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The World God Only Knows II 5-6: El ocaso de los dioses

Losing his religion

Arduo arco el estelarizado por Chihiro, pues convergen demasiados obstáculos para cumplir una labor que escapa a sus cálculos y los recursos humanamente posibles. Esta última condición se torna esencial y será problematizada con cierta mezcla de humor y preocupación: aunque suene a verdad de Perogrullo, Keima no es ningún dios en sentido estricto. Su apodo es hiperbólico y desde la mirada de gente “normal”, simple, sin pasiones, como Chihiro, Katsuragi es un nerd repulsivo que merece ser socialmente aislado. Hasta estos episodios, el maestro de las capturas no había mostrado angustia ni preocupación por la imagen que proyectaba según la sociedad. El último capítulo de la primera temporada contaba como un elocuente manifiesto a favor del 2D>3D, del eremitismo virtual, de la superioridad de los mundos ficticios en comparación con la mundana realidad. Enterarse de la enorme cantidad de loose souls que faltan para liberarse del compromiso que lo mantiene atado IRL transformó el panorama.

Ateniéndonos a las estimaciones de Elsie, Keima estaría condenado a trabajar como cazador por varios años, o quizá hasta su vejez si acaso los demás oficiales demoníacos son tan ineficientes como Haqua. A pesar de sacrificar su tiempo, su esfuerzo mental y su estabilidad psicológica enfrentando los retos de conquista, debido a la supresión de memorias y el carácter secreto de la misión, Katsuragi no recibe ninguna clase de reconocimiento, premio o gratificación por los servicios prestados a ese mundo real que tanto detesta. Su abnegación, aunque condicionada por una amenaza de muerte, vale doble porque Keima se digna a salvar esa realidad 3D tan detestable y podrida, según su excepcional opinión. El mismo entorno que, en represalia, lo condena al ostracismo social. Si alguien fuera de Elsie y los operadores del Infierno supieran de los invaluables favores que presta Keima, seguramente pondrían en duda esa información. Mientras el máximo de capturas faltantes no superase, digamos, las quince, los insultos y desprecios que reciba de chicas descocadas y frívolas como Chihiro no tendrían ningún peso. Siempre trataron igual a Keima y debió acostumbrarse a las habladurías nefastas de los non-player-characters o peor aún los personajes pintados al fondo del escenario. Sin embargo, si prestar ayuda a una comunidad ingrata (o incapacitada de agradecerle por obvias razones) se convierte en oficio casi vitalicio, la paciencia alcanza su límite y Keima se encuentra en derecho de reclamar, mínimamente, un trato digno, una pizca menos de marginalidad en lugar de soportar más idioteces, en particular de personas sin mayores talentos o compromisos como, insisto, Chihiro. Porque, para agravar la situación, entra en escena quizá la heroína más odiosa y también la más interesante hasta la fecha. Quizá no parezca demasiado atractiva y consiga por momentos transmitir esa sensación de llaneza y vulgaridad que desespera a Keima. Sin embargo, las chicas comunes también tienen problemas y pasan por apuros emocionales. Y apenas admitamos que no existen armas en el razonamiento eroge para enfrentar esta circunstancia “imposible”, Katsuragi se encontrará al borde de una crisis, en principio, epistemológica, que luego derivará en una hecatombe emotiva. Dentro del esquema del bishoujo-game, no basta con la apariencia para llamar la atención masiva de los fanáticos consumidores. Los background characters suelen ser también chicas por encima del standard, incluso en anime. Son universos ajenos a la fealdad, salvo en casos excepcionales, pero si acaso un personaje “de escenografía” fuese desagradable, no cumpliría su función porque resaltaría en exceso de manera incoherente con su grado de participación. Por tanto, como explica Keima, las heroínas, además de bellas, necesitan satisfacer otro requisito: poseer un rasgo único, un tipo de personalidad peculiar asimilable a determinado arquetipo. Chihiro es normal, pasa desapercibida, sus problemas son circunstanciales, a diferencia de los carácteres claramente conflictivos de las anteriores chicas target. Para colmo, cierra toda posibilidad al método de seducción porque suele enamorarse con asiduidad y ligereza, un cuadro inviable en los date sims o visual novels, donde el consumidor es el único con derecho a ejercer la atracción sobre el sexo opuesto.

