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Nichijou 8: Berenjena

¿Te dejaron atrás?

Pobre Yuuko: peor que cualquier amor no correspondido es descubrir que, cuando te empecinas en ejercitar creativamente tus neuronas, tus propias amigas te rechazan con una megalítica cara de póker que intimida al payaso más consumado. Pobre Nano: tanto esfuerzo en crearse una rutina de vida cotidiana apacible y bucólica, pretendiendo volverse más “humana”, para darse cuenta de manera traumática que sus puños tienen una función Mazinger Z. Pobre Misato: tanto afán depositado en su tsunderesca obsesión por Sasahara para terminar golpeada por un misterioso misil teledirigido que supera (vaya paradojas) en desarrollo tecnológico a todas las armas que utiliza para expresar su neurosis. Pobre Seki-san: tantos años de dedicación al deporte rey, fundando escuela y admiradores entre sus jóvenes compañeros de equipo para no cumplir su último sueño de mostrar una camiseta con mensaje en su partido de despedida. A final de cuentas, pobres y felices todos porque nuestra vida es simple y prosaica…

Sin haber agotado el campo de discusión, creo haber abordado lo suficiente las definiciones teóricas acerca de cómo funciona este humor surrealista y estrafalario que caracteriza a Nichijou y su concepción de cotidianeidad. Ello me permite tomarme un descanso y realizar un paseo visual: un comentario subjetivo y fanboyesco de los mejores momentos del episodio en compañía de imágenes ad hoc. Aunque no comprendí por completo el desenlace del sketch (¿por qué faltan a clases y terminan en el tren camino a otra ciudad?), quizá porque se exige del espectador que reconstruya los sucesos, el primer segmento es gracioso por dos grandes motivos: la idiotez competitiva de Yuuko para quebrar el AT-Field humorístico de sus amigas y la intención metaficcional de parodiar las raíces de Nichijou misma (la comicidad estrafalaria o insospechada). Lo primero es conmovedor hasta un grado lamentable, en sentido benévolo: mientras más rechazada era Yuuko, más insoportable resultaba, pero también más empática. Es probable que le perdonáramos su ineficiencia como comediante porque conocemos su escasez de brillo intelectual, sin embargo, mientras nos solidarizábamos con su estupidez, maliciosamente nos reíamos de ella, no con ella… y pese a incursionar de manera desastrosa en el humor ambulante, su necia perseverancia y su aprensión al verse ignorada la mostraban más adorable(mente tonta) que de costumbre (deformación de rostro muy aparte, o quizá gracias a las muecas, los gritos y los aspavientos). Siempre me preguntaba qué rayos pasaba por la cabeza de aquellas personas que, siendo malas contando chistes, insistían en creerse Adal Ramones solo para tornarse más odiosos. Gracias a Nichijou, pude enterarme: en su mente existe un corcho de perseverancia temible.

Yuuko no necesita ayuda para cometer barrabasadas contra la inteligencia, aunque sean producto de su candidez, no obstante, esta ocasión fue culpa de Mai y Mio por darle cuerda durante media temporada con el bendito selamat pagi. Lo comprendería si únicamente fuese la meganekko, porque de inmediato captaríamos su intención de trollear. Pasando al aspecto metatextual, lo común en ambas secuencias protagonizadas por nuestro trío de amigas es la tematización de la risa, en especial, de cuándo y por qué reírse (cómo escapa a las intenciones del emisor y las circunstancias del receptor). Cuando una comedia, cuya finalidad es provocar esa forma positiva de catársis, empieza a poner en escena situaciones donde se cuestione la capacidad del “gracioso” de generar risas, entonces nuestro radar de metatextualidad enciende la alarma. Sobre todo si consideramos la inherente rareza de Nichijou: los chistes de Yuuko se tornan más caóticos y menos divertidos como si nadara contra la corriente y su propio desafío la superase, en realidad, como si esta serie estuviese burlándose de su efectividad en cuanto comedia, ironizando sobre los límites de la payasada. Yuuko misma introduce esta esta lectura metatextual cuando asume que Mai y Mio están azuzándola con su desdén a recurrir al armamento pesado (y casi parecía Misato cuando saca el cañón), es decir, confiriéndole a sus amigas una actitud crítica. Por desgracia, su interpretación es errónea porque las chicas han renunciado siquiera a continuar haciéndole caso. La lucha cuesta arriba adquiere un matiz grotesco, catstrófico, por momentos tan incomprensible como las viñetas de Nichijou.

