que hace Taketazaki (el vendedor de información) podría asimilarse a este problema. Bueno,veremos que pasa en los siguientes episodios.

      5 junio 2011 en 10:23

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