Gracias a estos inconvenientes, Chihiro se erige en una rival de peso para Keima. Las anteriores eran objetivizadas (no cosificadas, pero sí tratadas como metas que alcanzar) y cuando eran abordadas por las estrategias de Keima, no oponían resistencia e incluso algunas se enamoraban o sentían atraídas con sinceridad antes de culminado el proceso. Pero a Chihiro le repugna la misma existencia de Katsuragi y jamás toleraría sus discursos aleccionadores ni sus mensajes a la conciencia, en buena parte el núcleo de la terapia de choque que aplica para combatir las loose souls. Chihiro tampoco admite la injerencia de Keima porque, aunque sorprenda, ambos tienen puntos críticos en común. A ninguno le gusta involucrarse en actividades colectivas, por vocación misántropa en Katsuragi, por mera ociosidad y aburrimiento por parte de Chihiro (me imagino que, como muchas chicas “comunes”, consideran los clubes muy trabajosos o cosa de tontos: a juzgar por su comportamiento en casa, solo se entretiene haciendo zapping y leyendo revistas). El aburrimiento es el vicio contemporáneo más frecuente entre las últimas generaciones y se vincula bastante con la fugacidad y vacuidad de las modas. Una cultura de lo efímero impide al sujeto comprometerse con algo porque desconfía acerca de cuánto durará y pone en duda si vale la pena. Incluso el amor: los enamoramientos caprichosos de Chihiro representan esa inestabilidad convertida en costumbre. Solo duran hasta la confesión y el rechazo. De inmediato, “avanza” o, mejor dicho, “retrocede”, hacia otro supuesto romance que tampoco cuaja. Típica muchacha posmoderna, no cree en nada, se burla de todo, interpreta la vida a su antojo, es influenciada por los massmedia y sus categorías, considera el amor un juego, no tiene conciencia alguna de lo grave y trascendente. Su sufrimiento es pasajero. Una crítica similar puede aplicarse a Keima: se aparta del mundo 3D, solo se compromete consigo mismo, elige aplicarle a la realidad las nociones que absorbe de un género ficticio comercial, prefiere no amar porque sus únicos “romances” son conquistas que duran el tiempo que tarda apretar un botón. Aunque parece rendirle pleitesía a las heroínas de videojuego, es innegable que ninguna en particular se granjea su devoción porque son objetos, medios para validar su ego y construir su identidad virtual. El amor, para Keima, también se encuentra regido por códigos textuales y tópicos provenientes de los bishoujo games, que ordenan al sujeto femenino entregarse con fervor al enamoramiento, no claudicar, subordinarse al protagonista masculino. Keima tampoco conoce el amor, defiende una ética romántica que niega autonomía a la mujer, pues procede de un producto sexista (los galge). Sin embargo, esa idea restrictiva del amor tiene también una raíz épica que la dignifica (“luchar por el amado”), mientras la actitud de Chihiro, en apariencia liberal, solo deja entrever cuán endebles e inestables serían sus ambiciones.