Cuando veo a Misato bombardear sin piedad a Sasahara, me pregunto ¿cuáles son los límites del tsunderismo? ¿Hasta dónde es permisible su grado de agresividad y su poder destructivo? Supongamos que consista en dejar casi moribundo al sujeto masculino y resalto el “casi” porque bordear la muerte dejaría de parecer asunto de broma. Sin embargo, pareciera que Misato estuviese encaprichada por hallar una excusa para extraer sus armas del hiperspacio ficcional y atacar a quien le produce accesos de ternura. Además de granadas y bazookas inmensas (tuve un vago recuerdo de Megatron), esta ocasión hizo aparecer un cañón de barco pirata del siglo XVII. Algunos discuten que Misato realmente saque al mundo exterior esa maquinaria de exterminio, es decir, que otros personajes puedan percibirlas, pero sabemos que Sakurai-sensei las observa y sus compañeras Fet-chan y Weboshi sufren las consecuencias de su utilización. Por tanto, no estamos ante una metáfora: Misato le dispara de verdad. Sin embargo, les sorprende más su intermitente confesión tsunderesca que su capacidad de materializar armamento de la nada o del agujero negro de su bolsillo derecho y esa sorpresa que focaliza algo común pero olvida lo excepcional es típica de Nichijou. Retomando la cuestión de cuánto daño puede causar una tsundere antes de volverse mortífera, quizá hallemos la respuesta en esta secuencia: Misato está enamorada de Sasahara pero es incapaz de admitirlo con honestidad a pesar de perseguirlo, vigilarlo y hacerle favores no solicitados, es decir, pese a actuar con obsesiva devoción. Como todas las tsunderes, su razonamiento es unívoco: el amor es signo de debilidad, en especial, cuando se proyecta una imagen de fortaleza ante el prójimo, por tanto, debe reprimirse el romance. El estado de negación tsunderesco no se limita al terreno verbal: es exteriorizado de manera física, como si esa energía acumulada por la represión del deseo se liberara en una supernova de violencia.

Podríamos suponer, entonces, que, aunque las armas son reales, pero también simbólicas, pues son proporcionales a la vergüenza y la furia que siente Misato. A mayor desasosiego, el tamaño va creciendo. La muchacha intenta eliminar el estímulo que origina esas sensaciones incómodas (pero auténticas) y este verbo cuenta en su acepción radical. Sin embargo, suceden dos situaciones extrañas: mientras Misato derrama toda su pasión en destruir a Sasahara por un impulso irracional, no meditado, todas sus tentativas resultan fallidas porque el susodicho sale casi indemne de sus arrebatos homicidas o recibe un daño ínfimo (en proporción al que causarían realmente esas municiones). ¿Cómo explicar esa contradicción? Quizá en Nichijou la Realidad sea simbólica: Misato no puede borrar a Sasahara porque dentro de su subconsciente (que emerge cuando es deredere) no quiere hacerlo. O quizá Koujirou es indestructible porque un amor de adolescencia es demasiado puro para que siquiera la misma persona involucrada intente desbaratarlo. O porque (siendo crueles con Misato), Sasahara no tiene conciencia de sus sentimientos, los ignora con pase torero y este desparpajo le sirve como campo de fuerza contra sus disparos. Queda claro, sin embargo, dónde moran los límites de una tsundere: no dentro, sino fuera de ella, es decir, cuánto golpe tolere el amado. Por suerte, a hierro matas, a hierro mueres y como el universo conspira con sus casualidades para castigarla con un mecha punch.

