Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Ano hi Mita Hana no Namae o Bokutachi wa Mada Shiranai 6: Booty Call

Pinta de love hotel

Será una afirmación sexista, pero comencemos abordando nuestros prejuicios para luego desmontarlos. Según la lógica patriarcal, Naruko se merecía ese castigo (la reprobación social) por andar de callejera, en plan de guapetona provocativa, paseándose de noche en lugar de estudiar y aceptando salir de ligues con hombres mayores que -admitámoslo- exigen otra clase de estímulos, más “adultos”, no meros besos ni tomadas de mano, sino diversión sin compromiso. Esa actitud relajada, frívola y descocada no podía conducirla a nada bueno para su reputación. Flaco favor le hacen sus supuestas amigas, unas auténticas descarriadas que solo piensan en chicos, ropa, karaokes y vagancia. Esta experiencia debería servirle de lección para aquietarse y volverse “chica de su casa”, porque, de lo contrario, solamente atraerá a gentuza que pretenda aprovecharse de su carácter “ofertoso”. Pues bien, hasta aquí los injustos reproches. Ahora, a ponerse en los zapatos de la verdadera víctima.

Es cierto: Naruko jugó con fuego y perdió. No quiso parecerse a la inocente y titubeante Anaru, sino utilizar un disfraz para exhibirse al mundo como una mujer madura, aunque solo eligiera absorber las aristas más superficiales y vanas del mundo adulto, sin responsabilidad y dejándose arrastrar por la presión grupal en lugar de defender una posición independiente. Como muchas personas que quizá conozcamos (siempre existen dos o tres por aula, aunque ahora la proporción de chicas con ademanes de bitch crece de manera alarmante, como si fuera un juego), Anaru aprenderá de sus errores y valorará a sus auténticos amigos, como Jintan, capaces de jugarse el pellejo por brindarle su respaldo, sin temer al ridículo ni mucho menos al aislamiento. En efecto, se equivocó por confiar en falsos modelos de madurez y dejarse influenciar sin oponer ningún razonamiento, pero a los diecisiete años, esta fragilidad de carácter (aparentar fortaleza para no exponer su débil temperamento) cuenta como error de juventud, como parte del aprendizaje a través del dolor. Mejor dicho, aunque no podemos considerar al susto de casi ser violada un “castigo” por confiar en las personas equivocadas y en ideales erráticos, esa vivencia amarga puede servirle de advertencia, para comprender que necesita andar a la defensiva cuando lidia con extraños. Solo una visión machista consideraría justa la violencia sexual, ni siquiera en el rango de justicia poética (“tenérselo merecido”), pues significaría darle razón al agresor simplemente porque la agredida se viste o actúa como si estuviera dispuesta a consentir el sexo ocasional. Como dice Jintan, Naruko puede tener pinta de conocer hostales y haber perdido la virginidad, pero nunca por dinero, y aunque tuviese la cara, los gestos, las poses, juzgarla por su apariencia es arbitrario, pero mucho más injusto e inmoral es el trato que recibe de parte del sistema institucionalizado, la escuela, amparada en supuestos principios éticos verticales que reposa todas las culpas sobre el alumno, declarándolo de antemano culpable. Naruko es arrinconada y escarnecida por las estructuras de control (educativas, en este caso) de una sociedad carroñera que hace leña del árbol caído. Perdónenme la indignación, quizá me comprometí demasiado con la historia, pero demonios, ¡ella fue la agredida! Si todavía quedaba un resquicio de decencia en el colegio, lo mínimo que pudieron hacer fue proponerle que sentaran una denuncia y poner a su disposición apoyo psicológico si acaso lo requiriese. En otras palabras, ponerse del lado del estudiante, defenderlo, hacer valer sus derechos. Sin embargo, incluso en Japón -por alguna razón se extiende esa crítica- las escuelas parecen preocuparse más del prestigio que proyectan hacia los sectores más conservadores, de ocultar los descalificativos que puedan recibir sus alumnos antes que procurarles su protección. Para empeorar, ese tácito veredicto de los profesores y directores (considerarla en falta) es proyectado y transmitido, también en silencio, hacia los alumnos, al permitirles expandir las habladurías. Muchos creerán que no existe manera de impedirlo, hay gente malhablada por instinto. Sin embargo, en todo juicio, el acusado tiene derecho a replicar, a contestar las acusaciones y argumentar su inocencia. Su versión es digna de escucharse y valorarse, e incluso, tratándose de hostigamiento sexual y conato de violación, el grueso de estudiantes debería ponerse de parte suya. A veces cuando nos retrotraemos a nuestra adolescencia (digo, para quienes hace mucho pasamos esa etapa), admitimos con vergüenza que quizá, por estupidez, pudimos actuar como esos compañeros de clase que susurran infundios y vulgaridades contra Anjou creyendo que teníamos derecho a opinar cualquier barbaridad sin fundamento sobre los demás y crearles mitos grotescos. Lo maravilloso de una serie como Ano Hana es confrontarnos también nosotros mismos con procesos tan comunes durante esa etapa de tránsito y crecimiento.