Para ambos, el amor constituye una actividad lúdica, poco seria. Pero mientras Keima le otorga solemnidad a un juego mientras intenta desentrañar sus secretos, Chihiro no respeta la gravedad que implica experimentar un sentimiento. Se encapricha con determinada figura que encarna el deseo y pronto pierde interés. Katsuragi le ofrece su asesoría para demostrar la infalibilidad de sus métodos y porque necesita capturar la loose soul, sin embargo, mientras funge de mentor e intenta convertir a Chihiro en una heroína perfecta (proporcionándole una “identidad” con rasgos tsunderescos, sembrando eventos, analizando el comportamiento de la presa), ella empieza a aproximarse al excéntrico otaku que antes despreciaba y muestra signos de desencanto hacia el galán del momento. Resulta tentador buscarle una explicación melodramática a la fluctuabilidad del deseo en Chihiro, pero muchas quinceañeras del siglo XXI no saben qué rayos quieren y esta incertidumbre no suele originarse de ningún trauma o desencanto, por el contrario, es bastante normal. También en este aspecto, al compararse las similitudes con Keima, el cuatroojos sale ganando: Katsuragi no oculta sus motivos para desdeñar del mundo real, los enuncia en voz alta aunque le cueste la humillación pública. Ha construido una filosofía, un modo de vida basado en su afición. Estas elaboraciones pueden parecernos grotescas y exageradas, pero sirven de sustento para justificar su elección personal. Chihiro es vacía hasta el hartazgo de caernos antipática. Kanon amaba la música, Shiori sus libros, la senpai su compromiso karateka, Ayumi (que reaparece para ayudar a Katsuragi) ponía su ahínco en el deporte y Mio en mantener su status de clase. Todas vivían sus propias obsesiones. Chihiro se burla e insulta a otros no porque denuncie la insatisfactoria simplicidad de la vida cotidiana (como haría Keima), sino en defensa de la normalidad para hacer escarnio de quienes se atreven a salirse del marco. Que alguna chica target en Kaminomi cause siquiera un átomo de repulsión es razón para preocuparse, no porque la serie ande fallando, sino porque se explora un terreno impensado: que nuestro dios del eroge o mejor dicho, su racionalidad extravagante, fuese humano y, por tanto, pasible de error. Sin embargo, el principio que fundamenta el pensamiento de Keima se mantiene: el lead masculino de cualquier galge debe forjar una relación íntima con las heroínas para llenar una urgencia emocional. Y Chihiro está plagada de vacíos, es terreno fértil, aunque carezca de signos arquetípicos y parezca la típica amiga que se sienta al costado de la verdadera protagonista: ya saben, esa graciosona que sirve de payasa en momentos providenciales, pero escasos.

3 comentarios

  1. mijogo

    Sentía pena por Keima en el final de cada arco, porque a pesar de su discurso sobre lo 2D y 3D, Keima lograba presenciar a la heroína en cuestión de otra forma, no creo que llegara a enamorarse, pero igual un sentimiento bastante fuerte lo recorría, sin embargo estas chicas perdían la memoria y el único que recordaba esos momentos, era él, por eso siempre que las recuerda es con un aire de melancolía, además las primeras veces siempre son importante, la aparición de Ayumi hizo que Keima despabilara y se pusiera trabajar en el caso.

    Keima por decisión propia se aísla de la sociedad, no tiene amigos, no forma ningún tipo de vinculo, sino fuera por Elsie tampoco tendría metas y ni siquiera alguien con quien conversar, estaría solo encerrado con sus videojuegos, por eso que cada vez que lo miro pienso si es un genio o un idiota por su forma de actuar.

    Una vida sin metas termina en aciago, Chihiro no tiene metas, no tiene identidad, solo busca matar el tiempo y encontró el método de declararse a todos los chicos que ella estima conveniente para ser rechazada , como una forma de matar su aburrimiento, sin embargo aun se siente vacía , porque no sabe quién es ella.

    28 mayo 2011 en 10:06

  2. acdneo

    Me encantan tus analisis sobre kaminomi y veo que son muy atinados, más comparados con las notas del autor, de los omakes donde pone una breve explicación sobre las chicas, su origen y un epilogo en formato de viñetas :), seria interesante ver un analisis de estos omakes, ya que aveces se deja entrever el autor y su epoca de NEET (hasta el omake 4 abarca chirihiro, pero el 5 abarca una captura que no se verá en el anime de esta temporada)

    29 mayo 2011 en 13:11

  3. Buena analisis amigo

    8 julio 2011 en 16:51

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