La secuencia del ascensor es delirante solamente para quienes aguantaron hasta el final. La espera es desesperante para una serie ágil, de chistes inmediatos como Nichijou y peor aún para un género como el slice-of-life, basado en la velocidad y simplicidad de sus viñetas. Aquí se privilegia el lado experimental, parodiando la tensión que provocan los recuadros sobre fondo blanco y la ausencia de acción (no sucede nada salvo el abatimiento de las chicas porque nadie las rescata): la circunstancia va tornándose angustiante y agotadora porque no asoma ninguna solución, pero también se somete a burla el formato que transmite ese aburrimiento impidiendo que ese desaliento importune al espectador. Los recuadros abandonan su rigidez geométrica (por ejemplo, siguiendo el hilo de baba que brota de Mio), pero también su interior sufre deformaciones mientras se agrava el desánimo de las muchachas. Nadie pensaría reírse ante este escenario: entonces ocurre el chispazo milagroso. Alguien dice una palabra extraña que nadie esperaba y cunden las carcajadas. Trato de explicarme la situación y me parece natural aunque muy absurda, pero existen sucesos disparatados muy justificables: estás atrapado sin salida y podrías morir, no pierdes nada disfrutando las últimas horas o minutos con risas sin motivo racional, puesto que vivir (o sobrevivir) está perdiendo su cordura o razón. En realidad, ni siquiera es gracioso decir “berenjena”, el chiste está en llegar a semejante extremo de desesperación donde no importa qué tontería ayude a distendernos del miedo. Esta secuencia es inversa a la primera de manera diametral: no existe intención de decir nada cómico, pero termina siéndolo por casualidad y provoca una reacción espectacularmente sonora debido a un sinsentido total. Hasta Mai hubiese querido reírse pero estaba paralizada. Agradezco ese impedimento pues no combina con la personalidad displicente y embaucadora de nuestra adorada meganekko (espero que pronto regrese su faceta prankster).

Para finalizar, la nota tierna con Nano y Hakase. En anime, es un tópico difundido que los sirvientes (mayordomos, maids, robots amas-de-casa) funjan de reemplazo para los padres ausentes de cierto menor de edad, contrayendo las responsabilidades propias de un apoderado que vigila su crecimiento y su aprendizaje (por ejemplo, Hayate y Maria respecto de Nagi). Hakase no asiste al colegio ni a la Universidad. Según Nano, realiza investigaciones en su casa-laboratorio y puede fabricar en pocos instantes adminículos inverosímiles. No obstante, la pequeña profesora es todavía una niña y necesita aprender modales, a regular su vida corriente y canalizar sus energías de modo saludable y llama la atención que quien le  imponga disciplina sea el androide que creó. Nano es conmovedora como hermana mayor tratando de educar a Hakase con tino psicológico (en especial, con paciencia, sabiendo cuán engreída es la pequeñuela). Esos aspectos la humanizan tanto que luce más enternecedora que ningún otro personaje en Nichijou y consigue encender nuestra compasión moestática cuando Hakase comete la malcriadez de enrostrarle su falta de “cavidades”. Aunque ese comentario dolió, la dulzura inherente a la atmósfera transforma la escena en un apéndice de mansedumbre después de tanto atolondramiento y rareza, nadie es malevolente ni grosero por naturaleza y cunde la comprensión, el perdón y la solidaridad. Al final, Nano logra convencer a Hakase de portarse bien haciéndole experimentar en carne propia el remordimiento, pero todavía continúa sonándome hilarante que la juguetona profesora le ofrezca como obsequio de disculpas una “cavities feature”.

2 comentarios

  1. ANGEL

    wowww sigue con esto de explicacion por ignorantes como yo TE AGRADECEMOS

    14 diciembre 2014 en 19:18

    • jorge

      PUEDES EXPLICAR EL DE YUKO LLEGANDO A LA escuela y llega primera y dice “escarabajo rinoceronte” no entendi eso

      14 diciembre 2014 en 19:24

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