La popularidad de Anaru sobre el resto de personajes de Ano Hana es desproporcionadamente notoria cuando se revisan los depósitos de imágenes y fanart. Supera incluso a Menma, la protagonista (aún conociendo los gustos lolitescos de ciertos espectadores en Japón) y obviamente a la insípida aunque muy incisiva Tsuruko. En buena cuenta, Anjou se ganó esta fama debido a la lamentable fonética de su apodo (“anaru” es “anal” en engrish), sin embargo, su fama actual también se debe a motivos aportados por la propia serie. Anaru está diseñada y signada para cumplir el papel de objeto de deseo, en contraste con Tsuruko (la intelectual) y Menma (más infantil), que transmiten otra imagen de femineidad. Naruko es mucho más agraciada y desarrollada en cuanto respecta al cuerpo. Esto es aprovechado para favorecer su lucimiento con varios vestidos que resaltan su sensualidad, en sentido figurado, el potencial fértil. Se preocupa por su apariencia externa y tiene rasgos bastante peculiares que la identifican como imagen, en especial, sus coletas y el mechón delgado que pende desde su frente. Además, tiene una actitud testaruda, algo irritable, pero por momento también desenfadada y pese al balance tsunderesco derivado de esta sumatoria, sabe mostrarse dulce, generosa y humilde hacia Yadomi, tolerante con Poppo e incluso intentar llevar la fiesta en paz con Tsuruko y Yukiatsu. No necesito mencionar siquiera la inmediata predisposición del público hacia las tsunderes, un modelo de erotismo romántico exitoso en el anime. Esta configuración bastaría para crear una perfecta heroína de love comedy, al estilo Fumino Serizawa. Pero Anaru supera este precedente con mayor profundidad: el conflicto de identidad que arrastraba reventó de súbito revelándose socialmente desarmada para hacerle frente al poder de una opinión masiva venenosa y malintencionada. A pesar de cometer errores, es simpática porque manifiesta su debilidad ante Jintan, a diferencia de Yukiatsu que tiene la oportunidad de mostrarse más humano junto a Tsuruko, pero nunca cambia de actitud. Tampoco apruebo la solución que encuentra Anaru a sus problemas, huyendo de casa para evitar confrontar a su madre y refugiándose, simbólicamente, en la guarida donde ahora reside Poppo, pues parecería que busca apoyo en un referente seguro de su niñez, cuando todavía no atravesaba ese vacío emocional, sino que incluso los celos eran insignificantes. Como arguye Naruko, ella también colaboró al construir esa base secreta y está autorizada para utilizarla: me encantó que recordara ese detalle porque implica un compromiso sentimental con sus memorias comunes, no sepultó por completo a la antigua Anaru en algún armario bien organizado. La prueba más patente es haberse unido a la vista en grupo a casa de Menma y entusiasmarse porque la señora Honma les presta el viejo diario de Meiko: son signos de mediano compromiso con el fantasmático pedido de Jintan (en representación de la difunta).

El dilema de Menma se torna más complejo, pues ni siquiera nuestra ectoplasmática heroína conoce a “ciencia” cierta su naturaleza. Solo podemos validar una certeza incontrovertible: Meiko Honma murió hace diez años, en consecuencia, cualquier aparición en el “mundo de los vivos” es irregular o fuera de lo normal. Si acaso se puede emplear el término fantasma es porque no conocemos otra categoría. Aunque parezca simple a primera vista, en realidad, se torna complicado cuando ignoramos la “teología” que sustenta su presencia en la tierra. Poppo lo adscribe a las fórmulas de la cultura oriental, en concreto, al budismo. Menma tendría, como los estudiantes de la escuela de ultratumba en Angel Beats!, una deuda pendiente en la Tierra que impide ascender a un plano superior, digamos, un estado de plenitud espiritual, el nirvana. Según esta teoría, ni descartada ni confirmada por Meiko, la vida tendría como finalidad la búsqueda del perfeccionamiento del alma para hacerse merecedor a un nivel más elevado de existencia. Es decir, tendría un carácter transicional, de intermedio entre vidas pasadas de grado inferior y una instancia de mayor realización. No necesariamente la máxima, quizá su destino sea la reencarnación, pero entonces tendríamos otra teoría, otro modelo. Para los países de tradición católica, en especial los latinoamericanos, Menma sería un alma en pena, y quizá este calificativo no resulte inexacto. Jintan recuerda que incluso durante los momentos más dolorosos, la pequeña mantenía el optimismo y oponía una sonrisa a las adversidades. Su estancamiento en el mundo “terrenal” la frustra porque está plagada de incertidumbre, no pertenece a este lugar, pero tampoco sabe a dónde dirigirse: la encrucijada es demasiado agobiante incluso para su coraza de esperanza (porque ella también se esconde tras una máscara, aunque parezca inconsciente). Es probable que Jintan deba tomar medidas drásticas como expresarle sin temor su impotencia para liberarse de la presión emotiva que también él atraviesa, pues además no consigue sincerarse y pedirle disculpas después de una década de duelo y contrición acumulada. El grito es liberador y podría mover a Meiko a reaccionar también en una especie de catarsis de pareja, para sacar al fresco cuanto llevan guardado y pudriéndose. Husmear en el diario de Menma suena indiscreto y reprobable, pero necesario para comprender los sucesos de aquel día fatal. Mientras los muchachos van reconstruyendo el rompecabezas, se torna casi irrebatible que la clave se encuentra en los recuerdos de Menma, que ella guarda el secreto que desentraña su presencia entre los vivos. Según Yukiatsu y Tsuruko, esa mañana fueron citados por Meiko para comentarles algo, pero nunca lo supieron porque el único tema que abordaron acabó en tragedia. Nadie, sino Menma, conoce el contenido de esa pieza faltante que tendría relación con el cumplimiento del deseo.

Una respuesta

  1. Konopikyu

    Pues si pobre Anaru pero bueno a veces solo aprendiendo de semejantes tropiezos es que uno reconoce que estubo mal. La verdad casi que es imposible no sentirse identificada con ella, a mi tambien me agrada bastante.

    Lastimosamente la sociedad te enseña mas a ocultar un problema que a resolverlo, y es que resolverlo es algo que ocupa mucho tiempo y trabajo. Todos los factores de ayuda, toda la comprension y la humanizacion que conyeva un proseso de apoyo es algo que muy pocas personas realmente hacen. Es mejor ponerle a alguien la etiqueta de malo y dejarlo a su suerte. El sistema esta mal y reforzarlo es una completa falta de valor como seres humanos. Por eso si uno tiene la oportunidad y el momento hay que cambiarlo.

    Jintan por otra parte se ha ganado mis respetos, poco a poco uno va entendiendo porque sus amigos lo respetaban, envidiaban y querian, su personaje va avanzando mucho me gusta lo que se va descubriendo.

    1 junio 2011 en 13:24

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